{"id":62331,"date":"2026-07-15T06:32:00","date_gmt":"2026-07-15T04:32:00","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=62331"},"modified":"2026-07-15T09:13:21","modified_gmt":"2026-07-15T07:13:21","slug":"la-critica-de-la-razon-practica-de-kant","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/la-critica-de-la-razon-practica-de-kant\/","title":{"rendered":"La \u00abCr\u00edtica de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica\u00bb de Kant"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una versi\u00f3n m\u00e1s breve de este art\u00edculo puede <a href=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/recursos\/la-critica-de-la-razon-practica-de-immanuel-kant\/\">encontrarse aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">My soul \u2013accused me\u2014And I quailed\u2014<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As Tongues of Diamond had reviled<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">All else accused me \u2013and I smiled\u2014<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">My Soul \u2013that Morning\u2014was my friend\u2014<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Her favour \u2014is the best Disdain<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Toward Artifice of Time \u2013or Men \u2014<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">But her Disdain\u2014\u2018twere lighter bear<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A finger of Enamelled fire\u2014<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Emily Dickinson<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(Mi alma\u2014me acus\u00f3\u2014y era un tormento\u2014<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">como si lenguas de diamante se hubiesen rebelado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todos los dem\u00e1s me acusaron \u2014y yo sonre\u00eda\u2014<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi alma \u2014aquella ma\u00f1ana\u2014 era mi amiga\u2014<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su favor \u2014es el mejor desd\u00e9n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">hacia el artificio del tiempo \u2014o de los hombres\u2014<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero su desd\u00e9n \u2014preferir\u00eda soportar<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">un dedo de hierro incandescente\u2014 )<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cHandle so, das die Maxime deines Willens jederzeit zugleich als Prinzip einer allgemeinen Gesetzgebung gelten k\u00f6nne\u201d. Immanuel Kant<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(Obra de tal modo que las m\u00e1ximas de tu voluntad sirvan al mismo tiempo como principio de una ley general)<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><br>A) Exposici\u00f3n&nbsp;<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es un lugar com\u00fan en filosof\u00eda que todo el que obra, aun quien comete el mayor crimen, obra por un bien, es decir por algo que, de alg\u00fan modo, ha entendido, equivocadamente o no, con una raz\u00f3n de bien para \u00e9l.&nbsp; La cuesti\u00f3n moral, no es, pues si tendemos o no al bien \u2013lo cual es indudable- sino&nbsp; a qu\u00e9 otorgamos raz\u00f3n de bien, es decir qu\u00e9 presenta nuestra raz\u00f3n en su uso pr\u00e1ctico a la voluntad como bien suyo (el uso pr\u00e1ctico de la raz\u00f3n se contrapone a su uso especulativo, es decir al uso por el que meramente conocemos la verdad de las cosas, sin referencia alguna a c\u00f3mo hemos de actuar sobre ellas. La sutil distinci\u00f3n entre raz\u00f3n pr\u00e1ctica y voluntad es m\u00e1s bien tomista. En varios pasajes del libro de Kant aparece claro que para este fil\u00f3sofo \u201craz\u00f3n pr\u00e1ctica\u201d viene a ser sin\u00f3nimo de \u201cvoluntad\u201d)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las determinaciones de nuestra raz\u00f3n en su uso pr\u00e1ctico sobre nuestra voluntad son de dos tipos: pueden ser m\u00e1ximas personales, es decir, resoluciones que adoptamos como modos nuestros de obrar (Kant pone como ejemplo, la m\u00e1xima de trabajar y ahorrar en la juventud para no sufrir miseria en la vejez); o pueden ser normas morales a las que podemos llamar tambi\u00e9n leyes morales, pues son universales: son aquellos modos de comportamiento con los que nuestra raz\u00f3n pr\u00e1ctica entiende que toda persona debe obrar. Estas son, pues, abstractas y a priori, es decir que no&nbsp; se trata del deseo de algo concreto, y conocido en nuestra experiencia, sino de una determinaci\u00f3n con la cual la raz\u00f3n pr\u00e1ctica ordena a nuestra voluntad hacia un modo de obrar en general. Su misma forma, por la que puede ser propuesta como principio de una legislaci\u00f3n universal, hace de ellas, por s\u00ed misma, leyes pr\u00e1cticas, y la libertad de esta voluntad pura radica en su independencia de las condiciones materiales que diferencian a unos y otros individuos. Se trata pues de raz\u00f3n pr\u00e1ctica pura, o sea anterior a cualquier ordenaci\u00f3n concreta de nuestra raz\u00f3n pr\u00e1ctica. Es una voluntad pura en nosotros, en el sentido de que es norma que ha de ordenar nuestras voliciones concretas. Los dictados de esta raz\u00f3n pr\u00e1ctica pura no son demostrables, en el sentido de que podamos deducirlos de otros conocimientos anteriores, sino que,&nbsp;al rev\u00e9s, nos sirven como punto de partida para demostrar la moralidad de acciones concretas.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El m\u00e1s universal de esos dictados es el que Kant llama \u201cLey fundamental de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica pura\u201d, es decir, la primera ley moral que nuestra conciencia nos impone como un imperativo categ\u00f3rico, o sea sin demostraci\u00f3n alguna, sino que, al rev\u00e9s, todas las dem\u00e1s leyes morales pueden desde \u00e9l ser demostradas, hasta el punto de que puede consider\u00e1rsele forma de cualquier ley moral:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cObra de tal modo que la m\u00e1xima de tu voluntad pueda valer siempre, al mismo tiempo, como principio de una legislaci\u00f3n universal<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es decir, obra de modo que tu conducta pueda ser propuesta como normal universal, o en t\u00e9rminos vulgares: como t\u00fa sientas que todo el mundo deber\u00eda de obrar. Para que esto nos resulte familiar, observemos que no es sino otro modo de proponer aquella regla de oro en que Jes\u00fas dijo se resumen la Ley y los Profetas : \u201cObrad con los dem\u00e1s como quer\u00e9is que obren con vosotros\u201d De hecho, esta regla de oro se encuentra, tal cual, en la ense\u00f1anza moral de todas las grandes religiones, de modo que es considerado como la forma de toda norma moral. Lo explica muy bien San Jer\u00f3nimo: \u201cLo justo es el juicio de Dios que escribe en el coraz\u00f3n del g\u00e9nero humano: Lo que t\u00fa no quieras que se te haga, no se&nbsp; lo hagas t\u00fa a los dem\u00e1s.&nbsp; \u00bfQui\u00e9n no sabe que el homicidio, el adulterio, los robos y todo tipo de codicia son el mal que no quisi\u00e9ramos que nos fuese inflingido a nosotros ? Si no supi\u00e9semos todos que estas&nbsp;cosas son malas, nadie se quejar\u00eda cuando se las hacen\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, Kant , claro est\u00e1,&nbsp;expone este principio en modo que refleje lo m\u00e1s posible la universalidad de la norma, ya que la universalidad es tema capital en todo el discurso kantiano. En efecto, cuando me pregunto si tal modo de obrar concreto quisiera que fuera el modo en que los dem\u00e1s obrasen siempre conmigo, lo que en realidad me estoy preguntando es si quisiera que todos los hombres, y siempre en general, obrasen as\u00ed.&nbsp; La respuesta que entonces demos a esta pregunta, es la moralidad de esta acci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sobre el modo en que esta ley moral primera y general act\u00faa como forma de todas las dem\u00e1s, afirma Kant que, cuando nos preguntamos si una norma de comportamiento es universalizable, lo que&nbsp;en realidad preguntamos es si destruir\u00eda la naturaleza misma del actuar humano el hecho de que todos obrasen de esa manera, por ejemplo el hecho de que todos, sistem\u00e1ticamente, mintiesen.&nbsp; No hay duda de que eso destruir\u00eda nuestras relaciones. La sociedad misma de los hombres ser\u00eda imposible. La mentira es, pues, inmoral.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201c\u00a1C\u00f3mo! Si <em>cada cual <\/em>se permitiese enga\u00f1ar cuando cree proporcionarse una ventaja, o se considerase autorizado para abreviar su vida, tan pronto como le aplana un completo hast\u00edo de la misma, o viese la miseria ajena con completa indiferencia y pertenecieses t\u00fa a semejante sociedad, \u00bfte encontrar\u00edas en ella con asentimiento de tu voluntad?&nbsp; Ahora bien, cada uno sabe que si \u00e9l se permite secretamente el enga\u00f1o, no por eso permite que enga\u00f1e todo el mundo, o que si se conduce sin cari\u00f1o, sin que se note, no por eso ha de tener enseguida a todo el mundo contra \u00e9l en esa misma disposici\u00f3n\u2026 Si la m\u00e1xima de la acci\u00f3n no es de tal \u00edndole que aguante la prueba de poder ser una ley de la naturaleza en general, es moralmente inviable. As\u00ed juzga hasta el entendimiento m\u00e1s vulgar; pues la ley de la naturaleza se halla siempre en la base de todos sus juicios, hasta los m\u00e1s ordinarios\u2026\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, no es que la ley moral nos diga lo que es bueno o lo que es malo, ni que tienda hacia lo bueno o hacia lo malo,&nbsp; sino que bueno o malo es aquello que nos dicta o nos manda rechazar la conciencia, en su juicio moral, ordenando as\u00ed nuestra multiplicidad de apetitos.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfY cu\u00e1l es la raz\u00f3n para que la ley moral me obligue? Todo hombre lo sabe: porque es mi deber. Su fuerza de coerci\u00f3n consiste en que si yo obrase de otro modo, no podr\u00eda evitar en m\u00ed el sentimiento de desprecio de m\u00ed mismo. El deber coacciona a la raz\u00f3n como una aprobaci\u00f3n o reprobaci\u00f3n de nosotros mismos, seg\u00fan actuemos; como un sentimiento, s\u00ed, pero no de placer, sino sentimiento de respeto ante cierto modo de comportarse, ante un ejemplo que tiene universalidad&nbsp; y humilla al ego\u00edsmo particularista de otros comportamientos. Es el comportamiento que, visto en otros, a\u00fan en personas de la m\u00e1s humilde condici\u00f3n, quiz\u00e1 en los propios subordinados, produce aun en el mayor potentado un sentimiento, quiz\u00e1 inconfesado, de respeto. Es el inevitable respeto que nos merece la universalidad que captamos en ese modo de obrar concreto: as\u00ed es como todos, y como tambi\u00e9n yo, habr\u00edamos de obrar.&nbsp; Es el respeto innato hacia esa universalidad que no pueden lograr nuestros comportamientos mezquinos e interesados, a los cuales nos atrevemos, s\u00ed, pero nunca nos atrever\u00edamos a proponerlos como universales, a proponer que los dem\u00e1s hicieran eso mismo con nosotros. Es la \u00edntima humillaci\u00f3n del potentado que no puede dejar de reconocer, en lo m\u00e1s \u00edntimo de su coraz\u00f3n, y quiz\u00e1 muy a pesar suyo, la superioridad de una acci\u00f3n que no puede dejar de admirar, al mismo tiempo que se desprecia a s\u00ed mismo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De hecho no todos podemos llegar a alcanzar la felicidad, pero todos podemos cumplir con nuestro deber:<strong> <\/strong>\u201cSatisfacer el mandato categ\u00f3rico de la moralidad, entra en las posibilidades de todo el mundo; satisfacer al precepto emp\u00edrico condicionado de la felicidad, es rara vez posible, y aun s\u00f3lo con respecto a una \u00fanica intenci\u00f3n\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo esto lo expresa Kant tambi\u00e9n en t\u00e9rminos m\u00e1s filos\u00f3ficos, y que lo entienda quien lo entienda, pero que tampoco a\u00f1aden mucho m\u00e1s a lo ya expresado en estos t\u00e9rminos llanos. Recordemos que \u00e9l hab\u00eda afirmado previamente,&nbsp; en su cr\u00edtica de la raz\u00f3n especulativa, que nuestro conocimiento especulativo es logrado mediante formas a priori de nuestra propia facultad de conocer, formas que son por tanto universales, v\u00e1lidas las mismas para todos, puesto que todos tenemos la misma facultad de conocer.&nbsp; Son \u201ca priori\u201d porque no son obtenidas en experiencia alguna sino innatas en nosotros, y son \u201cformas\u201d porque constituyen de alg\u00fan modo la forma -o mejor dicho \u201cponen&nbsp; la forma\u201d-&nbsp; de toda experiencia. En el \u00e1mbito del conocimiento sensible, o conocimiento mediante im\u00e1genes o intuiciones, estas formas a priori, que deben ser llamadas entonces intuiciones puras, son el espacio y el tiempo;&nbsp; en el \u00e1mbito del entendimiento, es decir del conocimiento por conceptos,&nbsp; las formas a priori de esa facultad o conceptos puros&nbsp; son aquello a lo que la filosof\u00eda hab\u00eda venido llamando categor\u00edas, o modos de predicar (kategorein=acusar, decir de algo o de alguien);&nbsp; entre ellas estaba la filos\u00f3ficamente principal categor\u00eda de la causalidad, basti\u00f3n de la filosof\u00eda cl\u00e1sica derribado en la filosof\u00eda inmediatamente anterior a Kant por David Hume; y por \u00faltimo, y en ese conocer especulativo superior que es nuestra raz\u00f3n &#8211; nuestro conocer mediante ideas- se dan tambi\u00e9n tres apriorismos o ideas puras: El Mundo, es decir, la unidad o armon\u00eda en todo lo externo a m\u00ed,&nbsp; la unidad que presupongo y cuya b\u00fasqueda es mi intento de comprensi\u00f3n. Yo, es decir, la unidad m\u00eda, la que se da en m\u00ed, pues soy uno, no soy ciento cincuenta.&nbsp; Y Dios, el garante de la unidad entre el Mundo y yo, es decir, el garante de que&nbsp; la facultad de conocimiento que se me ha dado no haya sido enga\u00f1osa \u2013el tema favorito de Descartes.&nbsp; Pues bien, el argumento del libro que ahora comentamos, la segunda Cr\u00edtica de Kant, es que tambi\u00e9n se da apriorismo en la raz\u00f3n pr\u00e1ctica, es decir en la voluntad humana. Ese apriorismo o voluntad pura que se da en nosotros sin direcci\u00f3n a objeto alguno concreto sino en general, es la ley moral.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se trata del&nbsp;imperativo categ\u00f3rico en nosotros, no deducido de nada ni sub-ordenado a nada, sino que, al contrario, ordena a la voluntad mediante el sentido del deber que hay innato en el hombre, sentido del deber del que hombre no puede desprenderse (y aun a veces, muy a pesar suyo); es un apriorismo en la raz\u00f3n pr\u00e1ctica, que tiene aqu\u00ed tambi\u00e9n raz\u00f3n de su universalidad; y es la&nbsp; forma de toda determinaci\u00f3n concreta de nuestra voluntad. &nbsp;Prosiguiendo con este paralelismo, observa Kant que el papel de ese apriorismo era pasivo en la raz\u00f3n especulativa, en el sentido de que nos serv\u00eda para esa observaci\u00f3n pasiva de la realidad que es el conocimiento de lo que nos llega a trav\u00e9s de los sentidos.&nbsp; En cambio el papel del apriorismo ahora, en el \u00e1mbito de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica, es activo, pues determina a la voluntad en esa creaci\u00f3n de realidad que son nuestras acciones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A continuaci\u00f3n, se ocupa Kant de la cuesti\u00f3n que ha distinguido los principales sistemas \u00e9ticos que se han propuesto en filosof\u00eda. Es general, hay acuerdo en que el objeto de la voluntad es el Bien,&nbsp;por definici\u00f3n misma de este concepto. En este sentido, el objeto primario de la voluntad debe llamarse Bien Supremo, es decir aqu\u00e9l cuya persecuci\u00f3n como objetivo final es el primer motor de todo el actuar humano, es aquello cuya b\u00fasqueda determina a la voluntad en toda acci\u00f3n concreta. Pero las diversas escuelas morales se han diferenciado en su concepci\u00f3n de cu\u00e1l sea la \u00edndole de este Bien Supremo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recuerda Kant que los epic\u00fareos pusieron el Bien Supremo de la voluntad en la Felicidad.&nbsp; Felicidad es, para ellos, lo que todo hombre busca a la postre con sus acciones, y esto no debe interpretarse en un sentido divorciado con la b\u00fasqueda de la virtud,&nbsp;pues es mediante la vida virtuosa como llega a alcanzarse la felicidad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los estoicos pusieron el Bien Supremo, en cambio, en la Virtud, llegando a posturas parecidas a las de los epic\u00fareos, pues equipararon tambi\u00e9n la vida virtuosa con la vida feliz, viendo la felicidad como la consecuencia siempre de la virtud.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ambos, pues coincidieron en equiparar Felicidad con Virtud, viendo aqu\u00e9lla como consecuencia de \u00e9sta;&nbsp;pero los epic\u00fareos pusieron el Bien Supremo en la Felicidad,&nbsp; y dijeron que para alcanzarla debemos obrar con Virtud; mientras que los estoicos pusieron el Bien Supremos en la Felicidad, entendiendo la Virtud como consecuencia necesaria de ella. M\u00e1s nobleza hay pues en la filosof\u00eda moral estoica que en la epic\u00farea.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero en todo caso, y en la consideraci\u00f3n de ambas escuelas morales, entiende Kant que ambas se equivocaron, pues no es cierto que la vida feliz se siga en esta vida necesariamente de la vida virtuosa: alguien que ha vivida con toda rectitud, puede al final verse privado de todo y hasta ser conducido al pat\u00edbulo. Kant entiende que le ayuda su propio idioma alem\u00e1n en que Bien se dice Gute, como contrapuesto al B\u00f6se, al mal, y en modo que distingue&nbsp; con precisi\u00f3n el Gute del Whol, palabra que viene a significar bienestar. El hecho es que, para Kant, el Bien Supremo que nuestra conciencia moral propone a la voluntad es el Cumplimiento del Deber, y si quiere llamarse al cumplimiento del deber vida virtuosa, pues digamos que el bien supremo es la vida virtuosa, pero desinteresadamente y a secas, sin pasar luego el platillo, sin esperar que nos lleve a la felicidad en esta vida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nos lleva, con todo, a cierto an\u00e1logo de la felicidad, y Kant se alegra de encontrar la expresi\u00f3n en su propio idioma: nos lleva a \u201cestar contentos de uno mismo\u201d.&nbsp; Pone Kant el ejemplo de quien no cedi\u00f3 ante el soborno por un rey (Enrique octavo) quien quer\u00eda que testificase en falso para poder as\u00ed&nbsp; ajusticiar a alguien (Ana Bolena), y ante su negativa, lo despoj\u00f3 de su cargo, de su riqueza, de su fama, y finalmente hasta de su vida, pues fue llevado a la muerte siendo despreciado por amigos y familiares, pues todos creyeron a los testigos que puso en su contra para vengarse. No puede decirse que fuese premiada su rectitud con la felicidad, pero lo que es seguro es que en el fondo de su coraz\u00f3n estaba contento de s\u00ed mismo.&nbsp;Al subir las gradas de cadalso pensar\u00eda que hubiese repetido lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De hecho, se\u00f1ala Kant que concuerda esta concepci\u00f3n \u00e9tica con la ense\u00f1anza del cristianismo, donde el Bien Supremo de la voluntad, el motor de todos sus actos, es el Amor a Dios sobre todas las cosas, y donde toda virtud s\u00f3lo es virtud si est\u00e1 ordenada a ese fin desinteresado que es el amor. Para hacernos ver la coincidencia con su concepci\u00f3n \u00e9tica, nos recuerda que no consiste el amor de Dios en una experiencia sensible, como puede darse en el amor humano, sino en un movimiento radical y profundo de la voluntad: seg\u00fan la predicaci\u00f3n literal del mismo Jes\u00fas, no ama a Dios quien dice \u201cSe\u00f1or, Se\u00f1or\u201d, sino quien cumple sus mandamientos.&nbsp; Se trata pues del cumplimiento de nuestro deber.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De hecho, ya al final de la Cr\u00edtica de la Raz\u00f3n Especulativa, cuando nuestra idea de Dios hab\u00eda aparecido como un mero apriorismo de la raz\u00f3n especulativa, fue apuntado ya este modo de recuperar la realidad de Dios en la Raz\u00f3n Pr\u00e1ctica: no es que yo sepa que esto es mi deber porque s\u00e9 que me lo ha mandado Dios. Es que s\u00e9 que hay un Dios que me lo manda, porque s\u00e9 que es mi deber.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la Cr\u00edtica de la Raz\u00f3n Pr\u00e1ctica, sin embargo, hace m\u00e1s hincapi\u00e9, por comparaci\u00f3n con otros sistemas \u00e9ticos, en el tema innegable del anhelo universal de Felicidad. Entiende Kant que el error de Epic\u00fareos y Estoicos fue equiparar vida feliz con&nbsp;vida virtuosa, lo que evidentemente no sucede necesariamente en esta vida, como se ha comentado. Perdieron con esto los antiguos la posibilidad de remontarse, precisamente por ello, hasta la existencia de&nbsp; Dios, y&nbsp;perdieron tambi\u00e9n la posibilidad de&nbsp; probar, precisamente por ello, la inmortalidad del alma, como \u00fanica garant\u00eda de cumplimiento de ese anhelo de felicidad en todo hombre.&nbsp; La felicidad del alma m\u00e1s all\u00e1 de esta vida es el premio de la vida virtuosa a la que le impera su conciencia. Resultan pues, identificados as\u00ed, aunque s\u00f3lo a la postre,&nbsp; el cumplimiento del deber y la felicidad. Y as\u00ed en el cristianismo, donde la<strong>s <\/strong>bienaventuranzas, la gran promesa de felicidad de Jesucristo, no es algo que vaya a llegar aqu\u00ed en la tierra, sino una esperanza de eternidad. Y es que el cristianismo, como toda moral rectamente entendida,&nbsp;no es una doctrina de c\u00f3mo ser felices, sino de c\u00f3mo llegar a ser dignos de ser felices. Y el fin \u00faltimo del hombre, no es para los cristianos <em>primariamente<\/em> su propia felicidad,&nbsp; ni siquiera su beatitud final, sino que es, como el fin de toda la creaci\u00f3n, la gloria de Dios.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recuperamos tambi\u00e9n en el \u00e1mbito de la raz\u00f3n especulativa la idea de libertad, que fue objeto de una antinomia en la Cr\u00edtica de la raz\u00f3n especulativa, es decir de una situaci\u00f3n de perplejidad que fue all\u00ed&nbsp;resuelta con dejar la causalidad, y por tanto nuestra libertad, como una forma a priori de nuestro conocimiento, m\u00e1s bien que una realidad. En la Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica es recuperada la causalidad -la que en la Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura qued\u00f3 como mera posibilidad- en toda su realidad, pues sin ella no habr\u00eda responsabilidad moral, y no podr\u00eda hablarse de actos buenos ni malos, sino que todo valdr\u00eda lo mismo: No habr\u00eda m\u00e9rito por tanto en la virtud, y por tanto no habr\u00eda raz\u00f3n alguna para que fuese recompensada en felicidad la vida virtuosa, en esta vida o en la otra.&nbsp; Observa, pues,&nbsp; Immanuel&nbsp; Kant, como analista de su propia filosof\u00eda, que en el \u00e1mbito de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica son recuperadas como realidades las tres ideas de Yo, Mundo&nbsp; y Dios, y la categor\u00eda principal de la causalidad. Todas ellas hab\u00edan quedado en la cr\u00edtica de la raz\u00f3n especulativa como meras realidades \u201cposibles\u201d, pero no cognoscibles en el \u00e1mbito especulativo donde s\u00f3lo aparecen como formas a priori de nuestro propio conocer. (De este modo entiende Kant que ha dado su parte de raz\u00f3n a Hume, al sustraer la categor\u00eda de la causalidad de la raz\u00f3n especulativa, pero al mismo modo lo ha superado al haberla recuperado en la raz\u00f3n pr\u00e1ctica).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero recomienda andar con pies de plomo: no es que ahora, en el \u00e1mbito de la raz\u00f3n especulativa, reciban&nbsp; \u00e9stos la recalificaci\u00f3n de \u201cno\u00famenos\u201d,&nbsp; es decir de algo conocido en la experiencia sensible, pues Dios, y el alma y la causalidad seguir\u00e1n siendo siempre, por decirlo as\u00ed, algo que nos es sustra\u00eddo de ella, algo que no vemos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al llegar a este punto de su discurso se pregunta Kant si no habr\u00e1 actuado, pues, la naturaleza con nosotros como una madrastra, al ocultar a nuestra facultad de conocer esas realidades \u2013Dios y la inmortalidad del alma- que ser\u00edan garantes de un final feliz para quien cumpla con su deber. Pero enseguida a\u00f1ade que, bien pensado, ha sido as\u00ed mejor, porque en ese caso habr\u00eda sido el deseo del premio lo que nos habr\u00eda movido, y no el noble y desinteresado sentido del deber.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La \u00faltima parte de esta obra trata de la metodolog\u00eda de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica (no la he incluido en los ya muy largos textos). Es un ap\u00e9ndice muy breve, con interesantes recomendaciones sobre la correcta educaci\u00f3n de nuestra conciencia moral. No tendr\u00eda sobre nosotros influencia&nbsp; ninguna predicaci\u00f3n de nuestro deber moral, si esa predicaci\u00f3n no estuviese ya dentro de nosotros. De hecho, el inter\u00e9s por el juicio moral es algo innato en todos los hombres. Eso se hace evidente cuando, por ejemplo, en una reuni\u00f3n social se est\u00e1&nbsp; hablando de temas especulativos:&nbsp; la mayor parte de la gente no suele interesarse demasiado. Pero si, de pronto, la conversaci\u00f3n da un giro, y se trata de enjuiciar alguna acci\u00f3n de alguna persona concreta, hasta los m\u00e1s desinteresados son atra\u00eddos hacia lo que all\u00ed se habla y&nbsp; todo el mundo tiene que dar una opini\u00f3n. Sobre estos temas opinan los j\u00f3venes, y a menudo con acierto, aunque no se hayan procurado previamente una concienzuda formaci\u00f3n. Y hasta los ni\u00f1os \u2013si tienen uso de raz\u00f3n- distinguen con facilidad un comportamiento noble de otro mezquino. Pero la cuesti\u00f3n especulativa de en qu\u00e9 consista el bien o el mal es problem\u00e1tica s\u00f3lo para los fil\u00f3sofos, pues al hombre normal le resultan esas nociones tan naturales como la distinci\u00f3n entre mano izquierda y mano derecha. Vuelve al ejemplo de la narraci\u00f3n del intento de soborno para que alguien difamase a Ana Bolena, y pudiese as\u00ed ser condenada a muerte por los tribunales, para que Enrique VIII pudiese deshacerse de ella. No logrando que \u00e9ste cediese, se le despoj\u00f3 de todos sus bienes, y se consigui\u00f3 que sus amigos y al final sus propios familiares lo vituperasen y abandonasen, y hasta que fuese llevado hasta el suplicio. No se trata pues de una situaci\u00f3n precisamente agradable y feliz, y no ofrece, por tanto al ni\u00f1o y ni al joven moraleja alguna, sensiblona y lisonjera, de c\u00f3mo la vida recompensa a quien cumple con su deber. Pero no hay duda de que el joven que la escucha comprende enseguida de qu\u00e9 lado est\u00e1 el deber, y de qu\u00e9 lado lo mezquino e innoble, y se llena de una profunda admiraci\u00f3n y respeto ante aquel ejemplo admirable&nbsp; &#8211; respeto y admiraci\u00f3n que son innatos en el hombre.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El m\u00e9todo de una buena educaci\u00f3n moral consistir\u00eda, pues, en la narraci\u00f3n de acciones concretas y de juzgarlas. Y enjuiciar&nbsp;luego las intenciones que movieron a quienes as\u00ed actuaron. Se librar\u00eda as\u00ed al coraz\u00f3n de esas cargas que en secreto le esclavizan y le oprimen, y se le elevar\u00eda por encima de la f\u00e1cil sensibloner\u00eda de la recompensa que la vida ofrece al esfuerzo y a la virtud. Se dejar\u00eda al coraz\u00f3n humano, libre ya y sin fatiga m\u00e1s, ante no otro m\u00f3vil que el cumplimiento de su deber.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cierra entonces sus dos Cr\u00edtica, de la raz\u00f3n especulativa y de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica ,con aquellas c\u00e9lebres e inolvidables palabras:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cZwei Dinge erf\u00fcllen das Gem\u00fct mit immer neur un zunehmenden Bewunderung und Ehrfurcht, je \u00f6fter und anhaltender sich das Nachdenken damit besch\u00e4ftigt: <strong><em>Der Bestirnte Himmel \u00fcber mir, und das moralische Gesetz in mir<\/em><\/strong>\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(Dos cosas llenan el \u00e1nimo con siempre nueva y creciente admiraci\u00f3n y respeto, y tanto m\u00e1s cuanto m\u00e1s frecuente y detenidamente se ocupa de ellas la reflexi\u00f3n: El cielo estrellado sobre m\u00ed, y la ley moral dentro de m\u00ed)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Nota: <\/strong>sistem\u00e1ticamente he llamado Cr\u00edtica de la raz\u00f3n especulativa a la obra anterior, que \u00e9l titul\u00f3 Cr\u00edtica de la raz\u00f3n Pura, y lo he hecho para facilitar las cosas. El propio autor reconoce, al principio de la segunda obra, que deber\u00edan haberse llamado as\u00ed. El argumento que proporciona para mantener su confusa titulaci\u00f3n resulta endeble. El hecho es que en ambos \u00e1mbitos de la raz\u00f3n, especulativo y pr\u00e1ctico, encuentra Kant que se da raz\u00f3n pura, es decir apriorismo (aunque m\u00ed cr\u00edtica de ambas cr\u00edticas consistir\u00e1 en que s\u00f3lo en la raz\u00f3n pr\u00e1ctica se da apriorismo: la conciencia moral)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">B) Textos<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La raz\u00f3n pr\u00e1ctica por s\u00ed misma y sin haberse concertado con la especulativa, proporciona realidad a un objeto suprasensible de la categor\u00eda de la causalidad, a saber, la&nbsp; libertad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los principios pr\u00e1cticos son proposiciones que encierran una determinaci\u00f3n universal de la voluntad, determinaci\u00f3n a la que se subordinan diversas reglas pr\u00e1cticas. Son subjetivos o m\u00e1ximas, cuando la condici\u00f3n es considerada por el sujeto como valedera s\u00f3lo para su voluntad; en cambio, son objetivos o leyes pr\u00e1cticas cuando la condici\u00f3n es conocida como objetiva, es decir, valedera para la voluntad de todo ser racional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta regla pr\u00e1ctica, para un ser en el que la raz\u00f3n no es el \u00fanico fundamento de determinaci\u00f3n de la voluntad, es un imperativo, es decir una regla que es designada por un deber ser que expresa la compulsi\u00f3n (N\u00f6tigung) objetiva de la acci\u00f3n&#8230; Las m\u00e1ximas son principios, pero no imperativos&#8230; La regla es objetiva y universalmente v\u00e1lida s\u00f3lo cuando vale sin las condiciones subjetivas y contingentes que distinguen un ser racional de otro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si de una ley se separa toda materia, es decir, todo objeto de la voluntad (como fundamento de determinaci\u00f3n), no queda de esa ley nada m\u00e1s que la mera forma de una legislaci\u00f3n universal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Qu\u00e9 forma se capacita en la m\u00e1xima para la legislaci\u00f3n universal y cu\u00e1l no, es algo que puede distinguir el entendimiento m\u00e1s vulgar sin ense\u00f1anza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, la ley moral, de la que precisamente nosotros tenemos conciencia inmediatamente (tan pronto como formulamos m\u00e1ximas de la voluntad), es la que se nos ofrece primariamente, y la raz\u00f3n la representa como un fundamento de determinaci\u00f3n que ninguna condici\u00f3n sensible puede sobrepujar, m\u00e1s a\u00fan, enteramente independiente de esas condiciones sensibles, lo que&nbsp; conduce precisamente al concepto de libertad&#8230; Pero \u00bfc\u00f3mo es posible tambi\u00e9n la conciencia de aquella ley moral? Nosotros tenemos conciencia de leyes puras pr\u00e1cticas del mismo modo en que tenemos conciencia de principios puros te\u00f3ricos, observando la necesidad con que la raz\u00f3n nos los prescribe y la separaci\u00f3n de todas las condiciones emp\u00edricas, separaci\u00f3n que la raz\u00f3n nos se\u00f1ala. El concepto de una voluntad pura surge de las primeras, as\u00ed como la conciencia de un entendimiento puro de las \u00faltimas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ley fundamental de la raz\u00f3n pura pr\u00e1ctica: Obra de tal modo que la m\u00e1xima de tu voluntad pueda valer siempre, al mismo tiempo, como principio de una legislaci\u00f3n universal<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La regla pr\u00e1ctica es, pues, incondicionada, y, por consiguiente, representada como proposici\u00f3n categ\u00f3ricamente pr\u00e1ctica a priori, en virtud de la cual la voluntad es determinada, objetiva , absoluta e inmediatamente (por la regla pr\u00e1ctica misma que aqu\u00ed, por consiguiente, es ley)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La raz\u00f3n, incorruptible y por s\u00ed misma obligada, compara siempre, en una acci\u00f3n, la m\u00e1xima de la voluntad con la voluntad pura, es decir, consigo misma, consider\u00e1ndose como pr\u00e1ctica a priori.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la independencia de toda materia de la ley (a saber, de un objeto deseado) y al mismo tiempo en la determinaci\u00f3n del albedr\u00edo por medio de la mera forma legisladora universal&#8230; consiste en el principio \u00fanico de la moralidad. Aquella independencia, empero, es la libertad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un precepto pr\u00e1ctico que lleve consigo una condici\u00f3n material (por consiguiente, emp\u00edrica), no debe nunca ser contado como ley pr\u00e1ctica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo contrario precisamente del principio de la moralidad es que el principio de la propia felicidad ser\u00e1 tomado fundamento de determinaci\u00f3n de la voluntad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se destruir\u00eda por completo la moralidad, la voz de la raz\u00f3n, en relaci\u00f3n con la voluntad, si no fuese tan clara, tan dif\u00edcil de ahogar, tan perceptible hasta para los hombres m\u00e1s vulgares.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tan pronunciados y visibles est\u00e1n trazados los l\u00edmites de la moralidad y del amor propio, que hasta la vista m\u00e1s vulgar no puede dejar de distinguir si una cosa pertenece a lo uno o a lo otro.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El principio de la felicidad, si bien puede dar m\u00e1ximas, no puede nunca darlas de modo&nbsp; que sean aptas para las leyes de la voluntad, aun si se tomase como objeto la felicidad universal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Satisfacer el mandato categ\u00f3rico de la moralidad, est\u00e1 en todo tiempo en el poder de cada cual; satisfacer al precepto emp\u00edrico condicionado de la felicidad, no es para cada uno m\u00e1s que rara vez posible, y aun s\u00f3lo con respecto a una \u00fanica intenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El que ha perdido en el juego puede enfadarse consigo mismo y su imprudencia, pero si tiene conciencia de haber hecho trampa en el juego (aun cuando por ello haya ganado) tiene que despreciarse a s\u00ed mismo&nbsp; en cuanto se compare con la moral.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s refinado aunque tan falso es lo que pretenden aquellos que admiten un sentido moral&#8230; seg\u00fan el cual la conciencia de la virtud estar\u00eda&nbsp; entrelazada inmediatamente con el contento y el placer; y la del vicio, con la intranquilidad de \u00e1nimo y el dolor.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, ese contento o esa intranquilidad de \u00e1nimo no se pueden sentir antes del conocimiento de la obligaci\u00f3n, y no puede hacerse de ese estado el fundamento de ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La mera forma de una legislaci\u00f3n universal, posible por nuestra m\u00e1xima, tiene que constituir el supremo e inmediato fundamento de determinaci\u00f3n de la voluntad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue negado a la raz\u00f3n especulativa todo conocimiento m\u00e1s all\u00e1 de los objetos de experiencia, y por tanto el conocimiento de las cosas como no\u00famenos. Sin embargo, \u00e9sta puso a salvo el concepto de los no\u00famenos, esto es, la posibilidad y aun la necesidad de pensarlos, y&#8230; as\u00ed por ejemplo la libertad es enteramente compatible con los principios y limitaciones de la raz\u00f3n pura te\u00f3rica. [La libertad qued\u00f3 como posible en la Cr\u00edtica de la Raz\u00f3n Pura]<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Considero siempre c\u00f3mo ser\u00eda [una m\u00e1xima particular] si valiese como ley universal de la naturaleza&#8230; [Por ejemplo:]Es manifiesto que de este modo, todos quedar\u00edan obligados a ser veraces&#8230; [Otro ejemplo, considerando la posibilidad del suicidio:]La m\u00e1xima que yo adopto, en consideraci\u00f3n de la libre disposici\u00f3n de mi vida, queda determinada enseguida si yo me pregunto c\u00f3mo tendr\u00eda que ser para que una naturaleza se conservase siguiendo la ley de esa m\u00e1xima&#8230; Nadie podr\u00eda terminar su vida arbitrariamente, pues tal constituci\u00f3n no ser\u00eda un orden natural duradero, y as\u00ed en todos los casos restantes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, pues, la diferencia entre las leyes de una naturaleza a la que est\u00e1 sometida la voluntad y las de una naturaleza que est\u00e1 sometida a una voluntad (en consideraci\u00f3n de aquello que tiene relaci\u00f3n con sus libres acciones), descansa en que, en aqu\u00e9lla, los objetos tienen que ser causa de las representaciones que determinan la voluntad, pero en \u00e9sta, la voluntad debe ser causa de los objetos, de tal modo que la causalidad de esta causa tiene su fundamento de determinaci\u00f3n exclusivamente en la facultad pura de la raz\u00f3n, que por eso puede ser llamada tambi\u00e9n raz\u00f3n pura pr\u00e1ctica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se deja al juicio de los principios te\u00f3ricos de la raz\u00f3n el hecho de que la causalidad de la voluntad sea o no suficiente para la realidad de los objetos&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La raz\u00f3n tiene causalidad en un ser racional, es decir, la raz\u00f3n pura puede ser considerada como una facultad que determina inmediatamente la voluntad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ley moral es dada, por decirlo as\u00ed, como un hecho de la raz\u00f3n pura, del cual nosotros, a priori, tenemos conciencia<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ley moral es, en realidad, una ley de la causalidad por la libertad, y, por tanto, de la posibilidad de una naturaleza suprasensible<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La raz\u00f3n te\u00f3rica se vio obligada a aceptar al menos la posibilidad de una libertad<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hemos ensanchado pues nuestro conocimiento m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites del mundo sensible, pretensi\u00f3n que la cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura hab\u00eda declarado nula en la especulaci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La realidad objetiva de una voluntad pura, o lo que es lo mismo, de una raz\u00f3n pura pr\u00e1ctica, est\u00e1 dada a priori en la ley moral.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yo no pido conocer te\u00f3ricamente la constituci\u00f3n de un ser, en cuanto tiene una voluntad pura; me basta designarlo s\u00f3lo como tal, y por consiguiente tan s\u00f3lo unir el concepto de la causalidad con el de la libertad (y, lo que es inseparable, con la ley moral, como motivo de determinaci\u00f3n de la misma)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Whol [agradable] o \u00dcbel [malo, desagradable] significa siempre una relaci\u00f3n con nuestro estado de agrado o desagrado&#8230; El bien (Gute) o el mal (B\u00f6se), en cambio, significan siempre una relaci\u00f3n a la voluntad, en cuanto que la voluntad est\u00e1 determinada por la ley de la raz\u00f3n a hacer de algo su objeto. &#8230; El bien (Gute) o el mal (B\u00f6se) es referido as\u00ed, pues, propiamente a acciones, no al estado de sensaci\u00f3n de la persona.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que nosotros debemos denominar bueno (gut), tiene que ser en el juicio de todo hombre razonable un objeto de la facultad de desear, y el mal (das B\u00f6se) un objeto de horror ante los ojos de todo el mundo; por consiguiente, se necesita para este juicio, adem\u00e1s del sentido, tambi\u00e9n la raz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No le eleva en valor sobre la mera animalidad el poseer raz\u00f3n, si \u00e9sta s\u00f3lo ha de servirle para aquello que en los animales lleva a cabo el instinto<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los conceptos del bien y del mal, son a modo de consecuencias de la determinaci\u00f3n a priori de la voluntad&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los conceptos pr\u00e1cticos a priori en relaci\u00f3n con el principio supremo de la libertad pueden llegar enseguida a ser conocimientos, sin esperar a intuiciones para adquirir significaci\u00f3n, y ello por este notable motivo, que ellos mismos producen la realidad de aquello a que se refieren<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1C\u00f3mo! Si cada cual<em> <\/em>se permitiese enga\u00f1ar cuando cree proporcionarse su ventaja, o se considerase autorizado para abreviar su vida, tan pronto como le aplana un completo hast\u00edo de la misma, o viese la miseria ajena con completa indiferencia y pertenecieses t\u00fa a semejante sociedad, \u00bfte encontrar\u00edas en ella con asentimiento de tu voluntad?&nbsp; Ahora bien, cada uno sabe que si \u00e9l se permite secretamente el enga\u00f1o, no por eso permite que enga\u00f1e todo el mundo, o que si se conduce sin cari\u00f1o, sin que se note, no por eso ha de tener enseguida a todo el mundo contra \u00e9l en esa misma disposici\u00f3n\u2026 Si la m\u00e1xima de la acci\u00f3n no es de tal \u00edndole que aguante la prueba de poder ser una ley de la naturaleza en general, es moralmente inviable. As\u00ed juzga hasta el entendimiento m\u00e1s vulgar; pues la ley de la naturaleza se halla siempre en la base de todos sus juicios, hasta los m\u00e1s ordinarios\u2026&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El motor de la voluntad humana (y del ser racional creado por Dios) no puede ser nunca otro que la ley moral, y por consiguiente, el fundamento objetivo de determinaci\u00f3n tiene que ser siempre el fundamento subjetivo suficiente de determinaci\u00f3n de la acci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ley moral humilla inevitablemente a todo hombre, al comparar \u00e9ste la tendencia sensible de su naturaleza con aquella ley<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dice Fontenelle: Ante un gran se\u00f1or me inclino; mas mi esp\u00edritu no se inclina. Yo puedo a\u00f1adir: Ante un hombre de condici\u00f3n baja y ordinaria en quien percibo una rectitud de car\u00e1cter en una medida de la que yo en m\u00ed mismo no tengo conciencia, inclinar\u00e9 mi esp\u00edritu, quiera yo o no, y eso aunque mantuviese alta mi&nbsp; cabeza para recordarle mi superioridad\u2026. Muy lejos del sentimiento de placer, est\u00e1 el sentimiento de respeto\u2026 El respeto es el tributo que no podemos negar al m\u00e9rito, queramos o no lo queramos; podemos, s\u00ed, no manifestarlo exteriormente, pero no podemos, sin embargo, dejar de sentirlo interiormente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El respeto es un tributo que no podemos negar al m\u00e9rito, queramos o no.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es pues mera admiraci\u00f3n ese respeto que nosotros mostramos a una persona semejante (propiamente a la ley que su ejemplo nos representa).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La acci\u00f3n que es objetivamente pr\u00e1ctica seg\u00fan esa ley, con exclusi\u00f3n de todos los fundamentos de determinaci\u00f3n por inclinaci\u00f3n, se llama deber, el cual , por esa exclusi\u00f3n , encierra en su concepto compulsi\u00f3n (N\u00f6tigung) pr\u00e1ctica<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es el respeto hacia la ley como \u00fanico modo de determinaci\u00f3n de la voluntad lo que hace la conciencia de obrar conforme al deber.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Deber! nombre sublime y grande.&nbsp; T\u00fa que no encierras nada amable que lleve consigo insinuantes lisonjas sino que pides sumisi\u00f3n, aunque sin nada que despierte aversi\u00f3n natural en el \u00e1nimo o lo asuste&#8230; \u00bfCu\u00e1l es tu digno origen?\u00bfD\u00f3nde se halla la ra\u00edz de tu noble ascendencia, que rechaza orgullosamente todo parentesco con las inclinaciones?&#8230; S\u00f3lo puede ser lo que eleva al hombre por encima de s\u00ed mismo (como parte del mundo de los sentidos) lo que le enlaza con un orden de cosas que s\u00f3lo el entendimiento puede pensar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo hombre, aun s\u00f3lo medianamente honrado, \u00bfno ha notado a veces que si se ha abstenido de una mentira, por lo dem\u00e1s inofensiva y que le hubiera sacado de un desagradable asunto&#8230; ha sido s\u00f3lo para&nbsp; poder a mirarse a s\u00ed mismo en la intimidad sin despreciarse?&#8230; Vivir y no poder tolerar ser a los propios ojos indigno de la vida&#8230; Tal es la naturaleza del verdadero motor de la raz\u00f3n pura pr\u00e1ctica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La distinci\u00f3n del principio de la felicidad del de la moralidad no significa oposici\u00f3n de ambos, y la raz\u00f3n pura pr\u00e1ctica no quiere que se deba renunciar a las pretensiones de la felicidad, sino s\u00f3lo que, en la cuesti\u00f3n del deber, no se las tenga en cuenta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La raz\u00f3n busca la totalidad incondicionada del objeto de la raz\u00f3n pura pr\u00e1ctica, bajo el nombre del supremo bien. Determinar esa idea es la doctrina de la sabidur\u00eda, y \u00e9sta a su vez es la filosof\u00eda, en la significaci\u00f3n que daban los antiguos&nbsp; a esta palabra<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por consiguiente, aunque el supremo bien sea todo el objeto de una raz\u00f3n pura pr\u00e1ctica, es decir, de una voluntad pura, no por eso se le puede considerar fundamento de determinaci\u00f3n de la misma, sino que s\u00f3lo la ley moral tiene que ser considerada como fundamento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El estoico sosten\u00eda que la virtud era el bien supremo completo, y que la felicidad era s\u00f3lo la conciencia de su posesi\u00f3n&#8230; El epic\u00fareo sosten\u00eda que la felicidad era el completo bien supremo y que la virtud era s\u00f3lo la forma de adquirirla&#8230;.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero las m\u00e1ximas de la virtud y de la propia felicidad son, con respecto a su principio superior pr\u00e1ctico, totalmente heterog\u00e9neas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La felicidad y la moralidad son dos elementos del supremo bien, espec\u00edficamente distintos&#8230; Es moralmente necesario, a priori, producir el supremo bien por la libertad de la voluntad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay que tener cuidado de no rebajar y desfigurar por medio de un falso encomio el fundamento moral de la determinaci\u00f3n, especie de falsa locura que pone como fundamento de determinaci\u00f3n los sentimientos de alegr\u00eda particular. El propio y verdadero motor es la ley misma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero \u00bfes que no hay ninguna palabra que se\u00f1ale, no un goce como la palabra felicidad, pero s\u00ed una satisfacci\u00f3n en la existencia propia, un an\u00e1logo de la felicidad que tenga que acompa\u00f1ar necesariamente a la conciencia de la virtud?&nbsp; S\u00ed la hay, y esa palabra es el contento de s\u00ed mismo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese goce no puede llamarse felicidad porque no depende del advenimiento positivo de un recibimiento ni tampoco puede llamarse, hablando con exactitud, bienaventuranza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los principios de la b\u00fasqueda de la felicidad no pueden en modo alguno producir moralidad. Por tanto, el m\u00e1s elevado bien (como primera condici\u00f3n del bien supremo) lo constituye la moralidad, siendo la felicidad, si bien segundo elemento del mismo,&nbsp; la consecuencia moralmente condicionada pero necesaria de la primera.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La inmortalidad del alma como postulado de la raz\u00f3n pura pr\u00e1ctica&#8230;La adecuaci\u00f3n completa de la voluntad a la ley moral es la santidad, perfecci\u00f3n de la que no es capaz ning\u00fan ser racional en el mundo sensible en ning\u00fan momento de su existencia. Pero como ella, sin embargo, es exigida como pr\u00e1cticamente necesaria, no puede ser hallada m\u00e1s que en un progreso que va al infinito hacia aquella completa adecuaci\u00f3n&#8230; Progreso infinito que es s\u00f3lo posible bajo el supuesto de una existencia personal duradera en lo infinito<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La existencia de Dios como un postulado de la raz\u00f3n pura pr\u00e1ctica &#8230; Esa misma ley tiene que conducir tambi\u00e9n a la posibilidad del segundo elemento del bien supremo, a saber, la felicidad adecuada a aquella moralidad&#8230; es decir a postular la existencia de Dios como necesariamente perteneciente a la posibilidad del bien supremo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la ley moral no hay el menor fundamento para una conexi\u00f3n necesaria entre la moralidad y la felicidad<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se postula tambi\u00e9n la existencia de una causa de toda la naturaleza, distinta de la naturaleza y que encierra el fundamento de esa conexi\u00f3n, esto es, de la exacta concordancia entre felicidad y moralidad<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La causa suprema de la naturaleza, en cuanto que ha de ser presupuesta para el supremo bien, es un ser que por raz\u00f3n y voluntad es la causa (por consiguiente, el autor) de la naturaleza, es decir, Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aqu\u00e9llos que ponen el fin de la creaci\u00f3n en el honor de Dios (suponiendo que no se piense \u00e9ste antropom\u00f3rficamente como la inclinaci\u00f3n a ser ensalzado), han logrado la mejor expresi\u00f3n . Pues nada honra m\u00e1s a Dios que lo m\u00e1s apreciable en este mundo, el respeto por su mandato.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los postulados de la raz\u00f3n pura pr\u00e1ctica en general. Estos postulados son los de la inmortalidad, de la libertad&#8230; y de la existencia de Dios.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora bien, son \u00e9stas ideas de la raz\u00f3n que no pueden ser dadas en ninguna experiencia, lo que yo tendr\u00eda que pensar por categor\u00edas para conocerlo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No queda de los conceptos por los que pensamos un ser puro del entendimiento nada m\u00e1s que lo exhibible para la posibilidad de pensar una ley moral&#8230; si bien conocimiento de Dios tan s\u00f3lo en la relaci\u00f3n pr\u00e1ctica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alcanzar, empero, por la Metaf\u00edsica el concepto de Dios y la prueba de su existencia como conclusi\u00f3n segura partiendo del conocimiento de este mundo, es imposible, pues para ello tendr\u00edamos que conocer este mundo como el todo m\u00e1s perfecto posible.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Veo ante m\u00ed ordenaci\u00f3n y finalidad en la naturaleza, y no necesito acudir a la especulaci\u00f3n para estar seguro de su realidad, sino que s\u00f3lo para explicarla necesito presuponer una divinidad como su causa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora bien, \u00bfes nuestro conocimiento realmente ampliado de este modo por la raz\u00f3n pura pr\u00e1ctica&nbsp; de modo que lo que en la especulativa era transcendente, es ahora en la pr\u00e1ctica inmanente? Sin duda, pero s\u00f3lo en sentido pr\u00e1ctico. Pues nosotros, en verdad, no conocemos por ello ni&nbsp; la naturaleza de nuestra alma, ni el mundo inteligible, ni el Supremo Ser, seg\u00fan lo que ellos son en s\u00ed mismos, sino que hemos resumido sus conceptos en el concepto pr\u00e1ctico del supremo bien, como objeto de nuestra esperanza, completamente a priori por la raz\u00f3n pura, s\u00f3lo por medio de la ley moral, y tambi\u00e9n s\u00f3lo en relaci\u00f3n con ella misma, en consideraci\u00f3n al objeto que ella ordena.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[Si Dios se hubiera hecho presente a nuestra raz\u00f3n especulativa, como cualquier otra realidad, si se hubiese dejado ver], la mayor parte de las acciones conformes a la ley acaecer\u00edan por temor, pocas&nbsp; por esperanza, y ninguna por deber, y no existir\u00eda el valor moral de las acciones, del cual tan s\u00f3lo depende el valor de la persona y hasta el del mundo a los ojos de la suprema sabidur\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[En la raz\u00f3n especulativa], el regidor del mundo nos deja conjeturar su existencia y su majestad, pero no verla ni demostrarla claramente; en cambio, la ley moral en nosotros, sin prometernos ni amenazarnos nada con seguridad, exige de nosotros respeto desinteresado\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[As\u00ed pues],&nbsp;la Sabidur\u00eda impenetrable por la que nosotros existimos, no es menos digna de veneraci\u00f3n por lo que nos ha negado que por lo que nos ha concedido.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">c) Cr\u00edtica<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No se dirigir\u00e1 mi cr\u00edtica al contenido de la \u00e9tica kantiana, sabio proyecto de hombre cabal hacia el que s\u00f3lo puedo tener elogios -un tratado verdaderamente admirable-, sino a su fundamentaci\u00f3n, tema en el que voy a diverger. Estoy de acuerdo en que, una vez que se ha escrito la Cr\u00edtica de la Raz\u00f3n Pura, una vez que se ha hurtado a la raz\u00f3n especulativa la posibilidad de llegar a Dios y a la libertad humana, fundamentos de la religi\u00f3n -religaci\u00f3n de criatura y Creador-, lo mejor que puede hacerse es escribir la Cr\u00edtica de la Raz\u00f3n Pr\u00e1ctica, es decir, recuperarlos en el orden pr\u00e1ctico. Por eso presento mi objeci\u00f3n no a esta Cr\u00edtica sino a los dos en su conjunto, algo que obviamente, no he podido hacer hasta haber expuesto tambi\u00e9n el contenido de la Cr\u00edtica de la Raz\u00f3n Pr\u00e1ctica. Es el gesto filos\u00f3fico total, el descrito por los dos libros, el que nos interesa y al que voy a presentar una cr\u00edtica, porque es este gesto el que a la larga influir\u00e1 en la filosof\u00eda posterior, como enseguida comentaremos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dec\u00eda <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Arist%C3%B3teles\">Arist\u00f3teles<\/a> que el esc\u00e9ptico no le preocupa, porque en cuanto empieza a decir algo se autorefuta, y si nada dice, tampoco resulta molesto pues est\u00e1 ah\u00ed al lado, callado como una planta. Pues bien, aunque aprecio este rasgo de humor del estagirita, no creo que tenga raz\u00f3n, y de hecho la historia se la ha&nbsp; quitado. El esc\u00e9ptico puede decir algo sin autorefutarse: puede decir \u201cvoy a hacer esto\u201d, as\u00ed, sin justificaci\u00f3n alguna, pues cualquier justificaci\u00f3n que&nbsp; diese supondr\u00eda una autorefutaci\u00f3n. En una palabra, la salida de todo escepticismo es la pr\u00e1ctica. La sustituci\u00f3n de la teor\u00eda por la praxis, de la norma por lo que voy a hacer, de la verdad -fundamentada en lo que las cosas son- por mi voluntad. En definitiva, la voluntad ocupa, como \u00faltimo fundamento, el lugar del ser.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pues bien, creo que el gesto filos\u00f3fico de Kant en su conjunto es el de un esc\u00e9ptico: con nuestro conocimiento especulativo no podemos llegar a la existencia de Dios, ni de la inmortalidad del alma ni a la libertad. Nada podemos conocer tal cual es, puesto que lo que conocemos son las formas a priori de nuestro propio conocer, y aunque una de estas formas a priori sea Dios, no se trata aqu\u00ed del Dios realmente existente con independencia de nosotros. Como no podemos conocer m\u00e1s formas que las de nuestro propio conocimiento, estas realidades fundamentales las recuperamos en nuestra raz\u00f3n pr\u00e1ctica, es decir no las alcanzamos en el terreno del conocimiento sino en el de la voluntad. Esto en Kant sucede de un modo maravilloso: llegamos a Dios porque captamos la norma moral como dada en nuestra voluntad. Pero lo que quedar\u00e1 como herencia para la filosof\u00eda es el gesto: El ser, tal cual es, ha sido arrebatado al conocimiento, y ha sido recuperado en el terreno de la voluntad, exactamente el gesto del esc\u00e9ptico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed lo veremos en su principal seguidor, Arthur Schopenhauer. En su obra<em> El mundo como voluntad y representaci\u00f3n<\/em> Shopenhauer trata primero el mundo como mera representaci\u00f3n, como algo que sin duda alguna aparece en nuestro conocimiento. Pero, se pregunta luego, \u00bfqu\u00e9 es lo que se representa? \u00bfQu\u00e9 es lo que ocupa el lugar de la \u201ccosa en s\u00ed\u201d en la obra de Kant? \u00bfQu\u00e9 es, en definitiva, lo que ocupa el lugar de la realidad cuando conocemos? Y la respuesta es impresionante (aunque esperada ya para quien conoce el gesto del esc\u00e9ptico). La respuesta es: Lo representado es la voluntad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Lo representado en el conocimiento no es el ser, sino la voluntad! \u00a1la voluntad puesta, pues, exactamente, en el lugar del ser! Lo que estaba impl\u00edcito en Kant, en el gesto filos\u00f3fico del conjunto de las dos cr\u00edticas, queda ahora totalmente expl\u00edcito en Schopenhauer, quien no s\u00f3lo ha restablecido la coherencia en Kant -como \u00e9l mismo anuncia que es su intenci\u00f3n- sino que lo ha hecho expl\u00edcito, y nervio de su filosof\u00eda, e incluso t\u00edtulo de su libro. El camino hacia la filosof\u00eda de la voluntad en Nietzsche queda ya, pues, abierto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nietzsche, para quien Schopenhauer fue en su juventud el mayor de los fil\u00f3sofos, al renegar m\u00e1s tarde de \u00e9l se desembaraza de lo que entiende superfluo -la representaci\u00f3n-, pues le basta con la voluntad. \u00c9se es el ser del mundo, la voluntad de vivir, y para ello, en el conflicto de voluntades de vivir en los diversos individuos, voluntad de sobrevivir imponi\u00e9ndose a los dem\u00e1s. De este modo los individuos mejores sobrevivir\u00e1n a los inferiores y mejorar\u00e1&nbsp; la especie: El ocaso de los \u00eddolos. Nietzsche se consider\u00f3 un autor p\u00f3stumo. Y, muy desgraciadamente, lo fue.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si unimos esta cr\u00edtica de la \u201cCr\u00edtica de la raz\u00f3n Pr\u00e1ctica\u201d con la anterior cr\u00edtica de la \u201cCr\u00edtica de la raz\u00f3n Pura\u201d, atisbaremos que Kant es el preludio a la filosof\u00eda del siglo XIX, preludio \u00e9sta de la historia pol\u00edtica del siglo XX. Para quienes conocemos esa historia, no es \u00e9sta la mejor alabanza que podr\u00edamos haber hecho a las dos cr\u00edticas de Immanuel Kant.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una versi\u00f3n m\u00e1s breve de este art\u00edculo puede encontrarse aqu\u00ed. 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