{"id":59303,"date":"2026-03-24T06:00:00","date_gmt":"2026-03-24T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=59303"},"modified":"2026-03-24T09:20:07","modified_gmt":"2026-03-24T08:20:07","slug":"sufrimiento-cristiano-ignacio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/sufrimiento-cristiano-ignacio\/","title":{"rendered":"El sentido cristiano del sufrimiento humano"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u201cEl sufrimiento es en cierto modo el destino del hombre, que nace sufriendo, pasa su vida en aflicciones y llega a su fin, a la eternidad, a trav\u00e9s de la muerte, que es una gran purificaci\u00f3n por la que todos hemos de pasar. De ah\u00ed la importancia de descubrir el sentido cristiano del sufrimiento humano\u201d<\/em>. Estas palabras de san Juan Pablo II, pronunciadas el 2 de febrero de 1985, no perder\u00e1n nunca su actualidad. A primera vista, podr\u00eda parecer que transmiten una mirada pesimista sobre el hombre y su existencia. Pero, si somos sinceros con la realidad que vivimos tantas veces, reconocemos que iluminan de modo certero una parte ineludible de nuestra experiencia humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todos queremos ser felices, tener una vida grande y gozar de ella. Sin embargo, la experiencia del sufrimiento en la vida es inevitable, y hemos de hacer cuentas con ella constantemente. Tambi\u00e9n dec\u00eda en otro lugar el Papa polaco: \u201c<em>El sufrimiento y la muerte<\/em> <em>forman parte de la experiencia humana, y es vano, adem\u00e1s de equivocado, tratar de ocultarlos o descartarlos<\/em>\u201d. Y a\u00f1ad\u00eda: \u201c<em>Al contrario, se debe ayudar a cada uno a comprender, en la realidad concreta y dif\u00edcil, su misterio profundo<\/em>\u201d (<em>Evangelium Vitae<\/em>, 97).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De modo que la perspectiva adecuada para situarnos en relaci\u00f3n con esta realidad no es plantear cuestiones sobre el sufrimiento en s\u00ed mismo, o sobre si nos gustar\u00eda o no padecerlo, sino sobre los interrogantes profundos que se suscitan cuando lo experimentamos. Y estos, de un modo u otro, tienen que ver con la pregunta sobre su sentido. Como afirmaba Robert Spaemann: <em>\u201cEl tema \u2018sentido del sufrimiento\u2019 es id\u00e9ntico al tema: sentido de lo que no queremos, de lo que nadie puede querer para s\u00ed mismo\u201d<\/em>. La cuesti\u00f3n m\u00e1s bien se expresa de este modo: \u00bfqu\u00e9 buscamos realmente cuando nos preguntamos sobre el sentido del sufrimiento? La perspectiva adecuada, ante el misterio que supone para nosotros, no ser\u00e1 tratar de dar con la soluci\u00f3n a un problema, sino de abrirnos a una luz que se nos ha dado.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El car\u00e1cter moral del sufrimiento<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para avanzar en esta perspectiva, puede ayudar ver la relaci\u00f3n y la diferencia que existe entre dolor y sufrimiento. La vulnerabilidad constitutiva, propia de la persona, implica que la realidad nos \u201chiera\u201d, nos afecte, y esto en todas las dimensiones y niveles de nuestro ser: biol\u00f3gico, afectivo, psicol\u00f3gico y espiritual. Pero no identificamos ni vivimos del mismo modo todas estas afecciones. En griego, para referirse al dolor f\u00edsico se emplea la palabra \u03b1\u03bb\u03b3\u03bf\u03c2 (<em>algos)<\/em>. De este t\u00e9rmino derivan gran variedad de palabras que actualmente son utilizadas en el \u00e1mbito m\u00e9dico relacionados con la sem\u00e1ntica del dolor, como fibromialgia, neuralgia, lumbalgia, analg\u00e9sico, etc. El t\u00e9rmino sufrimiento, por su parte, procede de \u03c0\u03b1\u03b8\u03bf\u03c2 (<em>pathos, <\/em>en lat\u00edn: <em>passio<\/em>), que abre el campo sem\u00e1ntico relativo al padecer, a lo que identificamos como <em>sufrir<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En otras palabras, dolor y sufrimiento expresan experiencias profundamente humanas, siempre relacionadas, pero tambi\u00e9n distinguibles. El primero implica la reacci\u00f3n fisiol\u00f3gica a est\u00edmulos da\u00f1inos, mientras que el segundo se considera una reacci\u00f3n como consecuencia de una experiencia que afecta a la persona e implica la pregunta por su sentido en quien la padece. <em>Dolor f\u00edsico<\/em> y <em>sufrimiento moral<\/em>, como se han denominado en ocasiones, a\u00fanan sensibilidad y afectividad, conduciendo a la persona que sufre de una <em>fase biol\u00f3gica<\/em> a una <em>fase \u00e9tica<\/em>: <em>\u201cLa entidad f\u00edsica inicial desenvuelve la afectividad moral que conduce al individuo hacia una interiorizaci\u00f3n del propio dolor que lleva al sufrimiento, como momento de libre y consciente re-actividad que implica la voluntad\u201d <\/em>(Zucchi-Honings). La clave para identificar el sufrimiento est\u00e1 en la configuraci\u00f3n del \u00e1mbito afectivo y moral de la persona que sufre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sufrir supone un paso m\u00e1s all\u00e1 del hecho en s\u00ed de experimentar dolor. No nos basta con encontrar las causas de nuestras dolencias. Es aqu\u00ed donde vemos surgir el car\u00e1cter moral de la experiencia del sufrimiento, al motivar preguntas que implican para quien sufre la cuesti\u00f3n del sentido de lo que vive y padece: <em>\u201cAll\u00ed donde no se acierta a integrar una determinada situaci\u00f3n dentro de un contexto de sentido, all\u00ed comienza el sufrimiento\u201d<\/em> (Spaemann). El sufrimiento tiene un car\u00e1cter moral de primer orden en la vida de las personas porque nos pone en juego en la b\u00fasqueda del significado y del \u201cpara qu\u00e9\u201d de lo que vivimos. No podemos ahogar los interrogantes que hacen surgir en nosotros estas experiencias: \u00bfqui\u00e9n soy yo que sufro? \u00bfQu\u00e9 sentido tiene, para qu\u00e9 sufro? \u00bfQu\u00e9 he de hacer cuando el sufrimiento se presenta en el camino de la vida?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La respuesta a la pregunta sobre el misterio del sufrimiento<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como afirmaba el profesor Livio Melina: <em>\u201cEl ser humano puede incluso soportar el dolor; lo que no puede soportar es un sufrimiento privado de sentido. Y el hombre sufre cuando experimenta la desproporci\u00f3n en relaci\u00f3n con su deseo de plenitud\u201d<\/em>. Pero \u00bfc\u00f3mo encontrar este sentido y la respuesta a las preguntas que suscita? El camino se nos facilita al reconocer que la palabra que mejor acompa\u00f1a a la realidad del sufrimiento es \u201cmisterio\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este t\u00e9rmino nos suele remitir a algo que no podemos llegar a conocer, algo inalcanzable para nuestra capacidad de entendimiento. Sin embargo, lo que expresa en relaci\u00f3n con el sufrimiento es que nos encontramos ante una realidad cuyo sentido est\u00e1 oculto para nosotros, y nos tiene que ser desvelado: <em>\u201cLa soluci\u00f3n a esta dram\u00e1tica cuesti\u00f3n no podr\u00e1 jam\u00e1s ofrecerse solo a la luz del pensamiento humano, porque en el sufrimiento est\u00e1 contenida la grandeza de un misterio espec\u00edfico que solo la Revelaci\u00f3n de Dios nos puede desvelar\u201d <\/em>(<em>Samaritanus Bonus, I)<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por tanto, no somos nosotros los que podemos desentra\u00f1ar la respuesta a las preguntas que nos suscita la experiencia del sufrimiento, sino que m\u00e1s bien hemos de abrirnos a recibirla. Y desde la fe cristiana es posible ponerse a la escucha de esa respuesta que se nos ha dado a conocer en la persona de Jesucristo. Este es el camino para entrar en el sentido cristiano del sufrimiento humano, como expuso san Juan Pablo II en la Carta Apost\u00f3lica <em>Salvifici doloris<\/em> (1984): <em>\u201cCristo da la respuesta al interrogante sobre el sufrimiento y sobre el sentido del mismo, no s\u00f3lo con sus ense\u00f1anzas, es decir, con la Buena Nueva, sino ante todo con su propio sufrimiento, el cual est\u00e1 integrado de una manera org\u00e1nica e indisoluble con las ense\u00f1anzas de la Buena Nueva. Esta es la palabra \u00faltima y sint\u00e9tica de esta ense\u00f1anza: \u201cla doctrina de la Cruz\u201d<\/em> (1 Corintios 1, 18)\u201d (<em>Salvifici Doloris,<\/em> 18).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El n\u00facleo de la redenci\u00f3n no se encuentra en el sobrecogedor suceso de un dolor muy intenso o insoportable, sino que el punto esencial radica en qui\u00e9n es Jes\u00fas de Nazaret, y en el sentido salv\u00edfico y redentor que su padecer contiene. Jesucristo, siendo inocente, se acerc\u00f3 al mundo del sufrimiento humano zambull\u00e9ndose voluntariamente en \u00e9l de manera radical, hasta las \u00faltimas consecuencias. En la cruz, Cristo ha transfigurado el sufrimiento por su amor redentor. El misterio de su pasi\u00f3n y muerte est\u00e1 incluido en el misterio pascual. La elocuencia de la resurrecci\u00f3n manifiesta la fuerza victoriosa de su entrega por amor, signo de la cual son las se\u00f1ales de la pasi\u00f3n que Jes\u00fas conserva en su cuerpo resucitado. La gloria, que en la cruz quedaba totalmente velada, brilla en plenitud por la resurrecci\u00f3n, manifestando as\u00ed <em>\u201cla fuerza victoriosa del sufrimiento\u201d<\/em> (<em>Salvifici Doloris,<\/em> 25).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sufrimiento no ha desaparecido tras la resurrecci\u00f3n de Cristo, pero ahora podemos vivirlo unidos a \u00c9l con un sentido redentor, hasta que lleguen los cielos y la tierra nuevos, donde no habr\u00e1 muerte, ni duelo, ni llanto, ni dolor, porque lo primero ha desaparecido (cfr. Apocalipsis 21, 4). De esto modo:<em> \u201cAunque la victoria sobre el pecado y la muerte, conseguida por Cristo con su cruz y resurrecci\u00f3n no suprime los sufrimientos temporales de la vida humana, ni libera del sufrimiento toda la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica de la existencia humana, sin embargo, sobre toda esa dimensi\u00f3n y sobre cada sufrimiento esta victoria proyecta una luz nueva, que es la luz de la salvaci\u00f3n\u201d<\/em> (<em>Salvifici Doloris, <\/em>15).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Hacer el bien a quien sufre<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La respuesta de Dios al hombre sobre el sentido del sufrimiento nos hace part\u00edcipes de los sufrimientos de Cristo para la redenci\u00f3n del mundo, y nos abre tambi\u00e9n un camino de acci\u00f3n en el don de s\u00ed mismo por amor a quien sufre. Tanto si somos los necesitados porque sufrimos, como si somos los llamados a no pasar de largo ante quien lo necesita, surge una din\u00e1mica de relacionalidad que nos implica en primera persona. Los tiempos de sufrimiento en la vida son tambi\u00e9n tiempos de relaciones, en los que surge una mirada nueva, la del \u201ccoraz\u00f3n que ve\u201d, propia del Buen Samaritano (cfr. <em>Samaritanus Bonus,<\/em> II-III).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sentido cristiano del sufrimiento humano hace posible esta mirada que descubre al mismo Jesucristo en aquel que sufre, como se indica en la conclusi\u00f3n de la carta <em>Samaritanus Bonus<\/em>: <em>\u201cEsta vocaci\u00f3n al amor y al cuidado del otro, que lleva consigo ganancias de eternidad, se anuncia de manera expl\u00edcita por el Se\u00f1or de la vida en esta par\u00e1frasis del juicio final: recibid en heredad el reino, porque estaba enfermo y me hab\u00e9is visitado. \u00bfCu\u00e1ndo, Se\u00f1or? Todas las veces que hab\u00e9is hecho esto con un hermano vuestro m\u00e1s peque\u00f1o, a un hermano vuestro que sufre, lo hab\u00e9is hecho conmigo (cfr. Mt 25, 31-46)\u201d<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La realidad del sufrimiento seguir\u00e1 siempre envuelta en un cierto misterio para nosotros, pero a la luz de la pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo se abre a un sentido y una esperanza nuevos a los que podemos abrirnos y de los que somos hechos part\u00edcipes. Tambi\u00e9n inaugura un nuevo modo de actuar ante quien sufre. Es verdad que no se puede ocupar el lugar del que padece, pero s\u00ed podremos generar una relaci\u00f3n de ayuda, escucha y consuelo, ofreci\u00e9ndole todo el bien necesario para levantarlo de la herida de la desolaci\u00f3n y abrir en su coraz\u00f3n hendiduras luminosas de esperanza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es lo que, de alg\u00fan modo, expres\u00f3 Sam Sagaz en un momento cr\u00edtico del \u00e9pico relato de Tolkien, al final de aquel largo camino recorrido junto a su amigo Frodo Bols\u00f3n, cuando ante el tremendo peso que \u00e9ste portaba y que le imped\u00eda seguir adelante hundido en la oscuridad de un terrible sufrimiento, le dijo, movido por el profundo amor que le ten\u00eda: <em>\u201c\u00a1Venga, Se\u00f1or Frodo! No puedo llevarlo por usted, pero puedo llevarlo a usted junto con \u00e9l. \u00a1Vamos, querido se\u00f1or Frodo!\u201d <\/em>(J.R.R. Tolkien).<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl sufrimiento es en cierto modo el destino del hombre, que nace sufriendo, pasa su vida en aflicciones y llega a su fin, a la eternidad, a trav\u00e9s de la muerte, que es una gran purificaci\u00f3n por la que todos hemos de pasar. De ah\u00ed la importancia de descubrir el sentido cristiano del sufrimiento humano\u201d. 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