{"id":19847,"date":"2022-03-30T12:01:55","date_gmt":"2022-03-30T11:01:55","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=19847"},"modified":"2022-03-30T12:01:58","modified_gmt":"2022-03-30T11:01:58","slug":"los-ancianos-nos-nos-ensenan-la-fidelidad-la-piedad-o-la-ternura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/los-ancianos-nos-nos-ensenan-la-fidelidad-la-piedad-o-la-ternura\/","title":{"rendered":"\u00abHablar con los ancianos nos ayuda a aprender la fidelidad, la piedad o la ternura\u00bb"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">El Papa Francisco contin\u00faa profundizando en el itinerario de catequesis sobre el tema de la vejez. En la audiencia general que el Santo Padre ha mantenido en la ma\u00f1ana del mi\u00e9rcoles 30 de marzo, ha querido invitarnos a mirar \u00abal tierno cuadro pintado por el evangelista san Lucas, que llama a escena a dos figuras ancianas, Sime\u00f3n y Ana. Su raz\u00f3n de vida, antes de despedirse de este mundo, es la espera de la visita de Dios. Sime\u00f3n sabe, por una premonici\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que no morir\u00e1 antes de haber visto al Mes\u00edas. Anna iba cada d\u00eda al templo dedic\u00e1ndose a su servicio. Ambos reconocen la presencia del Se\u00f1or en el ni\u00f1o Jes\u00fas, que colma de consuelo su larga espera y serena su despedida de la vida\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Ilumina los sentidos<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab\u00bfQu\u00e9 podemos aprender de estas dos figuras de ancianos llenos de vitalidad espiritual?\u00bb, se pregunta ret\u00f3ricamente Francisco. \u00abPrimero\u00bb, responde, \u00abaprendemos que la fidelidad de la espera afina los sentidos. Por otro lado, lo sabemos, el Esp\u00edritu Santo hace precisamente esto: ilumina los sentidos. En el antiguo himno\u00a0<em>Veni Creator Spiritus<\/em>, con el que invocamos todav\u00eda hoy al Esp\u00edritu Santo, decimos: \u00ab<em>Accende lumen sensibus<\/em>\u00bb, enciende una luz para los sentidos. El Esp\u00edritu es capaz de hacer esto: agudiza los sentidos del alma, no obstante los l\u00edmites y las heridas de los sentidos del cuerpo. La vejez debilita, de una manera u otra, la sensibilidad del cuerpo. Sin embargo, una vejez que se ha ejercitado en la espera de la visita de Dios no perder\u00e1 su paso: es m\u00e1s, estar\u00e1 tambi\u00e9n m\u00e1s preparada a acogerla\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El pont\u00edfice afirma que \u00abhoy m\u00e1s que nunca necesitamos esto: una vejez dotada de sentidos espirituales vivos y capaz de reconocer los signos de Dios, es m\u00e1s, el Signo de Dios, que es Jes\u00fas. Un signo que nos pone en crisis\u00a0\u2013\u00a0es \u00abse\u00f1al de contradicci\u00f3n\u00bb (<em>Lc\u00a0<\/em>2,34)\u00a0\u2013\u00a0pero que nos llena de alegr\u00eda. La anestesia de los sentidos espirituales, en la excitaci\u00f3n y en el entumecimiento de los corporales, es un s\u00edndrome generalizado en una sociedad que cultiva la ilusi\u00f3n de la eterna juventud, y su rasgo m\u00e1s peligroso est\u00e1 en el hecho de que esta es mayoritariamente inconsciente. No se da cuenta de estar anestesiada\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Sentidos espirituales<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Usando el paralelismo con la p\u00e9rdida de la sensibilidad del tacto o del gusto, en la que uno se da cuenta enseguida, recuerda que con la del alma uno lo puede ignorar durante mucho tiempo. \u00abEsta no se refiere simplemente al pensamiento de Dios o de la religi\u00f3n. La insensibilidad de los sentidos espirituales se refiere a la compasi\u00f3n y la piedad, la verg\u00fcenza y el remordimiento, la fidelidad y la entrega, la ternura y el honor, la responsabilidad propia y el dolor por el otro. Y la vejez se convierte, por as\u00ed decir, en la primera v\u00edctima de esta p\u00e9rdida de sensibilidad. En una sociedad que ejerce principalmente la sensibilidad por el disfrute, disminuye la atenci\u00f3n a los fr\u00e1giles y prevalece la competencia de los vencedores. Ciertamente, la ret\u00f3rica de la inclusi\u00f3n es la f\u00f3rmula de rito de todo discurso pol\u00edticamente correcto. Pero todav\u00eda no trae una real correcci\u00f3n en las pr\u00e1cticas de la convivencia normal: cuesta que crezca una cultura de la ternura social. El esp\u00edritu de la fraternidad humana\u00a0\u2013\u00a0que me ha parecido necesario reiterar con fuerza\u00a0\u2013\u00a0es como un\u00a0vestido en desuso, para admirar, s\u00ed, pero&#8230; en un museo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Haciendo referencia a los j\u00f3venes, afirma que \u00aben la vida real podemos observar, con gratitud conmovida, muchos j\u00f3venes capaces de honrar hasta al fondo esta fraternidad. Pero precisamente aqu\u00ed est\u00e1 el problema: existe un descarte, un descarte culpable, entre el testimonio de esta savia vital de la ternura social y el conformismo que impone a la juventud contarse a s\u00ed misma de una forma completamente diferente. \u00bfQu\u00e9 podemos hacer para colmar este descarte?\u00bb<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Sime\u00f3n y Ana<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Papa trajo a colaci\u00f3n la historia de Sime\u00f3n y Ana, mencionando tambi\u00e9n otras historias b\u00edblicas de la edad anciana sensible al Esp\u00edritu. De esta historia \u00abviene una indicaci\u00f3n escondida que merece ser llevada a primer plano. \u00bfEn qu\u00e9 consiste, concretamente, la revelaci\u00f3n que enciende la sensibilidad de Sime\u00f3n y Ana? Consiste en el reconocer en un ni\u00f1o, que ellos no han generado y que ven por primera vez, el signo seguro de la visita de Dios. Ellos aceptan no ser protagonistas, sino solo testigos. La visita de Dios no se encarna en su vida, no los lleva a la escena como salvadores: Dios no se hace carne en su generaci\u00f3n, sino en la generaci\u00f3n que debe venir. Ning\u00fan resentimiento y ninguna recriminaci\u00f3n por esto. Sin embargo, gran conmoci\u00f3n y gran consolaci\u00f3n. La conmoci\u00f3n y la consolaci\u00f3n de poder ver y anunciar que la historia de su generaci\u00f3n no se ha perdido o malgastado, precisamente gracias a un evento que se hace carne y se manifiesta en la generaci\u00f3n que sigue\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En conclusi\u00f3n, el Papa ha subrayado que \u00absolo la vejez espiritual puede dar este testimonio, humilde y deslumbrante, haci\u00e9ndola autorizada y ejemplar para todos. La vejez que ha cultivado la sensibilidad del alma apaga toda envidia entre las generaciones, todo resentimiento, toda recriminaci\u00f3n por una venida de Dios en la generaci\u00f3n venidera, que llega junto con la despedida de la propia. La sensibilidad espiritual de la edad anciana es capaz de abatir la competici\u00f3n y el conflicto entre las generaciones de forma cre\u00edble y definitiva. Algo imposible para los hombres, pero posible para Dios. \u00a1Y hoy lo necesitamos mucho!\u00bb<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Papa Francisco contin\u00faa profundizando en el itinerario de catequesis sobre el tema de la vejez. 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