{"id":27049,"date":"2022-12-14T06:00:00","date_gmt":"2022-12-14T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=27049"},"modified":"2022-12-13T18:33:55","modified_gmt":"2022-12-13T17:33:55","slug":"aprender-a-perdonar-ensenar-a-perdonar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/aprender-a-perdonar-ensenar-a-perdonar\/","title":{"rendered":"Aprender a perdonar; ense\u00f1ar a perdonar"},"content":{"rendered":"<p>Hace muchos a\u00f1os, jugando, le propuse a mi amigo que se incorporara al grupo un ni\u00f1o que estaba all\u00ed mir\u00e1ndonos; Me contest\u00f3 que \u00e9l no pod\u00eda jugar con ese ni\u00f1o porque sus familias estaban enfadadas. Cuando le pregunt\u00e9 por qu\u00e9 estaban enfadadas su respuesta fue inolvidable: \u201c<em>No lo s\u00e9; pero siempre ha sido as\u00ed<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el tiempo he ido comprobando que esa situaci\u00f3n se sigue reproduciendo, especialmente en peque\u00f1os grupos muy cerrados y, en ocasiones, aislados de su entorno. Ah\u00ed los roces se magnifican y las apariencias, la envidia, el rencor y el af\u00e1n de poder, mueven pasiones. <\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00edamos pensar si esta situaci\u00f3n, con mayor o menor intensidad, se reconoce hoy entre los miembros de algunas Hermandades, o m\u00e1s bien del peque\u00f1o grupo que la vive m\u00e1s de cerca, en torno al 4-5%. <\/p>\n\n\n\n<p>En ese ambiente asfixiante las jerarqu\u00edas internas se convierten en un fin en s\u00ed mismas, se lucha por ellas, sin valorar las capacidades personales ni la aportaci\u00f3n que cada uno podr\u00eda hacer a la hermandad, y el liderazgo se identifica con el poder, olvidando que la m\u00e1xima expresi\u00f3n de liderazgo es el servicio.<\/p>\n\n\n\n<p>En estas <strong>microsociedades cerradas<\/strong> en que en ocasiones se convierte una hermandad, puede perderse la visi\u00f3n de conjunto, la capacidad de an\u00e1lisis, la perspectiva y la visi\u00f3n de futuro. Todo se reduce a la realizaci\u00f3n, en el mejor de los casos, de actividades a corto plazo, bien planteadas en ocasiones, pero que pueden resultar contraproducentes si no se enmarcan en una estrategia global. Hasta ah\u00ed se llega<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando una sociedad corta las ra\u00edces internas de su <em>socialitas<\/em>, de su raz\u00f3n de ser, <strong>su estructuraci\u00f3n como grupo social se desnaturaliza y se desmorona<\/strong>. A partir de ah\u00ed se convierte en un ambiente t\u00f3xico, adictivo, en la que el ego\u00edsmo personal prima sobre el bien com\u00fan. <\/p>\n\n\n\n<p>En esa situaci\u00f3n es f\u00e1cil que las diferencias de criterio, a\u00fan en temas poco importantes, provoquen problemas que se convierten en ofensas mutuas y que originan la aparici\u00f3n de bandos que se consideran mutuamente irreconciliables.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La libertad del perd\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Es aqu\u00ed donde debe aparece en escena el perd\u00f3n, la capacidad de perdonar esas \u201cofensas\u201d. El perd\u00f3n es un derecho humano, desde el momento en que Cristo lo ha otorgado de manera total e irreversible a toda persona dispuesta a aceptarlo con un coraz\u00f3n humilde y arrepentido (cfr. Sal. 51:17), un perd\u00f3n que no borra el pasado, desde luego, pero nos dispone a preparar el futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos quedarnos pegados al pasado, si permanecemos anclados en el dolor de la ofensa bloqueamos nuestro desarrollo como personas libres. En el perd\u00f3n recupero mi libertad y reconozco tambi\u00e9n a los otros como sujetos libres, con quienes puedo compartir la Verdad y el Bien nuevamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto no es f\u00e1cil, porque <strong>el perd\u00f3n no es un sentimiento<\/strong> que surge espont\u00e1neamente, <strong>es un acto de la voluntad<\/strong>, un ejercicio de la libertad personal de quien se niega a estar encadenado por el resentimiento de una ofensa que, seguramente, estaba m\u00e1s en nuestro orgullo que en la realidad. Tambi\u00e9n es <strong>un acto de humildad y fortaleza<\/strong>: es necesario perdonar como pecadores que somos, no como justos. Cada d\u00eda repetimos: \u201c\u2026<em>perdona nuestras ofensas como tambi\u00e9n nosotros perdonamos a quienes nos ofenden<\/em>\u201d, por eso el perd\u00f3n no se concede, se comparte.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed el papel de la Junta de Gobierno siempre ha de ser <strong>aprender y ense\u00f1ar a perdonar<\/strong>, animar a los hermanos a comprometer su libertad para <strong>buscar, conocer y elegir<\/strong> el Bien; esa secuencia concluye necesariamente en el perd\u00f3n. Se trata de ver la vida de hermandad como encuentro de vida y libertad, no de murmuraciones y bander\u00edas. Seguro que nadie est\u00e1 libre de haber ocasionado, por acci\u00f3n u omisi\u00f3n, situaciones que han provocado el enojo de otros, tambi\u00e9n los miembros de la Junta de Gobierno, quiz\u00e1 estos m\u00e1s que otros; pero todos tenemos remedio siempre, a pesar de las equivocaciones, porque no somos lo que sentimos o lo que hacemos, eso no nos constituye, <strong>uno no es sus errores<\/strong>, porque es libre, lo que le permite mantenerlos o superarlos.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo as\u00ed se consigue que la hermandad sea un lugar con el dinamismo propio de la vida teologal en el que la <strong>fe<\/strong> engendra esperanza y la <strong>esperanza<\/strong> posibilita y favorece el despliegue del <strong>amor<\/strong>, en el que se asiente el <strong>perd\u00f3n. <\/strong>Un lugar al que siempre vuelve porque, en palabras de Chavela Vargas, \u00ab<em>uno vuelve siempre a los viejos sitios donde am\u00f3 la vida<\/em>\u00bb.&nbsp;<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace muchos a\u00f1os, jugando, le propuse a mi amigo que se incorporara al grupo un ni\u00f1o que estaba all\u00ed mir\u00e1ndonos; Me contest\u00f3 que \u00e9l no pod\u00eda jugar con ese ni\u00f1o porque sus familias estaban enfadadas. 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