{"id":13704,"date":"2021-07-09T05:43:00","date_gmt":"2021-07-09T04:43:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=13704"},"modified":"2021-07-06T20:49:55","modified_gmt":"2021-07-06T19:49:55","slug":"sendas-para-acceder-al-misterio-de-dios-vias-antropologicas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/sendas-para-acceder-al-misterio-de-dios-vias-antropologicas\/","title":{"rendered":"Sendas para acceder al misterio de Dios: V\u00edas antropol\u00f3gicas"},"content":{"rendered":"<p>Junto a la indagaci\u00f3n del universo en la b\u00fasqueda de su fundamento, de su causa \u00faltima, existe otra forma de contemplar que tambi\u00e9n conduce al conocimiento del misterio de Dios. Son las v\u00edas centradas en el hombre, que miran hacia adentro del mismo: parten del an\u00e1lisis de la psicolog\u00eda humana, de los deseos m\u00e1s hondos que anidan dentro de cada persona, de los grandes interrogantes personales, en un ejercicio de reflexi\u00f3n e introspecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En este campo nos encontramos con las preguntas por el sentido y por lo que sue\u00f1a el alma humana. Son los insoslayables \u201cpor qu\u00e9s\u201d y \u201cpara qu\u00e9s\u201d existenciales que acucian a todo hombre. Es el ansia de los grandes bienes como el amor, la belleza, la amistad, la alegr\u00eda, la felicidad; con el deseo de que sean aut\u00e9nticos, efectivos, sin limitaci\u00f3n, plenos. Se trata del grito del alma sedienta, de la mente que busca m\u00e1s, que desea de modo radical lo grande, que no se conforma con cubrir las necesidades materiales. S\u00f3lo el Dios vivo y verdadero, que ha configurado as\u00ed nuestro dinamismo apetitivo, puede colmar con creces estos deseos profundos. \u201cS\u00f3lo Dios sacia\u201d (cf. Santo Tom\u00e1s de Aquino, en: <em>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/em>, n. 1718).<\/p>\n\n\n\n<p>Anhelamos, adem\u00e1s, el bien de la concordia en la comunidad y el respeto a toda persona en su dignidad. Es el sentido moral y de justicia, que se halla en todo ser humano como un clamor innato. S\u00f3lo un Dios absoluto puede fundamentar los valores y las normas \u00e9ticas universales, incluidos los imperativos de la conciencia, que est\u00e1n por encima de las leyes positivas. Adem\u00e1s, solamente un Dios eterno y trascendente puede hacer justicia definitiva. Pues, como afirma Benedicto XVI, <em>\u201cla cuesti\u00f3n de la justicia es el argumento esencial o, en todo caso, el argumento m\u00e1s fuerte en favor de la fe en la vida eterna\u201d<\/em> (carta enc\u00edclica <em>Spe salvi<\/em>, n. 43).<\/p>\n\n\n\n<p>San Agust\u00edn resume esta perspectiva de modo preciso y hermoso al comienzo de sus <em>Confesiones<\/em> cuando ora as\u00ed: <em>\u201cnos hiciste, Se\u00f1or, para ti y nuestro coraz\u00f3n estar\u00e1 inquieto hasta que descanse en ti\u201d. <\/em>Y se\u00f1ala que se trata de un Dios cercano, \u00edntimo, que <em>\u201cest\u00e1 m\u00e1s dentro de m\u00ed que mi misma intimidad\u201d<\/em>, pero que al mismo tiempo no es subjetivo ni manipulable, sino superior y trascendente: <em>\u201csuperior a lo m\u00e1s alto de m\u00ed mismo\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Cristo, plenitud de la auto-revelaci\u00f3n y de la auto-comunicaci\u00f3n divinas, ofrece a la humanidad esa fuente interior de luz y de vida capaz de saciar las ansias del coraz\u00f3n humano: \u201c<em>El que tenga sed que venga a m\u00ed y beba<\/em>\u201d (Jn 7,37). E invita al alma inquieta a la paz interior: <em>\u201cVenid a m\u00ed todos los que est\u00e1is cansados y agobiados y yo os aliviar\u00e9\u201d<\/em> (Mt 11,28). En definitiva, s\u00f3lo el Dios revelado en Cristo nos promete hacer justicia sin tardar (cf. Lc 18,8), nos ofrece la luz divina de la verdad que disipa las tinieblas (cf. Jn 1,5-9), y la comuni\u00f3n de amor en una amistad perfecta y eterna (cf. Jn 15,15).<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Junto a la indagaci\u00f3n del universo en la b\u00fasqueda de su fundamento, de su causa \u00faltima, existe otra forma de contemplar que tambi\u00e9n conduce al conocimiento del misterio de Dios. 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