{"id":1857,"date":"2016-04-04T09:52:16","date_gmt":"2016-04-04T08:52:16","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=1857"},"modified":"2025-03-06T12:42:57","modified_gmt":"2025-03-06T10:42:57","slug":"la-logica-del-perdon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/la-logica-del-perdon\/","title":{"rendered":"La l\u00f3gica del perd\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>El Papa Francisco, en la bula <i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/bulls\/documents\/papa-francesco_bolla_20150411_misericordiae-vultus.html\">Misericordiae Vultus<\/a><\/i> n. 9, comenta: <i>\u201cEl perd\u00f3n de las ofensas deviene la expresi\u00f3n m\u00e1s evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir. [\u2026] El perd\u00f3n es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza\u201d<\/i>. El perd\u00f3n es, por tanto, una expresi\u00f3n eminente de las obras de Misericordia, algo as\u00ed como el coraz\u00f3n de la Misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando pregunto a la gente qu\u00e9 es lo que va a buscar cuando se acerca al sacramento de la confesi\u00f3n, las respuestas son habitualmente del estilo: volver a empezar, quitarme un peso de encima, recuperar la tranquilidad de la conciencia, encontrar paz, buscar fuerza y consuelo, recibir un buen consejo\u2026 Querr\u00eda ahora poner un ejemplo relacionado con el mundo universitario, etapa en la que los j\u00f3venes son muy enamoradizos y las relaciones hombre\/mujer muy intensas. Pues bien, imaginemos que hay una chica que toma muy buenos apuntes; al verlo, un chico se hace amigo de la muchacha para conseguir esos apuntes. Sin embargo, hay quien procura pedir los apuntes para llamar la atenci\u00f3n de la chica y hacerse amigo de ella, para que \u00e9sta se fije en \u00e9l. Son dos posturas bien distintas, y me parece evidente cu\u00e1l gustar\u00eda m\u00e1s a la chica, al menos desde el punto de vista de la autoestima femenina.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando en la confesi\u00f3n se busca fortaleza, tranquilidad, consejo\u2026, entonces, lo que se busca son \u201clos apuntes\u201d. Pero Jes\u00fas, en la confesi\u00f3n, nos dice: t\u00fa me pides los apuntes, pero yo te doy otra cosa mucho m\u00e1s valiosa: yo mismo, vivir en tu coraz\u00f3n y dejar que t\u00fa vivas en el m\u00edo. Es a Dios a quien deber\u00edamos ir a buscar cuando acudimos a la confesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La confesi\u00f3n tampoco es una mera lavander\u00eda. Esto ocurre cuando vamos a rendir cuentas, a que nos quiten las manchas sin una verdadera conversi\u00f3n del coraz\u00f3n, porque no entendemos el pecado como un desamor y la confesi\u00f3n como un acto de amor.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Saber amar. Primerear<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>La din\u00e1mica del amor posee, entre otras, dos dimensiones: el otro y su bien. El verdadero amor necesita de ambas. Quien buscara y deseara s\u00f3lo la otra persona, pero no buscara, a la vez, el bien de \u00e9sta, ser\u00eda puro ego\u00edsmo; y a la inversa, si estuviera dispuesto a buscar su bien pero no deseara su cercan\u00eda, dicha entrega se convertir\u00eda en una humillaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Una forma gr\u00e1fica de definir el amor ser\u00eda la mutua pertenencia de uno en el otro. Es decir: t\u00fa eres mi vida, y por tanto, si no te tengo en el coraz\u00f3n me falta algo, no puedo ser plenamente yo, y no puedo ser feliz. En <i>Evangelii Gaudium<\/i> (n. 24) hay unas palabras que forman una secuencia para comprender las distintas exigencias del amor: <i>\u201cprimerear, involucrarse, acompa\u00f1ar, fructificar y celebrar\u201d<\/i>. Son un modo muy certero de describir el amor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n ha de comenzar a perdonar: la v\u00edctima, o el agresor? En la pr\u00e1ctica de nuestro comportamiento encontramos a menudo que si quien que nos ha ofendido viene a pedirnos perd\u00f3n, entonces estar\u00edamos dispuestos a perdonarle, pero el amor propio nos impide iniciar el camino de la reconciliaci\u00f3n. Sin embargo, lo que sucede es que si no somos capaces de tomar la iniciativa, esto significa que el otro no nos importa. Aqu\u00ed conviene traer a colaci\u00f3n esa palabra que menciona el Papa Francisco con frecuencia: <i>\u201cprimerear\u201d<\/i>, tomar la iniciativa. Si no estoy dispuesto a tomar la iniciativa, eso quiere decir que lo que t\u00fa me ofreces no me interesa; en definitiva, no me interesas t\u00fa, y he dejado de amar. Quien no es capaz de tomar la iniciativa en el perd\u00f3n, no ama. El perd\u00f3n, en cambio, sigue la l\u00f3gica de que \u201ctenerte en el coraz\u00f3n es valioso para m\u00ed\u201d; y ha de comenzar a pedir perd\u00f3n el que m\u00e1s ama, el que tiene un coraz\u00f3n m\u00e1s grande.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El reconocimiento<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Cuando el otro viene a pedirnos perd\u00f3n, de coraz\u00f3n, te das cuenta de que lo que nos est\u00e1 diciendo es: lo que t\u00fa me ofreces \u2013tu amistad, tu cari\u00f1o, tu cercan\u00eda\u2013 es valioso para m\u00ed, un regalo y motivo de gozo. En este sentido, pedir perd\u00f3n es la manera de valorizar al otro.<\/p>\n\n\n\n<p>El no ser capaz de <i>primerear<\/i> para reconciliarse con el otro manifiesta una indiferencia que humilla. Pedir <a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/recursos\/educar-para-el-perdon-el-perdon-de-dios\/\">perd\u00f3n<\/a>, por el contrario, es una de las maneras m\u00e1s hermosas de mostrarle a quien hemos ofendido que le necesitamos, que queremos tenerle cerca, que es estimado para nosotros. Pedir perd\u00f3n es el reconocimiento del otro como valioso.<\/p>\n\n\n\n<p>El perd\u00f3n incluye tambi\u00e9n el reconocimiento del ofensor. Cuando \u00e9ste viene a pedir perd\u00f3n, el ofendido, al acoger dicha iniciativa, de hecho le muestra su verdadero amor: que vengas es tambi\u00e9n para m\u00ed un regalo. Cuando estabas lejos tambi\u00e9n yo sufr\u00eda; a\u00f1oraba tenerte en el coraz\u00f3n, gracias por venir. Acoger el perd\u00f3n es, en consecuencia, la manera m\u00e1s bonita de enaltecer al otro. Perdonar se convierte en el acto por el cual restituimos al otro su dignidad ante nuestra mirada. Tu dignidad es vivir en mi coraz\u00f3n. Esto es lo que nos dice el Se\u00f1or siempre que nos perdona. El perd\u00f3n (ser perdonado) siempre enaltece, nunca humilla ni a uno ni a otro. En el perd\u00f3n, como en el amor, nadie pierde y todos ganan. Recordemos las par\u00e1bolas del padre misericordioso, de la oveja perdida.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Reconocer la culpa<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>El reconocimiento de la culpa es necesario para ser perdonado. El perd\u00f3n requiere para la \u201cpurificaci\u00f3n de la memoria\u201d que se reconozca la culpa y se explicite la petici\u00f3n de perd\u00f3n, pues en caso contrario la situaci\u00f3n no se arreglar\u00e1. Para pedir perd\u00f3n no es estrictamente necesario manifestar verbalmente la culpa, pero s\u00ed mostrar claramente el arrepentimiento. Quien padece de exceso de amor propio le cuesta horrores pedir perd\u00f3n expl\u00edcitamente, con frecuencia usa un lenguaje no verbal, que es suficiente para quien le conoce.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante el perd\u00f3n ofrecido, el reconocimiento de la culpa posibilita que \u00e9sta inmediatamente desaparezca. Por esto, es preciso que nunca nos justifiquemos una falta, por peque\u00f1a que sea, pues eso impide que se supere, y quedar\u00e1 latente. Al reconocerla, tambi\u00e9n el perd\u00f3n llegar\u00e1 a su plenitud; el mal ser\u00e1 destruido, y de \u00e9l no quedar\u00e1 nada. El pecado, el mal, aleja los corazones, pero una vez que nos hemos perdonado no hay nada que nos distancie a uno del otro: el perd\u00f3n es la fuerza m\u00e1s poderosa de la historia en la lucha contra el mal.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo a un se\u00f1or que se estaba muriendo. Ped\u00eda a un sacerdote conocido que mediara con su hijo porque hac\u00eda m\u00e1s de treinta a\u00f1os que no se hablaban. Si hicieron las gestiones pertinentes y el hijo accedi\u00f3 a visitar a su padre enfermo. Al entrar en la habitaci\u00f3n del hospital, el padre se alz\u00f3, le abraz\u00f3, ambos se pusieron a llorar\u2026 y del mal que los dos se hab\u00edan provocado a lo largo de tantos a\u00f1os no qued\u00f3 nada de herida. Reconocemos, nos abrazamos y no queda nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Quien mantiene rencor en el coraz\u00f3n no ha perdonado de verdad. En efecto, quien no perdona nunca ser\u00e1 de verdad libre. Dios nos otorg\u00f3 la libertad para amar, y la incapacidad de perdonar manifiesta una carencia en la libertad. No hay persona m\u00e1s libre que la que es capaz de perdonar. El ser humano deber\u00eda llevar incorporado en el coraz\u00f3n un buen drenaje para que no quede nada de poso de rencor, odio, malicia o malos sentimientos hacia el otro. El mejor camino para conseguirlo es mirar a Cristo y aprender a amar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La culpa y el mal como ofrenda<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>El Se\u00f1or, siempre que le pedimos perd\u00f3n, nos responde: <i>\u201cTu mal es un regalo para m\u00ed, porque me sirve para demostrarte que te amo tambi\u00e9n con todo tu mal; que te amo mucho m\u00e1s de lo que pensabas, y el mal que has cometido es ahora, para m\u00ed, el medio que tengo para dejarte constancia de que te amo mucho m\u00e1s\u201d<\/i>.<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, algunos definen la misericordia a la luz de la etimolog\u00eda de las palabras que componen el t\u00e9rmino: <i>\u201cT\u00fa me das tu <\/i>miseria<i> y yo te ofrezco mi <\/i>coraz\u00f3n<i>\u201d<\/i>. El mal se convierte entonces en ofrenda, en camino y manifestaci\u00f3n real de mi amor por el otro.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El perd\u00f3n, el gran destructor del mal<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>El ser humano est\u00e1 hecho a imagen de Dios, y \u00c9l es el Amor. Nuestra dignidad y vocaci\u00f3n se juega en el amor. Estamos hechos para amar y ser amados. Sabemos tambi\u00e9n que por el pecado original el maligno instal\u00f3 en el mundo las dos bombas destructivas m\u00e1s poderosas de la historia: la soberbia y el ego\u00edsmo; son la negaci\u00f3n del amor, de nuestra dignidad y de nuestra vocaci\u00f3n. Ambas actitudes significan decir al otro: no me importas, no me interesas. Pasamos de ser amados a ser abusados o utilizados. Estas dos bombas lo deshacen todo, porque tienen una gran capacidad destructiva: personas, familias, pueblos y naciones, y la misma Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en aquel mismo momento, Dios instituy\u00f3 el gran neutralizador, el antivirus, contra toda esta fuerza destructiva: el perd\u00f3n. Gracias al perd\u00f3n, la humanidad tiene motivos fundamentados de esperanza. Todo el mal de la historia, puesto ante la mirada de Dios que pronuncia su perd\u00f3n queda reducido a la nada, queda aniquilado. Por eso el mundo siempre tiene esperanza. Ahora, ante esta verdad tan hermosa de un Dios que perdona incondicionalmente, nadie puede desesperar, considerando su vida un fracaso, porque toda vida de cualquier persona, por el misterio de la Cruz de Cristo, es destinataria de aquel \u201cte perdono\u201d por el que todo el mal queda aniquilado.<\/p>\n\n\n\n<p>El mal, podemos afirmar, tiene un l\u00edmite, y \u00e9ste es la misericordia de Dios; mientras que, por su parte, la misericordia de Dios es infinita. Dios, con palabras de santa Teresa, <i>\u201cni cansa ni se cansa\u201d<\/i>, y tiene siempre la \u00faltima palabra de la historia a trav\u00e9s de su perd\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El gozo de la comuni\u00f3n interpersonal<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>El punto final del perd\u00f3n es el gozo y la felicidad de saberme amado por aquellos a los que amo. La comuni\u00f3n interpersonal, el tener a aquellos que amamos en nuestro coraz\u00f3n, el sentirnos amados por quienes amamos, es lo que nos hace felices. Por lo tanto, tener a Dios, el Amor, en el coraz\u00f3n es el regalo m\u00e1s grande que existe en la tierra y en la eternidad. Quien tiene a Dios, lo tiene todo. S\u00f3lo Dios basta.<\/p>\n\n\n\n<p>Al contrario, quien no perdona no ser\u00e1 nunca feliz. La soberbia y el ego\u00edsmo imposibilitan la felicidad en la tierra. Urge transmitir una gran lecci\u00f3n: la importancia de la familia y de mirar y de acoger a Cristo para ense\u00f1ar a la gente a amar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u00bfCu\u00e1ntas veces debemos perdonar?<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Pedro deb\u00eda de tener un coraz\u00f3n enorme cuando plantea si debe perdonar hasta siete veces, un n\u00famero no s\u00f3lo grande, sino relacionado con la plenitud. Jes\u00fas, sin embargo, nos recuerda que debe perdonarse \u201csiempre\u201d, setenta veces siete.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay una raz\u00f3n doble por la que hay que perdonar siempre. La primera, porque el d\u00eda que digo \u201cno perdono m\u00e1s\u201d, estoy manifestando a la vez que t\u00fa ya no me importas, que he dejado de amarte, lo que significa que dejo de reconocerte como persona, cuya dignidad es la de ser amada por s\u00ed misma. A la vez, cuando no perdono, no vivimos conforme a nuestra vocaci\u00f3n, que se concreta en amar. El no-perd\u00f3n implica una doble injusticia. Otra cosa es la necesaria ayuda de la gracia, sin la cual no somos capaces de perdonar.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la segunda raz\u00f3n es que, si digo \u201cbasta, ya no te perdono\u201d, de hecho nunca te he amado de verdad, porque s\u00f3lo he estado dispuesto a perdonarte hasta este l\u00edmite; no te he aceptado a ti, sino lo que de ti estaba dispuesto a asumir. Si no perdono siempre, ni te he amado de verdad ni me importas desde ahora.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El significado de la penitencia<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Al terminar de confesarnos, recibimos una penitencia. \u00bfQuiere eso decir que Dios es rencoroso? \u00bfCu\u00e1l es el sentido de la penitencia o satisfacci\u00f3n en el perd\u00f3n? Recorramos a un ejemplo: un ni\u00f1o hace una trastada en el colegio, rompiendo una puerta de vidrio. La madre, ante el director, lo primero que har\u00eda ser\u00eda pedir perd\u00f3n, aunque no sea ella la culpable; lo que pasa es que ella \u201cest\u00e1\u201d en cierta manera en el hijo y \u00e9l en ella. Al sentirse disculpada por el director entiende que tambi\u00e9n ha perdonado al peque\u00f1o. Lo mismo sucede en la Cruz con el Hijo: pide personalmente perd\u00f3n, como la madre, porque \u00c9l ha asumido todo el pecado del mundo, y al ofrecer Dios Padre su perd\u00f3n, en Cristo todos hemos sido perdonados.<\/p>\n\n\n\n<p>Queda pendiente, sin embargo, la deuda del estropicio. Ella asume que debe pagar y vac\u00eda el billetero ante la presencia de su hijo quien, conmovido y d\u00e1ndose cuenta de las consecuencias de su obrar, decide sacar las pocas monedas que lleva en el bolsillo. \u00bfDebe aceptarlas la mam\u00e1? S\u00ed, por dos grandes razones: porque si no lo hiciera le estar\u00eda menospreciando y ningunear\u00eda el ofrecimiento del ni\u00f1o, y porque ser\u00eda un desamor. Al mismo tiempo, ella, al aceptar, le hace m\u00e1s consciente de su propia responsabilidad, y le hace m\u00e1s humano. Esas monedas son la penitencia. An\u00e1logamente puede entenderse la penitencia. Despu\u00e9s de recibir el perd\u00f3n, lo que yo puedo hacer por Jes\u00fas es la penitencia. No se trata del rencor de un Dios que pasa factura, sino de un acto de amor delicado por parte de Dios que valora el gesto de amor. As\u00ed, Dios nos ama acogiendo nuestro amor, y nos lo agradece.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Papa Francisco, en la bula Misericordiae Vultus n. 9, comenta: \u201cEl perd\u00f3n de las ofensas deviene la expresi\u00f3n m\u00e1s evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir. 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