{"id":30723,"date":"2023-05-08T06:00:00","date_gmt":"2023-05-08T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=30723"},"modified":"2023-05-04T10:33:30","modified_gmt":"2023-05-04T09:33:30","slug":"san-atanasio-fidelidad-y-fortaleza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/san-atanasio-fidelidad-y-fortaleza\/","title":{"rendered":"San Atanasio. Fidelidad y fortaleza"},"content":{"rendered":"<p>Hemos visto el tremendo terremoto que la herej\u00eda de Arrio provoc\u00f3 en una Iglesia que estrenaba una era de estabilidad y prosperidad tras la paz de Constantino. Los primeros a\u00f1os del siglo IV, en efecto, trajeron la paz social para el cristianismo, pero a la vez fueron testigos del estallido de una larga guerra entre arrianos y nicenos. Los primeros defend\u00edan las doctrinas del alejandrino Arrio, que para muchos obispos supon\u00eda un puente tendido a la cultura dominante del momento y para otros representaba cierta continuidad con sus tradiciones teol\u00f3gicas y culturales. Los segundos defend\u00edan la ortodoxia establecida en el Concilio de Nicea, en la que ve\u00edan el mejor modo de salvaguardar la doctrina trinitaria y la fe en la divinidad de Cristo, considerada \u00e9sta como el pilar fundamental del mensaje salvador de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Un obispo combativo y brillante<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>En este convulso ambiente, y formando parte principal del segundo bando, por no decir que sea su l\u00edder, nos encontramos con la poderosa figura de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Atanasio_de_Alejandr%C3%ADa\">san Atanasio<\/a>. Como nos sucede con otros santos padres, sabemos muy poco de su procedencia y de sus primeros a\u00f1os. Parece que pudo nacer en los a\u00f1os anteriores al 300, pues en las primeras d\u00e9cadas del siglo IV desempe\u00f1a su ministerio de di\u00e1cono como estrecho colaborador de Alejandro, el obispo de Alejandr\u00eda que tuvo que hacer frente al estallido de la crisis arriana.<\/p>\n\n\n\n<p>En el 328, tres a\u00f1os despu\u00e9s del Concilio de Nicea, es nombrado obispo de Alejandr\u00eda. Tendr\u00e1 que hacer frente a las doctrinas de Arrio en la misma di\u00f3cesis del hereje, la cual adem\u00e1s se ve\u00eda afectada por otras tensiones, como el cisma meleciano. El combate contra el arrianismo ser\u00e1 una apremiante prioridad en su magisterio episcopal, que desarrollar\u00e1 durante toda su vida en brillantes escritos pastorales y teol\u00f3gicos. Aun as\u00ed, no descuidar\u00e1 la gu\u00eda de sus fieles en las m\u00e1s diversas facetas de la vida de una comunidad, como vemos en su amplia colecci\u00f3n de <em>Cartas Pascuales<\/em>, escritas anualmente para anunciar la Pascua a las di\u00f3cesis egipcias que depend\u00edan de Alejandr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;En cualquier caso, la urgencia que percibe san Atanasio en la cuesti\u00f3n arriana viene motivada por lo que \u00e9sta supone como negaci\u00f3n del mensaje salvador de la Iglesia. En efecto, Arrio sostiene que el Verbo (<em>Logos<\/em>), el Hijo de Dios, no comparte la esencia divina con el Padre, siendo una especie de dios creado (m\u00e1s acorde con la cultura dominante del helenismo neoplat\u00f3nico). Pero la tradici\u00f3n cristiana afirmaba que la humanidad s\u00f3lo pod\u00eda ser salvada, restaurada, renovada y recreada si se hac\u00eda solidaria con un Verbo verdaderamente divino, como sucede en la Encarnaci\u00f3n. En este misterio salv\u00edfico por excelencia, quien se une a la humanidad es alguien plenamente divino, y por tanto puede comunicar a los hombres los dones salv\u00edficos de la incorruptibilidad, la inmortalidad, la divinizaci\u00f3n y el conocimiento de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>En definitiva, la salvaci\u00f3n del hombre s\u00f3lo es posible si la humanidad es asumida en la Encarnaci\u00f3n por alguien verdaderamente divino. Si el Verbo no es Dios, el hombre no est\u00e1 salvado, y adem\u00e1s la predicaci\u00f3n trinitaria de la tradici\u00f3n cristiana queda invalidada. Ante la gravedad de estas consecuencias, entendemos la urgencia con la que san Atanasio combate la herej\u00eda arriana. Esta pol\u00e9mica, sin embargo, la desarrolla con un tono muy firme, unas posturas teol\u00f3gicas fuertes, una condescendencia pastoral escasa y una relaci\u00f3n con obispos y gobernantes nada pol\u00edtica. Por ello fue objeto de denuncias y rechazos, que se concretaron del S\u00ednodo de Tiro del 335, en donde un comit\u00e9 de obispos filoarrianos forz\u00f3 la deposici\u00f3n de san Atanasio y consigui\u00f3 del emperador Constantino su destierro a Tr\u00e9veris, en la remota Galia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Caminos de destierro<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Comienza as\u00ed su larga traves\u00eda por los desiertos del destierro, al que su firme adhesi\u00f3n a la ortodoxia nicena y sus complejas relaciones con obispos y emperadores le llevaron durante toda su vida. Lleg\u00f3 a sufrir cinco destierros con cinco emperadores sucesivos: Constantino (335 a 337), Constancio I (339 a 345), Constancio II (356 a 361), Juliano (362 a 363) y Valente (365 a 366, a pocos a\u00f1os de su muerte en el 373). Estas experiencias, sin embargo, fueron motivo de l\u00facidas reflexiones. As\u00ed, la <em>Carta Pascual<\/em> X (escrita desde Tr\u00e9veris) y el <em>Discurso contra los arrianos<\/em>, escrito en la misma \u00e9poca, son dos obras fundamentales en la larga pol\u00e9mica con el arrianismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante su segundo destierro, esta vez en Roma, escribir\u00e1 su importante tratado sobre <em>Los decretos del Concilio de Nicea<\/em>. El Concilio hab\u00eda escogido el t\u00e9rmino <em>homoousios<\/em> (de la misma esencia o naturaleza) para definir c\u00f3mo el Padre y el Hijo comparten la misma <em>ousia<\/em> divina. San Atanasio defender\u00e1 con claridad este t\u00e9rmino, que por otra parte identificar\u00e1 a la secci\u00f3n minoritaria de aquellos obispos, los <em>homoousianos<\/em>, que defendieron la ortodoxia nicena. Entre ellos estar\u00e1 tambi\u00e9n san Hilario, obispo de Poitiers, y autor de un important\u00edsimo tratado teol\u00f3gico <em>Sobre la Trinidad<\/em>, el primero en su g\u00e9nero.<\/p>\n\n\n\n<p>El siguiente destierro lo vivir\u00e1 en el desierto, adonde le env\u00eda Constancio II. Pero de nuevo en esta situaci\u00f3n san Atanasio enriquece su pensamiento y su producci\u00f3n literaria. La estancia en el desierto le pone en contacto con la gran tradici\u00f3n mon\u00e1stica del desierto egipcio, fundada por san Antonio Abad. Sobre \u00e9l, san Atanasio escribir\u00e1 su <em>Vida de Antonio<\/em>, biograf\u00eda de much\u00edsimo impacto en el cristianismo del siglo IV y todav\u00eda en el de la actualidad. Los monjes se presentan como custodios de la verdadera tradici\u00f3n doctrinal y espiritual, y, por tanto, firmes adversarios del arrianismo y protectores de aquellos que, como san Atanasio, sufren por oponerse a \u00e9l. Para exhortar a los fieles de Egipto a permanecer fieles a la verdad y a no caer en las redes de los compromisos y de la falsa unidad, escribe una vibrante <em>Carta a los obispos de Egipto y Libia<\/em>: ante la confusi\u00f3n y la divisi\u00f3n entre los obispos, les intima a no aprobar en sus di\u00f3cesis f\u00f3rmulas de fe opuestas a Nicea o ambiguas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La tradici\u00f3n, salvada<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Durante a\u00f1os sigue san Atanasio envuelto en conflictos, tensiones eclesi\u00e1sticas, ambig\u00fcedades episcopales, crisis sucesorias de los emperadores y destierros recurrentes. De hecho, el terremoto desencadenado por Arrio no cesar\u00e1 en oriente hasta que el emperador Teodosio decrete la ortodoxia nicena <em>homoousiana<\/em> como doctrina \u00fanica admisible en el Imperio, cosa que no suceder\u00e1 hasta el decreto de Tesal\u00f3nica del 380. Sin embargo, pese a no ver el final de la crisis, san Atanasio sigue fiel a su misi\u00f3n de explicar, defender y difundir la doctrina recibida de la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda escribir\u00e1 las <em>Cartas a Serapi\u00f3n<\/em>, en donde tenemos una importante reflexi\u00f3n sobre la teolog\u00eda del Esp\u00edritu Santo: que la fe nicena declare que el Padre y el Hijo comparten la misma y \u00fanica esencia divina no significa negar la divinidad del Esp\u00edritu Santo. Aunque san Atanasio tienda a subrayar la unidad dentro de la Trinidad (para no rebajar la divinidad del Hijo), no olvidar\u00e1 la rica tradici\u00f3n teol\u00f3gica alejandrina, muy interesada en la diversidad de las tres personas divinas y sus relaciones entre ellas: el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, podemos destacar su <em>Carta Pascual<\/em> XXXIX (ya del a\u00f1o 367), en la que expone la tradici\u00f3n de la di\u00f3cesis de Alejandr\u00eda sobre los libros aceptados en el canon de la Sagrada Escritura. Tenemos en ella una de las m\u00e1s antiguas exposiciones de la tradici\u00f3n de los Santos Padres sobre el canon de la Biblia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La valent\u00eda de san Atanasio, su fortaleza, su fidelidad a la doctrina recibida de la tradici\u00f3n, su aceptaci\u00f3n de la ortodoxia definida en Nicea y su brillante capacidad como escritor y te\u00f3logo, hacen de \u00e9l una figura excepcional. Gracias a \u00e9l y a los grandes Padres del siglo IV la doctrina cat\u00f3lica pudo salvarse de sucumbir ante la mundanidad de la crisis arriana, y por ello la Iglesia pudo seguir sosteniendo su misi\u00f3n salvadora en medio del mundo. <\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hemos visto el tremendo terremoto que la herej\u00eda de Arrio provoc\u00f3 en una Iglesia que estrenaba una era de estabilidad y prosperidad tras la paz de Constantino. 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