{"id":8954,"date":"2021-02-12T11:52:38","date_gmt":"2021-02-12T11:52:38","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=8954"},"modified":"2022-09-21T12:02:52","modified_gmt":"2022-09-21T11:02:52","slug":"en-busca-del-pensamiento-divergente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/en-busca-del-pensamiento-divergente\/","title":{"rendered":"En busca del pensamiento divergente"},"content":{"rendered":"<p>Lo despidieron porque fue el primero en informar de una determinada noticia durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos. S\u00f3lo que era una noticia pol\u00edtica que picaba para la audiencia de su canal y m\u00e1s a\u00fan para el editor. Sucedi\u00f3 en Estados Unidos, pero el eco nos lleg\u00f3 en las l\u00edneas de un editorial que Chris Stirewhalt, el periodista involucrado, escribi\u00f3 para Los Angeles Times. Una pieza vibrante en la que el autor toma el testigo del despido para razonar sobre la tensi\u00f3n entre dos palabras opuestas, <em>habituation and information<\/em>, acostumbramiento e informaci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>El p\u00fablico estadounidense, se lee, se ha atiborrado (metaf\u00f3ricamente) por un tipo de producto medi\u00e1tico con un alto contenido cal\u00f3rico (noticias falsas) y un pobre contenido nutricional (verdad) y se ha acostumbrado, se ha desinformado. Hasta el punto de que cuando se le transmite una noticia, es decir, cuando se le expone a la informaci\u00f3n pura, el organismo se derrumba, no reconoce la dieta diaria, la rechaza hasta el punto de vomitar.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image alignright size-large is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/christina-wocintechchat-com-LQ1t-8Ms5PY-unsplash-scaled-e1613130627970-1024x586.jpg\" alt=\"conversacion divergente\" class=\"wp-image-8957\" width=\"314\" height=\"179\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>La met\u00e1fora es exagerada, pero arroja luz sobre un rinc\u00f3n que dejamos voluntariamente en la sombra: somos muchos los que ahora s\u00f3lo somos capaces de escuchar lo que ya sabemos o lo que queremos o\u00edr, o confirma nuestro juicio. Somos propensos al acostumbramiento, estamos acomodados a la narraci\u00f3n de una realidad simplificada en la que la irrupci\u00f3n de un pensamiento divergente resulta inquietante: se presenta como disidente, ni siquiera se reconoce como lo que es, es decir, algo distinto a nosotros con un curioso potencial. Por lo tanto, se rechaza <em>a priori<\/em>.<\/p>\n\n\n\n\n\n<p>Ser\u00eda interesante investigar el momento hist\u00f3rico en el que se inici\u00f3 este proceso de p\u00e9rdida de gusto por la confrontaci\u00f3n con la diferencia. \u00bfCu\u00e1ndo se nos hizo tan insoportable la diferencia? \u00bfO cu\u00e1ndo nos hemos vuelto tan amargados?<\/p>\n\n\n\n<p>Para nuestros autores latinos, la \u00ab<em>divergenza<\/em>\u00bb era una dimensi\u00f3n cotidiana con la que hab\u00eda que lidiar, en la guerra, la pol\u00edtica y la filosof\u00eda. El lat\u00edn <em>diverto<\/em> &#8211; <em>diversum<\/em> indica giro hacia dos lados opuestos, separados, distantes. Para C\u00e9sar, diferente puede ser, por ejemplo, un camino que procede en sentido contrario al deseado (<em>iter a proposito diversum<\/em>), por lo que puede ser traicionero, pero atractivo; mientras que para Salustio es la palabra adecuada para describir la agitaci\u00f3n entre emociones extremas, entre el miedo y el desenfreno (<em>metu atque lubidine divorsus agitabatur<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed est\u00e1, entre C\u00e9sar y Salustio, el punto doloroso y fascinante: la divergencia se desplaza, abre ventanas, muestra aristas diferentes, por lo tanto expone a riesgos. Como el de cambiar de opini\u00f3n, el de aceptar que se puede dar un paso atr\u00e1s o a un lado. Revela cosas de la realidad que nos rodea, fen\u00f3menos, que no ve\u00edamos y mucho menos calcul\u00e1bamos. Por eso lo necesitamos, sobre todo cuando el mundo que nos rodea es cada vez m\u00e1s complejo y tratar de simplificarlo no hace m\u00e1s que distraernos.<\/p>\n\n\n\n\n\n<p>Afortunadamente (y esto no es s\u00f3lo un juego de etimolog\u00eda) hay una forma de soportar la prueba de la divergencia sin caer por oscuros precipicios: se llama conversaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La conversaci\u00f3n (de <em>cum &#8211; verto<\/em>, misma composici\u00f3n que <em>di-verto<\/em>) nos pide que dialoguemos con los que no son iguales, que no piensan lo mismo y no ven lo mismo que nosotros, y sin embargo participan en la misma comunidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Conversar es un tiempo dedicado a confiar en la propia diferencia y, al mismo tiempo, a dejarse invertir por la opini\u00f3n divergente de los dem\u00e1s, con el fin de empujarse a terrenos de creatividad nunca antes imaginados. Una conversaci\u00f3n franca sobre c\u00f3mo reajustar los estilos de vida, la pol\u00edtica y la econom\u00eda tras el golpe de la pandemia es el ejemplo m\u00e1s banal que se puede proponer. Pero todo el mundo puede comprobarlo en su experiencia cotidiana: en diferentes niveles, la conversaci\u00f3n es una invitaci\u00f3n a renunciar asignar las propias responsabilidades a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Los que se \u00abacostumbran\u00bb (por retomar la expresi\u00f3n del periodista estadounidense) a este tipo de conversaci\u00f3n, dif\u00edcilmente renunciar\u00e1n a ella. Porque es una activaci\u00f3n de la humanidad: se arriesgan los dep\u00f3sitos personales de certezas y proyectos, por una apuesta mayor. Contrarresta la adicci\u00f3n, esa desagradable forma de obesidad del alma.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, tienes que renunciar a algo, pero lo que ganas es m\u00e1s. Se trata de una cuesti\u00f3n de hechos, no de palabras.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo despidieron porque fue el primero en informar de una determinada noticia durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos. S\u00f3lo que era una noticia pol\u00edtica que picaba para la audiencia de su canal y m\u00e1s a\u00fan para el editor. 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