{"id":50875,"date":"2025-07-11T06:00:00","date_gmt":"2025-07-11T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.omnesmag.com\/?p=50875"},"modified":"2025-07-09T12:47:53","modified_gmt":"2025-07-09T10:47:53","slug":"dios-de-la-fe-gracia-y-libertad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/dios-de-la-fe-gracia-y-libertad\/","title":{"rendered":"El Dios de la fe: gracia y libertad"},"content":{"rendered":"<p>Creer en algo que no se percibe con la vista puede parecer il\u00f3gico para una sociedad del siglo XXI, acostumbrada a buscar y demostrar todo a trav\u00e9s de la l\u00f3gica, donde la evidencia racional parece eclipsar cualquier creencia que no pueda probarse. La fe, entendida como la capacidad de creer sin haber visto, parece contradecir a una sociedad racionalista, en la que las pruebas se imponen sobre las convicciones personales. Sin embargo, estas diferencias no implican un conflicto que lleve a la destrucci\u00f3n de una u otra, sino que pueden dar lugar a una relaci\u00f3n de complementariedad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u201cYo Creo\u201d<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Ciertamente, creer no es simplemente un acto pasajero. Tener la certeza de la fe configura al ser humano, lo orienta hacia un fin \u00faltimo, penetra en lo m\u00e1s profundo de su ser y, en ese interior, es donde madura. No se trata de un acto externo, sino de algo que llega a formar parte esencial de la persona. Todo esto debe darse en libertad; si al ser humano no se le reconoce su papel activo y su participaci\u00f3n, se estar\u00eda negando precisamente esa libertad. En lo que respecta a la fe, sin libertad, lo que se profesa pierde sentido: ya no ser\u00eda fe, sino una mera norma impuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>En relaci\u00f3n con la libertad, suele pensarse que el llamado a la fe implica una p\u00e9rdida total de libertad y atenta contra la dignidad humana, reduci\u00e9ndola a un conjunto de normas. Sin embargo, esta visi\u00f3n es una falacia, ya que la verdadera libertad alcanza su plenitud precisamente a trav\u00e9s de la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Vemos hoy una lucha por una \u201clibertad\u201d que exalta \u00fanicamente al yo, y en ese camino individualista, la aut\u00e9ntica libertad es malinterpretada o rechazada. Frente a esta visi\u00f3n, la libertad cristiana no convierte a las personas en meros cumplidores de normas, sino que les ofrece una meta, un prop\u00f3sito que es un camino hacia el encuentro con Aquel que es el propio Camino, la Verdad y la Vida, Jesucristo, nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 ocurre si no se cree en un bien supremo? En efecto, si no existe una orientaci\u00f3n hacia Dios, somos pobres hombres que viven sin orden. El orden presente en la naturaleza es ya un signo evidente de un Creador omnipotente. No se puede negar con obstinaci\u00f3n la acci\u00f3n de Dios en la historia; hacerlo implica poner al hombre en el centro, desplazando a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, la relaci\u00f3n entre fe y libertad a\u00fan exige que la persona asuma plenamente su propia identidad. Si no se asume a s\u00ed misma, la libertad corre el riesgo de convertirse en una simple imposici\u00f3n. Leonardo Polo se\u00f1ala: \u201cel hombre tiene que construir el acto voluntario, pero no lo puede hacer sin aceptarse de acuerdo con la comprensi\u00f3n de ese acto\u201d (\u201cPersona y libertad\u201d, p. 153). El acto voluntario requiere inteligencia: primero, entender qui\u00e9n se es; luego, reconocerse en lo que se hace. En el \u00e1mbito de la fe, si nos comprendemos como amados por Dios y redimidos por Cristo, entonces, con un acto voluntario, podemos experimentar ese amor y orientarnos libremente hacia Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Entendemos que la libertad es algo propio del ser humano. Por otra parte, reconocemos la relaci\u00f3n entre Dios y nuestra fe, una relaci\u00f3n que se une plenamente en la persona de Cristo. Tener libertad no significa simplemente disponer de una multitud de caminos, donde muchas veces no se percibe un fin, sino solo medios que buscan satisfacer moment\u00e1neamente el deseo de placer. Esa b\u00fasqueda, sin embargo, es una ilusi\u00f3n,ya que el camino de la verdadera libertad est\u00e1 en encontrar a aquel que nos la dio.<\/p>\n\n\n\n<p>Desligar completamente a la persona de Cristo como fuente de libertad implica negar la acci\u00f3n de Dios en la historia y la salvaci\u00f3n realizada por medio del Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (cfr. Jn 1,29). No se trata de aceptar una idea abstracta de algo que no se ve, sino de vivir un encuentro personal con Dios, tal como Cristo lo ha revelado: ha mostrado al Padre para que tengamos vida en abundancia. Como lo expresa Benedicto XVI: \u201cAl comienzo del ser cristiano no hay una decisi\u00f3n \u00e9tica o una gran idea, sino el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientaci\u00f3n decisiva\u201d (\u201c<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html\">Deus Caritas Est<\/a>\u201d, 1).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin libertad no hay fe. Y si la libertad la da Cristo, entonces esa fe es la que conf\u00eda plenamente en que todo est\u00e1 en las manos del Padre.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Las obras de Dios<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>En segundo lugar, la fe es reconocer la obra de Dios en el mundo. Si ya hemos afirmado que la fe implica un encuentro personal, esto demuestra que Dios act\u00faa tambi\u00e9n en la realidad humana. Lo hace a trav\u00e9s de la Iglesia, de los sacramentos, del magisterio, as\u00ed como por medio de la conversi\u00f3n y la santificaci\u00f3n de sus miembros. Esto revela una pluralidad de acciones que, sin embargo, responden a un \u00fanico plan divino: \u201cPero si bien cada una de estas decisiones es \u00fanica, todas constituyen un conjunto, un designio divino\u201d (Jean Dani\u00e9lou, \u201cDios y nosotros\u201d, p. 113).<\/p>\n\n\n\n<p>La comunicaci\u00f3n continua de Dios y los hombres es muestra de Amor, la Alianza que es Cristo nos asegura la salvaci\u00f3n. San Pablo nos indica la necesidad de que tanto nuestro entendimiento como nuestro cuerpo est\u00e9n orientados conjuntamente hacia la fe en Jes\u00fas: \u201cPorque, si profesas con tus labios que Jes\u00fas es el Se\u00f1or, y crees con tu coraz\u00f3n que Dios lo resucit\u00f3 de entre los muertos, ser\u00e1s salvo\u201d (Rm 10, 9).<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente no es una labor sencilla encontrar un punto de encuentro entre lo que creo y lo que profeso, especialmente en una \u00e9poca tan racionalista como la actual. En este contexto resuena con fuerza la advertencia de Benedicto XVI durante la Misa \u201cpro eligendo Pontifice\u201d en 2005, cuando habl\u00f3 de la existencia de una \u201cdictadura del relativismo\u201d. Esta lucha por la coherencia de vida no es f\u00e1cil, pero es precisamente esa concordancia la que manifiesta aut\u00e9nticamente la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo y asegura el camino hacia la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En particular, encontramos una escena significativa de falta de fe en el relato de la aparici\u00f3n de Jes\u00fas a los disc\u00edpulos despu\u00e9s de la Resurrecci\u00f3n (cfr. Jn 20, 24-25). Tom\u00e1s no crey\u00f3, porque la tendencia natural del ser humano es confiar \u00fanicamente en lo que puede demostrarse. Abandonar esta idea es dif\u00edcil. As\u00ed lo expresa el entonces profesor Joseph <a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/firmas\/profecia-joseph-ratzinger\/\">Ratzinger <\/a>en \u201cIntroducci\u00f3n al cristianismo\u201d: \u201cEl hombre tiende, por inercia natural, a lo posible, a lo que puede palpar con la mano, a lo que puede comprender como propio\u201d (p. 49). Cambiar esto es un requisito para encontrar la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>En definitiva, la fe es un acto que necesita de la gracia. Requiere un encuentro personal \u2014aunque no visible\u2014 con el Creador. El salto a lo desconocido siempre ha asustado al hombre; ese gran abismo que no se conoce lo asusta y lo hace retroceder. Por eso, este paso no es posible sin la ayuda de la gracia. Sin embargo, dicha gracia no anula lo humano; por el contrario, lo eleva y lo perfecciona, orient\u00e1ndolo plenamente hacia el bien supremo, que es Dios mismo. Esto lo refleja santo Tomas: \u201cLa gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona\u201d (\u201cSuma Teol\u00f3gica\u201d, I, 1, 8 ad 2).<\/p>\n\n\n\n<p>Se podr\u00eda decir mucho m\u00e1s de la fe; es un tema inagotable, porque inagotable es la divinidad. Su gracia es perpetua y, por tanto, nunca terminaremos de comprenderla por completo. Solo en el mundo podemos vislumbrar aquello en lo que creemos, pero lo conoceremos plenamente cuando lo contemplemos cara a cara. Por eso, el \u00abyo creo\u00bb no es simplemente una afirmaci\u00f3n externa, sino una aceptaci\u00f3n profunda, una expresi\u00f3n del anhelo de la vida eterna. Como afirma Joseph Ratzinger: \u201cLa fe es un cambio que hay que hacer todos los d\u00edas; solo en una conversaci\u00f3n que dure toda nuestra vida podemos captar qu\u00e9 significa la frase \u2018YO CREO\u2019\u201d (\u201cIntroducci\u00f3n al cristianismo\u201d, p. 49).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 gran don es tener fe! A menudo no nos damos cuenta. En una sola palabra se encierra el paso hacia la salvaci\u00f3n. Qu\u00e9 hermoso es compartir la creencia en un cielo nuevo y una tierra nueva; en una fe que cambia vidas; en una fe com\u00fan que lleva a una felicidad compartida que es buscar a Cristo y ser continuamente una alabanza a su majestad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Mar\u00eda, Madre de la fe<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>No se puede hablar de la fe sin mencionar a Santa Mar\u00eda. Pensemos por un momento en la escena de la Anunciaci\u00f3n, esa preciosa imagen de una humilde mujer cuyo \u00fanico deseo era agradar a Dios y cumplir la ley, como buena jud\u00eda. Pero, ciertamente, el Se\u00f1or se encarna por medio de un \u201cs\u00ed\u201d; as\u00ed comienza la nueva humanidad redimida en Cristo. Mar\u00eda no sab\u00eda lo que le pasar\u00eda en adelante, pero ese acto de fe en Dios la convierte en el m\u00e1s puro ejemplo: \u201cBienaventurada la que ha cre\u00eddo, porque lo que le ha dicho el Se\u00f1or se cumplir\u00e1\u201d (Lc 1, 45). A Ella, Mater Ecclesiae, dirigimos nuestras oraciones, para que un d\u00eda, por su intercesi\u00f3n, alcancemos aquello que recibimos por la fe.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Creer en algo que no se percibe con la vista puede parecer il\u00f3gico para una sociedad del siglo XXI, acostumbrada a buscar y demostrar todo a trav\u00e9s de la l\u00f3gica, donde la evidencia racional parece eclipsar cualquier creencia que no pueda probarse. 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