{"id":3939,"date":"2018-10-01T11:02:16","date_gmt":"2018-10-01T10:02:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.omnesmag.com\/?p=3939"},"modified":"2025-06-09T11:51:16","modified_gmt":"2025-06-09T09:51:16","slug":"liturgia-y-educacion-en-la-afectividad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/liturgia-y-educacion-en-la-afectividad\/","title":{"rendered":"Liturgia y educaci\u00f3n en la afectividad"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfC\u00f3mo ayuda la liturgia a formar la personalidad, los valores aut\u00e9nticos, la afectividad?<br>Junto con la oraci\u00f3n y el combate espiritual (cf. Exhort. Gaudete et exsultate, cap\u00edtulo V, nn. 150-175), la liturgia es un medio importante para la formaci\u00f3n de la personalidad del cristiano. Hoy muchos lo desconocen. La educaci\u00f3n de la fe necesita una buena formaci\u00f3n lit\u00fargica y catequ\u00e9tico-sacramental (\u201cmistag\u00f3gica\u201d).<\/p>\n\n\n\n<p>En un libro de Dietrich von Hildebrand (\u201cLiturgia y personalidad\u201d, ed. Fax, Madrid 1963), escrito en los a\u00f1os treinta, este fil\u00f3sofo alem\u00e1n proporciona argumentos que siguen siendo actuales. Subraya que la formaci\u00f3n de la personalidad no es fin primario de la liturgia. La finalidad de la liturgia es la gloria y alabanza de Dios y, derivadamente, la de implorar gracias de Dios. A la vez, la liturgia bien vivida tiene un efecto pedag\u00f3gico sobre las personas: transforma nuestro interior y nos abre a los valores (contenidos valiosos) que se nos presentan en la liturgia para que los hagamos nuestros: la glorificaci\u00f3n de Dios Padre, la revelaci\u00f3n del rostro de Cristo, la acci\u00f3n de su Esp\u00edritu sobre nosotros, precisamente para transformarnos en Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>La liturgia \u2013contin\u00faa\u2013 nos ense\u00f1a a responder adecuadamente, tambi\u00e9n con nuestros afectos \u00ac\u2013el asombro y el agradecimiento, el querer y el gozo, el entusiasmo y el amor\u2013 ante esos valores objetivos (no se trata de \u201cgustos\u201d) que se nos ofrecen en la Misa y los dem\u00e1s sacramentos; valores que tienen que ver con Dios y sus obras (la creaci\u00f3n del mundo, la redenci\u00f3n y la santificaci\u00f3n del hombre). No se trata, por tanto, de agrados subjetivistas, sino de una respuesta a lo que en s\u00ed mismo es valioso.<\/p>\n\n\n\n<p>De esa capacidad de respuesta por nuestra parte, que la liturgia educa, depende la diferencia entre el hombre egoc\u00e9ntrico y el teoc\u00e9ntrico. El primero, en su versi\u00f3n m\u00e1s radical, est\u00e1 dominado por el orgullo y la concupiscencia: es ciego, indiferente u hostil ante los valores y sobre todo ante Dios. En otros casos, el egoc\u00e9ntrico \u2013aunque posea cierta espiritualidad\u2013 podr\u00e1 prestar ayuda a otra persona o dirigirse incluso a Dios. Pero lo hace con un prop\u00f3sito \u201cmoral\u201d, para crecer espiritualmente \u00e9l mismo, y no por amor hacia el otro o por amor a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>El egoc\u00e9ntrico, si se arrepiente de un mal cometido o se detiene ante la belleza de un valor moral que descubre en otra persona o ante la grandeza de Dios, lo har\u00e1 como paladeando su propia (y no del todo verdadera) \u201cpiedad\u201c, por \u201cmerecer m\u00e1s\u201d o por \u201chacerse m\u00e1s perfecto\u201d, en lugar de entregarse totalmente a eso que vale de por s\u00ed. Y entonces, precisamente por esa reacci\u00f3n ego\u00edsta, se ve privado de una aut\u00e9ntica transformaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Por tanto \u2013y son reflexiones que podemos aprovechar hoy para formar a los que participan de los sacramentos\u2013, una buena educaci\u00f3n lit\u00fargica ense\u00f1a tambi\u00e9n a librarse de lo que el Papa Francisco llama mundanidad o corrupci\u00f3n espiritual (cf. Exhort. Evangelii gaudium, nn. 93-97; Exhort. Gaudete et exsultate, nn. 164-165). As\u00ed es, porque lo m\u00e1s importante en la liturgia no es lo que nosotros hacemos, sino lo que Dios hace.<\/p>\n\n\n\n<p>Explica Hildebrand que quien se forma en el esp\u00edritu de la liturgia (en las oraciones, las aclamaciones y los cantos, los gestos y las palabras) se ver\u00e1 inclinado a dar una respuesta adecuada a todo lo valioso: la belleza de la naturaleza creada, la belleza moral del amor a pr\u00f3jimo&#8230;, como resplandor de la gloria de Dios. Todo ello, como un gozoso agradecimiento y una feliz aceptaci\u00f3n. No como una penosa exigencia de quien se siente obligado a tal respuesta. No por ego\u00edsmo, sino por amor. Un amor que se ve colmado en la comuni\u00f3n eucar\u00edstica, pues Cristo ha prometido: \u201cEl que come mi carne y bebe mi sangre en mi permanece y yo en \u00e9l\u201d (Jn 6, 56). No ser\u00e1 egoc\u00e9ntrico sino teoc\u00e9ntrico.<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo, el fil\u00f3sofo alem\u00e1n advierte de una visi\u00f3n equivocada del teocentrismo, por el otro extremo: pensar que solo vale lo de Dios, mientras que \u201clo nuestro\u201d, lo personal, \u201cnuestras\u201d acciones de gracias y actos de adoraci\u00f3n o sacrificios (podriamos a\u00f1adir: nuestros trabajos, las alegr\u00edas y las penas de la vida ordinaria) no tendr\u00edan valor.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante esto, una buena educaci\u00f3n lit\u00fargica \u2013por medio de un verdadero esp\u00edritu de oraci\u00f3n: dar gracias, pedir perd\u00f3n, unirnos a la voluntad de Dios\u2013 nos ense\u00f1a toda una jerarqu\u00eda de valores: nos ense\u00f1a lo que valen las distintas realidades (la amistad, la belleza de las criaturas, etc.) ante Dios y por amor a Dios. Nos ense\u00f1a que, a trav\u00e9s de los valores de la realidad (de sus aut\u00e9nticos valores), Dios nos llama continuamente. Nos saca de una actitud \u2013frecuente al menos en su tiempo, seg\u00fan el autor\u2013 de meros espectadores o estetas que se quedan contemplando una cosa \u201cbonita\u201d o \u201cinteresante\u201d, sin sentirse interpelados por lo que vale realmente la liturgia.<\/p>\n\n\n\n<p>Mirando hoy nuestra situaci\u00f3n, tendr\u00edamos que reconocer que, al ser la liturgia tan desconocida y poco valorada, muchos se ven privados de esa educaci\u00f3n en la afectividad y en los valores propios de un cristiano. A esto se podr\u00eda a\u00f1adir el redescubrimiento, tras el <a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/actualidad\/aniversario-del-concilio-vaticano-ii\/\">Concilio Vaticano II<\/a>, del valor santificador de las realidades ordinarias, cuando se viven con esp\u00edritu cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, el Concilio declar\u00f3 que, especialmente en el caso de los fieles laicos, \u201ctodas sus obras, sus oraciones e iniciativas apost\u00f3licas, la vida conyugal y familiar, el cotidiano trabajo, el descanso de alma y de cuerpo, si son hechos en el Esp\u00edritu, e incluso las mismas pruebas de la vida si se sobrellevan pacientemente, se convierten en sacrificios espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo (cf. 1 P 2, 5), que en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda se ofrecen piados\u00edsimamente al Padre junto con la oblaci\u00f3n del cuerpo del Se\u00f1or. De este modo, tambi\u00e9n los laicos, como adoradores que en todo lugar act\u00faan santamente, consagran el mundo mismo a Dios\u201d (Lumen gentium, 34).<\/p>\n\n\n\n<p>Volviendo a las reflexiones de nuestro autor sobre la necesidad de responder adecuadamente a los valores objetivos, entre ellos los de la liturgia, Hildebrand es muy claro: \u201cPrecisamente en esta adecuaci\u00f3n interna con la jerarqu\u00eda objetiva de los valores est\u00e1 el misterio de la verdadera personalidad\u201d (p. 90, subrayado nuestro). Aduce como ejemplo aquel personaje del Evangelio que vende cuanto tiene para conseguir una sola perla de gran valor (cf. Mt 13, 45-46). No todo vale lo mismo. Y esto \u2013propone\u2013 ha de traducirse luego en todos los niveles de la conducta personal: la adoraci\u00f3n a Dios, el respeto debido a los dem\u00e1s, el valor del trabajo bien hecho, la libertad y la salud, el contacto con la naturaleza y el arte, el sentido de los bienes materiales, la diferencia entre placer y felicidad, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>Argumenta el fil\u00f3sofo que la verdadera personalidad se mide o se define por lo que amamos, por los bienes que nos atraen, por la capacidad de sacrificar lo que vale menos por lo que vale m\u00e1s; en ultimo t\u00e9rmino, por el anhelo de Dios, que da alas a todo nuestro ser y hace realmente plenos todos los valores. La liturgia \u2013no solo en la Misa sino tambi\u00e9n, por ejemplo, en el \u201ca\u00f1o lit\u00fargico\u201d, donde unas fiestas dejan paso a otras que celebran \u201clo m\u00e1s valioso\u201d, los misterios centrales de la fe cristiana\u2013 nos ense\u00f1a esa jerarqu\u00eda de valores que, en la perspectiva cristiana, rige objetivamente la realidad.<br>Hasta aqu\u00ed las observaciones de Von Hildebrand.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasando de nuevo a nuestra \u00e9poca, cabe recordar c\u00f3mo el ahora em\u00e9rito Papa Ratzinger ha se\u00f1alado que en la liturgia, adem\u00e1s del aspecto mist\u00e9rico (la actualizaci\u00f3n del Misterio pascual de la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n de Cristo), ha de considerarse el aspecto existencial. Es decir, el hecho de que al recibir la Eucarist\u00eda dejamos de ser individuos separados y nos hacemos Cuerpo de Cristo \u2013Iglesia\u2013: ya no somos muchos \u201cyo\u201d separados, sino que nos unimos en el mismo \u201cyo\u201d de Cristo. Por eso la liturgia es el coraz\u00f3n del ser cristianos: porque al abrirnos a Cristo nos abrimos a los otros y hacia el mundo, rompemos el pecado original del ego\u00edsmo y podemos llegar a ser verdaderamente justos. La liturgia nos transforma y con ello comienza la transformaci\u00f3n del mundo que Dios desea y de la cual quiere que seamos instrumentos (cf. Encuentro con los sacerdotes de la di\u00f3cesis de Roma, 26-II-2009; enc. Deus caritas est, nn. 12 ss.).<\/p>\n\n\n\n<p>Hace pocos d\u00edas, en un videomensaje a un congreso internacional de catequistas, Francisco les ha recordado que su tarea consiste en \u201cla comunicaci\u00f3n de una experiencia y el testimonio de una fe que enciende los corazones, porque mete el deseo de encontrar a Cristo\u201d. Y en el conjunto de la vida cristiana la educaci\u00f3n de la fe \u201cencuentra su linfa vital en la liturgia y los sacramentos\u201d. En los sacramentos, cuyo centro es la Eucarist\u00eda, Cristo se hace contempor\u00e1neo con la Iglesia, y por tanto, con nosotros:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSe hace cercano y pr\u00f3ximo con cuantos lo reciben en su Cuerpo y en su Sangre, y los hace instrumentos del perd\u00f3n, testigos de la caridad con los que sufren, y part\u00edcipes activos en crear la solidaridad entre los hombres y los pueblos\u201d. As\u00ed \u201cact\u00faa y obra nuestra salvaci\u00f3n, permiti\u00e9ndonos experimentar desde ahora la belleza de la vida de comuni\u00f3n con el misterio de Dios Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo\u201d (Videomensaje, 22-IX-2018). As\u00ed tambi\u00e9n vemos como la liturgia educa nuestros valores y nuestros afectos.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfC\u00f3mo ayuda la liturgia a formar la personalidad, los valores aut\u00e9nticos, la afectividad?Junto con la oraci\u00f3n y el combate espiritual (cf. Exhort. 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