{"id":20883,"date":"2022-05-23T06:00:00","date_gmt":"2022-05-23T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=20883"},"modified":"2022-09-09T09:58:08","modified_gmt":"2022-09-09T08:58:08","slug":"la-memoria-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/la-memoria-de-dios\/","title":{"rendered":"La memoria de Dios"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/?p=23906\">Traducci\u00f3n del art\u00edculo al ingl\u00e9s<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Pr\u00f3xima a Sevilla hay una antigua mansi\u00f3n se\u00f1orial en cuyo jard\u00edn se conserva un ins\u00f3lito cementerio para perros. <\/p>\n\n\n\n<p>Lo visit\u00e9 hace unos d\u00edas y comprob\u00e9 que los responsables de aquellos extravagantes sepulcros no los hicieron por pura neurastenia. <\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda era gente rica y ociosa, pero tambi\u00e9n dotada de cierto sentido del humor. <\/p>\n\n\n\n<p>En el centro de la necr\u00f3polis perruna hay un peque\u00f1o monumento cuya inscripci\u00f3n proclama los siguientes ripiudos aunque graciosos versos: <\/p>\n\n\n\n<pre class=\"wp-block-verse\">\u201cFelices los que aqu\u00ed estamos \nen torno a este pedestal que\nviviendo bien o mal \nal morir aqu\u00ed quedamos. \nMas los hombres nuestros amos, \ncon incierto porvenir \nen su segundo existir \nviven con la muerte atenta\u2026 \npues les \u2018ajustan la cuenta\u2019 \nal momento de morir\u201d.&nbsp;  <\/pre>\n\n\n\n<p>Mitad en broma, mitad en serio, la filosof\u00eda de esta arenga es que hay varias clases de inmortalidad. Los animales tendr\u00edan que conformarse con una de segunda divisi\u00f3n: el recuerdo que dejaron en sus due\u00f1os, potenciado como m\u00e1ximo por estas sepulturas destinadas a rescatar de la falible memoria humana la an\u00e9cdota de sus vidas e incluso la de sus defunciones. <\/p>\n\n\n\n<p>Hay, en efecto, un azulejo recordatorio de una tal Nancy que \u201cfue muerta por un Packard\u201d. La inmortalidad humana es de otra pasta: no consiste meramente en que te recuerden, sino que permite que seas t\u00fa mismo quien te recuerdes, aunque \u2014eso s\u00ed\u2014 despu\u00e9s de \u201cajustar la cuenta\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p>El que algo quiere, algo le cuesta. Mi amigo Francisco Soler acaba de publicar hace unos meses un libro con el oportuno t\u00edtulo: <em>Al fin y al cabo,<\/em> donde explica que la esperanza de esa inmortalidad <em>premium,<\/em> lejos de ser una especie de b\u00e1lsamo o consuelo que las almas piadosas buscan para escapar al horror de morir, supone un aviso a navegantes, porque cuando vayamos a cerrar los ojos por \u00faltima vez, en lugar de pensar algo as\u00ed como: \u201cse acab\u00f3 todo lo que se daba\u201d, tendremos que tener muy presente el balance del \u201cdebe\u201d y \u201chaber\u201d, para saldar cualquier deuda que haya quedado pendiente. <\/p>\n\n\n\n<p>El poeta argentino Borges, que de joven coquete\u00f3 con la idea de tirar la toalla, se la quit\u00f3 de la cabeza con esta elemental consideraci\u00f3n: \u201cLa puerta del suicida est\u00e1 abierta, pero los te\u00f3logos afirman que en la sombra ulterior del otro reino estar\u00e9 yo, esper\u00e1ndome\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, esperanzas las hay de muchas clases. Algunos se consuelan con bien poco: la perspectiva de verse convertidos en <em>nadas impunes<\/em> es sin duda la m\u00e1s minimalista de todas. <\/p>\n\n\n\n<p>Le sigue en el <em>ranking<\/em> la expectativa de que quienes nos sobrevivan s\u00f3lo recuerden los buenos momentos que con ellos vivimos, olvidando o perdonando las fechor\u00edas o incluso el hecho de que fuimos, sin paliativos, malas personas. Incluso hay quien no se conforma con haber estafado al pr\u00f3jimo y pretende enga\u00f1ar a la posteridad enterrando bajo su propio f\u00e9retro cualquier prueba de pasadas iniquidades, o bien alquilando una pluma mercenaria para perge\u00f1ar una falsa biograf\u00eda embellecida con toques hagiogr\u00e1ficos. <\/p>\n\n\n\n<p>Augusto Comte, en su <em>Catecismo positivista,<\/em> trat\u00f3 de impedir fraudes p\u00f3stumos, estatuyendo un tribunal formado por sacerdotes de la \u201cReligi\u00f3n de la Humanidad\u201d que decidir\u00eda, a falta de instancias ultraterrenas, cu\u00e1l deber\u00eda ser el destino definitivo de los finados. Su salvaci\u00f3n o condena constar\u00eda en un libro cuidadosamente custodiado. Pienso que tampoco as\u00ed podr\u00eda asegurarse del todo la aplicaci\u00f3n irremisible de las sentencias, sobre todo si un cometa despistado tiene la ocurrencia de tropezar con nuestro planeta.<\/p>\n\n\n\n<p>A m\u00ed, como soy cristiano, esas inmortalidades \u201cpasivas\u201d no dan fr\u00edo ni calor. Que en mi funeral pueda o\u00edrse un coro de alabanzas me trae sin mayor cuidado, sin contar con que a lo peor ni siquiera eso obtengo. <\/p>\n\n\n\n<p>Y que dentro de cien o doscientos a\u00f1os todav\u00eda haya quien tenga la ocurrencia de leer algo de lo que he escrito, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s da? La promesa que nos hizo Jesucristo de poderle ver \u201ccara a cara\u201d a \u00c9l, y al Padre, y al Esp\u00edritu Santo, hace palidecer el atractivo de cualquier otra recompensa <em>post mortem<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco soy de los que gustan especular sobre qu\u00e9 haremos o c\u00f3mo nos sentiremos cuando \u201cestemos en el Cielo\u201d. Algunas personas que comparten mi fe son m\u00e1s dadas a este tipo de c\u00e1balas y se inquietan con la idea de abandonar del todo seres queridos o vivencias a las que son muy afectos. <\/p>\n\n\n\n<p>Aunque no sea especialmente novelero, me parece que preocuparse por tales extremos es vana faena. C. S. Lewis cuenta en <em>Una pena en observaci\u00f3n<\/em> los \u00faltimos momentos que comparti\u00f3 con su esposa. Por lo que se refiere a \u00e9l mismo fueron de particular intensidad, y logr\u00f3 tener con ella una comunicaci\u00f3n espiritual extraordinaria. Sin embargo, agrega con un sentimiento distribuido al cincuenta por ciento entre la desolaci\u00f3n y el consuelo: \u201cpero ella ya estaba con la mirada puesta en la eternidad\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p>Los que se quedan solos no son los que se nos mueren: somos nosotros. Algo ense\u00f1a al cristiano el pescoz\u00f3n que dio el Maestro a los saduceos cuando le preguntaron de qui\u00e9n ser\u00eda c\u00f3nyuge en el m\u00e1s all\u00e1 la que en vida fue viuda de siete hermanos. <\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, es comprensible el sentimiento que muchos tienen \u2014tenemos\u2014 de que hay cosas en la existencia terrestre que ser\u00eda una pena dejar por completo atr\u00e1s cuando suene la trompeta anunciadora del paso de este mundo al otro. Sin perjuicio de mi nula afici\u00f3n a la especulaci\u00f3n escatol\u00f3gica y de la firme voluntad de atenerme a las ense\u00f1anzas de la Iglesia, creo que algo se puede decir para apaciguar lo que de justificado haya en tales malestares.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo introducir\u00e9 citando de nuevo unos versos de Borges, aquel gran descre\u00eddo (\u00bfo quiz\u00e1 no tanto?):<\/p>\n\n\n\n<pre class=\"wp-block-verse\">S\u00f3lo una cosa no hay.  \nEs el olvido. \nDios, que salva el metal, salva la escoria  \nY cifra en Su prof\u00e9tica memoria  \nlas lunas que ser\u00e1n  \ny las que han sido. <\/pre>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La memoria finita<\/h2>\n\n\n\n<p>Para una persona ya anciana, en quien los olvidos han dejado de ser an\u00e9cdota para convertirse en h\u00e1bito, nada puede haber m\u00e1s esperanzador que la existencia de una Memoria capaz de alojar bajo sus inmensas b\u00f3vedas nada menos que el infalible dep\u00f3sito de <em>todos <\/em>los recuerdos perdidos. <\/p>\n\n\n\n<p>Lo entendemos particularmente bien quienes tenemos la escritura como oficio y con frecuencia sufrimos la paranoia de perder nuestros textos. Se me hacen presentes ahora las venidas a Sevilla de mi maestro Leonardo Polo. Al bajar del tren yo me ofrec\u00eda para llevarle la cartera, ocasi\u00f3n que aprovechaba para observar ceremoniosamente: \u201cTen cuidado, porque llevo in\u00e9ditos\u2026\u201d \u00a1Los in\u00e9ditos de Polo! <\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l por lo menos tuvo una corte de disc\u00edpulos dispuestos a preservarlos. Pero, \u00bfqu\u00e9 pasa con mi in\u00e9ditos y los de Paco, Pedro, Carmen, etc., etc.? Hubo una \u00e9poca en que de vez en cuando grab\u00e1bamos nuestras obras completas en CDs para que aquellos \u00edntimos tesoros no se perdieran para siempre. \u00a1Qu\u00e9 chasco nos llevamos cuando supimos que la conservaci\u00f3n de tales repositorios apenas est\u00e1 asegurada por unos pocos a\u00f1os! Hasta el papel resulta ser m\u00e1s duradero. <\/p>\n\n\n\n<p>Ahora depositamos nuestra confianza en algo m\u00e1s espiritual, puesto que almacenamos la suma de nuestras ocurrencias en \u201cla nube\u201d. \u00bfDe verdad creemos que la susodicha nube no se disipar\u00e1 en el aire como una neblina evanescente?<\/p>\n\n\n\n<p>El f\u00edsico Frank Tipler escribi\u00f3 un ilusionado libro titulado <em>F\u00edsica de la inmortalidad.<\/em> La vida eterna que all\u00ed se oferta no la da Dios, sino la ciencia. A\u00fan falta bastante para que est\u00e9 disponible: pasado ma\u00f1ana como pronto, lo cual significa que no la veremos en vida, pero \u00a1tranquilidad!: puesto a prometer, promete tambi\u00e9n para ella <em>efectos retroactivos. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p>O sea: que tendremos una resurrecci\u00f3n tecnol\u00f3gica y de ese modo entraremos todos juntos de la mano en una nueva vida dentro de este mismo cosmos. Ser\u00e1 volver a una vida virtual, porque tantos cuerpos no habr\u00eda d\u00f3nde meterlos, sobre todo si insisten en viajar a la playa los fines de semana. Aparte de esa y otras renuncias, para que la cosa dure indefinidamente habr\u00e1 que ir superando \u2014tambi\u00e9n con ayuda de los saberes del porvenir\u2014 todas las grietas que hacen perecedero este p\u00edcaro mundo. Poco a poco la cosa engorda y al final hay que comulgar con unas ruedas de molino del tama\u00f1o de la galaxia. Prefiero atenerme a la fe que me trasmitieron mis padres. <\/p>\n\n\n\n<p>Pero, puestos a salvar, tambi\u00e9n hay algo recuperable en la alocada especulaci\u00f3n de Tipler. Siempre me llam\u00f3 la atenci\u00f3n que hasta las m\u00e1s delicadas expresiones de un artista, las m\u00e1s sofisticadas armon\u00edas de un concierto, las m\u00e1s geniales inflexiones de un orador, puedan ser codificadas, guardadas y reproducidas en los altibajos de un disco de metacrilato o en ristras de ceros y unos grabados en un <em>pendrive. <\/em>El esp\u00edritu supera lo material, pero su huella corp\u00f3rea es algo bien tangible. Tirando hacia lo alto, Tipler concluye que todos los avatares de una vida humana, por larga y rica que sea, podr\u00edan ser descritos con 10<sup>45<\/sup> bits de informaci\u00f3n. All\u00ed estar\u00edan recogidos hasta el \u00faltimo de nuestros suspiros, sentimientos, deseos y raciocinios, segundo a segundo, e incluso la pel\u00edcula de la fabricaci\u00f3n, evoluci\u00f3n y destrucci\u00f3n de todas y cada una de las mol\u00e9culas de nuestro cuerpo. <\/p>\n\n\n\n<p>En definitiva: <em>todo, absolutamente todo,<\/em> lo material y lo espiritual, en la medida que esto \u00faltimo se traduce en palabras, gestos y vivencias descriptibles. <\/p>\n\n\n\n<p>Como no soy materialista, tengo que a\u00f1adir que en ese c\u00famulo de informaci\u00f3n no estar\u00eda incluida mi conciencia, ni mi yo, ni mi alma, etc. Pero s\u00ed en cambio la historia de la totalidad \u00edntegra de las acciones y pasiones de mi esp\u00edritu, hasta la \u00faltima coma o tilde. Se trata, por supuesto, de una magnitud fant\u00e1sticamente grande, un 10 seguido de cuarenta y cinco ceros. Para hacerse uno a la idea de hasta qu\u00e9 punto es grande, dir\u00e9 que basta a\u00f1adir treinta y cinco ceros m\u00e1s para contar hasta el \u00faltimo \u00e1tomo que hay en el universo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY qu\u00e9? No deja de ser un n\u00famero finito que admite ser cumplidamente designado con una expresi\u00f3n c\u00f3micamente sucinta. <\/p>\n\n\n\n<p>Dios en cambio es infinito. En cualquier perdido rinc\u00f3n de su Memoria (valga la impropiedad de la expresi\u00f3n) est\u00e1n contemplados no s\u00f3lo hasta el \u00faltimo de mis cabellos (como soy bastante calvo, eso no tiene mucho m\u00e9rito), sino hasta el \u00faltimo de los detalles, conversaciones, gestos, estornudos, golpes de hipo, arrebatos de rabia, malestares y bienestares indefinidos, momentos de gloria y de exaltaci\u00f3n, o de ternura amorosa, etc., etc., etc., que hubo, hay y habr\u00e1 en mi vida, la de mi mujer, la de mi hija, y la del \u00faltimo marciano que habite el \u00faltimo exoplaneta. Y esa <em>Memoria<\/em> permanecer\u00e1 &nbsp;perfectamente conservada e indeleble por los siglos de los siglos. <\/p>\n\n\n\n<p>Lo cual, dicho as\u00ed, en principio y <em>a priori<\/em>, resulta m\u00e1s intranquilizador que otra cosa. Porque, desde que sacar fotos con el m\u00f3vil sale gratis, uno de los mayores placeres que tenemos es borrar el 90% de las que obtenemos. Yo por lo menos no estoy tan pagado de mi existencia como para desear que se guarde inc\u00f3lume registro de todo lo que hay en ella. Es como para re\u00edrse de los <em>dossiers<\/em> que las agencias de detectives preparan para arruinar las carreras de los pol\u00edticos. <\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, precisamente aqu\u00ed viene lo mejor: he sido padre y domino la t\u00e9cnica de \u201chacer la vista gorda\u201d; puedo olvidar sin necesidad de olvidarlos de verdad algunos episodios poco gloriosos de mi descendencia. No me cuesta por tanto aplicar la correspondiente regla de tres. Lo mejor no es que sea <em>infinita<\/em> e <em>fidel\u00edsima, <\/em>sino que por encima de eso la Memoria de Dios es <em>amorosa.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p>Cuando volvamos a \u00c9l, podremos bucear en ella alegremente, sin necesidad de que se nos caiga la cara de verg\u00fcenza. \u00a1A paseo las recopilaciones, los diarios, los curr\u00edculos exhaustivos! \u00a1Burl\u00e9monos de nuestros fallos de memoria, incluso de la amenaza de que nos diagnostiquen un alzh\u00e9imer! <\/p>\n\n\n\n<p>All\u00e1 donde vamos reencontraremos (con un dorado tornasolado que ya quisiera el m\u00e1s rom\u00e1ntico de los nost\u00e1lgicos) todo lo que en nuestras risibles vidas merezca ser recordado\u2026 y bastante m\u00e1s: ni ojo vio ni o\u00eddo oy\u00f3&#8230;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Traducci\u00f3n del art\u00edculo al ingl\u00e9s Pr\u00f3xima a Sevilla hay una antigua mansi\u00f3n se\u00f1orial en cuyo jard\u00edn se conserva un ins\u00f3lito cementerio para perros. 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