{"id":4820,"date":"2020-05-04T14:00:06","date_gmt":"2020-05-04T13:00:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.omnesmag.com\/?p=4820"},"modified":"2022-09-06T15:46:12","modified_gmt":"2022-09-06T14:46:12","slug":"la-enciclica-ut-unum-sint-en-sus-25-anos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/la-enciclica-ut-unum-sint-en-sus-25-anos\/","title":{"rendered":"La enc\u00edclica Ut unum sint en sus 25 a\u00f1os"},"content":{"rendered":"\n<p>En la presente sociedad multicultural e interreligiosa, constituye una de las prioridades de todo cristiano el recuperar la unidad perdida en la Iglesia de Cristo, teniendo en cuenta que esta <em>\u201csubsiste en\u201d<\/em> la Iglesia cat\u00f3lica (cfr. LG 8).<em> \u201cNo se debe olvidar\u201d<\/em> \u2013recordaba Juan Pablo II\u2013 <em>\u201cque el Se\u00f1or pidi\u00f3 al Padre la unidad de sus disc\u00edpulos, para que \u00e9sta fuera testimonio de su misi\u00f3n\u201d<\/em> (<em>\u201c<\/em>Ut Unum Sint<em>\u201c<\/em> 23). La divisi\u00f3n contradice la voluntad de Cristo y constituye una seria dificultad para la evangelizaci\u00f3n del <em>\u201cmundo entero\u201d<\/em> (Mc 16, 15). En concreto, <em>\u201cla falta de unidad entre los cristianos es ciertamente una <\/em>herida<em> para la Iglesia, no en el sentido de quedar privada de su unidad, sino en cuanto obst\u00e1culo para la realizaci\u00f3n plena de su universalidad en la historia\u201d<\/em> (Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, Decl. <em>Dominus Iesus<\/em>, 6-8-2000, n. 17).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Principios<\/h2>\n\n\n\n<p>Como su antecesor san Juan Pablo II, Benedicto XVI quiso tambi\u00e9n recordar la importancia de esta dimensi\u00f3n esencial de la vida de la Iglesia: <em>\u201cRenuevo [&#8230;] mi firme voluntad, manifestada al principio de mi pontificado, de asumir como compromiso prioritario el trabajar, sin ahorrar energ\u00edas, en el <\/em>restablecimiento de la unidad plena y visible<em> de todos los seguidores de Cristo\u201d<\/em> (<em>Discurso a la Comisi\u00f3n preparatoria de la III Asamblea Ecum\u00e9nica Europea<\/em>, 26-1-2006). La misi\u00f3n de la Iglesia es edificar la unidad de fe y de comuni\u00f3n entre todos los hombres y mujeres que forman parte de ella. El Papa Francisco no ha hecho m\u00e1s que intensificar el paso en esta misma direcci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Ut unum sint<\/h2>\n\n\n\n<p>En estas l\u00edneas, recorreremos el texto de la enc\u00edclica de Juan Pablo II <em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html\">Ut unum sint<\/a><\/em> (1995), para ver la perfecta continuidad con el decreto conciliar <em>Unitatis redintegratio<\/em> (1964). Seguimos pues los t\u00edtulos de los diferentes cap\u00edtulos de \u00e9ste.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Como se sabe, el Concilio no quiso hablar de un \u201c<a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/firmas\/ecumenismo-de-los-corazones\/\">ecumenismo<\/a> cat\u00f3lico\u201d, sino de unos \u201cprincipios cat\u00f3licos del ecumenismo\u201d. <em>\u201cAl indicar los principios cat\u00f3licos del ecumenismo\u201d<\/em> \u2013escrib\u00eda Juan Pablo II\u2013, <em>\u201cel decreto <\/em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><em> enlaza ante todo con la ense\u00f1anza sobre la Iglesia de la Constituci\u00f3n <\/em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><em>, en el cap\u00edtulo que trata sobre el pueblo de Dios. Al mismo tiempo, tiene presente lo que se afirma en la declaraci\u00f3n conciliar <\/em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html\">Dignitatis humanae<\/a> <em>sobre la libertad religiosa\u201d<\/em> (UUS 8). Establecidas estas premisas eclesiol\u00f3gicas y antropol\u00f3gicas, procede a recordar los principales principios cat\u00f3licos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"779\" src=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/raz2-1-1024x779.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-11383\" srcset=\"https:\/\/staging.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/raz2-1-1024x779.jpg 1024w, https:\/\/staging.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/raz2-1-700x533.jpg 700w, https:\/\/staging.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/raz2-1-300x228.jpg 300w, https:\/\/staging.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/raz2-1-768x584.jpg 768w, https:\/\/staging.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/raz2-1-1536x1169.jpg 1536w, https:\/\/staging.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/raz2-1-2048x1559.jpg 2048w, https:\/\/staging.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/raz2-1-600x457.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>Juan Pablo II con el Patriarca de Constantinopla Bartolom\u00e9, en 1995.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Como premisa estaba la <em>\u201cunidad y unicidad de la Iglesia de Cristo\u201d,<\/em> junto con el origen sobrenatural de la Iglesia. El fundador y el fundamento son divinos, por lo que la Iglesia no es una mera agrupaci\u00f3n humana con una dimensi\u00f3n meramente horizontal. Los v\u00ednculos que unen a unos cristianos con otros son tambi\u00e9n sobrenaturales. <\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cEn efecto\u201d<\/em> \u2013dice en el n\u00famero 9\u2013, <em>\u201cla unidad dada por el Esp\u00edritu Santo no consiste simplemente en el encontrarse juntas unas personas que se suman unas a otras. Es una unidad constituida por los v\u00ednculos de la profesi\u00f3n de la fe, de los sacramentos y de la comuni\u00f3n jer\u00e1rquica\u201d.<\/em> Y en el n\u00famero 10: \u201c<em>Los fieles son uno porque, en el Esp\u00edritu, est\u00e1n en la comuni\u00f3n del Hijo y, en El, en su comuni\u00f3n con el Padre: \u2018Y nosotros estamos en comuni\u00f3n con el Padre y con su Hijo, Jesucristo\u2019 (1 Jn 1, 3)\u201d<\/em> (UUS 9).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La pr\u00e1ctica del ecumenismo<\/h2>\n\n\n\n<p>El cap\u00edtulo segundo de la <em>Unitatis redintegratio<\/em> versa sobre la dimensi\u00f3n pr\u00e1ctica del ecumenismo. All\u00ed habla de un ecumenismo <em>\u201cinstitucional\u201d<\/em> (n. 6), un ecumenismo <em>\u201cespiritual\u201d<\/em> (nn. 7-8) y un ecumenismo <em>\u201cteol\u00f3gico\u201d<\/em> (nn. 9-11), de los que surge una <em>\u201ccolaboraci\u00f3n ecum\u00e9nica\u201d<\/em> (n. 12). Son los llamados ecumenismos \u201cde la cabeza, del coraz\u00f3n y de las manos\u201d, complementarios entre s\u00ed e igualmente necesarios.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Como condici\u00f3n previa, ha de darse una <em>renovaci\u00f3n de la Iglesia<\/em> en cuanto instituci\u00f3n tambi\u00e9n terrena y humana. Pero no se trata sin m\u00e1s de una purificaci\u00f3n de la memoria colectiva, sino de una reforma interior de cada cristiano: de una verdadera <em>conversi\u00f3n personal, <\/em>segu\u00eda diciendo Juan Pablo II. <em>\u201cEl Esp\u00edritu los invita a un serio examen de conciencia, contin\u00faa m\u00e1s adelante. La Iglesia cat\u00f3lica debe entrar en lo que se podr\u00eda llamar \u2018di\u00e1logo de conversi\u00f3n\u2019, en donde tiene su fundamento interior el di\u00e1logo ecum\u00e9nico. En ese di\u00e1logo, que se realiza ante Dios, cada uno debe reconocer las propias faltas, confesar sus culpas, y ponerse de nuevo en las manos de Aquel que es el Intercesor ante el Padre, Jesucristo\u201d<\/em> (UUS 82).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Concilio Vaticano II y conversi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>La centralidad de la conversi\u00f3n auspiciada por el Vaticano II es recordada de modo insistente en la primera enc\u00edclica sobre el ecumenismo en la historia de la Iglesia. <em>\u201cEsto se refiere, de modo particular, al proceso iniciado por el Concilio Vaticano II, incluyendo en la renovaci\u00f3n la tarea ecum\u00e9nica de unir a los cristianos divididos entre s\u00ed. <\/em>\u2018No hay verdadero ecumenismo sin conversi\u00f3n interior\u2019<em>\u201d<\/em> (UUS 15), concluye citando el n. 7 de la UR. De all\u00ed surgir\u00e1 una reconciliaci\u00f3n institucional, no al rev\u00e9s. <em>\u201cEl \u2018di\u00e1logo de conversi\u00f3n\u2019 de cada comunidad con el Padre, sin indulgencias consigo misma, es el fundamento de unas relaciones fraternas diversas de un mero entendimiento cordial o de una convivencia s\u00f3lo exterior\u201d<\/em> (UUS 82). La reconciliaci\u00f3n con Dios puede llevar a la reconciliaci\u00f3n con los dem\u00e1s. El Concilio llama as\u00ed tanto a la conversi\u00f3n personal como comunitaria.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cCada uno debe pues convertirse m\u00e1s radicalmente al Evangelio y, sin perder nunca de vista el designio de Dios, debe cambiar su mirada\u201d<\/em> (UUS 15). Por aqu\u00ed empezar\u00e1 la conversi\u00f3n de cada comunidad, tal como se expresaba UR 6. La \u201cconversi\u00f3n del coraz\u00f3n\u201d constituye pues una premisa en toda acci\u00f3n ecum\u00e9nica. <\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, junto a una valoraci\u00f3n necesariamente positiva del movimiento ecum\u00e9nico entendido seg\u00fan estos principios cat\u00f3licos, Juan Pablo II invitaba a todos los cristianos a una <em>\u201cnecesaria purificaci\u00f3n de la memoria hist\u00f3rica\u201d<\/em> y a<em> \u201creconsiderar juntos su doloroso pasado\u201d<\/em> para <em>\u201creconocer juntos, con sincera y total objetividad, los errores cometidos y los factores contingentes que intervinieron en el origen de sus lamentables separaciones\u201d<\/em> (UUS 2). Sin embargo, los cristianos que nacen en estos momentos en esas Iglesias y comunidades \u2013como subray\u00f3 el decreto <em>Unitatis redintegratio<\/em> (n. 3)\u2013 no tienen culpa de la separaci\u00f3n pasada y son amados por la Iglesia y reconocidos como hermanos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Or\u00edgenes<\/h2>\n\n\n\n<p>S\u00ed que pudo haberla en sus or\u00edgenes, por tanto, y esto requerir\u00e1 un necesario proceso de purificaci\u00f3n. Con esto hemos entrado de lleno en el \u201cecumenismo espiritual\u201d, el llamado <em>\u201cecumenismo de la oraci\u00f3n\u201d<\/em> o \u201cdel coraz\u00f3n\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p>En el n. 8 de la UR se habla de <em>\u201cla oraci\u00f3n en com\u00fan\u201d.<\/em> Juan Pablo II no se olvida del <em>\u201calma del ecumenismo\u201d,<\/em> como afirma el decreto conciliar (UR 8). En el n. 21 habla de la <em>\u201cprimac\u00eda de la oraci\u00f3n\u201d,<\/em> citando as\u00ed de nuevo el n. 8 de UR; tras esto, a\u00f1ade: <em>\u201cSe avanza en el camino que lleva a la conversi\u00f3n de los corazones seg\u00fan el amor que se tenga a Dios y, al mismo tiempo, a los hermanos: a todos los hermanos, incluso a los que no est\u00e1n en plena comuni\u00f3n con nosotros. [&#8230;] El amor es la corriente profund\u00edsima que da vida e infunde vigor al proceso hacia la unidad. Este amor halla <\/em>su expresi\u00f3n m\u00e1s plena en la oraci\u00f3n com\u00fan<em>\u201d.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p>La oraci\u00f3n con otros cristianos puede llevar a crecer en comuni\u00f3n en toda la Iglesia. Pero tambi\u00e9n la oraci\u00f3n lleva a ver las cosas de un modo distinto. <em>\u201cLa comuni\u00f3n en la oraci\u00f3n lleva a mirar con ojos nuevos a la Iglesia y al cristianismo\u201d,<\/em> concluye dos n\u00fameros despu\u00e9s. Tras referirse al Octavario por la unidad de los cristianos, alud\u00eda tambi\u00e9n san Juan Pablo II por ejemplo a distintos encuentros de oraci\u00f3n con el arzobispo de Canterbury, con obispos luteranos y en la sede del Consejo ecum\u00e9nico de las Iglesias, en Ginebra. <\/p>\n\n\n\n<p>Con el Patriarca ecum\u00e9nico de Constantinopla, se refiere sin embargo a <em>\u201cmi participaci\u00f3n en la liturgia eucar\u00edstica\u201d<\/em>, lo cual denota un tono distinto en el modo de oraci\u00f3n. Siguen por tanto vigentes los principios sobre la <em>communicatio in sacris<\/em>, expuestos en UR 8 y 15, y recordados expl\u00edcitamente en UUS 46. <em>\u201cCiertamente, a causa de las divergencias relativas a la fe, no es posible todav\u00eda concelebrar la misma liturgia eucar\u00edstica. Y sin embargo, tenemos el ardiente deseo de celebrar juntos la \u00fanica Eucarist\u00eda del Se\u00f1or, y este deseo es ya una alabanza com\u00fan, una misma imploraci\u00f3n\u201d<\/em> (UUS 45).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Santidad individual y comunitaria<\/h2>\n\n\n\n<p>Como se\u00f1ala en fin la UR en su ep\u00edgrafe sobre la <em>\u201csantidad individual y comunitaria\u201d <\/em>(n. 4, \u00a7 6), Juan Pablo II recordaba tambi\u00e9n la necesidad de la santidad de las personas, comunidades e instituciones como secreto del movimiento ecum\u00e9nico. En primer lugar, est\u00e1 el llamado<em> \u201cecumenismo de los m\u00e1rtires\u201d,<\/em> <em>\u201cm\u00e1s numerosos de lo que se piensa\u201d.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p>Estas situaciones han sido siempre fecundas en frutos ecum\u00e9nicos. <em>\u201cSi se puede morir por la fe, esto demuestra que se puede alcanzar la meta cuando se trata de otras formas de aquella misma exigencia. Ya he constatado, y con alegr\u00eda, c\u00f3mo la comuni\u00f3n, imperfecta pero real, se mantiene y crece en muchos niveles de la vida eclesial\u201d<\/em> (UUS 84). Pero ser\u00e1 sobre todo el testimonio de la santidad lo que mueve a esa unidad querida por Cristo y obrada por su Esp\u00edritu. <em>\u201cEn la irradiaci\u00f3n que emana del \u2018patrimonio de los santos\u2019 pertenecientes a todas las Comunidades, el \u2018di\u00e1logo de conversi\u00f3n\u2019 hacia la unidad plena y visible aparece entonces bajo una luz de esperanza\u201d<\/em> (ib\u00edd.). Los santos son tambi\u00e9n los mejores ecumenistas, quienes buscan siempre la unidad en la \u00fanica Iglesia de Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Colaboraci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo y como consecuencia de todo lo anterior (conversi\u00f3n y oraci\u00f3n), surgir\u00e1 la necesaria <em>\u201ccolaboraci\u00f3n pr\u00e1ctica\u201d<\/em>, que ya auguraba la UR 12. Es lo que llam\u00e1bamos \u201cecumenismo de las manos\u201d. Tras la conversi\u00f3n y la contemplaci\u00f3n, viene la acci\u00f3n. <em>\u201cAdem\u00e1s, la cooperaci\u00f3n ecum\u00e9nica es una verdadera escuela de ecumenismo, es un camino din\u00e1mico hacia la unidad. [&#8230;] A los ojos del mundo la cooperaci\u00f3n entre los cristianos asume las dimensiones del com\u00fan testimonio cristiano y llega a ser instrumento de evangelizaci\u00f3n en beneficio de unos y otros\u201d<\/em> (UUS 40).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El testimonio cristiano com\u00fan, ofrecido por medio de la solidaridad y la cooperaci\u00f3n, puede ser un privilegiado agente evangelizador. Eso s\u00ed, hace falta que estas iniciativas en com\u00fan est\u00e9n uniformadas por el verdadero esp\u00edritu cristiano. <em>\u201cUna cooperaci\u00f3n as\u00ed fundada sobre la fe com\u00fan, no s\u00f3lo es rica por la comuni\u00f3n fraterna, sino que es una epifan\u00eda del mismo Cristo\u201d<\/em> (ib\u00edd.).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El di\u00e1logo teol\u00f3gico<\/h2>\n\n\n\n<p>En cuanto al <em>\u201cecumenismo teol\u00f3gico\u201d<\/em> o \u201cde la cabeza\u201d, Juan Pablo II recordaba la <em>\u201cimportancia fundamental de la doctrina\u201d.<\/em> Hemos de ver qu\u00e9 nos une y qu\u00e9 nos separa en nuestra fe, buscando as\u00ed juntos la plenitud de la verdad revelada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cNo se trata en este contexto de modificar el dep\u00f3sito de la fe, de cambiar el significado de los dogmas, de suprimir en ellos palabras esenciales, de adaptar la verdad a los gustos de una \u00e9poca, de quitar ciertos art\u00edculos del Credo con el falso pretexto de que ya no son comprensibles hoy. La unidad querida por Dios s\u00f3lo se puede realizar en la <\/em>adhesi\u00f3n com\u00fan al contenido \u00edntegro de la fe revelada<em>. En materia de fe, una soluci\u00f3n de compromiso est\u00e1 en contradicci\u00f3n con Dios que es la Verdad. En el Cuerpo de Cristo que es \u2018camino, verdad y vida\u2019 (Jn 14, 6), \u00bfqui\u00e9n considerar\u00eda leg\u00edtima una reconciliaci\u00f3n lograda a costa de la verdad?\u201d<\/em> (UUS 18).<\/p>\n\n\n\n<p>La verdad, junto con el amor, constituyen las claves del \u00e9xito en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico. <em>\u201cSin embargo\u201d<\/em> \u2013a\u00f1ade un n\u00famero despu\u00e9s\u2013, <em>\u201cla doctrina debe ser <\/em>presentada de un modo que sea comprensible<em> para aquellos a quienes Dios la destina\u201d.<\/em> La presentaci\u00f3n de la doctrina cristiana en su integridad ha de ser clara, pero no por eso pol\u00e9mica. A su vez, ha de ser tambi\u00e9n asequible a los cristianos que tengan unos ciertos presupuestos doctrinales, sin traicionar por esto la integridad de la doctrina. As\u00ed nacer\u00e1 el necesario di\u00e1logo. <em>\u201cSi la oraci\u00f3n es el \u2018alma\u2019 de la renovaci\u00f3n ecum\u00e9nica y de la aspiraci\u00f3n a la unidad; sobre ella se fundamenta y en ella encuentra su fuerza todo lo que el Concilio define como \u2018di\u00e1logo\u2019\u201d<\/em> (UUS 28). Este di\u00e1logo girar\u00e1 en torno a los conceptos de verdad y amor, que se presentar\u00e1n inseparables en todo di\u00e1logo ecum\u00e9nico (cfr. UUS 29).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Principios eclesiol\u00f3gicos<\/h2>\n\n\n\n<p>En concreto, la enc\u00edclica de Juan Pablo II recuerda los <em>principios eclesiol\u00f3gicos<\/em> sobre <em>\u201cIglesias y Comunidades eclesiales\u201d<\/em> expuestos en el cap\u00edtulo tercero de la UR. En primer lugar se habla del di\u00e1logo con otras Iglesias y Comunidades eclesiales en Occidente (cfr. nn. 64-70). Tras aludir a las convergencias y las divergencias con ellas (cfr. UR 9), establece un diagn\u00f3stico realista de la situaci\u00f3n: <em>\u201cEl Concilio Vaticano II no pretende hacer la \u2018descripci\u00f3n\u2019 del cristianismo posterior a la Reforma, ya que \u2018estas Iglesias y Comunidades eclesiales difieren mucho, no s\u00f3lo de nosotros, sino tambi\u00e9n entre s\u00ed\u2019, y esto \u2018por la diversidad de su origen, doctrina y vida espiritual\u2019. Adem\u00e1s, el mismo Decreto observa c\u00f3mo el movimiento ecum\u00e9nico y el deseo de paz con la Iglesia cat\u00f3lica no ha penetrado a\u00fan en todas partes\u201d<\/em> (UUS 66; cfr. UR 19). El di\u00e1logo ecum\u00e9nico se presenta as\u00ed con sus matices y complejidad.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, tras referirse al tesoro com\u00fan del Bautismo y del amor a la Escritura \u2013si bien con una comprensi\u00f3n distinta en la relaci\u00f3n de esta con la Iglesia\u2013 (cfr. UR 21-22, UUS 66), Juan Pablo II recuerda tambi\u00e9n que <em>\u201chan surgido divergencias doctrinales e hist\u00f3ricas del tiempo de la Reforma a prop\u00f3sito de la Iglesia, de los sacramentos y del ministerio ordenado\u201d<\/em> (UUS 67). Recuerda as\u00ed la doctrina del <em>defectus ordinis<\/em> expuesta en UR 22, por la que estas Comunidades eclesiales carecer\u00edan de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, del verdadero ministerio y, por tanto, de la mayor\u00eda de los sacramentos.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El bautismo com\u00fan<\/h2>\n\n\n\n<p>Queda sin embargo en com\u00fan el Bautismo y la palabra de Dios, por lo que se podr\u00eda decir que la unidad est\u00e1 incoada, pero no ha llegado a la plenitud. <em>\u201cEn esta amplia materia\u201d<\/em> \u2013concluye\u2013 <em>\u201chay un gran espacio de di\u00e1logo sobre los principios morales del Evangelio y sus aplicaciones\u201d<\/em> (USS 68). Quedan adem\u00e1s por resolver unos cuantos problemas teol\u00f3gicos: el Bautismo (en aquellas comunidades que lo hayan perdido tambi\u00e9n), la Eucarist\u00eda, el ministerio ordenado, la sacramentalidad y la autoridad de la Iglesia, la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica. En fin, termina apelando una vez m\u00e1s al<em> \u201cecumenismo espiritual\u201d<\/em> y a la necesidad de la oraci\u00f3n como fundamento de cualquier ecumenismo posible.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Cismas pasados<\/h2>\n\n\n\n<p>De la misma manera UUS recuerda que las comunidades surgidas a partir de las primeras disputas cristol\u00f3gicas y del Cisma de Oriente (las llamadas <em>antiguas Iglesias orientales<\/em>), al conservar la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, deben ser consideradas como verdaderas Iglesias particulares. Tras mencionar distintos acuerdos ecum\u00e9nicos alcanzados en los \u00faltimos a\u00f1os (Patriarcado copto ortodoxo, Patriarcado de la Iglesia de Antioqu\u00eda, Patriarcado asirio de Oriente, Patriarcado ecum\u00e9nico de Constantinopla: cfr. UUS 50-54, 62), alude a la necesidad de mantener el principio del primado petrino como ministerio para la unidad y el amor. <\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cLa Iglesia cat\u00f3lica, tanto en su praxis como en sus documentos oficiales, sostiene que la comuni\u00f3n de las Iglesias particulares con la Iglesia de Roma, y de sus Obispos con el Obispo de Roma, es un requisito esencial \u2013en el designio de Dios\u2013 para la comuni\u00f3n plena y visible\u201d<\/em> (UUS 97). De esta plena comuni\u00f3n se desprende tambi\u00e9n la plena eficacia en el cumplimiento de la misi\u00f3n encomendada por Cristo a su Iglesia (cfr. UUS 98).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los dos pulmones<\/h2>\n\n\n\n<p>A la vez que clamaba para que Europa y el mundo entero respiraran con los <em>\u201cdos pulmones\u201d<\/em> de Oriente y Occidente (cfr. UUS 54), Juan Pablo II insist\u00eda en la importancia del <em>\u201cministerio de unidad\u201d del Obispo de Roma<\/em> (cfr. LG 23). <\/p>\n\n\n\n<p>Tras constatar que este podr\u00eda ser en alg\u00fan caso<em> \u201cuna dificultad para la mayor\u00eda de los dem\u00e1s cristianos\u201d<\/em> (UUS 88), propone un estudio detenido de la funci\u00f3n del sucesor de Pedro en la comuni\u00f3n de la Iglesia, en los niveles escritur\u00edstico y teol\u00f3gico (cfr. UUS 90-96); y la enc\u00edclica sobre el ecumenismo trae a la memoria que <em>\u201ctodas las Iglesias est\u00e1n en comuni\u00f3n plena y visible porque todos los pastores est\u00e1n en comuni\u00f3n con Pedro, y as\u00ed en la unidad de Cristo. El obispo de Roma, con el poder y la autoridad sin los cuales esta funci\u00f3n ser\u00eda ilusoria, debe asegurar la comuni\u00f3n de todas las Iglesias\u201d<\/em> (UUS 94). <em>Ubi Petrus, ibi plena Ecclesia<\/em>. El ministerio petrino se constituye de este modo en garant\u00eda de plena comuni\u00f3n en la Iglesia de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>En lo que se refiere a la relaci\u00f3n con los dem\u00e1s cristianos, cabe considerar otra tarea, que es \u2013con palabras de <em>Unitatis redintegratio<\/em>\u2013 <em>\u201cel trabajo de preparaci\u00f3n y de reconciliaci\u00f3n de las personas singulares que desean la plena comuni\u00f3n cat\u00f3lica\u201d<\/em> (UR 4), es decir, la atenci\u00f3n a aquellos cristianos de otras confesiones que desean ser cat\u00f3licos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Es necesario distinguir, como hace el decreto conciliar, la actividad ecum\u00e9nica y la atenci\u00f3n a estas situaciones particulares. La primera \u2013el ecumenismo\u2013 se orienta a la uni\u00f3n plena y visible de las Iglesias y comunidades eclesiales como tales. En segundo lugar, hay tambi\u00e9n personas concretas que, en conciencia, se plantean libremente la posibilidad de hacerse cat\u00f3licas. Las dos tareas se fundamentan en el deseo de colaborar con el designio de Dios y, lejos de oponerse, est\u00e1n \u00edntimamente compenetradas (cfr. ibid.). De esta forma, el ecumenismo seguir\u00eda siendo perfectamente compatible con la incorporaci\u00f3n plena de otros cristianos a la Iglesia cat\u00f3lica (cfr. UR 22, UUS 66). <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la presente sociedad multicultural e interreligiosa, constituye una de las prioridades de todo cristiano el recuperar la unidad perdida en la Iglesia de Cristo, teniendo en cuenta que esta \u201csubsiste en\u201d la Iglesia cat\u00f3lica (cfr. LG 8). \u201cNo se debe olvidar\u201d \u2013recordaba Juan Pablo II\u2013 \u201cque el Se\u00f1or pidi\u00f3 al Padre la unidad de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":85,"featured_media":6243,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"pmpro_default_level":"","footnotes":""},"categories":[36,57],"tags":[217,573],"class_list":["post-4820","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-actualidad","category-argumentos","tag-ecumenismo","tag-papa","pmpro-has-access"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4820","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/85"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4820"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4820\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4820"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4820"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4820"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}