{"id":1756,"date":"2016-06-30T12:08:30","date_gmt":"2016-06-30T11:08:30","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=1756"},"modified":"2016-06-30T12:08:30","modified_gmt":"2016-06-30T11:08:30","slug":"cristianismo-y-emotividad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/cristianismo-y-emotividad\/","title":{"rendered":"Cristianismo y emotividad"},"content":{"rendered":"<p class=\"p1\"><span class=\"s1\"><b><i>\u201c\u00bfPor qu\u00e9 no detenernos a hablar de los sentimientos y de la sexualidad en el matrimonio?\u201d<\/i>, se pregunta el papa Francisco en la exhortaci\u00f3n <i>Amoris Laetitia <\/i>(n. 142). La cuesti\u00f3n ha inquietado a antrop\u00f3logos e historiadores desde que Roland Barthes denunci\u00f3 la postergaci\u00f3n de los sentimientos en la Historia:<i> \u201c\u00bfQui\u00e9n har\u00e1 la historia de las l\u00e1grimas? \u00bfEn qu\u00e9 sociedades, en qu\u00e9 tiempos se ha llorado?\u201d<\/i><\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u2014\u00a0<\/span><span class=\"s2\"><b>\u00c1lvaro Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdova Miralles,\u00a0<\/b><\/span><span class=\"s3\">Universidad de Navarra<\/span><\/p>\n<p class=\"p4\"><span class=\"s3\">Recientes investigaciones han revelado la influencia del cristianismo en la emotividad occidental. Su historia, olvidada y laber\u00edntica, debe rescatarse. <\/span><\/p>\n<p class=\"p5\"><span class=\"s3\">Pocas frases han tenido mayor repercusi\u00f3n que la exhortaci\u00f3n de san Pablo a los Filipenses <i>\u201cTened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Jes\u00fas\u201d<\/i> (Fl 2, 5). \u00bfCabe un an\u00e1lisis hist\u00f3rico de esta singular propuesta? Hace setenta a\u00f1os, Lucien Febvre se refer\u00eda a la historia de los sentimientos como a <i>\u201cesa gran muda\u201d<\/i>, y d\u00e9cadas despu\u00e9s Roland Barthes se preguntaba: <i>\u201c\u00bfQui\u00e9n har\u00e1 la historia de las l\u00e1grimas? \u00bfEn qu\u00e9 sociedades, en qu\u00e9 tiempos se ha llorado? \u00bfDesde cu\u00e1ndo los hombres (y no las mujeres) ya no lloran? \u00bfPor qu\u00e9 la \u201csensibilidad\u201d en cierto momento se ha vuelto \u2018sensibler\u00eda\u2019?\u201d. <\/i><\/span><\/p>\n<p class=\"p5\"><span class=\"s3\">Tras el giro cultural experimentado por la historiograf\u00eda en los \u00faltimos decenios, se ha abierto una nueva frontera para los investigadores que ha recibido el nombre de giro emocional (<i>emotional turn<\/i>). Aunque sus contornos son a\u00fan difusos, la historia del dolor, la risa, el temor o la pasi\u00f3n, permitir\u00eda conocer las ra\u00edces de nuestra sensibilidad, y advertir la huella del cristianismo en el paisaje de los sentimientos humanos. El per\u00edodo medieval se ha revelado, en este sentido, un lugar privilegiado para estudiar el paso de las estructuras ps\u00edquicas del mundo antiguo a las formas de la sensibilidad moderna. Para ello ha sido necesario sustituir las categor\u00edas de \u201cinfantilismo\u201d o \u201cdesorden sentimental\u201d adjudicadas al hombre medieval (M. Bloch y J. Huizinga), por una lectura m\u00e1s racional del c\u00f3digo emocional que dio forma a los valores occidentales (D. Boquet y P. Nagy).<\/span><\/p>\n<p class=\"p7\"><span class=\"s4\"><b>De la <i>apatheia <\/i>griega a las novedades evang\u00e9licas (s. I-V)<\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"p4\"><span class=\"s3\">La historia de los sentimientos medievales parte de la \u201ccristianizaci\u00f3n de los afectos\u201d en las sociedades paganas de la Antig\u00fcedad Tard\u00eda. El choque no pudo ser m\u00e1s dr\u00e1stico entre el ideal estoico de la <i>apatheia<\/i> (liberaci\u00f3n de toda pasi\u00f3n concebida en t\u00e9rminos negativos) y el nuevo Dios que los cristianos defin\u00edan con un sentimiento: Amor. Un amor que el Padre manifest\u00f3 a los hombres entregando a su propio Hijo, Jesucristo, que no ocult\u00f3 sus l\u00e1grimas, ni su ternura, ni su pasi\u00f3n por sus hermanos los hombres. Conscientes de ello, los intelectuales cristianos promovieron la dimensi\u00f3n afectiva del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, considerando que suprimir los afectos supon\u00eda \u201ccastrar al hombre\u201d (<i>castrare hominem<\/i>), como afirma Lactancio en expresiva met\u00e1fora. <\/span><\/p>\n<p class=\"p5\"><span class=\"s3\">Fue San Agust\u00edn \u2013padre de la afectividad medieval\u2013 quien mejor integr\u00f3 la novedad cristiana y el pensamiento cl\u00e1sico con su teor\u00eda del \u201cgobierno\u201d de las emociones: los sentimientos deb\u00edan someterse al alma racional para purificar el desorden introducido por el pecado original, y distinguir los deseos que conducen a la virtud de los que llevan al vicio. Su consecuencia en la instituci\u00f3n matrimonial fue la incorporaci\u00f3n del deseo carnal \u2013condenado por los ebionitas\u2013 al amor marital (Clemente de Alejandr\u00eda), y la defensa del v\u00ednculo frente a las tendencias disgregadoras que lo banalizaban (adulterio, divorcio o segundas nupcias). <\/span><\/p>\n<p class=\"p5\"><span class=\"s3\">No se trataba de una austeridad moral m\u00e1s o menos admirada por los paganos. Era el camino hacia la \u201cpureza de coraz\u00f3n\u201d que llev\u00f3 a v\u00edrgenes y c\u00e9libes a las m\u00e1s altas cotas del liderazgo cristiano por el autodominio y la reorientaci\u00f3n de la voluntad que supon\u00eda. <\/span><\/p>\n<p class=\"p7\"><span class=\"s4\"><b>Eros destructor y Eros unitivo (s. V-VII)<\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"p4\"><span class=\"s3\">El nuevo equilibrio psicol\u00f3gico tom\u00f3 forma gracias a las primeras reglas que promov\u00edan el ejercicio asc\u00e9tico y la pr\u00e1ctica de la caridad en aquellas \u201cutop\u00edas fraternales vivientes\u201d que fueron los primeros monasterios. Cl\u00e9rigos y monjes se afanaron por cartografiar el proceso de conversi\u00f3n de las emociones, y reconstruir la estructura de la personalidad humana actuando sobre el cuerpo: \u00e9ste no era un enemigo a abatir, sino un veh\u00edculo para unir a la criatura con el Creador (P. Brown). <\/span><\/p>\n<p class=\"p5\"><span class=\"s3\">El ideal de la virginidad, fundado en la uni\u00f3n con Dios, no estaba tan lejos del ideal del matrimonio cristiano asentado en la fidelidad y refractario a las pr\u00e1cticas divorcistas y poli\u00e1ndricas extendidas entre las sociedades germ\u00e1nicas de Occidente. As\u00ed lo revela la alianza entre los monasterios irlandeses y la aristocracia merovingia, que grababa en sus l\u00e1pidas funerarias los t\u00e9rminos <i>carissimus (-a)<\/i> o <i>dulcissimus (-a)<\/i> referidos a un marido, una esposa o un hijo; signo de la impregnaci\u00f3n cristiana de aquellas \u201ccomunidades emocionales\u201d que pretend\u00edan escapar a la c\u00f3lera y al derecho de venganza (<i>faide<\/i>) (B. H. Rosenwein).<\/span><\/p>\n<p class=\"p5\"><span class=\"s3\">La mentalidad com\u00fan no evolucion\u00f3 tan r\u00e1pidamente. Las prohibiciones eclesi\u00e1sticas contra el rapto, el incesto, o lo que hoy llamar\u00edamos \u201cviolencia dom\u00e9stica\u201d, no se asumieron hasta el siglo X. En ning\u00fan texto, ni laico ni clerical, se emplea la palabra<i> amor<\/i> en sentido positivo. Su contenido sem\u00e1ntico estaba lastrado por la pasi\u00f3n posesiva y destructora que desembocaba en los cr\u00edmenes descritos por Gregorio de Tours. <\/span><\/p>\n<p class=\"p5\"><span class=\"s3\">Poco se sab\u00eda entonces de la extra\u00f1a expresi\u00f3n <i>charitas coniugalis<\/i>, usada por el papa Inocencio I (411-417) para describir la ternura y amistad que caracterizaba la gracia conyugal. La dicotom\u00eda de ambos \u201camores\u201d se refleja en las notas de aquel escolar del siglo XI: <i>\u201c<\/i>amor<i>, deseo que trata de acapararlo todo; <\/i>caridad<i>, tierna unidad\u201d<\/i> (M. Roche). Idea que reaparece en <i>Amoris laetitia<\/i>: <i>\u201cEl amor matrimonial lleva a procurar que toda la vida emotiva se convierta en un bien para la familia y est\u00e9 al servicio de la vida en com\u00fan\u201d<\/i> (n. 146). <\/span><\/p>\n<p class=\"p7\"><span class=\"s4\"><b>L\u00e1grimas carolingias (s. VIII-IX) <\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"p4\"><span class=\"s3\">Apoy\u00e1ndose en el optimismo antropol\u00f3gico<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0 <\/span>cristiano, los reformadores carolingios revindicaron la igualdad de los sexos con una insistencia casi revolucionaria, considerando la conyugalidad el \u00fanico bien que Ad\u00e1n y Eva conservaron de su paso por el Para\u00edso (P. Toubert). <\/span><\/p>\n<p class=\"p5\"><span class=\"s3\">En este contexto emergi\u00f3 una nueva religiosidad laica, que invitaba a una relaci\u00f3n menos \u201critual\u201d y m\u00e1s \u00edntima con Dios, enlazando con la mejor plegaria agustiniana. Comenz\u00f3 a valorarse el dolor o la compunci\u00f3n por los pecados cometidos, que llevaba a gestos tan ampulosos como la penitencia p\u00fablica de Luis el Piadoso por el asesinato de su sobrino Bernardo (822). Aparecieron entonces las misas \u201cde petici\u00f3n de l\u00e1grimas\u201d (<i>Pro petitione lacrimarum<\/i>): l\u00e1grimas de amor de Dios que mueven el coraz\u00f3n del pecador y purifican sus pecados pasados. <\/span><\/p>\n<p class=\"p5\"><span class=\"s3\">Este sentimiento, solicitado como gracia, est\u00e1 en la base del <i>don de l\u00e1grimas<\/i>, considerado signo de la imitaci\u00f3n de Cristo que llor\u00f3 tres veces en las Escrituras: tras la muerte de L\u00e1zaro, ante Jerusal\u00e9n y en el huerto de los Olivos. M\u00e9rito o don, virtud o gracia, <i>habitus<\/i> (<i>\u201cdisposici\u00f3n habitual\u201d<\/i> seg\u00fan Santo Tomas de Aquino) o carisma, los hombres p\u00edos van en busca de las l\u00e1grimas que, a partir del siglo XI, se convierten en criterio de santidad (P. Nagy). <\/span><\/p>\n<p class=\"p7\"><span class=\"s4\"><b>La revoluci\u00f3n del <i>amor <\/i>(s. XII)<\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"p4\"><span class=\"s3\">Los hallazgos psicol\u00f3gicos m\u00e1s audaces se produjeron en dos \u00e1mbitos aparentemente antit\u00e9ticos. Mientras los canonistas defend\u00edan el libre intercambio de consentimiento para la validez del matrimonio, en las cortes provenzales se invent\u00f3 el <i>fin d\u2019amors<\/i> (\u201camor cort\u00e9s\u201d) \u2013tantas veces adulterino\u2013 que explotaba los sentimientos de alegr\u00eda, libertad o angustia, frente a los casamientos impuestos por el linaje. Cl\u00e9rigos y segundones de la aristocracia descubrieron entonces el amor de elecci\u00f3n (<i>de dilection<\/i>) donde el otro es amado en su alteridad por lo que es, y no por lo que aporta al c\u00f3nyuge o al clan. Un amor libre y exclusivo que facilitaba la entrega de cuerpos y almas, como expres\u00f3 Andrea Capellanus y experimentaron aquellos trovadores occitanos que pasaron del amor humano al divino profesando en un monasterio (J. Leclercq). <\/span><\/p>\n<p class=\"p5\"><span class=\"s3\">Los nuevos descubrimientos tardaron en impregnar la instituci\u00f3n matrimonial, plegada a los intereses pol\u00edticos y econ\u00f3micos del linaje.<b> <\/b>Entre los siglos XI al XIV la familia extensa (parentela de distintas generaciones) fue progresivamente sustituida por la c\u00e9lula conyugal (los esposos con sus hijos), debido en buena parte al triunfo del matrimonio cristiano elevado ahora a sacramento. Los canonistas m\u00e1s audaces desarrollaron el concepto de \u201cafecto marital\u201d (<i>affectio maritalis<\/i>) que contemplaba la fidelidad y las obligaciones rec\u00edprocas de la uni\u00f3n conyugal, m\u00e1s all\u00e1 de la funci\u00f3n social que se le ven\u00eda asignando. <\/span><\/p>\n<p class=\"p5\"><span class=\"s3\">El camino hacia la santidad fue m\u00e1s lento. Se impuls\u00f3 en el siglo XIII al ser canonizados cuatro laicos casados (san Homobono de Cremona, santa Isabel de Hungr\u00eda, santa Eduvigis de Silesia y san Luis de Francia), que retomaban la santidad laical del cristianismo antiguo, aunque el ideal esponsal no se reflejara en los procesos conservados como camino espec\u00edfico de perfecci\u00f3n (A. Vauchez).<\/span><\/p>\n<p class=\"p7\"><span class=\"s4\"><b>De la emoci\u00f3n m\u00edstica a los debates de la modernidad (s. XIV-XX)<\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"p4\"><span class=\"s3\">La crisis socio-econ\u00f3mica del siglo XIV modific\u00f3 la cartograf\u00eda sentimental del Occidente europeo. La devoci\u00f3n religiosa comenz\u00f3 a identificarse con la emoci\u00f3n que encarnaba. Fue la conquista m\u00edstica de la emoci\u00f3n. Mujeres laicas como Marie d\u2019Oignies (\u2020 1213), Angela da Foligno (\u2020 1309) o Clara de R\u00edmini (\u2020 1324-29) desarrollaron una religiosidad demostrativa y sensorial, cargada de un misticismo arrebatador. Se buscaba ver, imaginar e incorporar los sufrimientos de Cristo, pues su Pasi\u00f3n adquiri\u00f3 el lugar central de las devociones. Nunca hasta entonces las l\u00e1grimas se hicieron tan pl\u00e1sticas, ni se representaron con la fuerza de un Giotto o un Van der Weyden.<\/span><\/p>\n<p class=\"p5\"><span class=\"s3\">Las emociones medievales dejaron un profundo surco en el rostro del hombre moderno. El protestantismo radicaliz\u00f3 las notas agustinianas m\u00e1s pesimistas, y el calvinismo reprimi\u00f3 sus expresiones con una estricta moralidad centrada en el trabajo y la riqueza (M. Weber). En esta encrucijada antropol\u00f3gica, los sentimientos oscilaron entre el menosprecio racionalista y la exaltaci\u00f3n rom\u00e1ntica, mientras la educaci\u00f3n se debat\u00eda entre el naturalismo roussoniano y el rigorismo que introduc\u00eda en los cuentos infantiles la consigna \u201clos ni\u00f1os no lloran\u201d. <\/span><\/p>\n<p class=\"p5\"><span class=\"s3\">No fue por mucho tiempo. El romanticismo amoroso barri\u00f3 al puritanismo burgu\u00e9s de la instituci\u00f3n matrimonial, de manera que hacia 1880 las uniones impuestas \u2013tan combatidas por los te\u00f3logos medievales\u2013 se convirtieron en una reliquia del pasado. El sentimiento se erigi\u00f3 en garante de una uni\u00f3n conyugal progresivamente fracturada por la mentalidad divorcista y una afectividad contaminada de hedonismo que triunf\u00f3 en mayo del 68. No todo fue positivo. El desconcierto emocional de los adolescentes, el vagabundeo sexual o el aumento de abortos son consecuencia de aquel sistema idealista y <i>naif<\/i> que ha dado paso a otro realista y s\u00f3rdido llamado a replantearse el sentido de sus conquistas. <\/span><\/p>\n<p class=\"p5\"><span class=\"s3\">La <i>Amoris laetitia<\/i> es una invitaci\u00f3n a hacerlo escuchando la voz de aquellos sentimientos que el cristianismo rescat\u00f3 de la aton\u00eda cl\u00e1sica, orient\u00f3 a la uni\u00f3n familiar y proyect\u00f3 a las cimas de la emoci\u00f3n m\u00edstica. Parad\u00f3jicamente, la grandeza de su historia espejea en la superficie de sus sombras: las l\u00e1grimas de agua y de sal descubiertas por los mismos carolingios que apuntalaron la uni\u00f3n conyugal. El papa Francisco ha querido rescatarlas, consciente quiz\u00e1 de aquellas palabras que Tolkien puso en boca de Gandalf: <i>\u201cNo os dir\u00e9: no llor\u00e9is; pues no todas las l\u00e1grimas son amargas\u201d<\/i>.\u00a0<\/span><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201c\u00bfPor qu\u00e9 no detenernos a hablar de los sentimientos y de la sexualidad en el matrimonio?\u201d, se pregunta el papa Francisco en la exhortaci\u00f3n Amoris Laetitia (n. 142). 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