{"id":8433,"date":"2021-02-04T09:42:52","date_gmt":"2021-02-04T09:42:52","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=8433"},"modified":"2021-02-04T09:42:53","modified_gmt":"2021-02-04T09:42:53","slug":"jornada-mundial-de-las-misiones-la-siembra-entre-lagrimas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/jornada-mundial-de-las-misiones-la-siembra-entre-lagrimas\/","title":{"rendered":"Jornada Mundial de las Misiones. La siembra entre l\u00e1grimas"},"content":{"rendered":"<p>En mis a\u00f1os misioneros en el Per\u00fa, la siembra estuvo siempre rodeada de l\u00e1grimas. \u00a1C\u00f3mo lo sabe el campesino que abre, con sudor, los surcos en la tierra y coloca la simiente con cuidado para defenderla de los vientos adversos! No fue f\u00e1cil el anuncio del evangelio de Cristo -nunca ha sido f\u00e1cil el trabajo en la misi\u00f3n-, porque deb\u00eda abarcar \u00a1tantos aspectos!: salud, educaci\u00f3n, catequesis, atenci\u00f3n a los ni\u00f1os, cuidado esmerado de la mujer marginada, protecci\u00f3n a los enfermos, defensa de unas tierras, de unas comunidades, de unas personas que parec\u00edan haber perdido el derecho a la dignidad humana que todos tenemos\u2026&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En el fondo de nuestros corazones, reconozco nuestra y nuestras limitaciones. Hubi\u00e9ramos podido hacer m\u00e1s, mitigar el hambre, la enfermedad, la muerte de aquellos que se acercaban, que viv\u00edan al lado de nosotros, que sufr\u00edan en las noches calladas de sus vidas un dolor que apenas pudimos descubrir.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El 27 de diciembre de 1978 inauguramos y bendijimos el nuevo cementerio \u201cSan Mart\u00edn de Porres\u201d en Puerto Maldonado. El pante\u00f3n viejo hab\u00eda quedado peque\u00f1o. Justo un a\u00f1o despu\u00e9s, sent\u00ed la curiosidad de visitar el cementerio. Tengo grabada en mi mente la imagen de un verdadero bosque de cruces. Qued\u00e9 abrumado al contar las cruces blancas cuyas tumbas guardaban delicadamente los restos de los ni\u00f1os: 376 cruces blancas; \u00a1en s\u00f3lo un a\u00f1o, y en una poblaci\u00f3n peque\u00f1a! Contabilic\u00e9 tambi\u00e9n las cruces negras, de adultos: eran 92. Esa desmesurada desigualdad me lleg\u00f3 al alma. Hoy, al recorrer mis a\u00f1os por el territorio del Vicariato que el Se\u00f1or me encomend\u00f3, siento una especie de remordimiento. Tal vez si hubi\u00e9ramos puesto m\u00e1s empe\u00f1o, si hubi\u00e9ramos sido mejores sacerdotes, si hubiera calado con mayor intensidad, en nuestros sentimientos personales y comunitarios, la vida de aquellos preciosos ni\u00f1os, ellos no hubieran muerto y seguir\u00edan alegrando nuestras vidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Reconozco que pudimos hacer m\u00e1s en los amplios campos que la vida pastoral nos brindaba. Debimos, con frecuencia, haber hablado m\u00e1s y callado menos, sobre todo ante los problemas angustiosos de nuestros pobladores. El aroma de la flor del naranjo, que cada a\u00f1o invad\u00eda nuestras vidas en la selva, se dilu\u00eda raudo, con el viento; las palabras, no. Perdimos ocasiones hermosas: en los aspectos diarios de la vida de los fieles, de los religiosos, de los laicos. Eran sus vidas, nuestras vidas, las vidas de nuestros pueblos. Hoy, ante Dios, creo que, quiz\u00e1s, si hubieran tenido un buen pastor, los logros habr\u00edan sido m\u00e1s satisfactorios. A veces pienso que hemos estado a punto de morir de sed cuando hab\u00edamos llegado ya a la fuente de agua cristalina.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los que sembraban entre l\u00e1grimas\u2026 Jes\u00fas de Nazaret hab\u00eda anunciado a sus disc\u00edpulos la tristeza que les esperaba con su pasi\u00f3n y muerte. Una vez iniciado el cataclismo de la pasi\u00f3n, ellos se lamentaban porque ve\u00edan c\u00f3mo prend\u00edan a Cristo, c\u00f3mo lo vejaban, lo llevaban a un juicio inicuo, lo condenaban y lo crucificaban. Ellos observaron c\u00f3mo, para rematar la enorme injusticia, uno de los soldados introduc\u00eda la lanza en su costado buscando el debilitado coraz\u00f3n de Jes\u00fas. Hubo, aquel viernes, muchas l\u00e1grimas ocultas y silenciosas de los que contemplaban el final del Maestro, Se\u00f1or de la Vida. No se merec\u00eda haber terminado de esa forma. La siembra segu\u00eda su curso: <em>\u201cSi el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto\u201d<\/em> (Jn 12, 24). Y el Maestro fue delante, y su cuerpo enterrado, para resucitar con fuerza inusitada ante la mirada at\u00f3nita de sus disc\u00edpulos. Y aquellos hombres, fueron unos colosos de la siembra entre l\u00e1grimas.<\/p>\n\n\n\n<p>El campo misionero est\u00e1 rodeado de una cerca ingente de espinas. Es dif\u00edcil trasladarse por esos caminos sinuosos; es dif\u00edcil la vida en la tierra misionera. A todos los misioneros y misioneras nos ha tocado trabajar, penar, sufrir. Lo hac\u00edamos con entusiasmo porque cre\u00edmos que un d\u00eda cambiar\u00eda la suerte de nuestros hermanos marginados. En esta vida no hay \u00e9xito sin trabajo duro, no hay avances sin esfuerzo sacrificado. Y nosotros elegimos una ruta dif\u00edcil, caminando por senderos incre\u00edbles, esforz\u00e1ndonos en buscar recursos, poniendo como garant\u00eda nuestra propia salud, trabajando con sentido de honradez misionera, mirando con fe el hontanar que un d\u00eda podr\u00edamos encontrar para aplacar la sed de vida que estaba en posesi\u00f3n de los d\u00e9biles. Nuestras vidas fueron campos extensos donde deb\u00edamos sembrar entre l\u00e1grimas. Y fuimos sembrando esperanzas, eternidad, ilusi\u00f3n por la cosecha, cantos de fiesta, alegr\u00eda anticipada. Sembramos so\u00f1ando con la cosecha, muchas veces, con l\u00e1grimas en los ojos y en el coraz\u00f3n, porque para poder cantar con gozo verdadero es necesario llorar. Pero sent\u00edamos pasi\u00f3n. Cuando comenzaba a llover en nuestra selva, todo se llenaba del verde olor de los reto\u00f1os. Llegaba la marea de nubes, se echaban sobre el manto verde y transformaba los colores en mensajeros de paz y sosiego. De ello fuimos muchas veces testigos. Por todo lo que sufrimos y vivimos, doy gracias a Dios.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En mis a\u00f1os misioneros en el Per\u00fa, la siembra estuvo siempre rodeada de l\u00e1grimas. \u00a1C\u00f3mo lo sabe el campesino que abre, con sudor, los surcos en la tierra y coloca la simiente con cuidado para defenderla de los vientos adversos! 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