Una mirada católica a la actualidad

¿Llegará el sentido común a los programas de educación afectivo sexual?

Las infecciones de transmisión sexual han aumentado en España los últimos años, afectando especialmente a los jóvenes. Quizá sea un buen momento para valorar la eficacia de los programas de educación afectivo-sexual.

Javier García Herrería

25 de Ottobre de 2024

preservativos
@ Foto de Reproductive Health Supplies Coalition en Unsplash

Las infecciones de transmisión sexual (ITS) están creciendo en España de modo alarmante: han aumentado un 84% en los últimos 5 años. Los jóvenes son los que más experimentan este tipo de patologías. El año pasado se diagnosticaron 36.983 casos de clamidia (20,7% más que dos años antes); 34.401 de gonorrea (que aumenta un 42,6%); y 10.879 de sífilis (un 24,1% más). Son datos que ofrece el informe anual “Vigilancia Epidemiológica de las Infecciones de Transmisión Sexual”, del Instituto de Salud Carlos III.

Unos números tan alarmantes deberían suscitar una reflexión en la opinión pública. ¿Qué está pasando? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Sin duda los estilos de vida que se promueven a través de las redes sociales o las series de televisión pueden explicar una parte importante del problema. Por eso, se hace más necesario que nunca ofrecer una educación afectivo sexual en los colegios que dé herramientas a niños, adolescentes ¡y padres! para afrontar este fenómeno. Es lo que parece que intenta hacer la reciente campaña del Ministerio de Igualdad español, cuyos carteles y anuncios rezan así: 

“Vamos a hablar de pornografía. El 90% de adolescentes consume pornografía, iniciando su consumo desde los 8 años. Aún así, el 90% de los padres y madres cree que sus hijos e hijas no ven porno”.

Sin duda es una propuesta muy interesante, aunque queda mucho para denunciar todas las causas que nos han traído hasta aquí: liberación sexual sin límites, cultura hedonista, ataques a la autoridad paterna, etc. Como dice Juan Manuel de Prada, no se pueden “levantar tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias”.

Abordar todas las causas de un problema no es fácil. Lo saben bien los epidemiólogos, que llevan años explicando que la promoción del uso del preservativo aumenta los embarazos no deseados y las infecciones de transmisión sexual. Para comprender este fenómeno basta con leer las instrucciones de una caja de preservativos. Allí se ve que estos fallan entre el 4% y el 7%. Y como el uso de preservativos se publicita como tener “sexo seguro”, esa falsa seguridad provoca un aumento del número de relaciones y la promiscuidad con parejas diversas. Es decir, que se multiplican las opciones de tener un embarazo o contraer una infección. 

Ojalá que la opinión pública dé pasos para mejorar la educación afectivo sexual. De momento, el debate sobre la pornografía parece haber llegado para quedarse y puede decirse que es «mainstream» si lo ha comprado el Ministerio de Igualdad. 

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