{"id":58540,"date":"2026-03-12T06:00:00","date_gmt":"2026-03-12T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=58540"},"modified":"2026-02-18T09:53:55","modified_gmt":"2026-02-18T08:53:55","slug":"lecturas-del-iv-domingo-de-cuaresma-a","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/lecturas-del-iv-domingo-de-cuaresma-a\/","title":{"rendered":"Los ciegos ven y los que ven quedan ciegos. IV domingo de Cuaresma (A)"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">La escena evang\u00e9lica que la Liturgia de hoy nos ofrece para nuestra galer\u00eda cuaresmal es la curaci\u00f3n del hombre ciego de nacimiento. Desde sus primeras hasta sus \u00faltimas l\u00edneas, el tema que domina toda la narraci\u00f3n es el de la vista y la ceguera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La escena comienza de manera sencilla: \u201c<em>Y al pasar, vio Jes\u00fas a un hombre ciego de nacimiento\u201d<\/em>.&nbsp; Sigue un di\u00e1logo, y luego Jes\u00fas se revela como la Luz del mundo. Finalmente tiene lugar una curaci\u00f3n dram\u00e1tica que implica tanto la iniciativa de Cristo como la cooperaci\u00f3n del hombre. Jes\u00fas act\u00faa, pero el hombre debe responder. Obedeciendo la orden del Se\u00f1or: \u201c<em>\u00c9l fue, se lav\u00f3, y volvi\u00f3 con vista<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este hombre ciego de nacimiento es imagen de cada uno de nosotros. Fuimos concebidos en el pecado, pero la misericordia de Dios ha salido a nuestro encuentro. Como el ciego enviado a lavarse, nuestro camino cuaresmal nos recuerda nuestra constante necesidad de conversi\u00f3n. El pecado nos ciega, distorsiona nuestra visi\u00f3n y nos impide ver con claridad. Por eso necesitamos ser lavados una y otra vez para recuperar la vista. La llamada a una conversi\u00f3n permanente durante la Cuaresma se hace muy concreta en la celebraci\u00f3n frecuente del sacramento de la reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La verdadera conversi\u00f3n no es solo arrepentimiento del pecado, sino que tambi\u00e9n nos permite ver con los ojos de Dios, ver como Dios ve. La mirada de Dios va m\u00e1s all\u00e1 de las apariencias y llega al coraz\u00f3n. Este tema de la vista es tambi\u00e9n central en la primera lectura. Cuando Samuel va a ungir a un rey entre los hijos de Jes\u00e9, se deja impresionar por la apariencia y la estatura. Pero el Se\u00f1or lo corrige: \u201c<em>No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, mas el Se\u00f1or mira el coraz\u00f3n<\/em>\u201d. Esta manera divina de ver se expresa bellamente en el prefacio de la Misa: \u201c<em>Por el misterio de la encarnaci\u00f3n, condujo al g\u00e9nero humano, peregrino en tinieblas, al esplendor de la fe<\/em>\u201d. Ese paso hacia la luz de la fe es la llamada que Dios nos dirige.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ver como Dios ve requiere fe. La fe nos da la visi\u00f3n de Cristo; nos concede la mirada sobrenatural que tanto deseamos. El hombre ciego de nacimiento, despu\u00e9s de recibir la vista corporal, todav\u00eda deb\u00eda dar un paso m\u00e1s: el paso hacia la vista espiritual. Su visi\u00f3n recuperada le permiti\u00f3 encontrarse con Cristo y creer en \u00c9l. Esto contrasta fuertemente con los fariseos, que ve\u00edan f\u00edsicamente, pero se negaban a creer. Aunque afirmaban ver, permanec\u00edan espiritualmente ciegos. Por eso Jes\u00fas les dice: \u201c<em>Si estuvierais ciegos, no tendr\u00edais pecado; pero como dec\u00eds \u201cvemos\u201d, vuestro pecado permanece<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La importancia de ver con los ojos de la fe se expresa en la pregunta decisiva que Jes\u00fas hace al hombre curado: \u201c<em>\u00bfCrees t\u00fa en el Hijo del hombre?<\/em>\u201d. Al reconocer lo que Jes\u00fas hab\u00eda hecho por \u00e9l, el hombre pasa de la luz f\u00edsica a la luz de la fe y profesa: \u201c<em>Creo, Se\u00f1or<\/em>\u201d. Este camino de crecimiento no puede decirse de los fariseos, que se consideran sanos y sin necesidad de curaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A medida que nos acercamos a la celebraci\u00f3n de la Pascua, somos invitados a lavar los ojos de nuestra fe, para poder ver como Cristo ve. Estamos llamados a quitar todo pecado que nuble nuestra visi\u00f3n y oscurezca nuestro coraz\u00f3n. Esto exige humildad, la humildad de reconocer que no somos perfectos y el coraje de arrepentirnos de nuestros pecados, de nuestras falsas seguridades, de nuestras ideolog\u00edas y de nuestro ego\u00edsmo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La escena evang\u00e9lica que la Liturgia de hoy nos ofrece para nuestra galer\u00eda cuaresmal es la curaci\u00f3n del hombre ciego de nacimiento. Desde sus primeras hasta sus \u00faltimas l\u00edneas, el tema que domina toda la narraci\u00f3n es el de la vista y la ceguera. 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