{"id":47805,"date":"2025-05-13T12:23:39","date_gmt":"2025-05-13T10:23:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.omnesmag.com\/?p=47805"},"modified":"2025-05-13T12:24:16","modified_gmt":"2025-05-13T10:24:16","slug":"la-virgen-maria-en-la-poesia-entre-lo-divino-y-lo-humano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/la-virgen-maria-en-la-poesia-entre-lo-divino-y-lo-humano\/","title":{"rendered":"La presencia de la Virgen Mar\u00eda en la poes\u00eda actual"},"content":{"rendered":"<p>Desde Gonzalo de Berceo, el cantor de la Gloriosa en el siglo XIII, la poes\u00eda mariana ha perdurado hasta nuestros d\u00edas. Poetas de profundas ra\u00edces cat\u00f3licas han sabido mantener viva esta llama de amor a la Madre de Dios, preserv\u00e1ndola encendida en la literatura espa\u00f1ola a lo largo de los siglos.En \u00e9pocas pasadas fueron principalmente los cl\u00e9rigos quienes expresaron en verso su devoci\u00f3n a la Virgen, ya que la cultura estaba en sus manos. Sin embargo, con el paso de los a\u00f1os, poetas y dramaturgos del mundo secular han creado bell\u00edsimas composiciones en las que la figura de la <a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/recursos\/apariciones-marianas\/\">Virgen Mar\u00eda<\/a> ha ocupado un lugar central, \u00fanico.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin retroceder demasiado en el tiempo, en el siglo XX sobresalen nombres como Jos\u00e9 Mar\u00eda Pem\u00e1n, D\u00e1maso Alonso, Gerardo Diego, el primer Rafael Alberti, Ernestina de Champourc\u00edn o Miguel Hern\u00e1ndez. Tras la <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Guerra_civil_espa%C3%B1ola\">Guerra Civil<\/a> del 36, esta tradici\u00f3n fue continuada por una extensa lista de poetas, entre los que se encuentran Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Rafael Montesinos, Luis L\u00f3pez Anglada, Francisco Garfias, Pablo Garc\u00eda Baena, Mar\u00eda Elvira Lacaci o Alfonsa de la Torre. La n\u00f3mina es amplia y notable.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, aunque en las \u00faltimas d\u00e9cadas la poes\u00eda de tem\u00e1tica mariana sigue latente, son pocos los poetas -y menos a\u00fan las poetas- que la mantienen entre sus preferencias, incluso entre aqu\u00e9llos -y aqu\u00e9llas- de convicci\u00f3n cat\u00f3lica. Lo que fue un caudal, hoy se ha convertido en un arroyo en el que apenas un pu\u00f1ado de voces l\u00edricas enarbola una poes\u00eda de inspiraci\u00f3n mariana. No me refiero aqu\u00ed a la de asuntos navide\u00f1os, que contin\u00faa escribi\u00e9ndose con aire festivo y en la cual Mar\u00eda aparece como parte de la \u201ctrinidad terrenal\u201d junto a Jes\u00fas y Jos\u00e9, sino a aqu\u00e9lla en la que Nuestra Se\u00f1ora destaca y brilla con luz propia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Un punto de inflexi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>El a\u00f1o 1930 marca un punto de inflexi\u00f3n: son bastantes menos los poetas seculares de calidad nacidos a partir de entonces que canten a la Virgen Mar\u00eda. Con todo, si se ahonda en el hecho literario mariano, se descubren voces sumamente interesantes. Baste citar a Mar\u00eda Victoria Atencia, Manuel Ballesteros, Jos\u00e9 Antonio S\u00e1ez, Jos\u00e9 Julio Cabanillas, los hermanos Jes\u00fas y Daniel Cotta, los hermanos Enrique y Jaime Garc\u00eda-M\u00e1iquez, Carlos Pujol, Mario M\u00edguez, (estos dos \u00faltimos ya fallecidos), Luis Alberto de Cuenca, Sonia Losada y Julio Mart\u00ednez Mesanza; adem\u00e1s de autores que han publicado alg\u00fan que otro poema espor\u00e1dico, como Pablo Moreno, Gabriel Insausti, Julen Carre\u00f1o, Beatriz Villaca\u00f1as o Andr\u00e9s Trapiello. Las razones de tal declive son diversas y rebasan los l\u00edmites de este art\u00edculo; a grandes rasgos, puede decirse que son la consecuencia de la secularizaci\u00f3n de la cultura que, como es l\u00f3gico, alcanza tambi\u00e9n a la l\u00edrica.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Modos de mirar<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Dentro del ramillete de autores citados, los hay que se consideran juglares de la Virgen, tal es el caso de Jes\u00fas Cotta, de formaci\u00f3n cl\u00e1sica, quien la representa destacando la variedad de calificativos y cometidos que ella realiza, dentro del m\u00e1s genuino monote\u00edsmo cristiano: \u201c<em>Oh madrina del cosmos, capitana del barco \/que rescata rameras de las garras del chulo \/ con tu l\u00edmpido ej\u00e9rcito de ni\u00f1os no nacidos, \/<\/em> Notre Dame<em> de los coptos, sobre la Media Luna, \/ que te muestras en sue\u00f1os a muchachas con velo \/y el sol mueves en F\u00e1tima, lloras sangre en Akita, \/ y al poseso liberas con un beso en la frente<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>De manera similar, Luis Alberto de Cuenca, tambi\u00e9n de formaci\u00f3n cl\u00e1sica, la ensalza utilizando apelativos inhabituales y atrevidos, algunos inspirados en el polite\u00edsmo griego: \u201c<em>Diosa Blanca, Mar\u00eda, Madre del orden \/ c\u00f3smico, soberana del abismo, \/ vientre sagrado y primeval, mandorla \/ de donde nace todo, adonde todo \/ se reintegra<\/em>\u201d. Por el contrario, Jos\u00e9 Julio Cabanillas adopta un tono m\u00e1s sereno y simb\u00f3lico para dirigirse a ella: \u201c<em>Se\u00f1ora de las vi\u00f1as, se\u00f1ora de los montes, \/ se\u00f1ora de la niebla, se\u00f1ora de los gallos<\/em> <em>(\u2026), se\u00f1ora del lucero, (\u2026) Se\u00f1ora de los vientos<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, Julio Mart\u00ednez Mesanza la celebra con una letan\u00eda que subraya su pureza y sencillez: \u201c<em>ni\u00f1a de las monta\u00f1as deslumbrantes; \/ ni\u00f1a de las monta\u00f1as transparentes; \/ ni\u00f1a de los azules imposibles; \/ ni\u00f1a de los azules que m\u00e1s valen; \/ ni\u00f1a de los comienzos diminutos; \/ ni\u00f1a de la humildad recompensada; \/ lluvia fuerte que arrastra la miseria; \/ lluvia limpia que lava nuestras almas<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En contraste con estos enfoques solemnes y simb\u00f3licos, otros autores se dirigen a ella desde una perspectiva m\u00e1s cotidiana e \u00edntima, rozando la confidencialidad. As\u00ed lo hace Jos\u00e9 Antonio&nbsp; S\u00e1ez: \u201c<em>Buenos d\u00edas, Se\u00f1ora: Gracias por permitirme \/ vivir otra jornada el sol que nos alumbra \/ y da vida a los seres que la luz anhelamos<\/em>\u201d. O la asocian al rezo del avemar\u00eda, aprendido en la infancia y repetido en el hogar o la escuela. Es el caso de Andr\u00e9s Trapiello, quien en su largo y hermos\u00edsimo poema <em>Virgen del Camino<\/em> revive la experiencia de esta oraci\u00f3n que, aunque su lado racional pone en duda su pr\u00e1ctica, halla en ella un refugio que le brinda protecci\u00f3n y calma frente al paso del tiempo y el misterio de la muerte.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Otros poetas, en cambio, la evocan a partir de escenas de los Evangelios o inspirados en alguna pintura sobre la Virgen Mar\u00eda que les conmueve. En estos poemas, ella misma se convierte con frecuencia en personaje que reflexiona sobre su aceptaci\u00f3n de la voluntad de Dios. As\u00ed ocurre en el poema <em>Annunziata<\/em> de Mar\u00eda Victoria Atencia: \u201c<em>Tu mensajero vino y me habl\u00f3 brevemente; \/ d\u00e9jame una quietud que siga a su recado. \/ Descalza en los umbrales de la aurora me tienes:\/ recoger\u00e9 mi pelo y dispondr\u00e9 mi cuarto. \/<\/em><em>Por el otero asoma tu ternura impaciente. Te conozco a su luz. Date prisa. Te aguardo<\/em>\u201d. O en&nbsp; <em>La visita<\/em>, de Jos\u00e9 Julio Cabanillas, donde la Virgen rememora el momento en que el arc\u00e1ngel Gabriel la visit\u00f3: \u201c<em>As\u00ed fue mi alegr\u00eda, mi estupor y mi miedo. \/ El visitante dijo cosas de mucho gozo<\/em>\u201d. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que, en todas estas expresiones l\u00edricas, Nuestra Se\u00f1ora adquiere un papel preponderante, insustituible. M\u00e1s all\u00e1 de las peticiones y s\u00faplicas que laten en muchos de estos versos -\u201dte rogamos\u201d, \u201cruega\u201d, \u201camp\u00e1ranos\u201d, \u201cintercede\u201d, \u201cgu\u00edanos\u201d-, se la reconoce no s\u00f3lo como <em>Virgo Potens<\/em>, Virgen poderosa, sino, sobre todo como madre, revestida de todas las prerrogativas que su figura comporta.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Madre de los poetas<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Esa referencia maternal a la Virgen Mar\u00eda se suele asociar con el despertar espiritual que remite a los recuerdos de la infancia. Jos\u00e9 Antonio S\u00e1ez lo expresa claramente: \u201c<em>en ti veo a mi madre<\/em>\u201d, un sentimiento compartido por otros poetas como Mart\u00ednez Mesanza, que la llama \u201c<em>dulce madre<\/em>\u201d, o Luis Alberto de Cuenca, quien se dirige a ella como \u201c<em>Madre m\u00eda<\/em>\u201d. Esta percepci\u00f3n de Mar\u00eda surge, con frecuencia, de la seguridad que transmit\u00eda especialmente el rezo del avemar\u00eda en la infancia, como ya vimos, dejando una profunda huella en los corazones, incluso en aquellos ni\u00f1os que a\u00fan no comprend\u00edan plenamente a qui\u00e9n dirig\u00edan sus oraciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque la mayor\u00eda de estos poetas no mantiene una visi\u00f3n teol\u00f3gica precisa sobre el papel de la Virgen en la historia de la Redenci\u00f3n del g\u00e9nero humano -los poemas no suelen ser por lo regular el lugar oportuno para desarrollarla-, la figura de Mar\u00eda evoca un trasfondo emocional intenso. Esto da lugar a versos llenos de esperanza, como los de Luis Alberto de Cuenca: <em>\u201cDicho esto, y repitiendo el nombre de la Virgen \/ y de su Hijo glorioso, me dispongo a adentrarme, \/ sin temor ni consuelo, en los dominios \/ de la noche perpetua\u201d<\/em>, o los de Jes\u00fas Cotta: \u201c<em>donde siempre eres lo \u00faltimo que pronuncio al morirme<\/em>\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Como se\u00f1al\u00f3 el poeta mexicano Octavio Paz, el ser humano tiene \u201c<em>sed de presencia\u201d<\/em>, una b\u00fasqueda profunda de una figura que ofrezca consuelo, protecci\u00f3n y gu\u00eda en medio de las incertidumbres de la vida. Esta necesidad se manifiesta claramente en los autores mencionados, quienes sienten una intensa pulsi\u00f3n hacia Mar\u00eda. Para ellos, la Virgen no es tanto una entidad teol\u00f3gica (para quienes lo es), sino una compa\u00f1\u00eda cercana y maternal que brinda apoyo, reconforta y alivia. Se constata continuamente en sus versos, donde se expresa un anhelo constante de retorno a un amor primigenio y absoluto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, Mar\u00eda se convierte en el v\u00ednculo entre lo humano y lo divino, en una manifestaci\u00f3n de esa sed de presencia que busca trascender lo ef\u00edmero y alcanzar lo eterno.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde Gonzalo de Berceo, el cantor de la Gloriosa en el siglo XIII, la poes\u00eda mariana ha perdurado hasta nuestros d\u00edas. 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