{"id":39337,"date":"2024-05-14T06:00:00","date_gmt":"2024-05-14T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=39337"},"modified":"2024-05-13T10:19:08","modified_gmt":"2024-05-13T08:19:08","slug":"hugo-ball-conversion-en-el-cabaret","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/hugo-ball-conversion-en-el-cabaret\/","title":{"rendered":"Hugo Ball (1886-1927). Conversi\u00f3n en el cabaret"},"content":{"rendered":"\n<p>En su retrato m\u00e1s conocido, Hugo Ball (1886-1927) aparece disfrazado de obispo, mientras recita el poema dada\u00edsta <em>Karawane<\/em> en el s\u00f3tano de un caf\u00e9 de Z\u00farich en junio de 1916. Esta escena constituye uno de los momentos m\u00e1s singulares del arte contempor\u00e1neo y del itinerario personal de su protagonista. El efecto de la lectura del poema pareci\u00f3 conmoverle a \u00e9l m\u00e1s que a ning\u00fan otro: \u201c<em>Mi vestimenta de obispo y mi lamentable irrupci\u00f3n en la \u00faltima \u2018soir\u00e9e\u2019 me dan que pensar. El marco del Voltaire en el que tuvo lugar era poco adecuado y mi interior no estaba preparado<\/em>\u201d (<em>La huida del tiempo<\/em>, p. 145). Bien podr\u00eda resumirse el objetivo de la experimentaci\u00f3n art\u00edstica e intelectual de Ball en el sincero af\u00e1n por encontrar \u201c<em>el\u201d<\/em> lugar adecuado para ese disfraz \u201c<em>de columna<\/em>\u201d y \u201c<em>el\u201d<\/em> estado interior para su triste \u201c<em>lamentaci\u00f3n sacerdotal<\/em>\u201d (pp. 138, 139). Poco a poco, Ball se convenci\u00f3 de que ese lugar y estado converg\u00edan en la Iglesia de su infancia, el catolicismo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Cabaret Voltaire<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Ball merece figurar en cualquier historia del arte por tres motivos. En primer lugar, porque fund\u00f3 con su futura mujer, Emmy Hennings, el <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Cabaret_Voltaire\">Cabaret Voltaire<\/a> el 5 de febrero de 1916 en Z\u00farich. Esta sala de experimentos permanecer\u00eda abierta hasta marzo de 1917. Paul Auster subraya la audacia del gesto: \u201c<em>Los interrogantes del dada\u00edsmo siguen siendo los nuestros<\/em>\u201d (<em>La huida del tiempo<\/em>, p. 7). Adem\u00e1s, el Cabaret Voltaire fue pionero en muchos aspectos. En \u00e9l, Ball y Hennings exploraron apuestas art\u00edsticas surrealistas antes que Salvador Dal\u00ed (1904-1989), o \u201cperformativas\u201d y ef\u00edmeras antes que Joseph Beuys (1921-1986). En segundo lugar, porque Ball ofrece el relato m\u00e1s convincente sobre el origen de la palabra \u201c<em>dad\u00e1\u201d<\/em>, utilizada desde entonces para aludir a las manifestaciones art\u00edsticas que se ejecutaban en las sesiones del cabaret. Por \u00faltimo, porque lig\u00f3 su pr\u00e1ctica art\u00edstica con una profunda necesidad de redenci\u00f3n. Sus ansias de regeneraci\u00f3n se enfocaron en buscar un nuevo lenguaje, puro y sin corrupci\u00f3n, libre de la palabrer\u00eda del periodismo, inocente como el balbuceo de un reci\u00e9n nacido, aunque resultara absurdo, carente de sentido e incomprensible.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Dada\u00edsmo<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>As\u00ed, Ball ampli\u00f3 la concepci\u00f3n de lo que se consideraba arte en su \u00e9poca y bautiz\u00f3 un movimiento art\u00edstico \u201c<em>tras cuya apariencia agresiva y desconcertante\u201d<\/em> -escribi\u00f3 Hermann Hesse (<em>La huida del tiempo<\/em>, p. 18)- \u201c<em>no solo se esconde la juventud y el ansia de renovar, sino tambi\u00e9n una gran desesperaci\u00f3n por la indigencia de su \u00e9poca<\/em>\u201d. \u00bfD\u00f3nde radicaba el origen de esta indigencia? A ojos de Ball, estaba directamente relacionada con \u201c<em>el racionalismo<\/em>\u201d y \u201c<em>su quintaesencia, la m\u00e1quina<\/em>\u201d (p. 56). En su opini\u00f3n, el racionalismo inaugur\u00f3 una forma necrof\u00edlica de materialismo gracias al desarrollo de la t\u00e9cnica: \u201c<em>La m\u00e1quina confiere a la materia muerta una especie de vida aparente. Mueve la materia. Es un fantasma<\/em>\u201d (pp. 28 y 29). La pobreza que rode\u00f3 la vida de Ball se extiende desde la penuria econ\u00f3mica hasta el rechazo \u00edntimo y s\u00f3lido de \u201c<em>la m\u00e1quina<\/em>\u201d, con el consiguiente exilio interior de un mundo cada vez m\u00e1s mecanizado. \u201c<em>La guerra\u201d<\/em> -anota Ball el 26 de junio de 1915- \u201c<em>se basa en un craso error. Se ha confundido a los hombres con las m\u00e1quinas. Habr\u00eda que diezmar las m\u00e1quinas, en lugar de a los hombres. Si un d\u00eda las m\u00e1quinas marchan solas y por s\u00ed mismas, tendr\u00e1 algo m\u00e1s de sentido. Entonces todo el mundo exultar\u00e1 de j\u00fabilo y con raz\u00f3n, cuando se destrocen entre ellas<\/em>\u201d (p. 59).<\/p>\n\n\n\n<p>A medida que se acercaba al regreso a su fe de ni\u00f1o, definitivo en 1921, una cierta esperanza en un <em>deus ex machina<\/em> lo alienta y sostiene: \u201c<em>La cabeza de Cristo rebosante de sangre resurgir\u00e1 de improviso de la m\u00e1quina hecha pedazos<\/em>\u201d (p. 280). El Ball creyente contrapuso la fe en un Dios personal que habla y padece a la violencia de la m\u00e1quina moderna. Su cr\u00edtica a sistemas filos\u00f3ficos racionalistas cobra aqu\u00ed tambi\u00e9n todo su sentido y complementa su experimentaci\u00f3n art\u00edstica: \u201c<em>No existe un motor abstracto, como el que asume Spinoza. El movimiento que nos impele, solo lo puede conferir una persona. \u2018Personare\u2019 significa resonar<\/em>\u201d (p. 310). El artista que en 1916 balbuceaba travestido de obispo lloros por Europa en un cabaret de ilustre nombre se descubre en 1921 ermita\u00f1o en un desierto de m\u00e1quinas, \u201c<em>tocado en lo m\u00e1s noble de [su] interior<\/em>\u201d: \u201c<em>La palabra divina es una conmoci\u00f3n en lo m\u00e1s \u00edntimo<\/em>\u201d (ibid.). \u00bfC\u00f3mo pudo conducir lo que a primera vista parece una mofa de la religi\u00f3n a los misterios de la liturgia? Su respuesta carece de fisuras: \u201c<em>Uno ha de perderse si es que se quiere encontrar<\/em>\u201d (p. 46).<\/p>\n\n\n\n<p>La edici\u00f3n del diario de la conversi\u00f3n de Hugo Ball, publicado por <em>Acantilado<\/em> con el t\u00edtulo <em>La huida del tiempo<\/em>, est\u00e1 acompa\u00f1ada de un ensayo de Hermann Hesse, Premio Nobel de Literatura en 1946, y de un texto del escritor estadounidense Paul Auster. Rescatamos aqu\u00ed unas l\u00edneas de cada uno de ellos. Escribe Hesse a prop\u00f3sito de Ball: \u201c<em>No se trataba de una piedad o de una fe cualquiera, ni de un determinado tipo de cristianismo o catolicismo, sino de la religiosidad por antonomasia: la necesidad siempre despierta, siempre renovada, de una vida en Dios, de conferir un sentido para nuestros actos e ideas, de una norma de pensamiento y conciencia que est\u00e9 por encima del tiempo, que se sustraiga a las disputas y a las modas<\/em>\u201d (p. 20). Impresiona la contundencia de esta afirmaci\u00f3n. Y a su vez escribe Auster: \u201c<em>Por su coraje intelectual, por la convicci\u00f3n con la que se enfrent\u00f3 al mundo, Hugo Ball sobresale como uno de los esp\u00edritus ejemplares de nuestro tiempo<\/em>\u201d. Sin duda se trata de un artista de frontera que sigue invit\u00e1ndonos a pensar casi cien a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En su retrato m\u00e1s conocido, Hugo Ball (1886-1927) aparece disfrazado de obispo, mientras recita el poema dada\u00edsta Karawane en el s\u00f3tano de un caf\u00e9 de Z\u00farich en junio de 1916. Esta escena constituye uno de los momentos m\u00e1s singulares del arte contempor\u00e1neo y del itinerario personal de su protagonista. 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