{"id":37970,"date":"2024-03-07T06:00:00","date_gmt":"2024-03-07T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=37970"},"modified":"2024-03-05T17:15:54","modified_gmt":"2024-03-05T15:15:54","slug":"leen-einstein-ratzinger-girard","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/leen-einstein-ratzinger-girard\/","title":{"rendered":"Leen, Einstein, Girard y Ratzinger"},"content":{"rendered":"<p>El religioso irland\u00e9s Edward Leen (1885-1944) public\u00f3, en el a\u00f1o 1938, su obra \u00abPor qu\u00e9 la Cruz\u00bb, donde realiza una serie de reflexiones sobre Dios, la intimidad de Jesucristo y el sentido de su actuaci\u00f3n en la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Una buena comprensi\u00f3n del cristianismo ayudar\u00e1 al ser humano a recuperar el sentido de la felicidad. Dios no exige la infelicidad en esta vida como precio de la felicidad en la otra vida, en la vida eterna. En realidad, la vida humana supone una l\u00ednea ininterrumpida que empieza cuando se nace y no acaba nunca.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el ser humano ser\u00e1 plenamente feliz cuando alcance el Cielo, no le ser\u00e1 posible alcanzar la felicidad en la tierra a no ser que pueda anticipar en el tiempo las condiciones de la vida eternamente feliz.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s tarde, el cient\u00edfico Albert Einstein, en una obra de 1953, traducida en Espa\u00f1a en 1980 con el t\u00edtulo \u00abMis ideas y opiniones\u00bb<em>, <\/em>escribi\u00f3 que \u00aben las leyes de la naturaleza se manifiesta una inteligencia tan superior, que frente a ella lo m\u00e1s significativo del pensar y del ordenar humanos es un destello completamente f\u00fatil\u00bb<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El antrop\u00f3logo y fil\u00f3sofo franc\u00e9s Ren\u00e9 Girard (1923-2015) public\u00f3 en 1972 su libro \u00abLa violence et le sacr\u00e9\u00bb<em>. <\/em>En \u00e9l se enfrenta con los que dicen: \u00bfpero la Biblia no est\u00e1 llena de violencia? \u00bfNo es Dios el Se\u00f1or de los ej\u00e9rcitos quien ordena el exterminio de ciudades enteras?<\/p>\n\n\n\n<p>Si se hubiera dirigido a Jes\u00fas esa objeci\u00f3n, probablemente \u00c9l habr\u00eda respondido lo que respondi\u00f3 sobre el divorcio: \u201cPor la dureza de vuestro coraz\u00f3n Mois\u00e9s os ha permitido repudiar a vuestras esposas, pero en el principio no era as\u00ed\u201d (Mt 19, 8).<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, el primer cap\u00edtulo del G\u00e9nesis nos presenta un mundo en el que no es pensable la violencia ni entre los humanos ni entre hombres y animales. Pero m\u00e1s adelante, en los libros del Antiguo Testamento, se busca al menos, con la pena de muerte, canalizar y contener la violencia para que no degenere en capricho individual y no se destruyan los hombres entre s\u00ed (R. Girard, \u00abDes choses cach\u00e9es depuis la fondation du monde\u00bb, 1978).<\/p>\n\n\n\n<p>San Pablo habl\u00f3 de un tiempo pasado, caracterizado por la \u00abtolerancia de Dios\u00bb<em> <\/em>(Rom 3, 25). En efecto, Dios ha tolerado la violencia, la poligamia, el divorcio y tantas otras cosas, pero fue educando al pueblo hacia un tiempo en el que su plan originario ser\u00eda nuevamente enaltecido. Ese tiempo lleg\u00f3 con Jes\u00fas, que dijo: \u00abHab\u00e9is o\u00eddo que se dijo: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: no resist\u00e1is al mal, antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofr\u00e9cele tambi\u00e9n la otra\u2026 Hab\u00e9is o\u00eddo que se dijo: Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo y odiar\u00e1s a tu enemigo. Pues yo os digo: amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan\u00bb<em> <\/em>(Mt 5, 38-39, 43-44). Ese serm\u00f3n de Jes\u00fas, que pronunci\u00f3 en una colina de Galilea, lo consum\u00f3 en el monte Calvario.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan R. Girard (\u00abLa violence et le sacr\u00e9\u00bb, 1972, e \u00abIl sacrificio\u00bb, 2004),<em> <\/em>en el origen de toda religi\u00f3n est\u00e1 el sacrificio que comporta destrucci\u00f3n y muerte. Pero Jes\u00fas rompi\u00f3 el mecanismo que sacralizaba la violencia, haci\u00e9ndose a s\u00ed mismo v\u00edctima inocente. Cristo no hizo un sacrificio con la sangre de otro, sino con la suya propia. \u00abSobre el madero llev\u00f3 nuestros pecados en su cuerpo\u00bb<em> <\/em>(1 Pe 2, 24).<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas ha ganado a la violencia injusta poniendo al desnudo toda su injusticia. Fue vi\u00e9ndole el modo en que muri\u00f3, como el centuri\u00f3n romano exclam\u00f3: \u00abVerdaderamente este hombre era Hijo de Dios\u00bb<em> <\/em>(Mc 15, 39). El centuri\u00f3n, experto en combates, reconoci\u00f3 que el grito que Jes\u00fas emiti\u00f3 al morir (Mc 15, 37) era un grito de victoria.<\/p>\n\n\n\n<p>En el siglo II el obispo Melit\u00f3n de Sardes, en su obra \u00abSobre la Pascua\u00bb,<em> <\/em>recordaba: \u00abLo antiguo ha sido sustituido por lo nuevo, la ley por la gracia, la figura por la realidad, el cordero por el Hijo, el hombre por Dios\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en 1968, el entonces cardenal Ratzinger public\u00f3 su \u00abIntroducci\u00f3n al cristianismo\u00bb<em>. <\/em>En esa obra, parte de una obviedad, el hecho de que<em> <\/em>\u00abDios es esencialmente invisible\u00bb<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn su ver, o\u00edr y comprender, el hombre no contempla la totalidad de lo que le concierne\u00bb<em>.<\/em> Creer, tener fe desde el punto de vista humano, \u00abes una opci\u00f3n por la que a Quien no se ve (\u2026) no se considera como irreal sino como aut\u00e9nticamente real, como lo que sostiene y posibilita toda la realidad restante (\u2026).<\/p>\n\n\n\n<p>La fe cristiana no trata simplemente (\u2026) de lo Eterno (\u2026) que queda fuera del mundo y del tiempo humano, sino que trata m\u00e1s bien de Dios en la historia, de Dios como hombre. La nota peculiar del acontecimiento de la fe es el car\u00e1cter positivo de lo que viene a m\u00ed y me abre a lo que yo no me puedo dar a m\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>La fe cristiana es mucho m\u00e1s que una opci\u00f3n a favor del fundamento espiritual del mundo. Su enunciado clave no dice &#8216;creo en algo&#8217;, sino &#8216;creo en Ti&#8217;.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios s\u00f3lo quiere venir a los hombres a trav\u00e9s de los hombres (\u2026); son muy pocos los que pueden tener experiencia religiosa inmediata. El intermediario, el fundador, el testigo o el profeta (\u2026) capaces de un contacto directo con lo divino, son siempre una excepci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En Dios hay un nosotros (&#8230;): &#8216;Hagamos al hombre&#8217; (G\u00e9n. 1, 26). Pero tambi\u00e9n hay un yo y un t\u00fa (\u2026): &#8216;Dijo el Se\u00f1or a mi Se\u00f1or&#8217; (Sal 110, 1) y en el di\u00e1logo de Jes\u00fas con el Padre (\u2026): en el Dios uno e indivisible se da el fen\u00f3meno del di\u00e1logo, de la relaci\u00f3n (&#8230;) entre las tres Personas que hay en Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>De igual modo, el hombre es plenamente \u00e9l mismo (&#8230;) cuando no se encierra en s\u00ed mismo (&#8230;) cuando es pura apertura a Dios (\u2026) El hombre s\u00f3lo llega a s\u00ed mismo cuando sale de s\u00ed mismo. S\u00f3lo accede a s\u00ed mismo a trav\u00e9s de los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En la Carta Enc\u00edclica \u00abSpe salvi\u00bb,<em> <\/em>de 30 de noviembre de 2007, Benedicto XVI dice: \u201cEn \u00c9l, el Crucificado (&#8230;) Dios revela su rostro precisamente en la figura de (&#8230;) este inocente que sufre (\u2026).<\/p>\n\n\n\n<p>Dios sabe crear la justicia de un modo que nosotros no somos capaces de concebir. S\u00ed, existe la resurrecci\u00f3n de la carne. Existe una justicia. Existe la &#8216;revocaci\u00f3n&#8217; del sufrimiento pasado, la reparaci\u00f3n que restablece el derecho (\u2026) la cuesti\u00f3n de la justicia es el argumento esencial o, en todo caso, el argumento m\u00e1s fuerte en favor de la fe en la vida eterna (\u2026).<\/p>\n\n\n\n<p>La protesta contra Dios en nombre de la justicia no vale. Un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza. Solo Dios puede crear justicia. Y la fe nos da esa certeza (&#8230;). La imagen del Juicio final (\u2026) es quiz\u00e1 para nosotros la imagen decisiva de la esperanza\u201d.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El religioso irland\u00e9s Edward Leen (1885-1944) public\u00f3, en el a\u00f1o 1938, su obra \u00abPor qu\u00e9 la Cruz\u00bb, donde realiza una serie de reflexiones sobre Dios, la intimidad de Jesucristo y el sentido de su actuaci\u00f3n en la historia. 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