{"id":13480,"date":"2021-07-18T06:00:00","date_gmt":"2021-07-18T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=13480"},"modified":"2021-06-30T09:11:53","modified_gmt":"2021-06-30T08:11:53","slug":"el-don-de-si-promesa-de-fecundidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/el-don-de-si-promesa-de-fecundidad\/","title":{"rendered":"El don de s\u00ed, promesa de fecundidad"},"content":{"rendered":"<h4 class=\"wp-block-heading\">Peque\u00f1os h\u00e9roes<\/h4>\n\n\n\n<p>Al final de la gran epopeya narrada por J.R.R. Tolkein en <em>El Se\u00f1or de los anillos<\/em>, asistimos a este conmovedor di\u00e1logo de despedida entre los dos h\u00e9roes \u201cmedianos\u201d o<em> hobbits,<\/em> Frodo y su fiel compa\u00f1ero:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c-Pero -dijo Sam, mientras los ojos se le llenaban de l\u00e1grimas-, yo cre\u00eda que tambi\u00e9n usted iba a disfrutar en la Comarca, a\u00f1os y a\u00f1os, despu\u00e9s de todo lo que ha hecho.<\/p>\n\n\n\n<p>-Tambi\u00e9n yo lo cre\u00eda, en un tiempo. Pero he sufrido heridas demasiado profundas, Sam. Intent\u00e9 salvar la Comarca, y la he salvado; pero no para m\u00ed. As\u00ed suele ocurrir, Sam, cuando las cosas est\u00e1n en peligro: alguien tiene que renunciar a ellas, perderlas, para que otros las conserven. Pero t\u00fa eres mi heredero: todo cuanto tengo y podr\u00eda haber tenido te lo dejo a ti. Y adem\u00e1s tienes a Rosa, y a Elanor; y vendr\u00e1n tambi\u00e9n el peque\u00f1o Frodo y la peque\u00f1a Rosa, y Merry, y Rizos de Oro, y Pippin; y acaso otros que no alcanzo a ver. Tus manos y tu cabeza ser\u00e1n necesarios en todas partes. Ser\u00e1s el alcalde, naturalmente, por tanto tiempo como quieras serlo, y el jardinero m\u00e1s famoso de la historia; y leer\u00e1s las p\u00e1ginas del <em>Libro rojo<\/em>, y perpetuar\u00e1s la memoria de una edad ahora desaparecida, para que la gente recuerde siempre el <em>gran peligro<\/em>, y ame a\u00fan m\u00e1s entra\u00f1ablemente el pa\u00eds bien amado. Y eso te mantendr\u00e1 tan ocupado y feliz como es posible estarlo, mientras contin\u00fae tu parte de la historia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La entrega de la vida siempre engendra vida. La generosidad al final produce frutos. La fidelidad esforzada y perseverante en el cumplimiento de la propia vocaci\u00f3n y misi\u00f3n encuentra noble recompensa, pues difunde el bien y embellece el mundo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">El don de los esposos: fecundidad de la carne<\/h4>\n\n\n\n<p>El amor conyugal es el arquetipo del amor humano, puesto que contiene la concreci\u00f3n del servicio en la vida en com\u00fan y la especial fecundidad de la uni\u00f3n de los esposos en la intimidad sexual. El don mutuo del marido y la mujer -que \u201cdan al c\u00f3nyuge en exclusiva la semilla de s\u00ed mismos\u201d- lleva al don divino de la persona del hijo, a quien el Dios ama e infunde el alma espiritual e inmortal.<\/p>\n\n\n\n<p>Como ense\u00f1aba Juan Pablo II, \u201cen su realidad m\u00e1s profunda, el amor es esencialmente don y el amor conyugal, a la vez que conduce a los esposos al rec\u00edproco \u2018conocimiento\u2019 que les hace \u2018una sola carne\u2019 (cf. G\u00e9n 2, 24), no se agota dentro de la pareja, ya que los hace capaces de la m\u00e1xima donaci\u00f3n posible, por la cual se convierten en cooperadores de Dios en el don de la vida a una nueva persona humana. De este modo los c\u00f3nyuges, a la vez que se dan entre s\u00ed, dan m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed mismos la realidad del hijo, reflejo viviente de su amor, signo permanente de la unidad conyugal y s\u00edntesis viva e inseparable del padre y de la madre\u201d (exhortaci\u00f3n <em>Familiaris consortio<\/em>, n. 14).<\/p>\n\n\n\n<p>El amor conyugal aut\u00e9ntico se abre a las fuentes divinas de la vida. Es una especial participaci\u00f3n en la obra maravillosa del Creador. Los padres son procreadores, part\u00edcipes del poder divino infinito de dar vida humana, transmisores de la bendici\u00f3n originaria de la fecundidad. Ellos descubren con estupor agradecido el valor generativo de su comuni\u00f3n de amor. Est\u00e1n llamados a vivir su alianza nupcial en la verdad de una entrega rec\u00edproca plena, abierta a la vida, de forma consciente, libre y responsable; con esfuerzo y con gozo.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u201cnosotros\u201d conyugal -remedo y destello del \u201cNosotros\u201d de la Comuni\u00f3n trinitaria- se ampl\u00eda en el \u201cnosotros\u201d familiar con la llegada del hijo: de \u201cnuestro hijo\u201d, como ellos dicen. La dignidad irreductible de cada hijo -que lleva el sello de la imagen y semejanza divina, y se halla orientado a un destino eterno- confiere relieve y trascendenciade gloria celestial al amor terreno de los esposos.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">No se pierde ning\u00fan acto de amor<\/h4>\n\n\n\n<p>La paternidad y maternidad se prolongan en la gravosa carga de las tareas de la crianza y de la educaci\u00f3n. Los esposos normalmente se sacrifican con amor gustoso por su progenie. Por su parte, la vocaci\u00f3n del celibato evang\u00e9lico ilumina el sentido espiritual del engendrar al que est\u00e1n llamados los padres, como maestros y gu\u00edas de sus hijos: se trata de una prolongaci\u00f3n de la paternidad y de la maternidad, que tiene lugar mediante el ejemplo y la formaci\u00f3n humana; y tambi\u00e9n en toda la vida de gracia y de oraci\u00f3n, en la que se comunican m\u00e9ritos por la acci\u00f3n misteriosa del Esp\u00edritu Santo, y contribuyen al alumbramiento de la vida del Esp\u00edritu en sus hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>Con frecuencia, ese esfuerzo comunicativo ha de mantenerse en el tiempo, superando dificultades: con tes\u00f3n, sin ver los frutos de modo inmediato. Las promesas divinas -que anidan en los deseos del coraz\u00f3n cuando se ordenan a la verdad de la entrega- fundamentan la esperanza sobrenatural inquebrantable.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, el Papa Francisco recordaba que quien se esfuerza en la misi\u00f3n evangelizadora \u201ctiene la seguridad de que no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor, no se pierde ninguna de sus preocupaciones sinceras por los dem\u00e1s, no se pierde ning\u00fan acto de amor a Dios, no se pierde ning\u00fan cansancio generoso, no se pierde ninguna dolorosa paciencia\u201d (exhortaci\u00f3n <em>Evangelii gaudium<\/em>, n. 279). Y conclu\u00eda con palabras de aliento: \u201cAprendamos a descansar en la ternura de los brazos del Padre en medio de la entrega creativa y generosa. Sigamos adelante, d\u00e9moslo todo, pero dejemos que sea \u00c9l quien haga fecundos nuestros esfuerzos como a \u00c9l le parezca\u201d (ib\u00edd.).<\/p>\n\n\n\n<p>En definitiva, el don de amor es irrefrenablemente expansivo: siempre puede m\u00e1s que cualquier dificultad. Pues Dios no falla: \u201ces fiel quien hizo la promesa\u201d (Heb 10,23). De modo que \u201cla esperanza no defrauda\u201d (Rm 5,5).<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Peque\u00f1os h\u00e9roes Al final de la gran epopeya narrada por J.R.R. 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