{"id":20298,"date":"2022-04-25T10:30:09","date_gmt":"2022-04-25T09:30:09","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=20298"},"modified":"2022-06-21T15:10:43","modified_gmt":"2022-06-21T14:10:43","slug":"con-darth-vader-en-el-tren","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/con-darth-vader-en-el-tren\/","title":{"rendered":"Con Darth Vader en el tren"},"content":{"rendered":"<p>Era domingo, ca\u00eda la noche y don Giorgio viajaba a casa de su madre para pasar la Pasquetta con ella. Hab\u00eda celebrado tres Misas largas y anhelaba reencontrarse con su almohada. La deseaba no tanto por la marca que ten\u00eda bordada en la funda, \u2018<em>Michelangelo\u2019<\/em>, como por lo mullido del relleno, pues sospechaba que la elecci\u00f3n del personaje (su madre se la hab\u00eda regalado) podr\u00eda estar aludiendo al artista en el mejor de los casos, o a una de las Tortugas Ninja, con quien el sacerdote comparte ciertas similitudes f\u00edsicas no reconocidas por \u00e9l (buen estado f\u00edsico, hasta aqu\u00ed perfecto, pero tambi\u00e9n calvicie y baja estatura).<\/p>\n\n\n\n<p>Subi\u00f3 al tren interurbano Roma-Viterbo, encontr\u00f3 por milagro un asiento libre por el lado del pasillo y se derrumb\u00f3 contra el respaldo de pl\u00e1stico verde. El vag\u00f3n ol\u00eda a pan, sudor y tabaco. Se quit\u00f3 el alzacuellos, estir\u00f3 un poco las piernas en el espacio que le dejaban las tres se\u00f1oras que lo rodeaban con sus paquetes, una a su lado y las otras dos en frente, y enga\u00f1\u00f3 a su sentido del deber sacando el Evangelio del malet\u00edn. Como era previsible, no pudo leer m\u00e1s que una l\u00ednea: el sue\u00f1o se le sub\u00eda a la cabeza como la espuma, los p\u00e1rpados tend\u00edan a juntarse, sus pies se entumec\u00edan y la cabeza se le ca\u00eda adelante y atr\u00e1s como a un guitarrista de&nbsp;<em>rock and roll<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El sacerdote estaba alcanzando una paz relativa: el aroma a\u00a0<em>focaccia<\/em>\u00a0que ascend\u00eda bailando desde el paquete de la se\u00f1ora del lado lo aturd\u00eda, lo transportaba a su infancia; digamos que funcionaba como la vara de Mois\u00e9s con la roca del Horeb, le hac\u00eda agua la boca.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la vida es dif\u00edcil. En la siguiente estaci\u00f3n, una pandilla de 5 o 6 adolescentes vestidos de raperos, un atuendo m\u00e1s llamativo que el\u00a0<em>clergyman<\/em>\u00a0que el sacerdote llevaba debajo del forro polar, irrumpi\u00f3 en el vag\u00f3n con una vulgaridad que her\u00eda la noche. Ven\u00edan agitados, hed\u00edan a amaro o ron, jugaban a golpes y re\u00edan con estridencia. Don Giorgio los mir\u00f3 de reojo y al ver que extra\u00edan unas botellas de las mochilas para brindar, se pregunt\u00f3 si el\u00a0<em>clink-clink<\/em>\u00a0de los vidrios entrechoc\u00e1ndose podr\u00eda ser equivalente al sonido de las campanas de Sat\u00e1n. Inmediatamente se corrigi\u00f3 y formul\u00f3 un juicio m\u00e1s ben\u00e9volo:\u00a0\u00abEs solo un grupo de ni\u00f1os que desconoce la amistad, cu\u00e1nto me gustar\u00eda poder ense\u00f1\u00e1rselas\u2026\u00bb.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Tuvo, en todo caso, un mal presentimiento: midi\u00f3 las fuerzas de los muchachos, las compar\u00f3 con las que le quedaban a \u00e9l y guard\u00f3 el Evangelio para adoptar la arcana estrategia de hacerse el dormido.<\/p>\n\n\n\n<p>Los chicos conquistaron el espacio central del vag\u00f3n y los pasajeros toleraron su arrogancia alej\u00e1ndose y subiendo el volumen de los auriculares. El l\u00edder de la pandilla, un joven alto vestido con una sudadera blanca de talla m\u00e1s apropiada para una toga, gafas de sol y que se peinaba el flequillo de su melena rubia con la mano como en un tic nervioso, de pronto, levant\u00f3 el brazo y se\u00f1al\u00f3 a don Giorgio con su dedo \u00edndice, en una postura similar a la de Jes\u00fas en el cuadro \u201c<em>Vocazione di san Matteo<\/em>\u201d, de Caravaggio, solo que esta elecci\u00f3n parec\u00eda tener el significado contrario. Luego, el melenas baj\u00f3 el dedo, esboz\u00f3 una sonrisa cruel y conspir\u00f3 con sus compinches. El sacerdote se empez\u00f3 a preocupar, pues todav\u00eda le quedaban unas cuantas estaciones para llegar a su destino.<\/p>\n\n\n\n<p>Los chicos parecieron decidirse. Fruncieron las cejas, se cuadraron y avanzaron con paso militar hacia el asiento del sacerdote mientras canturreaban, emulando con los labios el sonido de trombones y trompetas que interpretaban la marcha imperial de&nbsp;<em>Star Wars<\/em>:&nbsp;<em>\u201cTan, tan, tan, \u00a1tan-ta-tan!, \u00a1tan-ta-tan!; tin, tin, tin, \u00a1t\u00edn-ti-tin!, \u00a1tin-ti-t\u00edn! &#8230;\u201d.<\/em>&nbsp;Don Giorgio qued\u00f3 situado en medio del espect\u00e1culo, no ten\u00eda ganas de pelear y se mantuvo en su estrategia de fingir el sue\u00f1o. Los j\u00f3venes, por su parte, percibieron algunas sonrisas c\u00f3mplices entre los pasajeros, quienes al o\u00edr las campanas de la diversi\u00f3n hab\u00edan reconectado con el presente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los muchachos marchaban de un lado a otro por el pasillo, aumentando la intensidad de la provocaci\u00f3n para conseguir su objetivo: subieron el volumen del canto, dejaron caer algunos insultos y zapatearon el suelo. Hasta que uno, desvergonzado o ingenuo, se atrevi\u00f3 a m\u00e1s y zarande\u00f3 el hombro de don Giorgio. La situaci\u00f3n se volvi\u00f3 insostenible y el sacerdote abri\u00f3 los ojos. Se imagin\u00f3 a s\u00ed mismo como a un drag\u00f3n que es perturbado en el coraz\u00f3n de la monta\u00f1a donde custodia el tesoro; sin embargo los chavales solo vieron a un sacerdote cansado, bajo, aunque en buena forma f\u00edsica, de cabeza redonda y ojos celestes, de una edad similar a la de sus padres. Uno coment\u00f3 que parec\u00eda un ping\u00fcino extraviado y rieron.<\/p>\n\n\n\n<p>El\u00a0<em>ragazzo<\/em>\u00a0jefe apur\u00f3 con un trago lo que quedaba en su botella y se enfrent\u00f3 al p\u00e1rroco:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Lev\u00e1ntate.<\/p>\n\n\n\n<p>El tren estaba frenando y don Giorgio se levant\u00f3\u2026 no para aceptar el duelo, sino para explicar, con su mejor sonrisa, que, \u201c\u00a1vaya coincidencia!\u201d, deb\u00eda bajar del tren. El joven alto, sin embargo, le cerr\u00f3 el paso. Don Giorgio se volte\u00f3 hacia el otro lado del pasillo y se encontr\u00f3 con los dem\u00e1s pandilleros que tambi\u00e9n le sacaban pecho.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfQu\u00e9 haces a estas horas por aqu\u00ed?, \u00bfy de negro?\u2026 \u00a1eh!, \u00bfacaso te disfrazaste de&nbsp;<em>Darth Vader<\/em>? \u2014rugi\u00f3 el l\u00edder mientras peinaba su melena con los dedos e inclinaba la cabeza hacia atr\u00e1s, como haciendo g\u00e1rgaras para celebrar su ingenio. Los dem\u00e1s de la pandilla lo acompa\u00f1aron con estr\u00e9pito de hienas alienadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Giorgio se sent\u00eda en su propio V\u00eda Crucis. \u201cPero Cristo resucit\u00f3 \u2014se dijo\u2014, y yo lo debo representar tambi\u00e9n en esa versi\u00f3n\u2026\u201d. De pronto, se le ilumin\u00f3 la bombilla. Se cubri\u00f3 la boca con una mano y se puso a respirar con dificultad, como si llevara un tanque de ox\u00edgeno. Los j\u00f3venes no se inmutaron, pero la gente del vag\u00f3n se sinti\u00f3 inc\u00f3moda. Entonces don Giorgio levant\u00f3 la mirada y, entre inhalaciones y exhalaciones carraspeadas, intent\u00f3 hablar:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014&nbsp;<em>Ghh, uhh, ghh, uhh<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfQu\u00e9 te pasa? \u2014pregunt\u00f3 el chaval con un ligero quiebre de temor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014&nbsp;<em>Ghh, uhh, ghh, uhh<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Qu\u00e9 pasa!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014&nbsp;Yo&nbsp;\u2014<em>ghh<\/em>\u2014&nbsp;soy-tu-padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Las puertas se cerraron. Por dos o tres segundos el silencio llen\u00f3 cada espacio del vag\u00f3n; esos instantes que todo comediante ha sufrido en el intervalo que media entre la broma y el juicio del p\u00fablico.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Son\u00f3 un aplauso austero por parte de la se\u00f1ora que custodiaba la&nbsp;<em>focaccia,&nbsp;<\/em>rompiendo el hielo. Las dem\u00e1s se\u00f1oras que rodeaban a don Giorgio siguieron su ejemplo. Otros pasajeros se quitaron los auriculares y buscaron los ojos de los j\u00f3venes para reprocharles su exceso\u2026 El ambiente se hab\u00eda endurecido, pero esa densidad se comenz\u00f3 a derretir con las risas de los pasajeros de atr\u00e1s, que ya comentaban la ingeniosa estratagema del sacerdote. Los j\u00f3venes, al ver que el p\u00fablico los traicionaba y que el hechizo de la intimidaci\u00f3n se hab\u00eda roto, perdieron su seguridad y se amontonaron junto a la puerta con los brazos cruzados y la cabeza gacha, rumiando su fracaso. Se bajaron en la estaci\u00f3n siguiente, empuj\u00e1ndose y culp\u00e1ndose unos a otros.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El sacerdote volvi\u00f3 a su asiento y pidi\u00f3 permiso a la se\u00f1ora situada junto a la ventana para mirar el and\u00e9n a trav\u00e9s del vidrio. Vio al le\u00f3n ofuscado, rabiando como un peque\u00f1o tirano y rez\u00f3 por \u00e9l. El tren avanzaba otra vez, pero don Giorgio segu\u00eda atento\u2026 En el \u00faltimo momento, tres muchachos de la pandilla volvieron la cabeza, encontraron a don Giorgio y, cautelosamente, le sonrieron. Bien. Quiz\u00e1 los encontrar\u00eda otro d\u00eda, y entonces los invitar\u00eda a conversar un poco. El primer tema ser\u00eda la amistad, \u00a1qu\u00e9 falta les hace!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfQuiere un poco de&nbsp;<em>focaccia<\/em>? \u2014pregunt\u00f3 la mujer, que se hab\u00eda dado cuenta del efecto que produc\u00eda su aroma en el sacerdote.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 S\u00ed, gracias \u2014Mir\u00f3 sigilosamente las opciones que hab\u00eda dentro de la bolsa y a\u00f1adi\u00f3, con picard\u00eda\u2014, me encanta la que tiene aceitunas. Pero coma usted tambi\u00e9n y as\u00ed me acompa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella se alegr\u00f3 y le hizo caso. Don Giorgio tom\u00f3 el pan, lo apret\u00f3 ligeramente con los dedos para sentir su frescor y lo sabore\u00f3, so\u00f1ando, optimista, con el futuro de esos muchachos, y con el merecido descanso que disfrutar\u00eda con su madre al d\u00eda siguiente.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era domingo, ca\u00eda la noche y don Giorgio viajaba a casa de su madre para pasar la Pasquetta con ella. Hab\u00eda celebrado tres Misas largas y anhelaba reencontrarse con su almohada. 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