{"id":48937,"date":"2025-06-30T06:00:00","date_gmt":"2025-06-30T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.omnesmag.com\/?p=48937"},"modified":"2025-06-30T10:03:52","modified_gmt":"2025-06-30T08:03:52","slug":"la-muerte-puede-ser-bella","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/la-muerte-puede-ser-bella\/","title":{"rendered":"La muerte puede ser bella"},"content":{"rendered":"<p>Con el reciente fallecimiento del Papa Francisco, muchos se preguntan c\u00f3mo fue su despedida: fiel a su estilo, saludando y permaneciendo cerca de la gente, como lo hizo siempre. Los fieles que est\u00e1bamos en Roma el domingo de Pascua pudimos verle muy cerca, en mi caso a tan solo dos metros. Unas pocas horas despu\u00e9s, mientras volv\u00eda a Barcelona, me conmovi\u00f3 la noticia de su fallecimiento. De mis ojos brotaron unas l\u00e1grimas de agradecimiento y tambi\u00e9n de dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>A menudo pensamos en la muerte como algo sombr\u00edo y desgarrador. La vemos como un absurdo interrogante, una amenaza que arrebata nuestro anhelo de felicidad. Es un punto final inevitable, que nos infunde temor porque no tiene precedentes: se experimenta solo una vez y en soledad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El deseo de amor y eternidad, inscrito en lo m\u00e1s profundo del coraz\u00f3n, se enfrenta a un tiempo que se desvanece. A una existencia que, como una vela en la oscuridad se apaga lentamente o, de forma abrupta, se extingue de un solo soplo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Preparaci\u00f3n y muerte repentina<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>La enfermedad en fase terminal, aunque dolorosa y ardua, parece ofrecer una cierta l\u00f3gica frente a la llegada de la muerte. Si bien pone en evidencia la debilidad del cuerpo, de la mente y del alma, su car\u00e1cter progresivo se ajusta en cierto modo a nuestros par\u00e1metros humanos. Este proceso, a pesar de la desolaci\u00f3n que conlleva, abre el espacio para la aceptaci\u00f3n. A menudo culmina en un final sereno, donde el ser querido encuentra paz en su historia y se despide con amor.<\/p>\n\n\n\n<p>A prop\u00f3sito de la muerte repentina, la escritora estadounidense Nathalie Goldberg escribe: <em>\u201cla vida de cada uno de nosotros est\u00e1 \u00edntimamente entrelazada con la de los dem\u00e1s. Cada uno de nosotros crea el universo del otro. Cuando alguien muere antes de tiempo, todos quedamos conmovidos\u201d<\/em> (<em>El gozo de escribir. El arte de la escritura creativa,<\/em> 2023, p. 121). Todos recordamos el poema de Miguel Hern\u00e1ndez \u2014que tan sentidamente cant\u00f3 Joan Manuel Serrat\u2014 tras la muerte de su amigo Ram\u00f3n Sij\u00e9, a <em>\u201cquien tanto quer\u00eda\u201d<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cUn manotazo duro, un golpe helado,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>un hachazo invisible y homicida,&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>un empuj\u00f3n brutal te ha derribado.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No hay extensi\u00f3n m\u00e1s grande que mi herida,&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>lloro mi desventura y sus conjuntos&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y siento m\u00e1s tu muerte que mi vida\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La certeza de la muerte<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Aunque la muerte forme parte del ciclo vital, genera impotencia. En todo caso, aunque vivimos bajo el ciclo natural de comienzos y finales, nos cuesta aceptar un final absoluto. As\u00ed, actuamos a menudo como si la muerte no nos interpelara, como si fu\u00e9semos inmortales. Nos resistimos a aceptar la enfermedad y el fin, pues ponen en dial\u00e9ctica nuestro anhelo de eternidad y nuestra fr\u00e1gil condici\u00f3n. La muerte, entonces, nos confronta con la vulnerabilidad, pero tambi\u00e9n nos recuerda que forma parte de la vida. Y, sobre todo, invita a abrirnos al misterio: a acallar la raz\u00f3n y mirar el sufrimiento desde una \u00f3ptica diferente: desde el coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, la muerte es el \u00faltimo tramo que toca a cada uno recorrer para cerrar bien la propia historia. Y aunque en este siglo vivamos a espaldas de ella, huyendo a toda costa a trav\u00e9s de peque\u00f1as o grandes evasiones, o simplemente tratando de no mencionar jam\u00e1s su nombre, sabemos que tarde o temprano llegar\u00e1: esta es la \u00fanica verdad de la que estamos seguros. Como escribe la psicoterapeuta francesa Marie De Hennezel: <em>\u201cS\u00e9 que tengo que morir alg\u00fan d\u00eda, aunque no sepa c\u00f3mo ni cu\u00e1ndo. Hay un rinc\u00f3n dentro de m\u00ed que conoce esa verdad. S\u00e9 que un d\u00eda deber\u00e9 decir adi\u00f3s a los m\u00edos, salvo que sean ellos los que se vayan primero. Esta certeza, la m\u00e1s \u00edntima y profunda que poseo, es parad\u00f3jicamente aquello que tengo en com\u00fan con el resto de los seres humanos\u201d<\/em> (<em>La muerte \u00edntima,<\/em> 1996, p. 13).<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente, esta realidad puede generar tristeza, dolor e inquietud, tanto cuando pensamos en la propia muerte como cuando perdemos a un ser querido. Sin embargo, puede contener tambi\u00e9n una profunda belleza. En la medida en que nos acercamos a ella nos inscribe en un nuevo orden: lo ef\u00edmero se transforma en lo esencial, y las leyes del tiempo y el espacio dejan de ser meras limitaciones para guiarnos hacia un intersticio sagrado. Es la estaci\u00f3n de la despedida, del abrazo, del silencio, un tiempo que nos conecta con lo inefable. En este sentido, la muerte puede ser el lugar de la belleza, el refugio de las caricias y consuelos que colman cada segundo preparando el \u00faltimo de ellos. Ser y estar con la persona que se va; acompa\u00f1arla desde las elocuentes miradas y las tiernas palabras. La muerte invita a la reflexi\u00f3n sobre lo importante, al perd\u00f3n, a la apertura a la trascendencia, al amor a Dios y a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La belleza<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>La vida humana, fr\u00e1gil y hermosa como un jarr\u00f3n de porcelana, se va agrietando con el paso del tiempo, marcada por el dolor, la p\u00e9rdida y, finalmente, la muerte. Pero lejos de restarle valor, esas grietas hablan de una existencia vivida con intensidad, con amor, con entrega. Como en el <em>kintsugi<\/em>, donde el oro no esconde las fracturas sino que las convierte en arte, nuestras heridas pueden ser el lugar donde m\u00e1s resplandece lo verdadero. La muerte, entonces, no es simplemente el final, sino la \u00faltima l\u00ednea dorada que une todos los fragmentos de una historia, d\u00e1ndole forma, profundidad y belleza. Y es el amor \u2014en el perd\u00f3n, en la ternura, en la despedida, en el simple acto de estar ah\u00ed\u2014 el oro que da sentido a cada rotura, tambi\u00e9n a la \u00faltima de ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>De este modo, la muerte no aniquila la belleza de la vida, sino que la corona, revelando en sus grietas la hermosura del amor que da forma a la existencia humana. <\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con el reciente fallecimiento del Papa Francisco, muchos se preguntan c\u00f3mo fue su despedida: fiel a su estilo, saludando y permaneciendo cerca de la gente, como lo hizo siempre. Los fieles que est\u00e1bamos en Roma el domingo de Pascua pudimos verle muy cerca, en mi caso a tan solo dos metros. 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