{"id":11913,"date":"2021-06-23T10:01:00","date_gmt":"2021-06-23T09:01:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=11913"},"modified":"2022-09-21T13:02:06","modified_gmt":"2022-09-21T12:02:06","slug":"27-de-junio-domingo-xiii-del-tiempo-ordinario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/27-de-junio-domingo-xiii-del-tiempo-ordinario\/","title":{"rendered":"Lecturas del domingo XIII del Tiempo Ordinario"},"content":{"rendered":"<p>Esa mujer logra tocar el borde del manto y se cura al instante. Ella siente que est\u00e1 sanada; Jes\u00fas siente que una fuerza sanadora ha salido de su cuerpo. El Evangelio de Marcos ayuda a relacionar las dos percepciones sensibles, la de Jes\u00fas y la de la mujer. Marcos dice de la mujer: <em>\u201cY de repente se sec\u00f3 la fuente de sangre y sinti\u00f3 en su cuerpo que estaba curada de la enfermedad\u201d.<\/em> Y de Jes\u00fas: <em>\u201cY de repente Jes\u00fas conoci\u00f3 en s\u00ed mismo la fuerza salida de \u00e9l y, vuelto hacia la muchedumbre, dec\u00eda: \u00bfQui\u00e9n ha tocado mis mantos?\u201d.<\/em> La mujer comprende que se refiere a ella. No es de extra\u00f1ar que, cuando ella sinti\u00f3 la curaci\u00f3n instant\u00e1nea, Jes\u00fas tambi\u00e9n sinti\u00f3 en su cuerpo que hab\u00eda tenido lugar un contacto de curaci\u00f3n. Diciendo: \u00bfqui\u00e9n ha tocado mis prendas?, revela que conoce la acci\u00f3n realizada por la mujer. Jes\u00fas no presta atenci\u00f3n a los disc\u00edpulos que no comprenden su pregunta, sino que mira a su alrededor.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Para la mujer el mensaje es para ella, es personal. \u201cTe conozco, s\u00e9 de tu enfermedad, que tocaste mi ropa, que sientes que est\u00e1s curada, y ahora t\u00fa tambi\u00e9n sabes que yo lo s\u00e9\u201d. Cristo quiere conocerla con los ojos y escucharla con el o\u00eddo de su humanidad, poner las manos sobre esa mujer que acaba de curar; su conocimiento divino no le basta. Quiere ayudarle a que no le tenga miedo a \u00e9l, a s\u00ed misma, a su enfermedad, a la sociedad, a la fe, al milagro que acaba de recibir. Jes\u00fas busca la mirada de la mujer, quiere animarla a que salga a la luz. La mujer comprende que todo est\u00e1 claro en la mente del Hijo del Hombre y se deja ver por todos, asustada y temblorosa. Ella sabe que es impura seg\u00fan la ley de Lev\u00edtico (15, 25 ss.), Y sabe que cualquiera que la toque queda impuro, por la ley de Mois\u00e9s. Quer\u00eda curarse, pero no quer\u00eda volver impuro a Jes\u00fas; por eso solo toc\u00f3 su manto. Jes\u00fas quiere hacerle saber que ya no existe el problema de la impureza, no tiene que esperar d\u00edas y d\u00edas. Ya se ha curado, es una mujer normal, ya no tiene por qu\u00e9 tener miedo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer sale de la multitud. Teme el juicio de los hombres. Pero la voz de Jes\u00fas le da valor. Sacudida por las emociones, se adelanta y se tira al suelo frente a \u00e9l. Y le cuenta toda la verdad. La verdad que Cristo le explica es que no hab\u00eda hecho nada malo: era bueno que todos lo supieran; su dolor no fue culpa suya. No le hab\u00eda robado la curaci\u00f3n: se la hab\u00eda regalado con gusto y ahora se la repet\u00eda delante de todos, cur\u00e1ndola hasta en el alma. Ya no tendr\u00eda que temer que su azote regresara. El m\u00e9rito tambi\u00e9n fue suyo: gracias a su fe, que Jes\u00fas no tiene reparo en alabar. Se lo dice a todos los destinatarios del Evangelio: mirad tambi\u00e9n a esta mujer, aprended de ella; tened fe y tratad de tocar al Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa mujer logra tocar el borde del manto y se cura al instante. Ella siente que est\u00e1 sanada; Jes\u00fas siente que una fuerza sanadora ha salido de su cuerpo. El Evangelio de Marcos ayuda a relacionar las dos percepciones sensibles, la de Jes\u00fas y la de la mujer. Marcos dice de la mujer: <em>\u201cY de repente se sec\u00f3 la fuente de sangre y sinti\u00f3 en su cuerpo que estaba curada de la enfermedad\u201d.<\/em> Y de Jes\u00fas: <em>\u201cY de repente Jes\u00fas conoci\u00f3 en s\u00ed mismo la fuerza salida de \u00e9l y, vuelto hacia la muchedumbre, dec\u00eda: \u00bfQui\u00e9n ha tocado mis mantos?\u201d.<\/em> La mujer comprende que se refiere a ella. No es de extra\u00f1ar que, cuando ella sinti\u00f3 la curaci\u00f3n instant\u00e1nea, Jes\u00fas tambi\u00e9n sinti\u00f3 en su cuerpo que hab\u00eda tenido lugar un contacto de curaci\u00f3n. Diciendo: \u00bfqui\u00e9n ha tocado mis prendas?, revela que conoce la acci\u00f3n realizada por la mujer. Jes\u00fas no presta atenci\u00f3n a los disc\u00edpulos que no comprenden su pregunta, sino que mira a su alrededor.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Para la mujer el mensaje es para ella, es personal. \u201cTe conozco, s\u00e9 de tu enfermedad, que tocaste mi ropa, que sientes que est\u00e1s curada, y ahora t\u00fa tambi\u00e9n sabes que yo lo s\u00e9\u201d. Cristo quiere conocerla con los ojos y escucharla con el o\u00eddo de su humanidad, poner las manos sobre esa mujer que acaba de curar; su conocimiento divino no le basta. Quiere ayudarle a que no le tenga miedo a \u00e9l, a s\u00ed misma, a su enfermedad, a la sociedad, a la fe, al milagro que acaba de recibir. Jes\u00fas busca la mirada de la mujer, quiere animarla a que salga a la luz. La mujer comprende que todo est\u00e1 claro en la mente del Hijo del Hombre y se deja ver por todos, asustada y temblorosa. Ella sabe que es impura seg\u00fan la ley de Lev\u00edtico (15, 25 ss.), Y sabe que cualquiera que la toque queda impuro, por la ley de Mois\u00e9s. Quer\u00eda curarse, pero no quer\u00eda volver impuro a Jes\u00fas; por eso solo toc\u00f3 su manto. Jes\u00fas quiere hacerle saber que ya no existe el problema de la impureza, no tiene que esperar d\u00edas y d\u00edas. Ya se ha curado, es una mujer normal, ya no tiene por qu\u00e9 tener miedo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer sale de la multitud. Teme el juicio de los hombres. Pero la voz de Jes\u00fas le da valor. Sacudida por las emociones, se adelanta y se tira al suelo frente a \u00e9l. Y le cuenta toda la verdad. La verdad que Cristo le explica es que no hab\u00eda hecho nada malo: era bueno que todos lo supieran; su dolor no fue culpa suya. No le hab\u00eda robado la curaci\u00f3n: se la hab\u00eda regalado con gusto y ahora se la repet\u00eda delante de todos, cur\u00e1ndola hasta en el alma. Ya no tendr\u00eda que temer que su azote regresara. El m\u00e9rito tambi\u00e9n fue suyo: gracias a su fe, que Jes\u00fas no tiene reparo en alabar. Se lo dice a todos los destinatarios del Evangelio: mirad tambi\u00e9n a esta mujer, aprended de ella; tened fe y tratad de tocar al Se\u00f1or.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esa mujer logra tocar el borde del manto y se cura al instante. Ella siente que est\u00e1 sanada; Jes\u00fas siente que una fuerza sanadora ha salido de su cuerpo. El Evangelio de Marcos ayuda a relacionar las dos percepciones sensibles, la de Jes\u00fas y la de la mujer. 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