{"id":4929,"date":"2020-07-07T15:30:36","date_gmt":"2020-07-07T15:30:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.omnesmag.com\/?p=4929"},"modified":"2021-01-31T16:32:02","modified_gmt":"2021-01-31T16:32:02","slug":"andrei-siniavski-creer-por-la-sencilla-razon-de-que-dios-existe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/andrei-siniavski-creer-por-la-sencilla-razon-de-que-dios-existe\/","title":{"rendered":"Andrei Siniavski: creer por la sencilla raz\u00f3n de que Dios existe"},"content":{"rendered":"\n<p>Hace muchos a\u00f1os, casi cincuenta, me impresion\u00f3 mucho una frase del escritor ruso Andrei Siniavski, que le\u00ed en alguna revista cultural o en alg\u00fan texto period\u00edstico de finales de los setenta. Dec\u00eda as\u00ed: <em>\u201cHay que creer, no por la fuerza de la tradici\u00f3n, ni por miedo a la muerte, ni por si acaso. Tampoco porque haya alguien que nos obligue o infunda miedo, ni por una cierta idea de la humanidad, ni para salvar el alma o parecer original. Hay que creer por la sencilla raz\u00f3n de que Dios existe\u201d<\/em>. Tom\u00e9 buena nota de aquella frase, que me interpelaba por su autenticidad, y la repet\u00ed con alguna frecuencia desde entonces.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace unos pocos meses he tenido ocasi\u00f3n de leer el libro de Duncan White <em>Cold Warriors<\/em> \u2014cuyo subt\u00edtulo es <em>Escritores que libraron la guerra fr\u00eda literaria<\/em>\u2014 en el que se explica con detalle las peripecias y dificultades de escritores como Orwell, Koestler, Greene, Hemingway y tantos otros que tomaron parte en la batalla literaria contra el comunismo desde los a\u00f1os 30, con ocasi\u00f3n de la guerra civil de Espa\u00f1a, hasta los a\u00f1os 90 del siglo pasado, cuando cay\u00f3 la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Pues bien, en ese libro sobre la guerra fr\u00eda se describe con cierto detalle el proceso seguido en Mosc\u00fa en febrero de 1966 contra el escritor Andrei Siniavski y su amigo poeta Yuli Daniel. Eran acusados de agitaci\u00f3n y propaganda antisovi\u00e9tica por sus novelas aparecidas en el extranjero bajo pseud\u00f3nimo.<\/p>\n\n\n\n<p>El juicio \u2014ampliamente criticado en la prensa occidental\u2014 dur\u00f3 tres d\u00edas: Siniavksi fue condenado a siete a\u00f1os de prisi\u00f3n en un campo de trabajo en Mordovia, cerca del Volga, y Daniel a cinco. Hoy en d\u00eda se considera que aquel juicio inicuo fue el principio del movimiento de disidencia sovi\u00e9tica. <em>\u201cEn aquel tiempo\u201d<\/em> \u2014ha escrito Coleman\u2014 <em>\u201cellos no se dieron cuenta de que estaban comenzando un movimiento que ayudar\u00eda a poner fin al gobierno comunista\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, Siniavski cumpli\u00f3 seis a\u00f1os en diversos campos y tras su liberaci\u00f3n emigr\u00f3 con su esposa y su hijo a Par\u00eds. La lectura en <em>Cold Warriors<\/em> de los detalles del proceso me hizo buscar qu\u00e9 hab\u00eda de Siniavski en castellano. En la cuarentena del coronavirus he podido leer despacio su libro <em>La voz del coro<\/em> (Plaza &amp; Jan\u00e9s, 1978) \u2014una mezcla de diario y de finas reflexiones literarias\u2014 que me ha impactado por su mirada atenta a los detalles, por sus poderosas met\u00e1foras y por muchas cosas m\u00e1s. Tiene afirmaciones que llegan hasta el fondo del alma \u2014<em>\u201cEn todo tiempo el arte ha sido m\u00e1s o menos un rezo improvisado\u201d<\/em> (p. 24); o <em>\u201cLos libros nos inclinan hacia la libertad, nos invitan a ponernos en camino hacia ella\u201d<\/em> (p. 38)\u2014 y met\u00e1foras deslumbrantes. Copio solo dos fragmentos de los muchos que me cautivaron.<\/p>\n\n\n\n<p>El primero es una luminosa memoria de la infancia: <em>\u201cLos libros se parecen a una ventana cuando de noche se enciende la luz y se ilumina suavemente la estancia, centelleando con intermitencia los dibujos dorados de los cristales, de las cortinas, de los tapices y de alguien, invisible desde el exterior y oculto en el entreclaro de la comodidad, que constituye el secreto de sus moradores. Sobre todo cuando hace fr\u00edo o hay nieve en la calle (mejor si hay nieve), se tiene la impresi\u00f3n de que en los pisos suena una m\u00fasica melodiosa y se pasean las hadas intelectuales bajo la protecci\u00f3n de pantallas de colores. En mi infancia, deambular de noche por delante de las apartadas ventanas hac\u00eda que mi madre y yo so\u00f1\u00e1semos con un piso independiente y de tres habitaciones, acerca del cual ella me hablaba con entusiasmo al jugar conmigo a aquella vida en que yo ser\u00eda ya hombre y podr\u00eda comprar dicho piso [\u2026]. Dec\u00edamos: \u2018Vamos a ver nuestro piso\u2019. Y antes de acostarnos sal\u00edamos a pasear por los callejones cubiertos de nieve, donde ten\u00edamos a la vista tres o cuatro ventanas para elegir y que variaban de acuerdo con su iluminaci\u00f3n\u201d<\/em> (p. 32).<\/p>\n\n\n\n<p>En el segundo pasaje Siniavski comparaba su tiempo en prisi\u00f3n con un largo viaje en tren. Lo escrib\u00eda en octubre de 1966 y me daba luz a m\u00ed 54 a\u00f1os despu\u00e9s, en la larga cuarentena del coronavirus: <em>\u201cEn lo psicol\u00f3gico, la vida en un campo de reclusos se parece a un vag\u00f3n en un tren de largo recorrido. El tren representa el paso del tiempo cuyo transcurso hace sentir la ilusi\u00f3n de que una existencia vac\u00eda tiene plenitud y sentido. Independientemente de lo que haga uno, la \u2018condena transcurre\u2019; esto es, los d\u00edas no pasan en balde, act\u00faan a favor de uno y del futuro, lo que les da contenido. Y, como en el tren, los viajeros est\u00e1n muy poco predispuestos a ejecutar un trabajo \u00fatil, porque su permanencia en \u00e9l depende del inevitable, aunque lento, acercamiento a la estaci\u00f3n de destino. Pueden en la medida de lo posible vivir satisfechos; jugar al domin\u00f3, holgazanear, recostarse en el asiento y charlar sin preocuparse del tiempo perdido. El cumplimiento de la condena da a todas las cosas una buena dosis de utilidad\u201d<\/em> (p. 42).<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente he podido localizar aquella cita que me hab\u00eda conmovido en mi juventud. Se encuentra en una breve colecci\u00f3n de pensamientos publicada en franc\u00e9s en 1968 (<em>Pens\u00e9es Impromptues<\/em>, Burgois, Par\u00eds, p. 76) y que no ha visto la luz en castellano. Llegu\u00e9 a ese librito a trav\u00e9s de una referencia de esa cita hecha por Luigi Giussani en <em>El sentido religioso: curso b\u00e1sico de cristianismo<\/em> (p. 143). A\u00f1ado otras dos frases de aquella misma obra: <em>\u201cYa basta de hablar del hombre. Es hora de pensar en Dios\u201d<\/em> [<em>Assez parl\u00e9 de l&#8217;homme. Il est temps de penser \u00e0 Dieu<\/em>] (p. 51), y esta otra: <em>\u201cDios me ha elegido\u201d<\/em> [<em>Dieu m&#8217;a choisi<\/em>] (p. 69). Se trata, sin duda, de frases lapidarias que llegan al coraz\u00f3n e iluminan la cabeza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace muchos a\u00f1os, casi cincuenta, me impresion\u00f3 mucho una frase del escritor ruso Andrei Siniavski, que le\u00ed en alguna revista cultural o en alg\u00fan texto period\u00edstico de finales de los setenta. Dec\u00eda as\u00ed: \u201cHay que creer, no por la fuerza de la tradici\u00f3n, ni por miedo a la muerte, ni por si acaso. Tampoco porque [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":25,"featured_media":7760,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"pmpro_default_level":"","footnotes":""},"categories":[39],"tags":[14],"class_list":["post-4929","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","tag-literatura","pmpro-has-access"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4929","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/25"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4929"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4929\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7760"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4929"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4929"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4929"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}