{"id":54311,"date":"2026-07-20T06:00:00","date_gmt":"2026-07-20T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=54311"},"modified":"2026-01-15T12:51:29","modified_gmt":"2026-01-15T11:51:29","slug":"la-encarnacion-gil-de-siloe-retablo-de-miraflores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/la-encarnacion-gil-de-siloe-retablo-de-miraflores\/","title":{"rendered":"La Encarnaci\u00f3n\u00a0Gil de Silo\u00e9, Retablo de Miraflores"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>COMENTARIO ART\u00cdSTICO<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Situada en el cuerpo inferior del retablo mayor de la iglesia de la Cartuja de Miraflores (Burgos) encontramos una de las escenas m\u00e1s representadas en el arte religioso: la Anunciaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las figuras se disponen en un espacio semicircular cerrado por la presencia de cuatro \u00e1ngeles. En la parte superior derecha aparece una estrella de seis puntas, aludiendo a la luz que m\u00e1s tarde guiar\u00eda a los pastores y a los Reyes Magos. La Virgen Mar\u00eda se representa en una estancia imaginaria, reclinada ante un libro abierto, s\u00edmbolo de la meditaci\u00f3n en las Escrituras. A sus pies, un jarr\u00f3n con flores blancas alude a su pureza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque los evangelios no mencionan que Mar\u00eda estuviera en oraci\u00f3n en el momento de la Anunciaci\u00f3n, la tradici\u00f3n cristiana y muchos autores espirituales han interpretado su actitud como recogimiento y apertura a la voluntad de Dios, coherente con la expresi\u00f3n \u201cllena de gracia\u201d. El \u00e1ngel Gabriel, mensajero divino, se presenta acompa\u00f1ado por otros dos \u00e1ngeles y comunica a Mar\u00eda el misterio de la Encarnaci\u00f3n. Tras el \u201c<em>fiat<\/em>\u201d, el \u201c<em>h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra<\/em>\u201d, el Esp\u00edritu Santo desciende sobre la Virgen mientras del Padre salen rayos en los que viaja el Ni\u00f1o camino del o\u00eddo de su Madre; una forma pl\u00e1stica y profundamente simb\u00f3lica de representar la Encarnaci\u00f3n del Verbo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El retablo como Biblia visual&nbsp;<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay que recordar que este retablo fue realizado en el siglo XV, en una \u00e9poca en que gran parte de los fieles eran analfabetos. La Misa se celebraba en lat\u00edn, lengua que muchos no entend\u00edan. El retablo, por tanto, cumpl\u00eda una funci\u00f3n catequ\u00e9tica esencial: era la \u201cBiblia de los pobres\u201d, un medio visual para contemplar y comprender los misterios de la fe. La escena de la Anunciaci\u00f3n, adem\u00e1s, serv\u00eda como recordatorio del inicio de la Redenci\u00f3n, vinculando el nacimiento de Cristo con la entrega eucar\u00edstica representada en la escena central.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Podemos apreciar la riqueza de las vestimentas de la Virgen y de los \u00e1ngeles, as\u00ed como la profusi\u00f3n en el uso del oro. Este lenguaje pict\u00f3rico buscaba acercar al fiel al \u00e1mbito celestial mediante los materiales m\u00e1s valiosos. La manera de representar los sucesos divinos era incluir los pigmentos y materiales m\u00e1s caros, como el uso del lapisl\u00e1zuli, importado de Afganist\u00e1n,&nbsp; para el color azul (normalmente el manto de Virgen aparece en este azul intenso) o el oro, como una evocaci\u00f3n de la luz celestial. Las figuras aparecen con ropajes contempor\u00e1neos a la \u00e9poca de ejecuci\u00f3n, recurso habitual para acercar las escenas sagradas al espectador de finales del medievo. Los fieles no solo contemplaban un episodio b\u00edblico, sino tambi\u00e9n un modelo de virtud y devoci\u00f3n, presentado con el m\u00e1ximo realismo posible.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Una obra del g\u00f3tico hispano-flamenco<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El retablo es una monumental estructura de madera situada en el presbiterio, organizada en calles con escenas representando la historia de la salvaci\u00f3n. La escena central exalta la Eucarist\u00eda a trav\u00e9s de la figura de Cristo crucificado, rodeado de episodios de la Pasi\u00f3n, el Nacimiento y otros momentos clave, as\u00ed como representaciones de santos, evangelistas y personajes relevantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La talla y el dise\u00f1o de este original retablo corrieron a cargo del maestro Gil de Silo\u00e9 y su taller. Una obra de semejante envergadura requiri\u00f3 la colaboraci\u00f3n de numerosos artesanos bajo la supervisi\u00f3n del maestro, lo que explica las diferencias de estilo en la ejecuci\u00f3n de algunas escenas. Una vez finalizada la talla, el pintor Diego de la Cruz se encarg\u00f3 de la policrom\u00eda y el embellecimiento, aplicando t\u00e9cnicas complejas y costosas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre ellas destacan el estofado, que consiste en aplicar pan de oro sobre la madera y cubrirlo con pintura al temple para luego raspar y dejar ver el oro formando dibujos que imitan brocados, bordados o telas ricas; y el pastillaje, que consiste en a\u00f1adir relieves en pasta para simular aureolas, bordes de vestiduras, joyas, flores y otros adornos que luego se doraban y policromaban. Los artistas hispanos del g\u00f3tico tard\u00edo fueron aut\u00e9nticos maestros en el dominio de estas t\u00e9cnicas, que confer\u00edan lujo y espiritualidad a las esculturas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El retablo mayor de la Cartuja de Miraflores fue realizado entre 1496 y 1499 como encargo de los Reyes Cat\u00f3licos, impulsado especialmente por Isabel la Cat\u00f3lica. Es considerado una de las cumbres de la escultura policromada hispano-flamenca y un ejemplo excepcional de la uni\u00f3n entre arte, teolog\u00eda y catequesis visual en la Espa\u00f1a del siglo XV.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" data-id=\"54312\" src=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Captura-de-pantalla-2025-09-24-a-las-11.40.20.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-54312\"\/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>COMENTARIO CATEQU\u00c9TICO<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el centro del retablo de la Cartuja de Miraflores se sit\u00faa tambi\u00e9n lo que constituye el centro de la fe cristiana: la Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios en la humanidad de Jes\u00fas de Nazaret para entregarse por la redenci\u00f3n y salvaci\u00f3n de la humanidad. Este hecho admirable, decisi\u00f3n existente en la eternidad del Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo (las tres personas divinas que marcan el eje horizontal del retablo) es ejecutada en el tiempo de la Anunciaci\u00f3n cuando el Verbo se encarna en el seno virginal de Mar\u00eda para entregarse al plan salvador de Dios (la Cruz y la exaltaci\u00f3n, situadas en el eje vertical).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde los inicios, la Encarnaci\u00f3n ha sido el eje central de la fe cristiana, el gran misterio de la piedad: Dios se ha hecho carne. De ah\u00ed que, para honrar adecuadamente este misterio, cuya compleja profundidad se expresa en la gran catequesis del retablo de Miraflores, la reina Isabel recurriera no s\u00f3lo al mejor taller art\u00edstico sino a los mejores materiales, t\u00e9cnicas y pigmentos. En definitiva, la Encarnaci\u00f3n es el misterio de fe que est\u00e1 en el mismo centro del Credo: \u201c<em>por nosotros los hombres y por nuestra salvaci\u00f3n baj\u00f3 del Cielo, y por obra del Esp\u00edritu Santo se encarn\u00f3 de Mar\u00eda Virgen<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La finalidad de la Encarnaci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Comprender la finalidad de este decreto eterno de la Sant\u00edsima Trinidad es, por tanto, comprender en su ra\u00edz el sentido y la finalidad de toda la revelaci\u00f3n cristiana. La finalidad no es \u00fanica, sino que podemos contemplarla en un desarrollo amplio de tres pasos, en los que vamos viendo la inmensa riqueza de este misterio central de la fe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El primer paso que busca conseguir Dios es la salvaci\u00f3n de la humanidad. Para dar la salvaci\u00f3n, en primer lugar, realiza la liberaci\u00f3n del pecado, reconciliando consigo a la humanidad. En segundo lugar, tambi\u00e9n para salvarnos, nos da a conocer la inmensidad del amor que nos tiene (1Jn 4, 9-14). Ambas cosas, reconciliaci\u00f3n del pecado y testimonio del amor divino, es lo que resplandece en la Cruz, primera parada de esta obra salvadora y protagonista principal del retablo de Miraflores.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El segundo paso es instruir a la humanidad, ya que Cristo resucitado se nos ofrece como camino y modelo de la humanidad perfecta y de la santidad. No en vano, el c\u00edrculo central del retablo, que encierra los misterios divinos, est\u00e1 rodeado por los cuatro tondos de los doctores de la Iglesia, encargados de instruir a la Iglesia en la ense\u00f1anza del Verbo encarnado. De hecho, Cristo se presenta en los Evangelios como Maestro de quien aprender (Mt 11, 29), Camino que seguir (Jn 14, 6), Voz divina que se ha de escuchar (Mc 9, 7) y Modelo supremo de Amor (15, 12), que se expresa en la entrega de s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El tercer paso es conducir a la humanidad, redimida del pecado e instruida por el Verbo, a compartir la naturaleza divina. La Encarnaci\u00f3n es la v\u00eda de acceso abierta a la humanidad para compartir la naturaleza divina del Verbo (2 Pedro 1, 4). Todo ser humano que entra en comuni\u00f3n con el Hijo encarnado llega a ser hijo de Dios, recibiendo del Padre la adopci\u00f3n filial y entrando en la v\u00eda de la divinizaci\u00f3n por el don del Esp\u00edritu Santo. Todo el retablo es un resumen de lo que Dios ofrece a la humanidad a trav\u00e9s de la Encarnaci\u00f3n de su Hijo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La fe en el Verbo Encarnado<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En definitiva, la fe en la Encarnaci\u00f3n acepta que el Hijo de Dios ha asumido una naturaleza humana para realizar por ella el plan determinado por la Trinidad para nuestra salvaci\u00f3n. Tambi\u00e9n acepta la verdadera realidad del Verbo Encarnado, sin reducirlo a una suma de partes (parte divina y humana) o una mezcla confusa entre lo divino y lo humano. El Verbo Encarnado es verdadero Dios y verdadero hombre, pero la dificultad de aceptar racionalmente esta fe dio lugar desde el principio a numerosas herej\u00edas, que alteraban la fe en el Verbo Encarnado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desviaciones como el docetismo (la humanidad de Cristo es s\u00f3lo aparente), el arrianismo (la humanidad de Cristo es real pero unida a un dios creado, no al Hijo consustancial con el Padre), el nestorianismo (en Cristo hay una persona humana y otra divina) o el monofisismo (la naturaleza humana queda absorbida y virtualmente desaparecida en la divina). Frente a ellas la Iglesia va precisando la verdadera fe en el Verbo Encarnado, en una serie de formulaciones dogm\u00e1ticas cuyo mejor ejemplo es la formulada en el Concilio de Calcedonia (siglo V): \u201c<em>se ha de reconocer un solo y mismo Cristo Se\u00f1or, Hijo \u00fanico en dos naturalezas, sin confusi\u00f3n, sin cambio, sin divisi\u00f3n, sin separaci\u00f3n<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso hay que afirmar que la humanidad de Cristo, Verbo Encarnado, no tiene otro sujeto que la persona divina del Hijo, que la ha asumido y hecho suya desde la Encarnaci\u00f3n en el seno de Mar\u00eda, como muestra la escena del retablo seleccionada con m\u00e1s detalle. Todo en la humanidad de Cristo ha de ser atribuido a su persona divina, tambi\u00e9n los sufrimientos y la muerte, no s\u00f3lo los milagros y ense\u00f1anza con autoridad. Verdaderamente Dios, la persona del Hijo, ha muerto en la entrega del Verbo Encarnado en la Cruz. Esta es la sobrecogedora verdad profunda de la Encarnaci\u00f3n, que impacta con fuerza al contemplar el conjunto del retablo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Verbo Encarnado, por otra parte, no s\u00f3lo asume un cuerpo, sino tambi\u00e9n un alma y un coraz\u00f3n humano, una naturaleza humana \u00edntegra. El alma de Cristo tiene realmente un conocimiento humano, que como tal admit\u00eda y necesitaba un desarrollo (Lc 2, 52), y a la vez, por estar unida al Verbo, conoc\u00eda todo, tambi\u00e9n lo divino. Aqu\u00ed entra el \u00edntimo conocimiento que Jesucristo tiene de su Padre Dios (Mc 14, 36, Mt 11, 27), as\u00ed como de sus designios salvadores. El alma de Cristo tiene tambi\u00e9n una verdadera voluntad humana, siempre cooperante con la voluntad del Padre, mostrando as\u00ed la perfecta realizaci\u00f3n de la voluntad de un ser humano. El Hijo obedece en la eternidad el decreto del Padre encarn\u00e1ndose por el Esp\u00edritu Santo, mientras que el Verbo Encarnado obedece este decreto hasta la muerte en la Cruz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El coraz\u00f3n humano de Jesucristo se muestra en el Pel\u00edcano Eucar\u00edstico que corona el retablo, rasg\u00e1ndose a s\u00ed mismo para alimentar con su propia sangre a sus cr\u00edas. En el coraz\u00f3n de Cristo, durante su vida y su pasi\u00f3n, est\u00e1 presente un conocimiento y un amor hacia cada criatura humana. Por eso es el coraz\u00f3n tambi\u00e9n de la Encarnaci\u00f3n, y el s\u00edmbolo principal de aquel amor que da sentido y finalidad a la Encarnaci\u00f3n, el amor con que el Redentor ama al Padre y a cada uno de los hombres.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COMENTARIO ART\u00cdSTICO Situada en el cuerpo inferior del retablo mayor de la iglesia de la Cartuja de Miraflores (Burgos) encontramos una de las escenas m\u00e1s representadas en el arte religioso: la Anunciaci\u00f3n. Las figuras se disponen en un espacio semicircular cerrado por la presencia de cuatro \u00e1ngeles. 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