{"id":36935,"date":"2024-02-01T06:00:00","date_gmt":"2024-02-01T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=36935"},"modified":"2024-01-30T10:49:33","modified_gmt":"2024-01-30T08:49:33","slug":"dios-mio-me-has-abandonado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/dios-mio-me-has-abandonado\/","title":{"rendered":"Dios m\u00edo, \u00bfme has abandonado?"},"content":{"rendered":"<p>A una enfermedad, se une la muerte de un familiar y, cuando todav\u00eda no se ha repuesto uno, llega el problema econ\u00f3mico o laboral. Hay veces que no nos queda m\u00e1s que exclamar: \u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb. Pero, \u00bfpuede Dios abandonarnos? \u00bfSer\u00eda esa la actitud de un padre bueno, un padre que ama a sus hijos?<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente, hay situaciones en la historia personal en las que uno clama al cielo y no encuentra respuesta. Los problemas y las dificultades de la vida se atropellan a veces y uno parece encontrarse solo, sin ayuda, en el mism\u00edsimo centro del remolino que te succiona hacia las oscuras aguas del oc\u00e9ano m\u00e1s profundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Se entiende que Dios no es un hada madrina que viene a sacarnos de cada dificultad. La naturaleza, en este mundo imperfecto en el que esperamos los cielos nuevos y la tierra nueva, tiene sus reglas y act\u00faa sin pedir permiso a su creador a cada instante. Por eso vienen la enfermedad, la muerte o las desgracias naturales. A eso hay que a\u00f1adir tambi\u00e9n el mal creado por el hombre: las injusticias, las disputas, los desenga\u00f1os\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>De uno en uno, los golpes se van superando, pero, cuando se suceden uno tras otro, ni el mejor sparring los aguanta y surge naturalmente la cuesti\u00f3n: \u201c\u00bfEs que Dios nos rechaza para siempre y no volver\u00e1 a favorecernos? \u00bfSe ha agotado ya su misericordia, se ha terminado para siempre su promesa? \u00bfEs que Dios se ha olvidado de su bondad, o la c\u00f3lera cierra sus entra\u00f1as?\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada como los salmos -la cita anterior es un fragmento del 77- para poner palabras a los sentimientos de abandono, de soledad, de incomprensi\u00f3n del hombre frente al mal y el aparente silencio de Dios. Si eres todopoderoso, \u00bfpor qu\u00e9 no act\u00faas? \u00bfPor qu\u00e9 callas? \u00bfPor qu\u00e9 permites que me suceda esto?<\/p>\n\n\n\n<p>El propio Jes\u00fas rez\u00f3 con uno de ellos, el n\u00famero 22, cuando experiment\u00f3 el rostro m\u00e1s amargo de su humanidad, clavado en la cruz. Aquel que dijo \u00abquien me ha visto a m\u00ed ha visto al Padre\u201d, aquel que no pod\u00eda alejarse de Dios porque era Dios mismo, tambi\u00e9n tuvo sentimientos de lejan\u00eda, de abandono; en cierta medida, de duda, de incertidumbre. Esa es la fragilidad humana que asumi\u00f3 hasta el extremo.<\/p>\n\n\n\n<p>El silencio de Dios frente al sufrimiento de sus criaturas ha hecho correr r\u00edos de tinta y ha quemado miles de millones de neuronas de los m\u00e1s sublimes pensadores, pero corre por internet una antigua leyenda <a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/actualidad\/entrevista-erik-varden\/\">noruega <\/a>-no he podido confirmar si realmente es noruega y si realmente es antigua-, que explica de forma muy sencilla por qu\u00e9 Dios, tantas veces, calla.<\/p>\n\n\n\n<p>La protagoniza un ermita\u00f1o de nombre Haakon que cuidaba de una capilla a la que la gente del lugar acud\u00eda a rezar ante una imagen de un Cristo muy milagroso. Un d\u00eda, el anacoreta, lleno de celo y amor a Dios, se arrodill\u00f3 ante la imagen y le pidi\u00f3 al Se\u00f1or poder reemplazarlo en la cruz:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Quiero padecer por ti, d\u00e9jame ocupar tu puesto -le dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Su oraci\u00f3n lleg\u00f3 hasta el Alt\u00edsimo, quien acept\u00f3 el intercambio con la condici\u00f3n de que el ermita\u00f1o deb\u00eda guardar siempre silencio, como hac\u00eda \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>La cosa fue bien los primeros d\u00edas, porque Haakon guardaba siempre silencio all\u00e1 arriba en la cruz y el Se\u00f1or se hizo pasar por \u00e9l sin que la gente de diera cuenta. Pero un d\u00eda acudi\u00f3 un hombre rico a rezar y, al arrodillarse, se le cay\u00f3 la cartera. Nuestro protagonista lo vio y call\u00f3. Al rato, apareci\u00f3 un pobre que, tras rezar, se encontr\u00f3 la cartera, la tom\u00f3 y se march\u00f3 dando saltos de alegr\u00eda. Haakon sigui\u00f3 callando cuando, al poco, entr\u00f3 un joven que se puso a pedir protecci\u00f3n para un peligroso viaje que estaba a punto de emprender. En esto, volvi\u00f3 a entrar el rico buscando su cartera. Al ver al joven rezando, pens\u00f3 que la podr\u00eda haber encontrado \u00e9l y se la reclam\u00f3. Aunque el joven le dijo que no la hab\u00eda visto, el rico, no le crey\u00f3, y la emprendi\u00f3 a golpes con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Detente! -grit\u00f3 Haakon desde lo alto de la cruz-.<\/p>\n\n\n\n<p>Agredido y agresor se quedaron estupefactos y, asustados ante la visi\u00f3n del Cristo parlante, salieron huyendo cada uno por su lado; quedando a solas de nuevo el ermita\u00f1o y Jes\u00fas, que le conmin\u00f3 a bajarse de la cruz por no haber cumplido su palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfVes como no serv\u00edas para ocupar mi sitio? -le rega\u00f1\u00f3 el crucificado mientras volv\u00eda a su puesto.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1No pod\u00eda permitir esta injusticia, mi Se\u00f1or! -respondi\u00f3 el ermita\u00f1o ya al pie de la cruz-. T\u00fa has visto que el chico era inocente.<\/p>\n\n\n\n<p>Mir\u00e1ndolo con misericordia, Jes\u00fas le explic\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-T\u00fa no sab\u00edas que el rico llevaba en la cartera el dinero para comprar la virginidad de una joven, mientras que el pobre necesitaba ese dinero para que su familia no muriera de hambre. Por eso dej\u00e9 que se la llevara. Con la paliza del rico al joven viajero, quer\u00eda haberle impedido que llegara a tiempo, como finalmente hizo por tu culpa, para embarcarse en una nave en la que acaba de encontrar la muerte, pues se ha hundido. T\u00fa no sab\u00edas nada. Yo s\u00ed, por eso callo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed acaba esta especie de midrash que nos ense\u00f1a a creer que, en la voluntad de Dios, est\u00e1 lo mejor para nosotros y a confiar en quien sabemos que, con su aparente silencio, tambi\u00e9n nos est\u00e1 amando entra\u00f1ablemente.<\/p>\n\n\n\n<p>Si conoce a alguien a quien la vida le est\u00e9 dando una paliza, quiz\u00e1 le convenga escuchar esta historia de Haakon para entender los misterios de quien no nos abandona nunca, especialmente cuando estamos en la cruz.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A una enfermedad, se une la muerte de un familiar y, cuando todav\u00eda no se ha repuesto uno, llega el problema econ\u00f3mico o laboral. Hay veces que no nos queda m\u00e1s que exclamar: \u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb. 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