{"id":47720,"date":"2025-06-05T06:00:00","date_gmt":"2025-06-05T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.omnesmag.com\/?p=47720"},"modified":"2025-05-05T11:20:28","modified_gmt":"2025-05-05T09:20:28","slug":"lecturas-del-pentecostes-c","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/lecturas-del-pentecostes-c\/","title":{"rendered":"Guiados por el Esp\u00edritu Santo. Pentecost\u00e9s (C)"},"content":{"rendered":"<p>En esta gran fiesta de Pentecost\u00e9s, en la que el Esp\u00edritu Santo descendi\u00f3 tan poderosamente sobre la Iglesia para lanzar su actividad misionera, har\u00edamos bien en considerar c\u00f3mo nada -absolutamente nada- de valor suceder\u00eda en nuestra alma, o en la Iglesia, sin la acci\u00f3n del Esp\u00edritu. Como dijo una vez un famoso predicador, sin el Esp\u00edritu, la Iglesia ser\u00eda como un tren con todos sus vagones -posiblemente todos bien comunicados, cada uno de ellos quiz\u00e1 muy bien decorado-, pero sin su locomotora. Sin locomotora no hay movimiento. Sin Esp\u00edritu no hay vida en la Iglesia. Por eso, san Pablo dijo a los Corintios: <em>\u201cnadie puede decir \u2018Jes\u00fas es Se\u00f1or\u2019, sino por el Esp\u00edritu Santo\u201d<\/em> (1 Cor 12, 3). En otras palabras, necesitamos ser impulsados por el Esp\u00edritu incluso para el acto de fe m\u00e1s b\u00e1sico.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Evangelio de hoy, Jes\u00fas habla del Esp\u00edritu <em>\u201cayud\u00e1ndonos\u201d<\/em> o siendo nuestro <em>\u201cabogado\u201d<\/em>. En griego se dice <em>parakletos<\/em>, que significa consejero, consolador, el llamado a estar a nuestro lado, el que se pone de nuestra parte. Y, en diversos lugares de la Escritura, vemos al Esp\u00edritu ayudando a la Iglesia y a las almas a acercarse a Dios y a seguir su llamada. A veces, esta ayuda consiste en empujar a la Iglesia y a sus miembros a la actividad misionera. A partir de Pentecost\u00e9s esto es algo que vemos a lo largo de los Hechos de los Ap\u00f3stoles (por ejemplo, Hechos 13, 1-3) y, de hecho, a lo largo de toda la historia posterior de la Iglesia. Poner a alguien en movimiento es tambi\u00e9n ayudarle, y es ayudar tambi\u00e9n a las personas a las que llega. Esto tambi\u00e9n puede implicar ayudarnos a superar nuestros prejuicios para llegar a personas que de otro modo descartar\u00edamos (por ejemplo, Hechos 10, 19-20).<\/p>\n\n\n\n<p>En otros lugares vemos c\u00f3mo el Esp\u00edritu nos \u201cayuda\u201d a orar. Como escribe san Pablo a los Romanos <em>\u201cDel mismo modo, el Esp\u00edritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Esp\u00edritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables\u201d<\/em> (Rm 8, 26). Y, como ense\u00f1a la segunda lectura de hoy, el Esp\u00edritu nos ayuda, nos \u201cconduce\u201d, a apreciar cada vez m\u00e1s nuestra condici\u00f3n de hijos de Dios, hasta el punto de que podemos gritar a Dios \u201dAbba! (\u00a1Pap\u00e1!) \u00a1Padre!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, como dice Jes\u00fas concluyendo el Evangelio de hoy, tambi\u00e9n el Esp\u00edritu, como el mejor de los maestros, nos ayuda a \u201crecordar\u201d, a tomarnos a pecho, todas las palabras de Nuestro Se\u00f1or. Guiados por el Esp\u00edritu, profundizamos en la ense\u00f1anza de Cristo: entra en nosotros y nosotros entramos cada vez m\u00e1s en su vida.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En esta gran fiesta de Pentecost\u00e9s, en la que el Esp\u00edritu Santo descendi\u00f3 tan poderosamente sobre la Iglesia para lanzar su actividad misionera, har\u00edamos bien en considerar c\u00f3mo nada -absolutamente nada- de valor suceder\u00eda en nuestra alma, o en la Iglesia, sin la acci\u00f3n del Esp\u00edritu. 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