{"id":33558,"date":"2023-10-12T06:00:00","date_gmt":"2023-10-12T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=33558"},"modified":"2023-10-10T09:10:06","modified_gmt":"2023-10-10T07:10:06","slug":"lecturas-del-domingo-xxviii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/lecturas-del-domingo-xxviii\/","title":{"rendered":"Muchos son los llamados. Domingo XXVIII del tiempo ordinario (A)"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfAcaso a la gente no le gustan las fiestas? Entonces, \u00bfpor qu\u00e9 a tantos les resulta tan indiferente el cielo? Porque en toda la Biblia se describe el cielo como una gran fiesta. Esto es evidente tanto en la primera lectura de hoy como en el Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p>El profeta Isa\u00edas vislumbra lo que se conoce como \u201cla monta\u00f1a escatol\u00f3gica\u201d, la monta\u00f1a celestial\/Jerusal\u00e9n, que se describe m\u00e1s detalladamente en el libro del Apocalipsis del Nuevo Testamento. Y este monte se ha convertido en una enorme sala de banquetes. <em>\u201cPreparar\u00e1 el Se\u00f1or del universo para todos los pueblos, en este monte, un fest\u00edn de manjares suculentos, un fest\u00edn de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados\u201d<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p>Y no solo eso, sino que toda pena e incluso la muerte han sido desterradas eternamente de esta cima. <em>\u201cDios, el Se\u00f1or, enjugar\u00e1 las l\u00e1grimas de todos los rostros\u201d<\/em>. El pueblo se alegrar\u00e1 y exultar\u00e1 por la salvaci\u00f3n de Dios, <em>\u201cporque reposar\u00e1 sobre este monte la mano del Se\u00f1or\u201d<\/em>. Es una clara profec\u00eda del cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>El salmo sugiere una idea similar, aunque ligeramente diferente. El banquete ya no est\u00e1 en una monta\u00f1a, sino en <em>\u201cverdes praderas\u201d<\/em>, con aguas<em> \u201ctranquilas\u201d <\/em>que fluyen suavemente. <em>\u201cMe unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa\u201d<\/em>. No es el cielo, pero s\u00ed el camino: es el alma en Dios, que no teme a ning\u00fan mal ni enemigo, sabi\u00e9ndose guiada por Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas tambi\u00e9n describe el reino de los cielos como un banquete, excepto que, en este caso, nadie parece interesado.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cNo quisieron ir\u201d<\/em>. As\u00ed que el rey insiste: <em>\u201cVolvi\u00f3 a mandar otros criados encarg\u00e1ndoles que dijeran a los convidados: \u2018Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo est\u00e1 a punto. Venid a la boda\u2019\u201d. <\/em>Y entonces llegan las tr\u00e1gicas palabras: <em>\u201cPero ellos no hicieron caso\u201d<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p>Maltratan o matan a los sirvientes que el rey les env\u00eda. El rey los mata a su vez (rechazar la gracia de Dios acarrea consecuencias desastrosas, como vimos la semana pasada). Pero como ahora hay plazas disponibles, manda a sus siervos que inviten a la boda a todos los que encuentren<em>. <\/em>Traen a <em>\u201cmalos y buenos\u201d<\/em> por igual. El Papa Francisco coment\u00f3 este episodio en la reciente Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa. <em>\u201cEn la Iglesia hay sitio para todos\u201d<\/em>. E insisti\u00f3: <em>\u201c\u00a1Todos, todos, todos!\u201d<\/em>.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Pero luego viene el giro. Hay sitio para todos, o casi. El rey entra y encuentra a un hombre sin traje de boda. <em>\u201c\u2019Amigo, \u00bfc\u00f3mo has entrado aqu\u00ed sin el vestido de boda?\u2019. El otro no abri\u00f3 la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: \u2018Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. All\u00ed ser\u00e1 el llanto y el rechinar de dientes\u2019. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos\u2019\u201d<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p>La cuesti\u00f3n es que cualquiera puede entrar si est\u00e1 dispuesto a entrar en el esp\u00edritu de la fiesta. Este hombre era un intruso que solo hab\u00eda venido a comer y beber. La fiesta est\u00e1 abierta a todos, siempre que est\u00e9n dispuestos a abrirse a Dios y a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La homil\u00eda sobre las lecturas del domingo XXVIII del Tiempo Ordinario (A)<\/h2>\n\n\n\n<p>El sacerdote\u00a0<strong>Luis Herrera Campo<\/strong>\u00a0ofrece su\u00a0<em><a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/channel\/UCYYmE6YwDTDrfBnidp327dw\/videos\">nanomil\u00eda<\/a><\/em>, una peque\u00f1a reflexi\u00f3n de un minutos para estas lecturas del domingo. <\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\nhttps:\/\/youtu.be\/CJu3L5E0ju0?feature=shared\n<\/div><\/figure>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfAcaso a la gente no le gustan las fiestas? Entonces, \u00bfpor qu\u00e9 a tantos les resulta tan indiferente el cielo? 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