{"id":23661,"date":"2022-09-24T06:00:00","date_gmt":"2022-09-24T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=23661"},"modified":"2022-09-07T11:29:25","modified_gmt":"2022-09-07T10:29:25","slug":"el-buen-samaritano-lc-10-25-37","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/el-buen-samaritano-lc-10-25-37\/","title":{"rendered":"El buen samaritano (Lc 10, 25-37)\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p>Una de las caracter\u00edsticas del evangelio de Lucas es el \u00e9nfasis puesto en Dios misericordioso. Las par\u00e1bolas del cap\u00edtulo 15 (oveja perdida, dracma perdida e hijo pr\u00f3digo) son emblem\u00e1ticas en este sentido. Esta misericordia la encarna Jesucristo, cuando se conmueve y atiende las necesidades de los dem\u00e1s (cfr. Lc. 7 13; 11, 14; 13, 10; etc.). Pero Jes\u00fas exige que tambi\u00e9n sus disc\u00edpulos practiquen la misma misericordia. Las palabras del serm\u00f3n de la monta\u00f1a (\u201c<em>sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto\u201d<\/em>, Mt 5, 48) tiene un nuevo matiz en el discurso en el llano: <em>\u201csed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso\u201d<\/em>, Lc 6, 36). Esta ense\u00f1anza es magistralmente narrada en la par\u00e1bola del buen samaritano.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u00bfQu\u00e9&#8230;? \u00bfC\u00f3mo&#8230;?<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Un doctor de la Ley se <em>\u201clevant\u00f3<\/em>\u201d y dijo a Jes\u00fas <em>\u201cpara tentarle\u201d<\/em>: \u201c<em>\u00bfQu\u00e9 puedo hacer para heredar la vida eterna?\u201d<\/em> (Lc. 10, 7, 25). Parecen dos actitudes incompatibles:<em> \u201ctentar\u201d<\/em> al Maestro y querer <em>\u201cheredar la vida eterna\u201d<\/em>. Pero Jes\u00fas quiere aprovechar la ocasi\u00f3n, pues detr\u00e1s de esa tentadora interrogaci\u00f3n -una pregunta radical- puede esconderse un deseo sincero de verdad y mayor coherencia. La respuesta del Maestro hace cambiar los roles: el doctor se convierte de interrogador a interrogado: <em>\u201c\u00bfQu\u00e9 ha sido escrito en la Ley? \u00bfC\u00f3mo [la] lees?\u201d<\/em> (Lc. 10, 26), le responde Jes\u00fas. Estas dos preguntas parecen referirse la primera a lo que dice la Escritura y la segunda a c\u00f3mo hay que interpretarla.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El escriba responde solo a la primera, aludiendo a dos textos de la Escritura: \u201c<em>Amar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios con todo tu coraz\u00f3n y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente<\/em> [Dt 6, 5], y <em>a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo<\/em> [Lv 19, 18]\u201d. El Maestro lo elogia y le invita a practicar lo ya sabido. Pero el doctor quiere justificarse preguntando qui\u00e9n es su pr\u00f3jimo. La respuesta, una par\u00e1bola, servir\u00e1 para esclarecer la segunda pregunta del Maestro: \u00bfC\u00f3mo lees la Escritura? El amor a Dios es incuestionable, pero la pr\u00e1ctica del amor al pr\u00f3jimo supone una toma de posici\u00f3n, que, a ojos del doctor, parece que va a ser cuestionada. Aun as\u00ed, la pregunta est\u00e1 hecha, y el di\u00e1logo puede continuar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Un samaritano<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>La par\u00e1bola est\u00e1 perfectamente situada. Un hombre baja de Jerusal\u00e9n a Jeric\u00f3 y es asaltado por unos bandidos y abandonado medio muerto.&nbsp; Casualmente un sacerdote tambi\u00e9n bajaba por el mismo camino, y viendo al hombre, evit\u00f3 acercarse a \u00e9l, quiz\u00e1 por conservar la pureza legal (cfr. Lv 5, 3; 21, 1). Lo mismo un levita: pasa por ah\u00ed, lo ve y tampoco se acerca. Ambos, como volviendo de ejercitar su funci\u00f3n sacerdotal en Jerusal\u00e9n, no son capaces de conjugar el amor al pr\u00f3jimo con el servicio de Dios. Sin embargo, un tercer hombre, considerado despreciable por ser samaritano, al pasar por all\u00ed y verlo, <em>\u201cse movi\u00f3 a compasi\u00f3n\u201d<\/em>, m\u00e1s literalmente <em>\u201cse le movieron las entra\u00f1as\u201d<\/em>. La secuencia de los tres personajes es la misma: pasan por all\u00ed y lo ven. Los dos primeros evitan el encuentro, el tercero \u201cse compadece\u201d. Es el mismo verbo que Lucas utiliza cuando Jes\u00fas vio a la madre viuda cuyo \u00fanico hijo llevaban a enterrar. <em>\u201cEl Se\u00f1or la vio y se compadeci\u00f3 de ella\u201d<\/em> (Lc 7, 13).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Es la palabra clave de la par\u00e1bola: <em>\u201ccompadecerse\u201d<\/em> (en gr.: <em>splanjnizomai<\/em>), en claro contraste con \u201cpas\u00f3 de largo\u201d. El samaritano, del movimiento interior del coraz\u00f3n, pas\u00f3 a la acci\u00f3n: <em>\u201cse acerc\u00f3 y le vend\u00f3 las heridas echando en ellas aceite y vino. Lo mont\u00f3 en su propia cabalgadura, lo condujo a la posada y \u00e9l mismo lo cuid\u00f3. Al d\u00eda siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: \u00abCuida de \u00e9l, y lo que gastes de m\u00e1s te lo dar\u00e9 a mi vuelta\u00bb\u201d<\/em> (Lc 10, 34).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u00bfCu\u00e1l es mi pr\u00f3jimo?<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Terminada la par\u00e1bola, la pregunta de Jes\u00fas invierte los t\u00e9rminos de la pregunta del doctor. Este quer\u00eda saber hasta d\u00f3nde llegaba el precepto del amor al pr\u00f3jimo. \u00bfHay l\u00edmites? \u00bfHay personas que est\u00e1n excluidas de ese pr\u00f3jimo? Sin embargo, Jes\u00fas le dice: \u201c<em>\u00bfCu\u00e1l de los tres te parece que fue el pr\u00f3jimo del que cay\u00f3 en manos de los salteadores?\u201d<\/em> (Lc. 10, 36). No se trata de saber qui\u00e9n es mi pr\u00f3jimo, sino de serlo uno mismo con su modo de actuar: moverse a compasi\u00f3n ante el sufrimiento ajeno y hacer lo posible para mitigarlo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ante un relato tan claro, el doctor no duda en identificar al que se comport\u00f3 como pr\u00f3jimo, y responde con la idea clave del texto, esta vez usando una palabra sin\u00f3nima: <em>\u201cEl que tuvo misericordia de \u00e9l\u201d<\/em> (Lc 10, 37, en gr.: <em>eleos<\/em>). Jes\u00fas concluye con una respuesta parecida a la primera invitaci\u00f3n: <em>\u201cPues anda, y haz t\u00fa lo mismo\u201d<\/em> (Lc 10, 37). Es f\u00e1cil imaginarse una sonrisa de Jes\u00fas unida a la invitaci\u00f3n, viendo que el doctor ha sabido rectificar su inicial actitud.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Con su compasi\u00f3n, Jes\u00fas encarna al Dios cuya misericordia es infinita (cfr. Sal 136). Es m\u00e1s, al mostrar al samaritano haci\u00e9ndose cargo del pobre malherido e invitando al posadero a hacer lo mismo en los d\u00edas siguientes, Jes\u00fas, en su pasi\u00f3n y muerte, encarna la figura del samaritano, tomando sobre s\u00ed nuestras enfermedades y cargando con nuestros dolores (cfr. Is 5, 4). Y as\u00ed los dos mandamientos quedan unidos en la acci\u00f3n: la adhesi\u00f3n amorosa a Dios se refleja en comportarse como pr\u00f3jimo de los dem\u00e1s, teniendo a Jes\u00fas por modelo, pues es \u00c9l quien se ha hecho pr\u00f3jimo a todos los hombres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una de las caracter\u00edsticas del evangelio de Lucas es el \u00e9nfasis puesto en Dios misericordioso. 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