{"id":52195,"date":"2025-09-19T06:30:00","date_gmt":"2025-09-19T04:30:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.omnesmag.com\/?p=52195"},"modified":"2025-09-15T09:55:58","modified_gmt":"2025-09-15T07:55:58","slug":"salvar-a-los-jovenes-de-las-pantallas-la-mision-de-la-gente-que-lee","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/salvar-a-los-jovenes-de-las-pantallas-la-mision-de-la-gente-que-lee\/","title":{"rendered":"Salvar a los j\u00f3venes de las pantallas: la misi\u00f3n de la gente que lee"},"content":{"rendered":"<p>En los colegios donde trabajo he visto adolescentes que leen. Existen. Sacan la novela en la hora de lectura, avanzan cuando est\u00e1n lesionados y no pueden hacer educaci\u00f3n f\u00edsica. En el mejor de los casos, la rematan en la tarde, mientras esperan a que los vengan a buscar. En las tutor\u00edas que tengo con alumnos habitualmente rompo el hielo con este tema. (La Literatura es mi debilidad). As\u00ed he ido conociendo sus h\u00e1bitos de lectura y con m\u00e1s de alguno nos hacemos amigos.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a la pregunta: \u201c\u00bfTe gusta leer?\u201d, algunos dicen que s\u00ed, y mucho, e incluso mencionan t\u00edtulos sobresalientes. Pero son pocos. La mayor\u00eda responde algo como: \u201cNo soporto los libros obligatorios del plan lector, ah\u00ed busco res\u00famenes por Internet\u2026 pero a veces leo otras cosas por mi cuenta\u201d. Ah\u00ed conectamos, y en cuanto mencionan t\u00edtulos o personajes literarios ellos sonr\u00eden, respiran y una buena conversaci\u00f3n empieza.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, siguiendo la corriente a los adolescentes, he ido leyendo algunas de las novelas que ellos eligen por afici\u00f3n (acaso como parte de esos 5,5 libros que lee un chileno al a\u00f1o, seg\u00fan&nbsp;el reciente informe del Ministerio de las Culturas y del INE). Mi intenci\u00f3n era&nbsp;hacerme una idea de su mundo y&nbsp;termin\u00e9 disfrutando m\u00e1s que ellos: Maze Runner, Los Juegos del Hambre, Percy Jackson. Son novelas entretenidas, llenas de magia, fantas\u00eda o ciencia ficci\u00f3n que, efectivamente, aceleran el coraz\u00f3n y tienen fuerza suficiente como para iniciar a alguien en&nbsp;el h\u00e1bito lector. Sin embargo, dejan con gusto a poco y a veces tienden a una brutalidad poco edificante.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfTe gustar\u00eda leer m\u00e1s?\u201d, les pregunto luego. \u201cS\u00ed, pero las redes sociales me quitan demasiado tiempo\u201d. Siempre terminamos ah\u00ed. Es ineludible. Haga lo que haga, la tutor\u00eda desemboca hacia la queja contra las pantallas, las dificultades para liberarse de sus tent\u00e1culos, las ganas de caminar \u00e1giles, sin el peso de esa ancla de bolsillo. El m\u00f3vil es el elefante en la cristaler\u00eda de la educaci\u00f3n. Por su culpa, la mente de los ni\u00f1os va perdiendo aptitudes para digerir historias m\u00e1s largas o menos adrenal\u00ednicas pero que ilustran zonas esenciales de la vida. Como se quejaba Gabriela Mistral en 1925, Chile es un \u201cpueblo que busca la cr\u00f3nica violenta del delito, para recibir la sensaci\u00f3n el\u00e9ctrica, porque ignora el delicado estremecimiento de otras emociones\u201d. En efecto, hoy los j\u00f3venes beben abundante violencia en los\u00a0best sellers: personajes que se ofrecen para competir en macabras competencias de vida o muerte, otros que luchan por su pellejo mientras intentan huir de un laberinto absurdo. Eso puede calificar como un inicio, no lo niego, pero temo advertir la posibilidad de que constituya tambi\u00e9n un techo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 dir\u00eda nuestra poetisa si estuviera entre nosotros? Probablemente esbozar\u00eda una discreta pregunta a los adultos: \u00bfEn qu\u00e9 escala de prioridades ubican la formaci\u00f3n de los ni\u00f1os? \u00bfC\u00f3mo les ayudan a ascender de la crudeza de Los Juegos del Hambre a la elegancia de un Verne, un Stevenson, un Tolst\u00f3i? A continuaci\u00f3n, quiz\u00e1 nos dar\u00eda este consejo que esgrimi\u00f3 en 1935: \u201cLa faena en favor del libro que corresponde cumplir a maestros y padres es la de despertar la apetencia del libro, pasar de all\u00ed al placer del mismo y rematar la empresa dejando un simple agrado promovido a pasi\u00f3n\u201d. De hecho, en el mismo escrito a\u00f1ad\u00eda que el desaf\u00edo del educador consiste en: \u201cHacer leer, como se come, todos los d\u00edas, hasta que la lectura sea, como el mirar, ejercicio natural, pero gozoso siempre. El h\u00e1bito no se adquiere si \u00e9l no promete y cumple placer\u201d. Aqu\u00ed est\u00e1 la clave para nuestra Premio Nobel: a leer se aprende disfrutando, y el ni\u00f1o necesita al adulto para que lo oriente.<\/p>\n\n\n\n<p>La tarea de los educadores, por tanto, no consiste en exigir a sus alumnos un cierto n\u00famero de libros le\u00eddos, o aspirar a superar el promedio de 5,5 libros anuales con cualquier t\u00edtulo, sino en invocar la propia experiencia como lectores, irradiar ganas, compartir la enorme felicidad que recibimos de la creaci\u00f3n literaria. Sin embargo, motivar es un desaf\u00edo arduo, por la cantidad de zarzas que cubren la tierra. El enemigo principal, dec\u00edamos, es el tel\u00e9fono: los ni\u00f1os tienen un aparato que diezma su atenci\u00f3n, adem\u00e1s durante el d\u00eda y la noche, sin darles tregua, sin dejarles profundizar en nada, alej\u00e1ndolos de los cl\u00e1sicos de la Literatura.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, la labor de los padres y profesores es m\u00e1s meritoria que antes: a ellos toca convencer por atracci\u00f3n, magnetismo, entusiasmo irresistible. Ya no basta con el docente normal, ahora necesitamos al h\u00e9roe. Son urgentes esos hombres y mujeres con vocaci\u00f3n de alentar a los peque\u00f1os para que saboreen las riquezas del folclor, el cuento, la novela, el buen ensayo. Hacer eso, sin duda, es mucho m\u00e1s dif\u00edcil que cumplir una meta de cierto n\u00famero de libros le\u00eddos al a\u00f1o. Pues solo consigue infundir el afecto por los libros aqu\u00e9l que, uno, ama los buenos libros y, dos, acompa\u00f1a a los j\u00f3venes en su lucha contra las distracciones. En \u00faltimo t\u00e9rmino, ellos quieren leer m\u00e1s, pero necesitan nuestra ayuda para lograrlo.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En los colegios donde trabajo he visto adolescentes que leen. Existen. Sacan la novela en la hora de lectura, avanzan cuando est\u00e1n lesionados y no pueden hacer educaci\u00f3n f\u00edsica. En el mejor de los casos, la rematan en la tarde, mientras esperan a que los vengan a buscar. 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