Una mirada católica a la actualidad

Un viaje por tus traumitas. No destinada a gente perfecta

La película “Un gran viaje atrevido y maravilloso” se atreve a ser distinta: un recorrido visualmente deslumbrante que mezcla lo íntimo con lo fantástico, donde dos desconocidos exploran su pasado para aprender a amar en el presente.

Patricio Sánchez-Jáuregui

26 de Settembre de 2025

Viaje atrevido
©Wikipedia

En un tiempo en que las comedias románticas suelen repetirse, «Un gran viaje atrevido y maravilloso» se arriesga a proponer algo diferente. 

Dirigida por Kogonada, cineasta reconocido por su sensibilidad visual, la cinta combina lo íntimo con lo fantástico, ofreciendo un relato que deslumbra en lo estético y reflexiona sobre la memoria y el amor. La historia sigue a Sarah (Margot Robbie) y David (Colin Farrell), dos desconocidos que coinciden en una boda y, por obra del azar —o de la providencia— terminan unidos por un GPS misterioso. El aparato no los conduce por carreteras, sino a través de los pasajes de su propio pasado. Cada parada es un encuentro con heridas, recuerdos y afectos no resueltos. Lo que aparenta ser un viaje accidental se convierte en un espejo interior donde ambos deben decidir si permanecen atrapados en lo que fue o se atreven a caminar hacia lo nuevo. 

La gran virtud de la película está en su propuesta visual (encuadres cuidados, silencios cargados de significado, momentos que parecen suspendidos en el tiempo), y Robbie y Farrell aportan una química sobria, transmitiendo ternura y melancolía con gestos más que con palabras, que apela a un público con “mochila”, que puede y debe identificar las partes del guion que parecen terribles como intencionadas. Como dos personas que intentan aparentar, no como un guion falto de verdad. Cuando caen las máscaras de los protagonistas, la película empieza a convertirse en una experiencia íntima sobre los traumas de infancia y adolescencia que no nos permiten amar. La fórmula para solucionarlos es divertida, a la vez que tierna y cautivadora en muchas ocasiones. El resultado es irregular: fascinante en algunos tramos, algo frío en otros.

Más allá de sus limitaciones (a veces el guión se resiente un poco y deja los visos de verdad para usar en frases hechas) la película nos recuerda que nadie puede huir de su historia, pero ésta no nos determina. El GPS fantástico simboliza esa guía que, como la gracia de Dios, nos lleva por caminos inesperados hacia lo esencial. A veces solo hay que dar el primer paso. El primer sí. Ese pequeño salto de fe. 

Así, «Un gran viaje atrevido y maravilloso» nos invita a mirar de frente nuestros “traumitas”, examinar nuestra mochila y avanzar confiando en que hasta lo más doloroso puede ser transformado y que todos podemos amar. La vida siempre puede ser un viaje atrevido y maravilloso. Depende de nosotros.

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