{"id":60061,"date":"2026-04-09T06:00:00","date_gmt":"2026-04-09T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=60061"},"modified":"2026-04-06T13:56:40","modified_gmt":"2026-04-06T11:56:40","slug":"la-humanidad-caida-masaccio-la-expulsion-del-jardin-del-eden-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/la-humanidad-caida-masaccio-la-expulsion-del-jardin-del-eden-2\/","title":{"rendered":"La Humanidad ca\u00edda. Masaccio, \u00abLa Expulsi\u00f3n del Jard\u00edn del Ed\u00e9n\u00bb"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>COMENTARIO ART\u00cdSTICO<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta escena es el primer fresco de la serie dedicada a la vida de San Pedro, lo cual, a primera vista, puede parecer fuera de contexto. Sin embargo, tiene un profundo significado teol\u00f3gico: representa las consecuencias de la ca\u00edda de Ad\u00e1n y Eva y la necesidad de la salvaci\u00f3n ofrecida a trav\u00e9s de la Iglesia fundada por San Pedro. Situada en lo alto del muro izquierdo de la Capilla Brancacci, la expulsi\u00f3n de Ad\u00e1n y Eva da inicio a la narrativa, estableciendo el trasfondo espiritual para las historias que siguen. A su lado, destaca otra obra emblem\u00e1tica de Masaccio, <em>El Tributo de la Moneda<\/em>, que narra acontecimientos posteriores.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Masaccio y el giro naturalista<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta representaci\u00f3n de Ad\u00e1n y Eva es profundamente emotiva y est\u00e1 cargada de dramatismo. Las figuras, de tama\u00f1o natural, est\u00e1n dise\u00f1adas para ser contempladas desde abajo, lo que potencia su impacto visual. Seg\u00fan el relato b\u00edblico, despu\u00e9s de que Dios reprenda a Ad\u00e1n por su desobediencia (como se ilustra en una obra de los hermanos Bassano que analizamos previamente), lo expulsa junto a Eva del jard\u00edn del Ed\u00e9n. Masaccio plasma este momento incluyendo un \u00e1ngel en escorzo que, empu\u00f1ando una espada, los expulsa del Para\u00edso. A la izquierda, se observa una puerta ilusoria, un elemento caracter\u00edstico del g\u00f3tico internacional, que rinde homenaje a la tradici\u00f3n del realismo espacial iniciada por artistas como Giotto. Sin embargo, la disposici\u00f3n espacial entre el \u00e1ngel y la puerta parece algo forzada. Las sombras proyectadas por las figuras sobre el suelo las anclan a la escena, aportando mayor dimensionalidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ad\u00e1n y Eva est\u00e1n en movimiento, alej\u00e1ndose del Ed\u00e9n bajo la mirada vigilante del \u00e1ngel. La carga del pecado se refleja en la postura encorvada de Ad\u00e1n, quien se cubre el rostro con las manos, abatido por la verg\u00fcenza. Su desnudez, expuesta al espectador, simboliza su vulnerabilidad. Masaccio utiliza&nbsp; el claroscuro (contraste entre luces y sombras) para dotar al cuerpo de Ad\u00e1n de un naturalismo extraordinario; las tonalidades de su torso demuestran una habilidad t\u00e9cnica poco com\u00fan en su tiempo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En contraste, Eva intenta cubrir su cuerpo con las manos, reflejando modestia y culpa. Su mirada hacia el cielo y su boca entreabierta nos muestran el desgarro producido por la culpa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su postura evoca el tipo cl\u00e1sico de la <em>Venus<\/em> <em>P\u00fadica<\/em>, reinterpretado aqu\u00ed para expresar sufrimiento humano en lugar de belleza idealizada. Frente a ellos se extiende lo que parece un paisaje desolado, s\u00edmbolo de las consecuencias de su desobediencia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Restauraci\u00f3n y t\u00e9cnica de los frescos<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre 1988 y 1990, los frescos de la Capilla Brancacci fueron sometidos a una importante restauraci\u00f3n para eliminar siglos de suciedad, humo de velas y repintes que hab\u00edan oscurecido su colorido original. Este proceso permiti\u00f3 comprender mejor c\u00f3mo los artistas emplearon la t\u00e9cnica del <em>buon<\/em> fresco, o <em>fresco verdadero<\/em>. En el caso de <em>La Expulsi\u00f3n del Jard\u00edn del Ed\u00e9n<\/em> es posible observar c\u00f3mo las figuras est\u00e1n delimitadas por \u00e1reas separadas. Los parches visibles son consecuencia de esta t\u00e9cnica y del uso de las <em>giornatas<\/em>, secciones diarias de yeso fresco aplicadas para pintar. Los pintores al fresco deb\u00edan planificar cuidadosamente qu\u00e9 zonas pintar\u00edan cada d\u00eda, ya que deb\u00edan completarlas antes de que el yeso se secara. Masaccio parece haber dedicado <em>giornatas<\/em> individuales a cada figura, lo que explica las uniones visibles. Las tonalidades m\u00e1s oscuras del azul detr\u00e1s de Ad\u00e1n revelan diferencias en las capas de yeso, resultado de cambios qu\u00edmicos en los pigmentos con el paso del tiempo. Estas marcas, imperceptibles en el siglo XV, se han hecho visibles con el envejecimiento del fresco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La Expulsi\u00f3n del Jard\u00edn del Ed\u00e9n<\/em> contrasta con el resto de las escenas de la serie, que son m\u00e1s contenidas en su estilo. En comparaci\u00f3n con las representaciones idealizadas y serenas de Ad\u00e1n y Eva realizadas por Durero o Bassano, Masaccio opta aqu\u00ed por destacar la emoci\u00f3n cruda. Los personajes muestran su desesperaci\u00f3n; su lenguaje corporal expresa verg\u00fcenza y dolor. No hay nada bello en esta escena, solo la agon\u00eda de comprender que han desobedecido a Dios y no hay vuelta atr\u00e1s. Sin embargo, incluso en este momento de desesperaci\u00f3n, surge la esperanza de redenci\u00f3n. Dios, en su infinita misericordia, envi\u00f3 a su Hijo, Jesucristo, para redimir a la humanidad. A trav\u00e9s de Mar\u00eda, la nueva Eva, esta redenci\u00f3n se hizo posible. La inmaculada concepci\u00f3n de Mar\u00eda y su <em>fiat<\/em> permitieron la restauraci\u00f3n de la gracia por Jes\u00fas, el nuevo Ad\u00e1n, que reconcilia la humanidad con Dios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>COMENTARIO CATEQU\u00c9TICO<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La imagen de dolor y p\u00e9rdida que domina el fresco pintado por Masaccio para la Capilla Brancacci expresa crudamente que despu\u00e9s del pecado original la humanidad entera vive en estado de destierro. En efecto, el pecado cometido por la primera pareja humana supone que el entero conjunto de sus descendientes han de vivir desterrados del Para\u00edso, el jard\u00edn que Dios cre\u00f3 para su disfrute cuando pens\u00f3 en ellos. La puerta fingida a la que Ad\u00e1n y Eva dan la espalda evoca los inmensos bienes que han perdido al atravesarla, y recuerda, con su fr\u00edo tono gris y su yermo entorno, la inmensa miseria del destierro que afronta toda vida humana, sometida desde entonces al mal y a la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En efecto, el pecado, verdadera muerte del alma, dibuja sus consecuencias en los rostros y gestos de Ad\u00e1n y Eva, cuyo crudo dramatismo nos recuerda su necesidad de redenci\u00f3n y justificaci\u00f3n. No s\u00f3lo para ellos, sino para todos sus descendientes, pues la humanidad, desterrada del para\u00edso, camina por la historia arrastrando de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n su naturaleza ca\u00edda, ya que el pecado original, por transmisi\u00f3n, alcanza a toda vida que llega a este mundo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Todos unidos en la culpa de Ad\u00e1n<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La unidad del g\u00e9nero humano explica esta transmisi\u00f3n universal del pecado original. En efecto, toda la humanidad forma un cuerpo solidario, e igual que de los primeros padres recibe la vida toda ella, as\u00ed tambi\u00e9n toda ella se ve afectada por las consecuencias de su pecado. De ah\u00ed que, aunque el pecado de Ad\u00e1n y Eva fuera personal, haya de cargar con su estigma el \u00fanico cuerpo de la entera humanidad. Cualquier ser humano, por tanto, puede reconocerse en las figuras del cuadro, pues por muy lejano que est\u00e9 de ellas en el tiempo, ha recibido por transmisi\u00f3n el pecado narrado en \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Podemos decir, por tanto, que toda vida humana viene al mundo con la carga del pecado original, aunque, al no ser un pecado cometido, sino recibido por transmisi\u00f3n, s\u00f3lo por analog\u00eda se le puede denominar <em>pecado<\/em>. En efecto, el pecado original es un estado, contra\u00eddo por el hecho de existir en una naturaleza humana, no es un pecado cometido por un acto de la propia voluntad. No es un pecado en el sentido absoluto de falta personal que ocasiona una privaci\u00f3n mayor o menor de la gracia de Dios, sino en el sentido an\u00e1logo de privaci\u00f3n absoluta de la santidad y justicia originales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es esta privaci\u00f3n absoluta la que convierte a toda persona humana en un desterrado, pues el hogar pensado por Dios para su criatura es la intimidad en su santidad y su justicia, como la que lleg\u00f3 a vivir en el jard\u00edn del Ed\u00e9n. As\u00ed, el ser humano, encorvado sobre s\u00ed mismo, desnudo, tratando de cubrir su verg\u00fcenza, como lo pinta Masaccio, est\u00e1 herido y expulsado de la gracia, pero no est\u00e1 corrompido por completo. Est\u00e1 herido, no muerto; desterrado, pero no ejecutado; ca\u00eddo, pero no sepultado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es importante valorar en su justa medida esta herida, de modo que ni se ignore ni se magnifique. En el siglo V san Agust\u00edn tuvo que refutar las tesis del hereje Pelagio, quien afirmaba que el pecado de Ad\u00e1n era tan s\u00f3lo un mal ejemplo, un rasgu\u00f1o en la conciencia que todo ser humano podr\u00eda sanar con la mera fortaleza de una vida austera y virtuosa. En el siglo XVI el hereje Lutero, por el contrario, sostuvo la corrupci\u00f3n absoluta de la naturaleza humana, cuya herida original no se pod\u00eda ya sanar sino tan s\u00f3lo cubrir. Frente a esto, el Concilio de Trento tuvo que recordar que la humanidad, aunque herida y sometida a la ignorancia, al pecado y a la muerte, puede ser sanada por la redenci\u00f3n de Cristo, el nuevo Ad\u00e1n que restaura al ser humano con un alcance universal. Como todos pecaron en Ad\u00e1n, as\u00ed todos han sido redimidos por Cristo, y todos necesitan acogerse a esta redenci\u00f3n mediante la recepci\u00f3n del Bautismo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Todos redimidos por el nuevo Ad\u00e1n<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La naturaleza humana puede ser restaurada por el Bautismo, que nos une a la obra redentora del nuevo Ad\u00e1n y, por tanto, convierte al desterrado en un peregrino que, tras ser bautizado, incoa su regreso al para\u00edso. El bautizado es justificado y santificado por el ba\u00f1o del nuevo nacimiento, de modo que ante \u00e9l se abre de nuevo la puerta que Ad\u00e1n y Eva dejaron a sus espaldas. Tiene abierta la esperanza de regresar a casa, aunque ese camino ha de recorrerlo con esfuerzo. El bautismo borra el pecado original y perdona su culpa, pero no acaba del todo con la herida del alma, la inclinaci\u00f3n al mal que late en la concupiscencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De ah\u00ed que sea necesaria para el bautizado su lucha personal y comunitaria, y por encima de ella la ayuda de la gracia de Dios, recibida en el bautismo y orientadora en el camino. Esta ayuda nos recuerda que Dios ni abandon\u00f3 a la humanidad en su ca\u00edda ni abandona al bautizado en su lucha cotidiana contra la concupiscencia. La Sagrada Escritura, al igual que nos revela el pecado (<em>G\u00e9nesis<\/em> 3, 7-13), anuncia tambi\u00e9n la permanente providencia del Dios que no s\u00f3lo no abandona, sino que promete la redenci\u00f3n futura (<em>G\u00e9nesis<\/em> 3, 14-15).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo prometido en este Protoevangelio para toda la descendencia de Ad\u00e1n y Eva, que introdujeron el pecado original por su desobediencia, se ha cumplido en Cristo y Mar\u00eda, en el Redentor y su Madre, quienes con su obediencia repararon el primer pecado. La Redenci\u00f3n obrada por Cristo, de hecho, se mostr\u00f3 en primer lugar y de forma anticipada en Mar\u00eda, en cuya inmaculada concepci\u00f3n estuvo ausente el pecado original con el que toda vida humana es concebida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo es para toda la humanidad no s\u00f3lo la puerta que la lleva de nuevo al para\u00edso, sino el dador de un estado superior al de la justicia original, pues como recuerda Santo Tom\u00e1s, <em>\u201cel ser humano fue destinado a un fin m\u00e1s alto despu\u00e9s del pecado\u201d<\/em>. El mal que vemos en esta imagen, por tanto, ha de recordar que, a fin de cuentas, Dios saca del mal un bien mayor, y que, como escrib\u00eda san Juan de la Cruz, <em>\u201cbien sabe Dios sabia y hermosamente sacar de los males, bienes, y de lo que era nuestro mal, hacer causa de mayor bien\u201d<\/em>. <\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COMENTARIO ART\u00cdSTICO Esta escena es el primer fresco de la serie dedicada a la vida de San Pedro, lo cual, a primera vista, puede parecer fuera de contexto. 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