{"id":13590,"date":"2021-07-19T05:00:00","date_gmt":"2021-07-19T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=13590"},"modified":"2022-01-10T10:52:27","modified_gmt":"2022-01-10T09:52:27","slug":"los-ninos-y-el-reino-de-dios-mc-10-13-16","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/los-ninos-y-el-reino-de-dios-mc-10-13-16\/","title":{"rendered":"Los ni\u00f1os y el Reino de Dios (Mc 10, 13-16)"},"content":{"rendered":"<p>Los tres evangelios sin\u00f3pticos (Mateo, Marcos y Lucas) recogen un breve episodio en el que unos ni\u00f1os son llevados a Jes\u00fas. As\u00ed lo relata Marcos: <em>\u201cLe presentaban unos ni\u00f1os para que los tomara en sus brazos; pero los disc\u00edpulos les re\u00f1\u00edan. Al verlo Jes\u00fas se enfad\u00f3 y les dijo: \u2018Dejad que los ni\u00f1os vengan conmigo, y no se lo impid\u00e1is, porque de los que son como ellos es el Reino de Dios. En verdad os digo: quien no reciba el Reino de Dios como un ni\u00f1o no entrar\u00e1 en \u00e9l\u2019. Y abraz\u00e1ndolos, los bendec\u00eda imponi\u00e9ndoles las manos\u201d <\/em>(Mc 10, 13-16). Otra escena muy parecida muestra a Jes\u00fas tomando a un ni\u00f1o y poni\u00e9ndolo como ejemplo para sus disc\u00edpulos, pues disputaban sobre qui\u00e9n era el mayor entre ellos: <em>\u201cPues todo el que se humille como este ni\u00f1o, \u00e9se es el mayor en el Reino de los Cielos\u201d<\/em> (Mt 18, 4).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Jes\u00fas y los ni\u00f1os<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>No pocas veces aparecen los ni\u00f1os como protagonistas en el Evangelio. Son un ejemplo para \u201cesta generaci\u00f3n\u201d incr\u00e9dula, que se parece a los que no responden a la invitaci\u00f3n a cantar de unos ni\u00f1os (cfr. Mt 11, 16-17; Lc 7, 32). La alabanza de los ni\u00f1os cuando Jes\u00fas entra en el Templo indigna a los pr\u00edncipes de los sacerdotes y a los escribas, y Jes\u00fas sale en defensa de esa sincera y sencilla alabanza de los peque\u00f1os (cfr. Mt 11, 25), record\u00e1ndoles las Escrituras: <em>\u201c\u00bfNo hab\u00e9is le\u00eddo nunca: \u2018De la boca de los peque\u00f1os y de los ni\u00f1os de pecho te preparaste la alabanza\u2019?\u201d<\/em> (Mt 21, 16; cfr. Sal 8, 2).<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n a los ni\u00f1os Jes\u00fas ha alimentado en la multiplicaci\u00f3n de los panes y los peces (cfr. Mt 14, 21; 15, 38). Es el Maestro su m\u00e1s valiente defensor ante quien los maltrate, tambi\u00e9n con el mal ejemplo: <em>\u201cAl que escandalice a uno de estos peque\u00f1os que creen en m\u00ed, m\u00e1s le valdr\u00eda que le colgasen al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y lo hundieran en el fondo del mar\u201d<\/em> (Mt 18, 6). En fin, Jes\u00fas exulta en acci\u00f3n de gracias, porque los peque\u00f1os son los destinatarios de la revelaci\u00f3n de Dios Padre (cfr. Mt 11, 25).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Jes\u00fas y los padres<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>El episodio que comentamos, en Mateo y en Marcos, viene a continuaci\u00f3n de la ense\u00f1anza de Jes\u00fas sobre la indisolubilidad del matrimonio. Es significativa esta secuencia: una vez unidos para siempre el hombre y la mujer en el matrimonio, aparecen en escena los ni\u00f1os, fruto de esa uni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque el evangelista no indique qui\u00e9nes llevan a esos ni\u00f1os cerca de Jes\u00fas, parece indicarlo el episodio anterior: los padres.<\/p>\n\n\n\n<p>Son varios los relatos de milagros en que vemos a los padres suplicando a Jes\u00fas que cure a sus hijos. Jes\u00fas cur\u00f3 al hijo del funcionario real (cfr. Jn 4, 46-54); expuls\u00f3 el demonio de la hija de la mujer sirofenicia (cfr. Mc 7, 24-30); y el demonio mudo del muchacho cuyo padre acudi\u00f3 a Jes\u00fas casi desesperado suplicando que lo curara (cfr. Mc 9, 14-29); resucit\u00f3 a la hija de Jairo (cfr. Mc 5, 21-42). En todos estos episodios, en alg\u00fan momento de la narraci\u00f3n, se usan los t\u00e9rminos que indican \u201cni\u00f1o\u201d o \u201cni\u00f1a\u201d (en griego, <em>paid\u00edon<\/em>, <em>thyg\u00e1trion<\/em>): con ellos no se pretende indicar la edad precisa (solo en el caso de la hija de Jairo se dice que ten\u00eda doce a\u00f1os), sino c\u00f3mo los ven sus padres: son \u201csus ni\u00f1os\u201d que est\u00e1n muri\u00e9ndose.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed crec\u00eda la fama de Jes\u00fas que curaba a los m\u00e1s d\u00e9biles, entre ellos a los ni\u00f1os. Es f\u00e1cil imaginar, por lo tanto, a los padres que llevaban a Jes\u00fas a sus hijos peque\u00f1os, todav\u00eda d\u00e9biles, para que los bendijera, para que, con la imposici\u00f3n de las manos, o con solo tocarlos, los proteja de las enfermedades y del poder del maligno.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Jes\u00fas y los disc\u00edpulos<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>La ense\u00f1anza de Jes\u00fas a sus disc\u00edpulos en este contexto es de gran trascendencia. Jes\u00fas llega a <em>\u201cenfadarse\u201d<\/em> (v. 14) porque los disc\u00edpulos rechazan a los ni\u00f1os que se acercaban a \u00c9l. Nos puede sorprender esta actitud del Maestro. \u00bfQu\u00e9 sentido puede tener?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas es el verdadero Rey y Mes\u00edas de Israel. \u00c9l inaugura el Reino de los cielos y pide a sus disc\u00edpulos que proclamen su llegada (cfr. Mt 10, 7). Una se\u00f1al de que este Reino ha llegado son los ni\u00f1os, vistos en su condici\u00f3n esencial: son peque\u00f1os, d\u00e9biles, dependen en todo del cuidado de sus padres. En ese sentido, Jes\u00fas se identifica con ellos: <em>\u201cEl que reciba en mi nombre a uno de estos ni\u00f1os, a m\u00ed me recibe; y quien me recibe, no me recibe a m\u00ed, sino al que me ha enviado\u201d<\/em> (Mc 9, 37). Jes\u00fas se dirige al Padre llam\u00e1ndole <em>Abb\u00e1<\/em> (Mc 14, 36), con el balbuceo del ni\u00f1o que llama a su padre. Podr\u00edamos decir que \u00c9l es el m\u00e1s peque\u00f1o en el reino de los Cielos (cfr. Mt 11, 11). La condici\u00f3n esencial del ni\u00f1o es la de Jes\u00fas en su relaci\u00f3n \u00edntima con su Padre. Se puede entender mejor la gravedad de impedir que los ni\u00f1os se acerquen a Jes\u00fas. Es como impedir que se acerquen a Dios. Es m\u00e1s todav\u00eda: es como separar al propio Jes\u00fas de su Padre Dios. En el fondo, sin darse cuenta, los disc\u00edpulos estaban rechazando a Jes\u00fas al impedir que los ni\u00f1os se acercaran a \u00c9l.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Es conmovedor fijar la mirada en Jes\u00fas rodeado de ni\u00f1os, jugando con ellos, sonri\u00e9ndoles, pregunt\u00e1ndoles sus nombres, su edad\u2026; instruy\u00e9ndoles para que sean buenos hijos de sus padres, buenos hermanos\u2026; y habl\u00e1ndoles de su Padre del Cielo. Una escena terrena y celestial a la vez: aquel momento fue una clara manifestaci\u00f3n de lo que ha de ser en la tierra el Reino de los Cielos, y un reflejo de c\u00f3mo ser\u00e1 ese reino en el m\u00e1s all\u00e1 para aquellos que en la tierra se han comportado como ni\u00f1os delante de Dios. <\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los tres evangelios sin\u00f3pticos (Mateo, Marcos y Lucas) recogen un breve episodio en el que unos ni\u00f1os son llevados a Jes\u00fas. 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