{"id":4071,"date":"2019-01-09T13:29:02","date_gmt":"2019-01-09T12:29:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.omnesmag.com\/?p=4071"},"modified":"2025-06-06T11:12:04","modified_gmt":"2025-06-06T09:12:04","slug":"clericalismo-y-teologia-de-la-libertad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/clericalismo-y-teologia-de-la-libertad\/","title":{"rendered":"Clericalismo y teolog\u00eda de la libertad"},"content":{"rendered":"\n<p>Esta reflexi\u00f3n nace de la cr\u00edtica que el Papa Francisco ha dirigido al clericalismo, una mentalidad y una actitud viciada que es causa de no poco males. <a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/actualidad\/el-humanismo-de-francisco-de-vitoria\/\">Francisco<\/a> se ha referido a esa mentalidad deformada en varias ocasiones y en diferentes contextos, algunos de ellos bien tristes, como es el de la <em>Carta al Pueblo de Dios<\/em> del 20 de agosto de 2018.  No se tratar\u00e1 aqu\u00ed de estos problemas, ni se pretende hacer una ex\u00e9gesis de las palabras del Papa. Estas han sido solo la ocasi\u00f3n para reflexionar sobre un problema m\u00e1s amplio del que el clericalismo es solo una parte. A mi modo de ver, la ra\u00edz m\u00e1s profunda del clericalismo -y de otros fen\u00f3menos relacionados o asemejables a \u00e9l- es la incomprensi\u00f3n del valor de la libertad o, quiz\u00e1, la subordinaci\u00f3n de su valor a otros que parecen m\u00e1s importantes o m\u00e1s urgentes, como pueden ser, por ejemplo, la seguridad y la igualdad. El fen\u00f3meno no se da solamente, y tal vez ni siquiera principalmente, en \u00e1mbito eclesi\u00e1stico, sino que tiene m\u00faltiples manifestaciones en la esfera civil.<\/p>\n\n\n\n<p>La libertad es una realidad dif\u00edcil de comprender, que tiene no pocos aspectos de misterio. Dos cuestiones de importancia fundamental son particularmente complejas: la libertad de la creaci\u00f3n y la creaci\u00f3n de la libertad; es decir, que el acto creador de Dios sea enteramente libre y que sea posible crear una verdadera libertad. Aqu\u00ed voy a ocuparme solo de la segunda cuesti\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Dios cre\u00f3 libre al ser humano<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><br>No es f\u00e1cil comprender de qu\u00e9 modo Dios puede crear una aut\u00e9ntica libertad. La Iglesia lo ha ense\u00f1ado incansablemente. As\u00ed, por ejemplo, la Constituci\u00f3n <em>Gaudium et spes,<\/em> del Concilio Vaticano II, afirma que <em>\u201cla verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el hombre. Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisi\u00f3n para que as\u00ed busque espont\u00e1neamente a su Creador y, adhiri\u00e9ndose libremente a \u00e9ste, alcance la plena y bienaventurada perfecci\u00f3n\u201d<\/em> (n. 17)<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, muchos piensan que, enmarcada en los planes generales de la providencia y del gobierno divinos, son muy pocas las cosas que realmente dependen de la libertad humana. A fin de cuentas, como se suele decir, Dios es capaz de escribir derecho con renglones torcidos. Esto es, aunque los hombres obren mal, Dios consigue arreglarlo todo y que el resultado sea bueno. Por otra parte, desde el punto de vista te\u00f3rico no es f\u00e1cil concebir como definitivo un poder de elecci\u00f3n y de acci\u00f3n que es causado o donado por otro. <\/p>\n\n\n\n<p>Los debates sobre el concurso divino y la predestinaci\u00f3n, as\u00ed como la famosa controversia de <em>auxiliis<\/em>, son un suficiente bot\u00f3n de muestra. Desde una perspectiva filos\u00f3fica diferente, esa misma dificultad hizo pensar a Kant que la autonom\u00eda humana es incompatible con cualquier tipo de presencia de Dios y de su ley en el comportamiento moral humano. En mi opini\u00f3n, la teolog\u00eda cristiana de la creaci\u00f3n deber\u00eda llevar a ver las cosas de otra manera. <\/p>\n\n\n\n<p>Al crear al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, Dios realiza el designio de poner frente a s\u00ed verdaderos interlocutores, capaces de participar de la bondad y de la plenitud divinas. Para eso era necesario que fueran realmente libres, esto es, capaces de reconocer y afirmar de modo aut\u00f3nomo el bien porque es bueno (lo cual comporta inevitablemente la posibilidad de negar lo bueno y afirmar lo malo). Para obedecer forzosamente y con toda exactitud las leyes c\u00f3smicas que manifiestan la grandeza y la potencia de Dios ya est\u00e1n los astros del cielo; solo con la libertad aparecen la imagen y semejanza divinas, cuyo valor es muy superior al de las fuerzas del universo.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, la libre adhesi\u00f3n del hombre a Dios vale m\u00e1s que el cielo estrellado. Hasta tal punto es as\u00ed, que Dios prefiere aceptar el riesgo de que el hombre use mal la libertad, antes que privarle de ella. Ciertamente, la supresi\u00f3n de la libertad evitar\u00eda la posibilidad del mal (y, con \u00e9l, todo sufrimiento); sin embargo, tambi\u00e9n har\u00eda imposible el bien m\u00e1s valioso, el \u00fanico que refleja de verdad la bondad divina.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, Dios asume la libertad humana con todos sus riesgos. La literatura sapiencial del Antiguo Testamento lo expres\u00f3 con gran belleza: <em>\u201c\u00c9l fue quien al principio hizo al hombre, y le dej\u00f3 en manos de su propio albedr\u00edo. Si t\u00fa quieres, guardar\u00e1s los mandamientos, para&nbsp; permanecer&nbsp; fiel a su benepl\u00e1cito. \u00c9l te ha puesto delante fuego y agua,&nbsp; a donde quieras puedes llevar tu mano. Ante los hombres est\u00e1 la vida y la muerte, lo que prefiera cada cual, se le dar\u00e1\u201d <\/em>(Eclesi\u00e1stico 15, 14-17). El hombre es libre de preferir la vida o la muerte, pero lo que prefiera se le dar\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Libres, con todas las consecuencias<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Porque Dios crea una verdadera libertad y asume sus riesgos, no consta que haya querido dar al hombre una red de seguridad -como la que protege a los equilibristas en el circo- para neutralizar las graves consecuencias de su posible mal uso. Es cierto que Dios nos cuida con su providencia, pero lo hace concedi\u00e9ndonos una participaci\u00f3n activa en ella. Con nuestra inteligencia somos capaces de conocer cada vez mejor la realidad en que vivimos y de distinguir lo que nos hace bien de lo que nos hace mal. A la libertad est\u00e1 unida la capacidad y la obligaci\u00f3n para cada uno de proveer por s\u00ed mismo, y nuestra provisi\u00f3n es respetada.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ser m\u00e1s exactos -y por lo que se refiere sobre todo a la culpa moral y no tanto a las penalidades que tienen su origen en ella-, la misericordia de Dios nos ha dado una cierta red de seguridad: la Redenci\u00f3n. De hecho, la modalidad doloros\u00edsima en que se llev\u00f3 a cabo, mediante la sangre de Cristo (cfr. Efesios 1, 7-8), deja bien claro que no es sencillamente un \u201cborr\u00f3n y cuenta nueva\u201d. Al contrario, el Creador se toma radicalmente en serio la libertad del hombre. No se trata de un juego, y por ello Dios no impide el despliegue de las consecuencias que tienen nuestras acciones en su conexi\u00f3n con las de los dem\u00e1s y con las leyes que rigen el mundo material, el equilibrio ps\u00edquico y moral, y el orden social y econ\u00f3mico. Es verdad que la benevolencia y la gracia de Dios nos ayudan, pero presuponen la libre decisi\u00f3n humana de colaborar con ellas. Como se lee en la Carta a los Romanos: <em>\u201cTodas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios\u201d<\/em> (Romanos 8, 28).<\/p>\n\n\n\n<p>Por m\u00e1s que desde el punto de vista te\u00f3rico sea dif\u00edcil comprenderlo, la libertad humana representa un punto verdaderamente absoluto, enmarcado en un contexto relativo y dependiente de Dios. A mi libertad se debe que no existan algunas cosas, que podr\u00edan haber existido si yo hubiera tomado otra decisi\u00f3n. Y a mi libertad se debe tambi\u00e9n que existan algunas cosas que podr\u00edan no haber existido, si mi decisi\u00f3n hubiese sido diferente.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco la natural sociabilidad del hombre puede servir como coartada para oscurecer el valor de la libertad. La sociedad humana es sociedad de seres <em>libres<\/em>. Por lo que se refiere a la solidaridad, la teolog\u00eda de la creaci\u00f3n subraya que todos los hombres son iguales ante Dios. Son igualmente hijos suyos, y por eso hermanos entre s\u00ed. De modo particular en el Nuevo Testamento, la solidaridad es reforzada y sobrepasada por la caridad, que constituye el n\u00facleo del mensaje moral de Cristo. Ahora bien, es preciso hacer dos observaciones para mostrar que la interpretaci\u00f3n de la solidaridad y de la caridad no puede ir en detrimento de la libertad y de la responsabilidad, que comporta la obligaci\u00f3n de proveer por s\u00ed mismo a no ser que circunstancias como la enfermedad, la vejez, etc. lo impidan. La primera es que la caridad hacia los que padecen necesidad no se puede entender como licencia para que, voluntariamente, unos vivan a costa de otros. San Pablo lo dice en t\u00e9rminos inequ\u00edvocos: <em>\u201cPues tambi\u00e9n cuando est\u00e1bamos con vosotros os d\u00e1bamos esta norma:&nbsp;&nbsp; si alguno no quiere trabajar, que no coma. [&#8230;] Ordenamos y exhortamos en el Se\u00f1or Jesucristo a que coman su propio pan trabajando con sosiego\u201d<\/em> (2 Tesalonicenses 3, 10.12).<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda es que la caridad cristiana presupone las ense\u00f1anzas de Cristo sobre la distinci\u00f3n entre el orden pol\u00edtico y el orden religioso: dar al C\u00e9sar lo que es del C\u00e9sar y a Dios lo que es de Dios (cfr. Mateo 22, 21). Una con- fusi\u00f3n en este campo impedir\u00eda la existencia de la caridad que, por su misma esencia, es un acto libre. La par\u00e1bola del rico Epul\u00f3n y del pobre L\u00e1zaro contiene una dura condena de quienes hacen un uso ego\u00edsta e insolidario de sus bienes, incumpliendo su grave obligaci\u00f3n de ayudar a quien padece necesidad. Sin embargo, no dice -ni sugiere- que se deba emplear la fuerza coercitiva del Estado para privar de sus bienes a los afortunados, de modo que despu\u00e9s la p\u00fablica autoridad pueda redistribuirlos. Cristo ense\u00f1a, en definitiva, que debemos querer ayudar voluntariamente a quien lo necesita. En ning\u00fan pasaje del Nuevo Testamento se autoriza la supresi\u00f3n violenta de la leg\u00edtima libertad en orden a la solidaridad o a la caridad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El clericalismo<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Llegamos as\u00ed a la cuesti\u00f3n que abr\u00eda estas p\u00e1ginas. El diccionario de la <a href=\"https:\/\/www.rae.es\/\">Real Academia Espa\u00f1ola<\/a> conoce tres acepciones de la palabra \u201cclericalismo\u201d: 1) influencia excesiva del clero en los asuntos pol\u00edticos; 2) intervenci\u00f3n excesiva del clero en la vida de la Iglesia, que impide el ejercicio de los derechos a los dem\u00e1s miembros del pueblo de Dios; 3) marcada afecci\u00f3n y sumisi\u00f3n al clero y a sus directrices. Estas acepciones dan una idea suficiente del fen\u00f3meno, pero necesitar\u00edan una actualizaci\u00f3n. No parece que hoy en d\u00eda el clero pueda influir excesivamente en los asuntos pol\u00edticos. Ni siquiera lo desea, entre otras cosas porque esos asuntos han asumido una complejidad demasiado grande y pesada para los que no son pol\u00edticos de profesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s significativa es, en cambio, la palabra con la que se califica la intervenci\u00f3n clerical: se trata de intervenciones \u201cexcesivas\u201d. Y el exceso no es esencialmente cuesti\u00f3n de cantidad o amplitud, sino de direcci\u00f3n. El clericalismo es excesivo porque es iliberal: invade y anula la leg\u00edtima libertad de otras personas o instituciones, en la esfera civil o en la eclesi\u00e1stica. As\u00ed, en lugar de hacer posible el ejercicio de la libertad personal, pretende dirigirla de modo casi forzado hacia lo que se considera -quiz\u00e1 por buenos motivos- mejor, m\u00e1s verdadero y deseable. Por eso he dicho al principio que, a mi juicio, el clericalismo presupone una comprensi\u00f3n deficiente de la teolog\u00eda de la libertad (de su valor a los ojos de Dios), y por consiguiente de la teolog\u00eda de la creaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Si he de ser justo, debo aclarar que en mis m\u00e1s de 40 a\u00f1os de sacerdocio he visto pocas veces la mentalidad clerical entre los sacerdotes que, a causa de sus encargos pastorales, est\u00e1n en estrecho contacto con los fieles. M\u00e1s f\u00e1cil es encontrarla entre los que por una raz\u00f3n o por otra viven entre libros o entre papeles, y tienen pocas ocasiones de apreciar la competencia humana y la sabidur\u00eda cristiana de la que muchas veces dan muestra los fieles laicos. A continuaci\u00f3n voy a referirme a unos pocos aspectos del clericalismo; un tratamiento completo del tema requerir\u00eda, como es l\u00f3gico, mucho m\u00e1s espacio.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Algunas expresiones de clericalismo<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>La primera expresi\u00f3n, que ha aparecido ya en estas p\u00e1ginas, es la escasa valoraci\u00f3n de la libertad humana. Puede que se considere un bien, un don de Dios, pero desde luego no ser\u00eda el m\u00e1s importante. En su relaci\u00f3n al bien, la libertad contiene una paradoja: sin bien, la libertad es vac\u00eda o incluso nociva; sin libertad no es posible un bien <em>humano<\/em>. La mentalidad clerical siempre inclina la balanza en favor del bien, y en casos extremos se muestra disponible a sacrificar la libertad sobre el altar del bien. De este modo parece olvidar que la l\u00f3gica de Dios es diferente, pues \u00c9l no ha querido suprimir nuestra libertad para evitar su mal uso. Se tiende a ver la libertad como un problema, cuando en realidad es el presupuesto que permite resolver bien cualquier conflicto.<\/p>\n\n\n\n<p>A la infravaloraci\u00f3n de la libertad sigue una subestimaci\u00f3n del pecado. Y esto, no a causa de la creencia en la compasi\u00f3n divina (que gracias a Dios es muy grande, y a ella se acoge quien escribe estas p\u00e1ginas), sino porque no se advierte que el respeto que Dios nos tiene no le permite tratarnos como a chiquillos inconscientes. Si as\u00ed fuera, los hombres ofender\u00edan, matar\u00edan, destruir\u00edan&#8230; pero luego vendr\u00eda el padre a arreglar lo destruido, y el juego terminar\u00eda bien para todos, tanto para las v\u00edctimas como para los criminales. El Nuevo Testamento no nos permite pensar as\u00ed. Basta leer el pasaje del cap\u00edtulo 25 de san Mateo sobre el juicio final. Precisamente porque nos ha creado <em>verdaderamente<\/em> libres, Dios no nos trata ni como a ni\u00f1os, ni como a marionetas irresponsables. La actitud que criticamos nada tiene que ver con el <em>\u201ccamino de infancia espiritual\u201d<\/em> del que hablan santos como Teresa de Lisieux o Josemar\u00eda Escriv\u00e1, y que se coloca en el contexto muy diferente de la teolog\u00eda espiritual. Este \u201ccamino\u201d nada tiene de blandenguer\u00eda ni de superficial irresponsabilidad, y es perfectamente compatible -como demuestra la vida de estos dos santos- con una afirmaci\u00f3n radical de la libertad humana.<\/p>\n\n\n\n<p>En tercer lugar, la infravaloraci\u00f3n de la libertad se da tambi\u00e9n en la esfera civil. Para algunos, los ciudadanos ser\u00edan pobres incapaces a los que el Estado habr\u00eda de dar una protecci\u00f3n universal, lo m\u00e1s amplia posible, sin preguntarles siquiera si la necesitan o la desean. Con esa protecci\u00f3n, aparentemente se da <em>gratuitamente<\/em> algo, pero en realidad tiene unos alt\u00edsimos costes, tanto econ\u00f3micos como, sobre todo, antropol\u00f3gicos. Al Estado omnipresente e invasivo lo describe Tocqueville como <em>\u201cun poder inmenso y tutelar que se&nbsp; encarga&nbsp; s\u00f3lo&nbsp; de&nbsp; asegurar los goces de los ciudadanos y vigilar su suerte. Absoluto, minucioso, regular, advertido y benigno, se asemejar\u00eda al poder paterno, si como \u00e9l tuviese por objeto preparar a los hombres para la edad viril;&nbsp; pero,&nbsp; al contrario,&nbsp; no trata&nbsp; sino de fijarlos irrevocablemente en la infancia y quiere que los ciudadanos gocen, con tal de que no piensen sino en gozar [&#8230;]. De este modo,&nbsp; hace&nbsp; cada&nbsp; d\u00eda menos \u00fatil y m\u00e1s raro el uso del libre&nbsp; albedr\u00edo,&nbsp; encierra&nbsp; la acci\u00f3n&nbsp; de la libertad en un espacio m\u00e1s estrecho, y quita poco a poco a cada ciudadano hasta el uso de s\u00ed mismo\u201d<\/em> (La democracia en Am\u00e9rica, III, IV, 6). No es una imagen del pasado. Incluso hoy es muy frecuente que los partidos pretendan realizar los propios ideales pol\u00edticos pisoteando la libertad de los que piensan de modo diferente, a los que a veces se llega incluso a querer eliminar. El respeto de la libertad del adversario pol\u00edtico es una piedra preciosa que raramente encontramos en el panorama actual.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00faltimo punto que voy a tratar se refiere a la idea de que, en virtud de nuestras buenas intenciones, Dios va a detener las consecuencias de los procesos naturales que libremente ponemos en marcha. Algo as\u00ed como si la cari- dad pudiera ahorrarnos el conocimiento de las leyes y va- lores de las cosas creadas \u2014y, en particular, de la sociedad humana\u2014, a los que el Concilio Vaticano II se refiri\u00f3 con la expresi\u00f3n <em>\u201cjusta autonom\u00eda de las realidades terrenas\u201d. <\/em>Seg\u00fan <em>Gaudium et spes<\/em>: <em>\u201cPor la propia naturaleza de la creaci\u00f3n, todas las cosas est\u00e1n dotadas de consistencia, verdad y bondad propias y de un propio&nbsp; orden&nbsp; regulado, que el hombre debe respetar con el reconocimiento de la metodolog\u00eda particular de cada ciencia o arte\u201d<\/em> (n. 36). La mentalidad clerical, en cambio, habla de las cosas terrenas sin conocer bien su g\u00e9nesis, su consistencia y su desarrollo; aplica a esas realidades unos principios que corresponden a otros \u00e1mbitos de la realidad y, as\u00ed, propone medidas que acaban produciendo lo contrario de lo que se pretend\u00eda. Un ejemplo de esto \u00faltimo se observa cuan- do se pasa del plano religioso al plano pol\u00edtico -y de este a aquel- con una facilidad asombrosa. Problemas pol\u00edticos o econ\u00f3micos se intentan resolver sin tener en cuenta principios b\u00e1sicos del quehacer pol\u00edtico o de la realidad econ\u00f3mica, violentando as\u00ed la realidad de las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>A esto se a\u00f1ade la tendencia a explicar todo <em>solo<\/em> por sus causas \u00faltimas. Si se abre un libro de historia universal, veremos que han existido numerosas guerras. Afirmando que todas ellas tienen su causa en la malicia humana o en el pecado original, se dice algo verdadero, pero que, por explicar todo, acaba no explicando nada (al menos, si tenemos inter\u00e9s por comprender lo que sucedi\u00f3 y por prevenir conflictos futuros). Por una raz\u00f3n semejante se incurre en un lenguaje hecho de palabras de significado vago, como por ejemplo <em>\u201cla dignidad humana\u201d,<\/em> que establecen consensos vac\u00edos. Por seguir con el ejemplo de la dignidad, se da el caso de que todos la defienden, pero los distintos sujetos (o grupos) lo hacen para defender comportamientos que resultan contradictorios entre s\u00ed. De este modo se puede llegar a un acuerdo nominal sobre la dignidad, pero se trata en definitiva de un falso consenso entre personas que, en realidad, no est\u00e1n de acuerdo en casi nada. El resultado de esto es que, al final, el discurso p\u00fablico queda reducido a pura ret\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n<p>No he querido se\u00f1alar m\u00e1s que algunas consecuencias del clericalismo. Las suficientes para comprender que es precisa una seria reflexi\u00f3n sobre estos problemas. Esta redundar\u00e1 en bien de todos, y en primer lugar de la Iglesia. En efecto, la reivindicaci\u00f3n de la libertad, en la que se refleja la imagen de Dios en el hombre, no puede significar sino un empuje para el Pueblo de Dios y para todos los que formamos parte de \u00e9l. Afortunadamente, se dan ahora un conjunto de circunstancias que nos permiten esperar que una reflexi\u00f3n de ese tipo se va a llevar a cabo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta reflexi\u00f3n nace de la cr\u00edtica que el Papa Francisco ha dirigido al clericalismo, una mentalidad y una actitud viciada que es causa de no poco males. Francisco se ha referido a esa mentalidad deformada en varias ocasiones y en diferentes contextos, algunos de ellos bien tristes, como es el de la Carta al Pueblo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":6616,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"pmpro_default_level":"","footnotes":""},"categories":[537],"tags":[6],"class_list":["post-4071","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-recursos","tag-europa","pmpro-has-access"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4071","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4071"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4071\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/wp-json\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4071"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4071"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4071"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}