{"id":5640,"date":"2020-12-02T16:10:43","date_gmt":"2020-12-02T16:10:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.omnesmag.com\/?p=5640"},"modified":"2021-01-31T16:37:49","modified_gmt":"2021-01-31T16:37:49","slug":"gabriela-mistral-1889-1957-75-anos-despues-de-recibir-el-premio-nobel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/gabriela-mistral-1889-1957-75-anos-despues-de-recibir-el-premio-nobel\/","title":{"rendered":"Gabriela Mistral (1889-1957): 75 a\u00f1os despu\u00e9s de recibir el Premio Nobel"},"content":{"rendered":"<p>En el Valle del Elqui, en las tierras del Norte de Chile, el azul del cielo es intensamente azul durante el d\u00eda. Ya oscuro, tan seco aquello, con sus trescientas noches despejadas al a\u00f1o, el cielo es l\u00edmpido para embeberse de estrellas. El sonido del r\u00edo que da nombre al valle se oye n\u00edtido y acelerado. El sol pega fuerte llenando las vides; lo abrupto de los montes pedregosos deja cultivar la tierra casi solamente donde el Elqui ha ido conquistando espacio. Gabriela Mistral conoci\u00f3 y am\u00f3 profundamente su tierra natal y a sus gentes. All\u00ed aprendi\u00f3 tambi\u00e9n a encontrar a Dios y a admirarse de sus obras.<\/p>\n\n\n\n<p>El 10 de diciembre del 2020 se cumplen 75 a\u00f1os de la entrega del Premio Nobel de Literatura a Gabriela Mistral, la primera escritora de Latinoam\u00e9rica en recibir este galard\u00f3n (1945). Sus obras <em>Desolaci\u00f3n <\/em>(1922), <em>Ternura<\/em> (1923) y <em>Tala <\/em>(1938) son probablemente las que la hicieron acreedora de ese premio. Ib\u00e1\u00f1ez Langlois escribe: <em>\u201cAjena a modas y maneras, arraigada en la tradici\u00f3n m\u00e1s propia \u2014el sentimiento b\u00edblico, la poes\u00eda castellana, las esencias rurales del pa\u00eds\u2014 esta maestrilla norte\u00f1a escribi\u00f3 algunas de las estrofas m\u00e1s desgarradoras y tiernas del idioma\u201d<\/em>. Y, por su parte, Neruda afirmar\u00e1 en 1954 a prop\u00f3sito de los <em>Sonetos de la muerte,<\/em> publicados cuarenta a\u00f1os antes:<em> \u201cLa magnitud de estos breves poemas no ha sido superada en nuestro idioma. Hay que caminar siglos de poes\u00eda, remontarnos hasta el viejo Quevedo, desenga\u00f1ado y \u00e1spero, para ver, tocar y sentir un lenguaje po\u00e9tico de tales dimensiones y dureza\u201d<\/em>. Transcribimos el primero de esos sonetos que ilustra bien la fuerza de la expresi\u00f3n de la joven Mistral a los 25 a\u00f1os:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Del nicho helado en que los hombres te pusieron,<br>te bajar\u00e9 a la tierra humilde y soleada.<br>Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,<br>y que hemos de so\u00f1ar sobre la misma almohada.<br><br>Te acostar\u00e9 en la tierra soleada con una<br>dulcedumbre de madre para el hijo dormido,<br>y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna<br>al recibir tu cuerpo de ni\u00f1o dolorido.<br><br>Luego ir\u00e9 espolvoreando tierra y polvo de rosas,<br>y en la azulada y leve polvareda de luna,<br>los despojos livianos ir\u00e1n quedando presos.<br><br>Me alejar\u00e9 cantando mis venganzas hermosas,<br>\u00a1porque a ese hondor rec\u00f3ndito la mano de ninguna<br>bajar\u00e1 a disputarme tu pu\u00f1ado de huesos!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Gabriela Mistral naci\u00f3 en Vicu\u00f1a, en el norte de Chile, en una familia de escasos recursos; fue educada muy pobremente, pero lleg\u00f3 muy lejos por su talento, su trabajo perseverante y la ayuda de personas que advirtieron su val\u00eda. Mistral comenz\u00f3 a impartir clases como ayudante de maestra a los 15 a\u00f1os y no dej\u00f3 de hacerlo mientras vivi\u00f3 en Chile, al tiempo que se iniciaba en la escritura. Sus primeros escritos son de 1904 y obtendr\u00e1 el Premio Nacional de Poes\u00eda de Chile en 1914 con sus <em>Sonetos de la muerte<\/em>. En 1922 se traslada a M\u00e9xico para colaborar en la reforma educativa mexicana y luego ostentar\u00e1 diversas representaciones consulares de Chile en diferentes pa\u00edses de Europa y Am\u00e9rica. Fallecer\u00e1 de c\u00e1ncer de p\u00e1ncreas en Nueva York en 1957 a los 67 a\u00f1os. Don\u00f3 los derechos de sus obras a la promoci\u00f3n de los ni\u00f1os de Montegrande, el pueblo en el que se desarroll\u00f3 su infancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Al lector de hoy los poemas de Gabriela Mistral le impresionan no solo por su sonora musicalidad, sino tambi\u00e9n por su profunda religiosidad. Tuvo la poetisa una intensa experiencia de Dios. En el <em>Poema de Chile<\/em>, por ejemplo, al recorrer la larga geograf\u00eda de su patria, contemplando el norte des\u00e9rtico, escribe:<\/p>\n\n\n\n<p><em>En tierras blancas de sed<\/em> \/ <em>partidas de abrasamiento<\/em> \/ <em>los Cristos llamados cactus<\/em> \/ <em>vigilan desde lo eterno.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Dios est\u00e1 presente por doquier, quiz\u00e1 como contrapunto de la dureza de la vida, pero tambi\u00e9n como respuesta \u00faltima de la belleza y dulzura que encuentra en la naturaleza. Como a\u00f1os despu\u00e9s al Papa Francisco, a Mistral le cautiv\u00f3 profundamente la luz y fuerza de san Francisco de As\u00eds. Por ejemplo, en <em>Motivos de san Francisco<\/em> rememora su voz:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201c\u00a1C\u00f3mo hablar\u00eda san Francisco! \u00a1Qui\u00e9n oyera sus palabras goteando como un fruto, de dulzura! \u00a1Qui\u00e9n las oyera cuando el aire est\u00e1 lleno de resonancias secas, como un cardo muerto! Esa voz de san Francisco hac\u00eda volverse el paisaje hacia \u00e9l, como un semblante; apresuraba de amor la savia en los \u00e1rboles y hac\u00eda aflojar de dulzura su abullonado a la rosa. Era un canto quedo, como el que tiene el agua cuando corre bajo la arenita menuda\u201d<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Gabriela Mistral hubo de hacer frente a muchas dificultades en su vida, tambi\u00e9n a aquellas <em>\u201csequedades de que habla la Santa\u201d<\/em> y de las que dice que son <em>\u201clas tentaciones m\u00e1s duras\u201d<\/em> (<em>Los compa\u00f1eros de San Francisco: Bernardo de Quintaval<\/em>). Quiz\u00e1 por eso su mirada fue especialmente misericordiosa y su actitud ante la creaci\u00f3n respetuosa como la de una abeja: <em>\u201cYo quiero, Francisco, pasar as\u00ed por las cosas, sin doblarles un p\u00e9talo\u201d<\/em> (<em>La delicadeza<\/em>). Devota de <em>il <\/em><em>poverello<\/em> de As\u00eds y lectora asidua de sus <em>Florecillas<\/em>, perteneci\u00f3 a la Orden Tercera de San Francisco. De hecho, leg\u00f3 la medalla y el pergamino que acreditan su Premio Nobel al pueblo de Chile y est\u00e1n bajo custodia de los franciscanos en el mismo museo en el que se conservan la biblia que sol\u00eda utilizar, un rosario de cuentas de cer\u00e1mica y medallas de metal y un crucifijo suyo de madera tallada y policromada del siglo XVIII. Fue enterrada por expreso deseo suyo con el h\u00e1bito franciscano.<\/p>\n\n\n\n<p>Han pasado 75 a\u00f1os de la concesi\u00f3n del Premio Nobel a esta poeta. Aunque en los \u00faltimos a\u00f1os se ha puesto especial inter\u00e9s en investigar otros aspectos de su vida personal, es una buena ocasi\u00f3n para releer sus textos en verso y prosa, emocionarnos con su sensibilidad y aprender de su religiosidad fundida \u201ccon un lacerante anhelo de justicia social\u201d.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el Valle del Elqui, en las tierras del Norte de Chile, el azul del cielo es intensamente azul durante el d\u00eda. Ya oscuro, tan seco aquello, con sus trescientas noches despejadas al a\u00f1o, el cielo es l\u00edmpido para embeberse de estrellas. 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