{"id":4778,"date":"2020-03-31T11:55:55","date_gmt":"2020-03-31T10:55:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.omnesmag.com\/?p=4778"},"modified":"2022-09-15T11:21:51","modified_gmt":"2022-09-15T10:21:51","slug":"homilia-del-papa-en-la-bendicion-urbi-et-orbi-por-la-pandemia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/homilia-del-papa-en-la-bendicion-urbi-et-orbi-por-la-pandemia\/","title":{"rendered":"Homil\u00eda del Papa en la Bendici\u00f3n Urbi et Orbi por la pandemia"},"content":{"rendered":"<p>\u201cAl atardecer\u201d (Mc&nbsp;4,35). As\u00ed comienza el\nEvangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha\noscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades;\nse fueron adue\u00f1ando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece\ny un vac\u00edo desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se\nsiente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y\nperdidos. Al igual que a los disc\u00edpulos del Evangelio, nos sorprendi\u00f3 una\ntormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que est\u00e1bamos en la misma\nbarca, todos fr\u00e1giles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y\nnecesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos\nmutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos disc\u00edpulos, que hablan con\nuna \u00fanica voz y con angustia dicen: <em>\u201cperecemos\u201d\n<\/em>(cf. v. 38), tambi\u00e9n nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno\npor nuestra cuenta, sino s\u00f3lo juntos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp; Es f\u00e1cil\nidentificarnos con esta historia, lo dif\u00edcil es entender la actitud de Jes\u00fas.\nMientras los disc\u00edpulos, l\u00f3gicamente, estaban alarmados y desesperados, \u00c9l\npermanec\u00eda en popa, propio en la parte de la barca que primero se hunde. Y,\n\u00bfqu\u00e9 hace? A pesar del ajetreo y el bullicio, dorm\u00eda tranquilo, confiado en el\nPadre \u2014es la \u00fanica vez en el Evangelio que Jes\u00fas aparece durmiendo\u2014. Despu\u00e9s de\nque lo despertaran y que calmara el viento y las aguas, se dirigi\u00f3 a los disc\u00edpulos\ncon un tono de reproche: <em>\u201c\u00bfPor qu\u00e9 ten\u00e9is\nmiedo? \u00bfA\u00fan no ten\u00e9is fe?\u201d <\/em>(v. 40)<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp; Tratemos\nde entenderlo. \u00bfEn qu\u00e9 consiste la falta de fe de los disc\u00edpulos que se\ncontrapone a la confianza de Jes\u00fas? Ellos no hab\u00edan dejado de creer en \u00c9l; de\nhecho, lo invocaron. Pero veamos c\u00f3mo lo invocan: <em>\u201cMaestro, \u00bfno te importa que perezcamos\u201d <\/em>(v. 38).&nbsp;No te\nimporta: pensaron que Jes\u00fas se desinteresaba de ellos, que no les prestaba\natenci\u00f3n. Entre nosotros, en nuestras familias, lo que m\u00e1s duele es cuando\nescuchamos decir<em>: \u201c\u00bfEs que no te\nimporto?\u201d <\/em>Es una frase que lastima y desata tormentas en el coraz\u00f3n.\nTambi\u00e9n habr\u00e1 sacudido a Jes\u00fas, porque a \u00c9l le importamos m\u00e1s que a nadie. De\nhecho, una vez invocado, salva a sus disc\u00edpulos desconfiados.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp; La\ntempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas\ny superfluas seguridades con las que hab\u00edamos construido nuestras agendas,\nnuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra c\u00f3mo hab\u00edamos dejado\ndormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a\nnuestra comunidad. La tempestad pone al descubierto todos los intentos de\nencajonar y olvidar lo que nutri\u00f3 el alma de nuestros pueblos; todas esas\ntentativas de anestesiar con aparentes rutinas <em>\u201csalvadoras\u201d, <\/em>incapaces de apelar a nuestras ra\u00edces y evocar la\nmemoria de nuestros ancianos, priv\u00e1ndonos as\u00ed de la inmunidad necesaria para\nhacerle frente a la adversidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la tempestad, se cay\u00f3 el maquillaje de esos\nestereotipos con los que disfraz\u00e1bamos nuestros egos siempre pretenciosos de\nquerer aparentar; y dej\u00f3 al descubierto, una vez m\u00e1s, esa (bendita) pertenencia\ncom\u00fan de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp; <em>\u201c\u00bfPor qu\u00e9 ten\u00e9is miedo? \u00bfA\u00fan no ten\u00e9is fe?\u201d.\n<\/em>Se\u00f1or, esta tarde tu Palabra nos interpela se dirige a todos. En nuestro\nmundo, que T\u00fa amas m\u00e1s que nosotros, hemos avanzado r\u00e1pidamente, sinti\u00e9ndonos\nfuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber\npor lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido ante tus\nllamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no\nhemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo.\nHemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un\nmundo enfermo. Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: <em>\u201cDespierta, Se\u00f1or\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp; \u201c\u00bfPor qu\u00e9 ten\u00e9is miedo? \u00bfA\u00fan no ten\u00e9is fe?\u201d.<\/em>\nSe\u00f1or, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que\nT\u00fa existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada\nurgente: <em>\u201cConvert\u00edos\u201d, volved a m\u00ed de\ntodo coraz\u00f3n\u201d <\/em>(Jl&nbsp;2,12). Nos llamas a tomar este tiempo de prueba\ncomo&nbsp;un momento de elecci\u00f3n. No es el momento de tu juicio, sino de\nnuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo\nque pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de\nrestablecer el rumbo de la vida hacia ti, Se\u00f1or, y hacia los dem\u00e1s. Y podemos\nmirar a tantos compa\u00f1eros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han\nreaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Esp\u00edritu derramada\ny plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Esp\u00edritu capaz de\nrescatar, valorar y mostrar c\u00f3mo nuestras vidas est\u00e1n tejidas y sostenidas por\npersonas comunes \u2014corrientemente olvidadas\u2014 que no aparecen en portadas de\ndiarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del\n\u00faltimo&nbsp;show&nbsp;pero, sin lugar a dudas, est\u00e1n escribiendo hoy los\nacontecimientos decisivos de nuestra historia: m\u00e9dicos, enfermeros y\nenfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados,\nlimpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios,\nsacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se\nsalva solo. Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de\nnuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oraci\u00f3n sacerdotal de Jes\u00fas: <em>\u201cQue todos sean uno\u201d <\/em>(Jn&nbsp;17,21).\nCu\u00e1nta gente cada d\u00eda demuestra paciencia e infunde esperanza, cuid\u00e1ndose de no\nsembrar p\u00e1nico sino corresponsabilidad. Cu\u00e1ntos padres, madres, abuelos y\nabuelas, docentes muestran a nuestros ni\u00f1os, con gestos peque\u00f1os y cotidianos,\nc\u00f3mo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e\nimpulsando la oraci\u00f3n. Cu\u00e1ntas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien\nde todos. La oraci\u00f3n y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp; <em>\u201c\u00bfPor qu\u00e9 ten\u00e9is miedo? \u00bfA\u00fan no ten\u00e9is fe?\u201d.<\/em>\nEl comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvaci\u00f3n. No somos\nautosuficientes; solos, solos, nos hundimos. Necesitamos al Se\u00f1or como los\nantiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jes\u00fas a la barca de nuestra vida.\nEntregu\u00e9mosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los\ndisc\u00edpulos, experimentaremos que, con \u00c9l a bordo, no se naufraga. Porque esta\nes la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso\nlo malo. \u00c9l trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca\nmuere.<\/p>\n\n\n\n<p>El Se\u00f1or nos interpela y, en medio de nuestra\ntormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz\nde dar solidez, contenci\u00f3n y sentido a estas horas donde todo parece naufragar.\nEl Se\u00f1or se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un\nancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un tim\u00f3n: en su Cruz hemos sido\nrescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados\npara que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento\ndonde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros,\nexperimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez m\u00e1s el anuncio\nque nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado. El Se\u00f1or nos interpela\ndesde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos\nreclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No\napaguemos la llama humeante (cf.&nbsp;Is&nbsp;42,3), que nunca enferma, y\ndejemos que reavive la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp; Abrazar\nsu Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente,\nabandonando por un instante nuestro af\u00e1n de omnipotencia y posesi\u00f3n para darle\nespacio a la creatividad que s\u00f3lo el Esp\u00edritu es capaz de suscitar. Es animarse\na motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas\nde hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad. En su Cruz hemos sido\nsalvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y\nsostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a\ncuidar. Abrazar al Se\u00f1or para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe,\nque libera del miedo y da esperanza. <\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp; <em>\u201c\u00bfPor qu\u00e9 ten\u00e9is miedo? \u00bfA\u00fan no ten\u00e9is fe?\u201d.\n<\/em>Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe p\u00e9trea de\nPedro, esta tarde me gustar\u00eda confiarlos a todos al Se\u00f1or, a trav\u00e9s de la\nintercesi\u00f3n de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso.\nDesde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros,\ncomo un abrazo consolador, la bendici\u00f3n de Dios. Se\u00f1or, bendice al mundo, da\nsalud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor.\nPero nuestra fe es d\u00e9bil y tenemos miedo. Mas t\u00fa, Se\u00f1or, no nos abandones a\nmerced de la tormenta. Repites de nuevo: \u201c<em>No\nteng\u00e1is miedo\u201d <\/em>(Mt&nbsp;28,5). Y nosotros, junto con Pedro, <em>\u201cdescargamos en ti todo nuestro agobio,\nporque T\u00fa nos cuidas<\/em>\u201d (cf.&nbsp;1 P&nbsp;5,7).<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cAl atardecer\u201d (Mc&nbsp;4,35). As\u00ed comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. 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