{"id":15469,"date":"2020-05-15T10:55:00","date_gmt":"2020-05-15T09:55:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=15469"},"modified":"2021-09-15T11:56:30","modified_gmt":"2021-09-15T10:56:30","slug":"svetlana-stalin-1926-2011-una-pequena-mariposa-volando-hacia-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/svetlana-stalin-1926-2011-una-pequena-mariposa-volando-hacia-dios\/","title":{"rendered":"Svetlana Stalin. (1926-2011): Una \u201cpeque\u00f1a mariposa\u201d volando hacia Dios"},"content":{"rendered":"<p>Hace poco menos de diez a\u00f1os fallec\u00eda a los 85 a\u00f1os en una residencia en Richland County, Wisconsin (Estados Unidos) \u2014bajo el nombre de Lana Peters\u2014 la hija de Stalin (1878-1953), el art\u00edfice de la m\u00e1s horrenda y sanguinaria dictadura comunista del siglo XX. Svetlana, nacida en 1926 de su segunda esposa Nadezhda Alliluieva, fue la \u00fanica hija mujer de Stalin. Svetlana, ni\u00f1a de pelo rojizo y ojos azules, era llamada por su padre <em>\u201cla peque\u00f1a mariposa\u201d<\/em>. Su padre sent\u00eda debilidad por ella, la <em>\u201cprincesa del Kremlin\u201d<\/em>. <em>\u201cLa \u00fanica persona que pod\u00eda suavizar a Stalin era Svetlana\u201d,<\/em> pone en boca de su madre la reciente bi\u00f3grafa Rosemary Sullivan (<em>La hija de Stalin: la extraordinaria y tumultuosa vida de Svetlana Alliluieva<\/em>, p. 188).<\/p>\n\n\n\n<p>Nos resulta parad\u00f3jica la imagen tierna de este aterrador personaje quien, adem\u00e1s de haber construido un imperio de persecuci\u00f3n ideol\u00f3gica y pol\u00edtica, neg\u00f3 a las personas cualquier libertad religiosa. Como ha expresado Borges en su <em>Evangelio Ap\u00f3crifo<\/em>: <em>\u201cDesdichado el pobre de esp\u00edritu porque bajo la tierra ser\u00e1 lo que ahora es en la tierra\u201d<\/em>. Nunca hubiera imaginado Stalin que las alas de su querida mariposa volasen finalmente hacia ese Dios cuyo rostro le hab\u00edan negado conocer y amar. En sus <em>Veinte cartas a un amigo<\/em> escribe Svetlana en 1963 desde Zh\u00fakovka, cerca de Mosc\u00fa: <em>\u201cYo creo que ahora, en nuestro tiempo, la fe en Dios es precisamente la fe en el bien, y que el bien es m\u00e1s poderoso que el mal, y tarde o temprano triunfar\u00e1, vencer\u00e1\u201d<\/em> (<em>Rusia, mi padre y yo<\/em>, 1967, p. 111).<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cLa vida no es la que uno vivi\u00f3 sino la que uno recuerda y c\u00f3mo la recuerda para contarla\u201d,<\/em> expres\u00f3 Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, Nobel de Literatura en 1982. Quiz\u00e1 por esto nos ha resultado impactante este libro autobiogr\u00e1fico de Svetlana Stalin. Mediante el recurso de las cartas a un amigo, las emociones puestas en juego y las palabras que ha elegido para narrarlas atrapan al lector. El cl\u00edmax est\u00e1 en el suicidio de su madre con una peque\u00f1a pistola \u2014cuando Svetlana contaba apenas seis a\u00f1os\u2014 a causa de un enfrentamiento con su marido. Nos conmueve profundamente que Svetlana haya podido vislumbrar en su interioridad alg\u00fan atisbo de esperanza, en medio de una vida llena de conflictos y hostilidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus d\u00edas transcurrieron dentro de los muros del Kremlin, con la polic\u00eda secreta en la escuela, en las calles, en las reuniones de amigos, en los paseos por el jard\u00edn, a cada paso; a esto podemos agregar sus diversos matrimonios y amores desavenidos, ajetreadas y problem\u00e1ticas mudanzas en busca de una vida m\u00e1s humana, una estampa de soledad adosada a su paso por la vida y la desaparici\u00f3n de muchos de los que amaba por ser opositores al r\u00e9gimen. En esta encrucijada de situaciones adversas, pudo forjar una fe genuina y una l\u00edrica relaci\u00f3n con el Dios de la esperanza: <em>\u201cSe\u00f1or, \u00a1cu\u00e1n hermoso y perfecto es Tu mundo: cada hierbecita, cada florecilla y cada diminuta hoja! Y T\u00fa a\u00fan sigues ayudando y sosteniendo al hombre en esta pavorosa y enloquecida aglomeraci\u00f3n, donde \u00fanicamente la naturaleza, eterna y poderosa, le da fuerzas y consuelo, equilibrio espiritual y armon\u00eda\u201d<\/em> (p. 110).<\/p>\n\n\n\n<p>En 1963 abandona el ate\u00edsmo en el que hab\u00eda sido educada y recibe el bautismo en la Iglesia ortodoxa rusa en la iglesia de la Deposici\u00f3n del Manto de la Virgen, de Mosc\u00fa. <em>\u201cCuando cumpl\u00ed 35 a\u00f1os, despu\u00e9s de haber vivido y visto no pocas cosas, pese a haber recibido de la sociedad y de mi familia una educaci\u00f3n materialista y atea desde la infancia, me situ\u00e9 junto a aquellos para quienes es inconcebible vivir sin Dios. Y soy feliz de que as\u00ed haya ocurrido\u201d<\/em> (p. 111). Svetlana siempre recordar\u00eda las palabras de consuelo del padre Nikol\u00e1i Golubtsov: <em>\u201cDijo que Dios me amaba, aunque fuera la hija de Stalin\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cLa hija de Stalin, siempre viviendo a la sombra del nombre de su padre, nunca encontrar\u00eda un lugar seguro para aterrizar\u201d,<\/em> escribir\u00e1 Sullivan (p. 25). En 1967 abandonaba la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica para residir en Suiza y finalmente en Estados Unidos, con un traj\u00edn constante por distintos pa\u00edses, ciudades y casas, como referir\u00e1 Olga, su hija menor: <em>\u201cSiempre nos est\u00e1bamos mudando. Era un ir y venir\u201d<\/em> (p. 371). Aunque gan\u00f3 mucho dinero con su obra <em>Rusia, mi padre y yo, <\/em>lo malgast\u00f3 y nunca se acostumbr\u00f3 a vivir en un sistema capitalista. Se interes\u00f3 por diferentes tradiciones religiosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue una gran lectora: <em>\u201cLe\u00eda mucho. En las habitaciones de mi padre hab\u00eda una enorme biblioteca que hab\u00eda comenzado a reunir mi madre, y que nadie utilizaba m\u00e1s que yo\u201d<\/em> (p. 209). Muchos a\u00f1os despu\u00e9s leer\u00e1 a Raissa Maritain (1883-1960), la rusa jud\u00eda convertida al catolicismo, esposa del fil\u00f3sofo franc\u00e9s Jacques Maritain.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En diciembre de 1982 Svetlana ser\u00eda recibida en la Iglesia cat\u00f3lica en la fiesta de santa Luc\u00eda, en Cambridge, Inglaterra. En una carta del 7 de diciembre de 1992 cuenta que acud\u00eda a diario a los sacramentos. Al final de su vida, ya con 85 a\u00f1os, internada en el <em>Pine Valley Hospital<\/em> y luchando con la enfermedad, le pidi\u00f3 a la enfermera que llamara a un sacerdote. <em>\u201cCuando este lleg\u00f3\u201d<\/em> \u2014escribe Sullivan (p. 452)\u2014, <em>\u201cle ofreci\u00f3 a Svetlana palabras de paz para reconfortarla\u201d.<\/em> Muchos a\u00f1os antes Svetlana hab\u00eda escrito en su autobiograf\u00eda: <em>\u201cCuando el Papa Juan XXIII exhortaba a la paz, llamaba a creer en el triunfo del bien y en que el bien vencer\u00e1 en el hombre al mal\u201d<\/em> (p. 111). En el caso de la hija de Stalin, nos parece que el poder del mal fue decapitado en el centro mismo de su barbarie y que su alma de mariposa vuela hacia Dios proclamando con san Juan de la Cruz que <em>\u201ca la tarde te examinar\u00e1n en el amor\u201d<\/em> (<em>Dichos de amor y de luz<\/em>, n. 59). <\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace poco menos de diez a\u00f1os fallec\u00eda a los 85 a\u00f1os en una residencia en Richland County, Wisconsin (Estados Unidos) \u2014bajo el nombre de Lana Peters\u2014 la hija de Stalin (1878-1953), el art\u00edfice de la m\u00e1s horrenda y sanguinaria dictadura comunista del siglo XX. 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