{"id":50680,"date":"2025-07-07T06:00:00","date_gmt":"2025-07-07T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.omnesmag.com\/?p=50680"},"modified":"2025-07-07T09:59:12","modified_gmt":"2025-07-07T07:59:12","slug":"aquel-bebe-que-llora-en-misa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/aquel-bebe-que-llora-en-misa\/","title":{"rendered":"Aquel beb\u00e9 que llora en misa\u00a0"},"content":{"rendered":"<p>Para quienes profesamos la fe cat\u00f3lica, la llegada al mundo de un chiquillo es invariablemente una bendici\u00f3n de Dios, una manifestaci\u00f3n tangible del amor divino que reverbera en la inocencia de una nueva alma. Sin embargo, esta dicha conlleva tambi\u00e9n una abrumadora responsabilidad, pues el alma que se nos conf\u00eda es un tesoro a\u00fan mayor que aquellos de la par\u00e1bola de los talentos. <\/p>\n\n\n\n<p>No basta, pues, con procurar alimento y abrigo al flamante integrante de la familia, ni siquiera con colmarlo de afectos o risas: es preciso nutrir su esp\u00edritu, conducirlo por la senda estrecha del Evangelio en un mundo que a menudo le ofrecer\u00e1 \u00eddolos de barro y de oro. \u00bfY qu\u00e9 mejor manera de brindarle este nutrimento que con la misa, donde tiene lugar el sacrificio eucar\u00edstico que, en palabras de la\u00a0<em>Lumen Gentium<\/em>, es \u201cfuente y cumbre de toda la vida cristiana\u201d (n. 11)?<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, del dicho al hecho hay un largo trecho, y los padres de familia caen en cuenta r\u00e1pidamente de las dificultades log\u00edsticas que entra\u00f1a llevar a la iglesia a un peque\u00f1o que se emociona, se hast\u00eda, se retuerce, se agita y pega el grito en el cielo sin decir agua va (todo ello en espacio de un minuto). <\/p>\n\n\n\n<p>Como orgulloso padre de un ni\u00f1o de un a\u00f1ito, puedo dar fe de que su corto registro ling\u00fc\u00edstico no le impide participar \u201cactivamente\u201d en la misa \u2014no pocas veces a todo pulm\u00f3n\u2014. Es as\u00ed. Y entonces, con el rostro colorado de la verg\u00fcenza y el brazo entumido de cargar a la criatura, uno comienza a barajar alg\u00fan subterfugio: \u201c\u00bfTiene caso traer al ni\u00f1o? Si se porta fatal, ser\u00e1 que se aburre. Quiz\u00e1 sea mejor dejarlo, al fin que a\u00fan es muy peque\u00f1o para enterarse de lo que pasa\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY ser\u00e1 que s\u00ed es tan peque\u00f1o?&#8230; A todo esto, \u00bfqui\u00e9n tiene la obligaci\u00f3n de o\u00edr misa? No nos enredemos, primero lo primero. El canon 11 del <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/archive\/cod-iuris-canonici\/cic_index_sp.html\">C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico<\/a> estipula que las leyes eclesi\u00e1sticas obligan a los bautizados que tengan uso de raz\u00f3n suficiente, supuesto que se actualiza al cumplir siete a\u00f1os. Por tanto, he aqu\u00ed la primera respuesta de este art\u00edculo: si nuestro hijo ya ha llegado a esa edad, tiene el deber de o\u00edr misa, as\u00ed que no dudemos m\u00e1s y llev\u00e9moslo, por abrumador que sea.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez resuelta esta cuesti\u00f3n, consideremos ahora el caso de los beb\u00e9s y los ni\u00f1os menores de siete a\u00f1os. Por un lado, es innegable que su tierna edad los exime de la obligaci\u00f3n can\u00f3nica de o\u00edr misa; por otro, no existe disposici\u00f3n magisterial (o pastoral) alguna que proh\u00edba llevarlos \u2014ni tan siquiera que lo desaconseje\u2014 y s\u00ed que hay un cierto consenso entre las personas de probada prudencia y recto juicio sobre la conveniencia de esta pr\u00e1ctica. Las palabras de san <a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/recursos\/san-juan-pablo-ii-teologo\/\">Juan Pablo II<\/a> en su exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica\u00a0<em>Ecclesia in America<\/em>\u00a0son n\u00edtidas: \u201cHay que acompa\u00f1ar al ni\u00f1o en su encuentro con Cristo, desde su bautismo hasta su primera comuni\u00f3n, ya que forma parte de la comunidad viviente de fe, esperanza y caridad\u201d (n. 48). A fin de cuentas, nos hallamos ante una cuesti\u00f3n netamente prudencial.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras esta aclaraci\u00f3n, me permito ahora \u2014desde la prudencia, que conste\u2014 romper una lanza por la participaci\u00f3n de los m\u00e1s peque\u00f1os en la santa misa. Primero, porque los seres humanos somos criaturas de h\u00e1bitos y, as\u00ed como los beb\u00e9s reconocen su casa como un refugio seguro y estable en el que habitan sus padres, tambi\u00e9n deben sentirse c\u00f3modos en el templo, donde habita su Padre celestial. <\/p>\n\n\n\n<p>Segundo, porque, como todos los que tenemos ni\u00f1os peque\u00f1os (o recordamos nuestro paso por los derroteros de la infancia) sabemos, desde mucho antes de tener pleno uso de raz\u00f3n, los chiquillos comienzan a indagar sobre las actividades a las que est\u00e1n expuestos.<\/p>\n\n\n\n<p> Tal vez el ni\u00f1o no sea capaz de abstraer el misterio de la transubstanciaci\u00f3n, pero s\u00ed que puede comprender que las nubes que despide la boca del botafumeiro son nuestras plegarias elev\u00e1ndose hacia Dios o que, si hacemos la genuflexi\u00f3n, es porque estamos ante Alguien a quien debemos la m\u00e1s absoluta reverencia y el mayor de los respetos. <\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, tal y como sucede con el bautismo, no hace falta comprender algo perfectamente para cosechar sus beneficios espirituales. Y tercero, porque ir juntos a misa infunde gracia a la unidad familiar y nos priva de excusas para escaquearnos los domingos \u2014y fiestas de guardar\u2014, pues como sabiamente apunt\u00f3 el sacerdote irland\u00e9s Patrick Payton, siervo de Dios: \u201cLa familia que reza junta permanece junta\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, la participaci\u00f3n de los m\u00e1s peque\u00f1os en la misa no solo reporta dones para ellos y para sus familias, sino que beneficia al pleno de la feligres\u00eda. Y es que su mera presencia es testimonio viviente de que a\u00fan queda gente dispuesta a santificarse mediante un matrimonio abierto a la procreaci\u00f3n, conforme al mandato genes\u00edaco de ser fecundos y multiplicarnos. <\/p>\n\n\n\n<p>No olvidemos que la Iglesia, el cuerpo m\u00edstico de Cristo, no termina con nosotros, sino que se extiende tambi\u00e9n a nuestros descendientes, a quienes debemos entregar las tradiciones que nos han sido legadas desde tiempos apost\u00f3licos.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que la pr\u00f3xima vez que escuchemos a aquel beb\u00e9 que llora en misa, no resoplemos con hartazgo ni volteemos los ojos. Antes bien, regocij\u00e9monos sabiendo que la Iglesia est\u00e1 palpitante y viva, y que las puertas del hades no prevalecer\u00e1n contra ella.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para quienes profesamos la fe cat\u00f3lica, la llegada al mundo de un chiquillo es invariablemente una bendici\u00f3n de Dios, una manifestaci\u00f3n tangible del amor divino que reverbera en la inocencia de una nueva alma. 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