{"id":4310,"date":"2019-05-14T09:03:09","date_gmt":"2019-05-14T08:03:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.omnesmag.com\/?p=4310"},"modified":"2025-06-05T16:12:06","modified_gmt":"2025-06-05T14:12:06","slug":"escribia-con-el-dedo-en-el-suelo-jn-8-6","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/escribia-con-el-dedo-en-el-suelo-jn-8-6\/","title":{"rendered":"\u00abEscrib\u00eda con el dedo en el suelo\u00bb (Jn 8, 6)"},"content":{"rendered":"\n<p>Todos los a\u00f1os, en la lectura del Evangelio del V <a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/recursos\/21-de-febrero-i-domingo-de-cuaresma\/\">domingo de Cuaresma <\/a>del a\u00f1o C (o en los a\u00f1os A y B, el lunes de esa misma semana) se proclama el episodio de la mujer ad\u00faltera (Jn 8, 1-11). Todos nos quedamos maravillados ante el efecto arrollador de la actitud de Jes\u00fas, que de acusado pasa a ser Juez de misericordia, ya sea de los escribas y fariseos, ya de la mujer pecadora. Y sentimos tambi\u00e9n el impulso y la invitaci\u00f3n de Jes\u00fas a examinar la propia conducta, antes de juzgar la ajena. En estos breves p\u00e1rrafos, nos limitaremos a reflexionar un poco sobre el gesto de Jes\u00fas: <em>\u201cEscrib\u00eda con el dedo en el suelo\u201d<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Hechos y palabras<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>El episodio est\u00e1 encuadrado dentro de una secci\u00f3n que recoge la actividad de Jes\u00fas en Jerusal\u00e9n durante la celebraci\u00f3n de la fiesta de los Tabern\u00e1culos. De una manera algo inesperada, el pueblo (y tambi\u00e9n el lector del Evangelio) se encuentra con este episodio, que interrumpe la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas en el Templo a todo el pueblo (cf. 8, 2).<\/p>\n\n\n\n<p>Concentr\u00e1ndonos en el episodio en concreto y vi\u00e9ndolo en su conjunto, comprobamos, como en tantos otros episodios (sean de curaci\u00f3n, sean de conversi\u00f3n), que Jes\u00fas act\u00faa combinando hechos y palabras. De hecho, es un principio fundamental del plan salv\u00edfico de Dios, enunciado por el magisterio de la Iglesia: <em>\u201cEste plan de la revelaci\u00f3n se realiza con hechos y palabras <\/em>[gesta et verba]<em> intr\u00ednsecamente conexos entre s\u00ed, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvaci\u00f3n manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas\u201d<\/em> (Concilio Vaticano II, <em>Dei Verbum<\/em>, n. 2).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En este caso, Jes\u00fas nos sorprende combinando el hecho de agacharse dos veces para escribir con el dedo en el suelo, y entre esos dos gestos, de pie, diciendo una frase dirigida a los acusadores de la mujer, que pretend\u00edan comprometer le para poderle acusar: <em>\u201cEl que est\u00e9 sin pecado que tire la primera piedra\u201d<\/em>. Esta s\u00edntesis provoca un efecto inesperado: los acusadores pasan a ser acusados por el Juez Jes\u00fas y reconocen su culpa, <em>\u201cescabull\u00e9ndose uno a uno, empezando por los m\u00e1s viejos\u201d<\/em> (8, 9). Y se quedaron los dos: con insuperables palabras de San Agust\u00edn, <em>misera et misericordia<\/em>; Jes\u00fas, solo ante la mujer, la absolvi\u00f3 de su culpa, invit\u00e1ndola a no pecar m\u00e1s. Podr\u00edamos glosar que mientras aquellos hombres sorprendieron a la mujer <em>\u201cen flagrante adulterio\u201d<\/em> (8, 4), Jes\u00fas la sorprendi\u00f3 en <em>\u201cflagrante arrepentimiento\u201d<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El dedo de Dios<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Centr\u00e9monos ahora en el gesto: es significativo que el narrador haya querido expresarse diciendo <em>\u201cescrib\u00eda con el dedo\u201d<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En la tercera plaga de Egipto, se nos narra que <em>\u201cAar\u00f3n extendi\u00f3 su mano y con el bast\u00f3n golpe\u00f3 el polvo del suelo; y aparecieron mosquitos que atacaban a hombres y animales. Todo el polvo del suelo se convirti\u00f3 en mosquitos por toda la tierra de Egipto\u201d<\/em>. Despu\u00e9s del intento fallido de los magos de hacer lo mismo, ellos mismos <em>\u201cdijeron al fara\u00f3n: \u2018Es el dedo de Dios\u2019\u201d<\/em> (Ex 8, 13.15).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Es uno de los llamados \u201cantropomorfismos\u201d con los que la Escritura expresa la acci\u00f3n divina utilizando los miembros del cuerpo humano (otros son: brazo de Dios, mano). El salmista dice que los cielos son obra de <em>\u201clos dedos de Dios\u201d<\/em> (cf. Sal 8, 4). Quiz\u00e1 el episodio m\u00e1s conocido en el que vemos actuar a los dedos de Dios es la escritura de la Ley sobre las tablas: <em>\u201cCuando acab\u00f3 de hablar con Mois\u00e9s en la monta\u00f1a del Sina\u00ed, le dio las dos tablas del Testimonio, tablas de piedra escritas por el dedo de Dios\u201d<\/em> (Ex 31, 18). Poco m\u00e1s adelante, el hagi\u00f3grafo insiste en el origen divino de las tablas: <em>\u201cEran hechura de Dios y la escritura era escritura de Dios grabada en las tablas\u201d<\/em>. Lo mismo en Dt 9, 10.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Nuevo Testamento, el mismo Jes\u00fas, despu\u00e9s de expulsar un demonio mudo y ante la actitud de quienes no reconocen el origen divino del exorcismo, usa esta expresi\u00f3n: <em>\u201cPero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros\u201d<\/em> (Lc 11,20). Claramente, Jes\u00fas les est\u00e1 insinuando qui\u00e9n es \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El dedo de Cristo<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>En el episodio de la ad\u00faltera, ya no estamos ante un antropomorfismo, un modo de hablar de la acci\u00f3n de Dios en el mundo, ni siquiera ante la palabra del mismo Jes\u00fas que habla del \u201cdedo de Dios\u201d. Estamos ante el mismo Dios hecho hombre que escribe con su dedo de hombre.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No nos importa tanto lo que pudo escribir. Podemos decir que es in\u00fatil resolverlo, puesto que el evangelista no nos lo dice. Aun as\u00ed, aqu\u00ed ser\u00eda oportuno recordar que el profeta Jerem\u00edas, en su oraci\u00f3n a Dios, dice: <em>\u201cSe\u00f1or, esperanza de Israel, quienes te abandonan fracasan; quienes se apartan de ti quedan inscritos en el polvo por haber abandonado al Se\u00f1or, la fuente de agua viva\u201d<\/em> (17, 13). Quiz\u00e1 aquellos hombres, al ver a Jes\u00fas escribiendo en el suelo, recordaron las palabras del profeta y reconocieron su pecado.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos encontramos ante Jesucristo que escribe con su dedo, el \u201cdedo de Dios\u201d y, junto con su palabra, <em>\u201cm\u00e1s tajante que espada de doble filo [\u2026] que juzga los deseos e intenciones del coraz\u00f3n\u201d<\/em>, quiere grabar a fuego en los corazones de aquellos hombres la ley de la misericordia. Aquella ley que ya anunci\u00f3 el Se\u00f1or por boca del profeta Jerem\u00edas: <em>\u201cPondr\u00e9 mi ley en su interior y la escribir\u00e9 en sus corazones; yo ser\u00e9 su Dios y ellos ser\u00e1n mi pueblo. Ya no tendr\u00e1n que ense\u00f1arse unos a otros diciendo: \u2018Conoced al Se\u00f1or\u2019, pues todos me conocer\u00e1n, desde el m\u00e1s peque\u00f1o al mayor \u2014or\u00e1culo del Se\u00f1or\u2014, cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados\u201d <\/em>(Jr 31, 33-34).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Podr\u00edamos concluir que la combinaci\u00f3n entre el gesto de Jesucristo que con su dedo escribe en el suelo y sus palabras afiladas cambian completamente la escena: al principio, una mujer abandonada a la suerte de unos acusadores despiadados que buscan una excusa para acusar al Maestro; al final, todo termina con la desaparici\u00f3n de esos hombres que empiezan a reconocer sus pecados y la mujer que se va libre de su culpa despu\u00e9s de escuchar al \u00fanico que puede perdonar los pecados, Jes\u00fas, el Juez misericordioso. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todos los a\u00f1os, en la lectura del Evangelio del V domingo de Cuaresma del a\u00f1o C (o en los a\u00f1os A y B, el lunes de esa misma semana) se proclama el episodio de la mujer ad\u00faltera (Jn 8, 1-11). 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