{"id":62309,"date":"2026-06-14T07:15:00","date_gmt":"2026-06-14T05:15:00","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=62309"},"modified":"2026-06-14T10:21:39","modified_gmt":"2026-06-14T08:21:39","slug":"la-paradoja-del-cuidado-y-una-solucion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/la-paradoja-del-cuidado-y-una-solucion\/","title":{"rendered":"La paradoja del cuidado y una soluci\u00f3n\u00a0"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">Europa atraviesa una de las transformaciones m\u00e1s profundas de su historia reciente: el <a href=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/firmas\/un-mundo-deshabitado-sobran-alimentos-faltan-personas\/\">invierno demogr\u00e1fico<\/a>. La natalidad se encuentra por debajo del nivel de reemplazo en la mayor\u00eda de los pa\u00edses europeos, la poblaci\u00f3n envejece aceleradamente y cada vez son menos los trabajadores que sostienen sistemas de pensiones dise\u00f1ados para una realidad social que ya no existe. Algunos gobiernos buscan soluciones y la pol\u00edtica migratoria parece que cuenta con aceptaci\u00f3n de los dirigentes, pero rara vez se preguntan si el problema no se encuentra en la propia arquitectura econ\u00f3mica y cultural sobre la que se han construido nuestras sociedades.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante d\u00e9cadas hemos dise\u00f1ado la econom\u00eda como si el cuidado fuese un recurso inagotable. Hemos dado por sentado que siempre habr\u00eda alguien dispuesto a criar hijos, acompa\u00f1ar a los mayores, sostener a los enfermos y atender a las personas dependientes. Sin embargo, aquello que sostiene nunca ha ocupado un lugar en las cuentas nacionales, en los sistemas de cotizaci\u00f3n ni en las m\u00e9tricas del \u00e9xito econ\u00f3mico. El mercado ha necesitado constantemente el cuidado, pero lo ha tratado como una realidad invisible.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La paradoja del PIB<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La consecuencia es una paradoja dif\u00edcil de ignorar. Las sociedades necesitan ni\u00f1os para garantizar su futuro, pero penalizan econ\u00f3mica y profesionalmente a quienes los tienen y los cr\u00edan, fundamentalmente sus madres. Se necesitan personas que cuiden de los mayores, pero a la vez se considera improductivo el tiempo dedicado a acompa\u00f1arlos, cuando quien lo hace es un hijo. La sociedad necesita familias capaces de sostener v\u00ednculos estables y redes de apoyo, pero el Estado, las instituciones, las empresas organizan el trabajo como si esas responsabilidades no existieran.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El cuidado no es un problema que la econom\u00eda deba resolver, sino la condici\u00f3n previa que hace posible cualquier econom\u00eda. Sin personas dedicadas a los dem\u00e1s no existen trabajadores, consumidores, contribuyentes ni ciudadanos. Sin embargo, quienes realizan ese trabajo dentro de la familia contin\u00faan asumiendo costes econ\u00f3micos, laborales y previsionales que rara vez son reconocidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La mujer ocupa un lugar central en esta reflexi\u00f3n, aunque el hombre va entrando poco a poco en este terreno. A lo largo de las \u00faltimas d\u00e9cadas, la mujer ha conquistado pr\u00e1cticamente todos los espacios educativos, profesionales y econ\u00f3micos que hist\u00f3ricamente le fueron negados. Ese avance constituye una de las grandes transformaciones sociales de nuestro tiempo. Sin embargo, precisamente porque la mujer ha conquistado esos espacios, resulta necesario reconocer tambi\u00e9n a aquellas que contin\u00faan sosteniendo la vida mediante el cuidado, la crianza y el acompa\u00f1amiento familiar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Valorar la maternidad<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Reconocer esta realidad no significa reducir la maternidad a una funci\u00f3n econ\u00f3mica ni encerrar a la mujer en un papel determinado. Significa admitir que engendrar, criar y sostener una familia genera un valor social del que se benefician los padres, el Estado y el conjunto de la sociedad. Del mismo modo, acompa\u00f1ar a los padres en la vejez, cuidar a los enfermos o estar presentes cuando la vulnerabilidad aparece constituye una aportaci\u00f3n indispensable para la cohesi\u00f3n social.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De hecho cuando esos cuidados son realizados por profesionales externos, aparecen inmediatamente en el PIB y tiene un precio de mercado. Sin embargo, cuando lo realizan los miembros de una familia por amor, responsabilidad o compromiso, desaparece de las estad\u00edsticas. La paradoja es evidente: aquello que resulta imprescindible para la supervivencia de la sociedad se convierte, precisamente por su gratuidad, en invisible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No se trata de cuestionar la labor de los profesionales del cuidado, cuya aportaci\u00f3n es valiosa y necesaria, sino de reconocer que existen formas de atenci\u00f3n, presencia y entrega que dif\u00edcilmente pueden sustituirse por completo mediante una relaci\u00f3n laboral. Hay situaciones que exigen algo m\u00e1s que competencia t\u00e9cnica: exigen tiempo, afecto, disponibilidad y, en ocasiones, la entrega de una parte importante de la propia vida.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Hablemos de justicia social<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Proteger el cuidado de la familia, los familiares y la comunidad no es una concesi\u00f3n ni un privilegio. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si el sistema se beneficia de generaciones enteras de personas que dedicaron a\u00f1os a criar hijos o atender familiares dependientes, resulta razonable que reconozca esas contribuciones mediante mecanismos fiscales, laborales y previsionales adecuados: sistemas de pensiones que computen adecuadamente los a\u00f1os dedicados al cuidado, mercados laborales compatibles con trayectorias familiares no lineales, reconocimiento de la denominada \u201cdeuda biogr\u00e1fica\u201d acumulada por quienes sacrificaron oportunidades profesionales para sostener a otros y una cultura econ\u00f3mica que deje de considerar improductivo todo aquello que no genera beneficios inmediatos. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tratar as\u00ed el cuidado, desde todos los prismas, tambi\u00e9n el econ\u00f3mico, es justicia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El invierno demogr\u00e1fico europeo obliga a replantear muchas certezas. Quiz\u00e1 la soluci\u00f3n no consista \u00fanicamente en incentivar los nacimientos o aumentar el gasto p\u00fablico, sino en reconocer aquello que siempre ha estado sosteniendo silenciosamente nuestras sociedades: si queremos m\u00e1s ni\u00f1os, m\u00e1s cohesi\u00f3n social y m\u00e1s bienestar para nuestros mayores, debemos dejar de tratar el cuidado como una realidad marginal y empezar a incluir al cuidador, tambi\u00e9n cuando es el padre, la madre, un hijo o un hermano, en las cuentas nacionales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Toca poner el cuidado en el centro y reconocer que la riqueza de una sociedad no es \u00fanicamente la que aparece en sus balances, sino la que nace de las personas que cuidan, acompa\u00f1an y sostienen la vida de los otros.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Europa atraviesa una de las transformaciones m\u00e1s profundas de su historia reciente: el invierno demogr\u00e1fico. 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