{"id":2020,"date":"2016-12-27T13:05:57","date_gmt":"2016-12-27T12:05:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.omnesmag.com\/?p=2020"},"modified":"2022-01-14T12:56:58","modified_gmt":"2022-01-14T11:56:58","slug":"hannah-arendt-la-nostalgia-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/hannah-arendt-la-nostalgia-dios\/","title":{"rendered":"Hannah Arendt y la nostalgia de Dios"},"content":{"rendered":"<p>Hannah Arendt es una mujer dif\u00edcil de encasillar. Aunque de origen jud\u00edo, no era religiosa ni cre\u00eda en Dios a la manera tradicional. Se autodenomin\u00f3 agn\u00f3stica en varias ocasiones y, sin embargo, Hannah Arendt era una mujer de fe. Pas\u00f3 la mayor parte de su vida intentando que sus contempor\u00e1neos la recuperaran: la fe en la raz\u00f3n, la fe en la humanidad, la fe en el mundo. Hay dos elementos persistentes a lo largo de su vida y de su obra: la confianza y el pensamiento. Estos se alimentan mutuamente: Arendt confiaba en el pensamiento y cuanto m\u00e1s pensaba, m\u00e1s aumentaba su confianza en \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>La persona<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Hannah Arendt hab\u00eda nacido en octubre de 1906 en un pueblo cercano a Hannover. Estudia en Marburgo, donde conoce a Martin Heidegger, se traslada a Friburgo para estudiar con Husserl y finalmente se doctora en Heidelberg en 1929 con una tesis sobre <em>El concepto de amor en San Agust\u00edn,<\/em> dirigida por Karl Jaspers. Desarrolla una amplia actividad pol\u00edtica en estos a\u00f1os y ante la persecuci\u00f3n de los jud\u00edos decide emigrar a los Estados Unidos, donde se instala a partir de 1941 con su segundo esposo Heinrich Bl\u00fccher. En los Estados Unidos trabaj\u00f3 como periodista y como profesora de ciencia pol\u00edtica en varias universidades. Reflexion\u00f3 mucho sobre su experiencia vital en Alemania y en Estados Unidos. En 1951 obtendr\u00e1 la nacionalidad estadounidense, despu\u00e9s de a\u00f1os de ap\u00e1trida por hab\u00e9rsele retirado la nacionalidad en Alemania.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1961 fue enviada como reportera por <em>The New Yorker<\/em> a Jerusal\u00e9n para dar cuenta del juicio de Adolf Eichmann, el alto mando nazi detenido en Argentina y llevado a Israel. El resultado de aquella experiencia fue su libro <em>Eichmann en Jerusal\u00e9n<\/em> que tan controvertido result\u00f3 y resulta todav\u00eda. Arendt propone una tesis para intentar comprender c\u00f3mo hombres y mujeres aparentemente normales pudieron prestarse a las atrocidades cometidas durante la Alemania nazi. Sosten\u00eda que el mal de un hombre como Adolf Eichmann, un ejemplo de hombre cualquiera, no era un mal calculado, s\u00e1dico o ideol\u00f3gico, sino que, al contrario, era un mal banal, superficial, resultado no del exceso de pensamiento, sino precisamente de su ausencia. <\/p>\n\n\n\n<p>A juicio de Arendt, fue la incapacidad personal de dar una respuesta reflexionada a una situaci\u00f3n moral conflictiva lo que llev\u00f3 a estas personas a convertirse en asesinos y en colaboradores del mal. Este intento de arrojar luz sobre lo que ocurri\u00f3 entre 1940-1945 le vali\u00f3 duras cr\u00edticas por \u201cdefender a un nazi y traicionar a su propio pueblo\u201d. Lo que muchos no entendieron fue que, durante el juicio de Eichmann, la fil\u00f3sofa alemana no intent\u00f3 defender a un demonio, sino defender a la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Las razones del mal<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>La situaci\u00f3n intelectual y general en la que Hannah Arendt desarrolla su tesis de la banalidad del mal era de desconfianza ante el mundo y ante el hombre mismo. Los hombres desconfiaban de la raz\u00f3n porque cre\u00edan que esta hab\u00eda llevado a tan inmensos desastres: era la raz\u00f3n la que hab\u00eda construido las c\u00e1maras de gas y las armas nucleares. Lo que Arendt logra es precisamente refutar esta idea al afirmar que el mal no tiene profundidad, que el mal \u2013de ordinario\u2013 no proviene del c\u00e1lculo, sino precisamente de la falta de reflexi\u00f3n, de la superficialidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Arendt recupera la confianza en el hombre como un ser que puede hacer el mal sin por ello ser pura maldad; en su comprensi\u00f3n del hombre queda espacio abierto a la redenci\u00f3n, a la esperanza de que cuando el hombre se comporta como tal, no se convierte en un demonio. Somos capaces de hacer el mal, pero no es el pensamiento lo que nos lleva al mal, no son nuestras cualidades m\u00e1s humanas, sino m\u00e1s bien el no usarlas plenamente, lo que puede llevarnos a cometer cr\u00edmenes horribles.<\/p>\n\n\n\n<p>Pensar lleva a plantearnos las cuestiones \u00faltimas. Estos mismos principios son los que invocamos cuando tenemos dudas en nuestro actuar, cuando estamos en una encrucijada moral y necesitamos una gu\u00eda. El problema surge cuando estos principios no existen, cuando la renuncia a pensar los ha convertido en clich\u00e9s vac\u00edos que se caen ante el m\u00e1s m\u00ednimo asomo de presi\u00f3n y no nos permiten ser capaces de dar una respuesta razonada y personal a los problemas.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Fe en el hombre, fe en Dios<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Este deseo de sacralidad, de una fe m\u00e1s grande en el hombre y en sus capacidades, se transparenta en todas las obras de Hannah Arendt, en las que todos los grandes ideales humanos son reverenciables. Alfred Kazin explica que leer a Arendt le evoca un mundo al que debemos todos nuestros conceptos de la grandeza humana. Sin Dios no sabemos qui\u00e9nes somos, no sabemos qui\u00e9n es el hombre. Esto es lo que la filosof\u00eda de Arendt parece insinuar: su confianza y su gratitud por el regalo de ser. Su fe en la justicia, en la verdad, en todo lo que hace grande y bueno al hombre la convirti\u00f3 en una incomprendida que se alejaba de las convenciones de un mundo que reduc\u00eda la grandeza y el misterio del hombre. Arendt est\u00e1 muy lejos del nihilismo y de la frustraci\u00f3n a los que muchos llegaron despu\u00e9s de ser testigos de los sucesos del siglo pasado, pues no pierde la esperanza y su b\u00fasqueda de la verdad evoca algunas rendijas por las que se abre a una realidad trascendente, a un misterio inabarcable, a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Arendt muestra una visi\u00f3n abierta a una realidad trascendente porque no tiene una fe ciega en el ser humano; es perfectamente consciente de lo que el hombre es capaz de hacer, no cierra los ojos a la maldad humana. Sin embargo, esto no es motivo de desesperanza pues su fe no es solo en el hombre mismo, sino en lo que hace grande al hombre. Es consciente de que cuando el hombre s\u00f3lo cree en s\u00ed mismo se frustra, no es capaz de ser hombre en plenitud. Esto se ve plasmado, por ejemplo, en la conversaci\u00f3n que mantuvo Hannah Arendt una noche con Golda Meir. Esta le dijo: <em>\u201cSiendo yo socialista, naturalmente no creo en Dios. Creo en el pueblo jud\u00edo\u201d<\/em>. Y Arendt explicar\u00e1: <em>\u201cMe qued\u00e9 sin respuesta\u2026 Pero pod\u00eda haberle dicho: la grandeza de este pueblo brill\u00f3 en una \u00e9poca en que cre\u00eda en Dios y cre\u00eda en \u00c9l de tal manera que su amor y su confianza hacia \u00c9l eran mayores que su temor. \u00bfY ahora este pueblo solo cree en s\u00ed mismo? \u00bfQu\u00e9 bien puede derivarse de ello?\u201d<\/em>. Precisamente, la visi\u00f3n de Arendt es esperanzadora porque no conf\u00eda solo en sus propias capacidades, sino en algo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del ser humano, deja espacio al misterio, a esa impredecibilidad <em>(unpredictability<\/em>) de la que tanto le gusta hablar. El verdadero mal, para el hombre, es renunciar a ser hombre, es hacerse superfluo <em>como ser humano <\/em>y esto ocurre cuando el hombre s\u00f3lo conf\u00eda en s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que Arendt hace en sus escritos es preparar el terreno para que quepa Dios. En un mundo donde el hombre es malo y su raz\u00f3n tambi\u00e9n lo es, Dios no puede existir. Dios existe cuando el ser humano se comprende a s\u00ed mismo como lo que es, cuando se sabe poseedor de grandes capacidades y a la vez capaz de los m\u00e1s grandes horrores, cuando pone confianza en s\u00ed y a la vez deja espacio para el misterio que lo supera. Por eso, en la filosof\u00eda arendtiana podemos percibir esa apertura y esa confianza que est\u00e1n muy lejos de la nada y muy cerca de Dios.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hannah Arendt es una mujer dif\u00edcil de encasillar. Aunque de origen jud\u00edo, no era religiosa ni cre\u00eda en Dios a la manera tradicional. Se autodenomin\u00f3 agn\u00f3stica en varias ocasiones y, sin embargo, Hannah Arendt era una mujer de fe. 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