{"id":3138,"date":"2018-02-02T13:25:51","date_gmt":"2018-02-02T12:25:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.omnesmag.com\/?p=3138"},"modified":"2025-05-14T15:33:50","modified_gmt":"2025-05-14T13:33:50","slug":"valor-del-silencio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/valor-del-silencio\/","title":{"rendered":"B\u00fasqueda, recogimiento&#8230; El valor del silencio"},"content":{"rendered":"\n<p><span class=\"s2\">El incalculable progreso en la comunicaci\u00f3n entre los hombres ha sido posible gracias a la palabra, primero verbal y m\u00e1s tarde escrita.<\/span> Junto a eso, el silencio tiene, en la comunicaci\u00f3n un valor incalculable. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong><span class=\"s2\">Palabras y silencio<\/span><\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><span class=\"s2\">Recoger en pocos fonemas o grafismos, con sus diversas combinaciones, la casi ilimitada expresividad interior de la persona humana, parece milagroso.<\/span>   <\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s2\">Comparado con tal riqueza, el silencio puede juzgarse mostrenco y paup\u00e9rrimo. Pero ser\u00eda un error tal simplificaci\u00f3n. La palabra y el silencio se requieren mutuamente; \u00e9ste individualiza las palabras y les comunica vigor. El silencio subraya las palabras y las palabras dan sentido a los silencios.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s2\">Innumerables libros, llenos de palabras, se han escrito para dar cuenta de \u00e9stas. Muchos menos para hablar del silencio. \u00daltimamente, sin embargo, se ha extendido la necesidad de destacar la importancia y el papel de \u00e9ste.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Se puede afirmar que hay tanta variedad de silencios como de palabras. No todos los silencios significan lo mismo ni trasmiten lo mismo; a veces son incluso diametralmente opuestos. Para muchos <i>\u201cel silencio consiste simplemente en la ausencia de ruido y de palabras; pero la realidad es mucho m\u00e1s compleja\u201d<\/i> (Robert Sarah, <i>La fuerza del silencio<\/i>, Madrid 2017, p. 220).<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Un matrimonio, quiz\u00e1 joven, que cenan solos y en silencio, puede significar una comuni\u00f3n de amor y sentimientos tan grande que no necesita explicaciones postizas. As\u00ed es habitualmente el silencio enamorado. Pero tambi\u00e9n puede suceder que los c\u00f3nyuges sean incapaces de hablarse por graves diferencias previas. Ser\u00eda un silencio de rechazo. El primer mensaje es de amor, el segundo de muerte del mismo amor (cfr. ibid.).<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">El silencio resulta pluriforme. Por eso conviene dejar claro que nuestro inter\u00e9s no se centra en el silencio por el silencio. A diferencia de muchas palabras que, por si mismas significan algo, el solo silencio es mudo. Lo que el silencio esconde, tras de s\u00ed, es lo que lo avalora. El silencio de un alumno ignorante ante un examen, es muy distinto del silencio de un monje que ora o de un cient\u00edfico que piensa.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Aqu\u00ed nos centraremos en los silencios con sentido: capaces de enriquecer el esp\u00edritu humano en su relaci\u00f3n con Dios y con los hombres.<\/span><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong><span class=\"s1\">Di\u00e1logo y mon\u00f3logo<\/span><\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">La comunicaci\u00f3n humana requiere <i>di\u00e1logo<\/i>: intercambio de ideas y argumentos. Y ah\u00ed entra uno de los m\u00e1s poderosos servicios del silencio: todo verdadero di\u00e1logo incluye <i>saber escuchar<\/i>. Es la \u00fanica manera de progresar hacia la verdad.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Ciertamente hay di\u00e1logos que no buscan la verdad, s\u00f3lo el inter\u00e9s; ya hace veinticinco siglos, Plat\u00f3n tuvo que pelearse con los sofistas del momento. Pero, incluso para ellos, el silencio permite escuchar y recapacitar, detectando aciertos o de errores. <\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Incluimos en la categor\u00eda de di\u00e1logo no s\u00f3lo el verbal, sino tambi\u00e9n el escrito. A trav\u00e9s de sus libros nos resulta posible dialogar con los pensadores que nos precedieron. Parecer\u00eda que en este di\u00e1logo con el pasado es m\u00e1s f\u00e1cil guardar silencio, pero tampoco lo es. Por citar un ejemplo: \u00a1cu\u00e1nta gente oye la palabra de Dios en la liturgia de los domingos, y la olvida inmediatamente porque no la <i>escucha<\/i>! \u2026Ha faltado el silencio, capaz de acoger la Palabra y su mensaje.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">El gran enemigo del di\u00e1logo y del silencio es el <i>mon\u00f3logo<\/i>. Una actitud que da vueltas sin cesar, en la mente, a unas pocas ideas, impermeabilizando el entendimiento para escuchar a los dem\u00e1s.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Al hablar de la oraci\u00f3n como di\u00e1logo con Dios, se entender\u00e1 mejor el problema del mon\u00f3logo interior que satura la mente de tantos: recelos, resentimientos, envidias, susceptibilidad; o tambi\u00e9n las enso\u00f1aciones vac\u00edas, la imaginaci\u00f3n dejada a su arbitrio, los proyectos ut\u00f3picos; forman parte de aquel mon\u00f3logo interior, que acaba o en desaliento y amargura, o bien en p\u00e9rdida de tiempo y energ\u00edas. As\u00ed, escribe san Josemar\u00eda Escriv\u00e1 en <i>Camino<\/i>:<i> \u201c\u00a1Qu\u00e9 fecundo es el silencio! -Todas las energ\u00edas que me pierdes, con tus faltas de discreci\u00f3n, son energ\u00edas que restas a la eficacia de tu trabajo\u201d<\/i> (n. 645).<\/span><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong><span class=\"s1\">Silencio y sensibilidad<\/span><\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">En el di\u00e1logo humano el silencio es, no pocas veces, la \u00fanica conducta adecuada. Bien por la solemnidad de un acto, por la intensidad de un dolor o por delicadeza con los que est\u00e1n junto a nosotros: mantenerse en silencio, en tales circunstancias, es el mejor di\u00e1logo posible. La palabrer\u00eda puede resultar inoportuna, indiscreta o desconsiderada. As\u00ed mismo, el silencio ante posibles defectos ajenos \u2013de presentes o ausentes\u2013 es la mejor muestra de caridad y respeto. Quienes piensan s\u00f3lo en s\u00ed mismos, no valoran la repercusi\u00f3n de sus palabras.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Volviendo a los enamorados, para ellos la <i>presencia<\/i> es mucho m\u00e1s importante que las palabras. <i>\u201cLos que est\u00e1n enamorados amasan silencio sobre silencio para gozar de lo que no puede decirse, porque las palabras resultan cortas\u201d<\/i> (Miguel-\u00c1ngel Mart\u00ed Garc\u00eda, <i>El silencio<\/i>, EIUNSA, Madrid 2005, p. 47). Ante los sentimientos en juego, las palabras son una superficialidad. Y es precisamente ese silencio lo que les permite intuir los deseos e intenciones de la persona amada (cfr. ibid., p. 48).<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">De la misma manera, toda mirada profunda reclama silencio. Un conocido dicho popular exclama: <i>\u201c\u00a1Callad, que no veo!\u201d<\/i>, y no es ninguna simpleza. No se puede mirar con profundidad, interiorizando lo que se ve y descansando el alma en ello, si la mente, el cuerpo o el ambiente que nos rodea se encuentran alterados, estridentes, faltos de sosiego y de paz. <\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Una mirada tal siempre es minuciosa, valora los detalles, descubre luces nuevas en las cosas de siempre, a veces incluso cierra los ojos para \u201catesorar\u201d lo visto; y nada de esto es posible con premuras o compartiendo la atenci\u00f3n con cuestiones balad\u00edes. Es decir, sin silencio interior.<\/span><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong><span class=\"s1\">La b\u00fasqueda interior<\/span><\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">El <i>silencio interior<\/i> \u2013aqu\u00e9l que depende del sosiego del coraz\u00f3n, no del exterior\u2013 no es f\u00e1cil de alcanzar. En primer lugar, porque <i>\u201cuno de los l\u00edmites de una sociedad tan condicionada por la tecnolog\u00eda y los medios de comunicaci\u00f3n es que el silencio se hace cada vez m\u00e1s dif\u00edcil\u201d<\/i>, como observa san Juan Pablo II (carta apost\u00f3lica <i>Rosarium Virginis Mariae<\/i>, 31).<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Pero tambi\u00e9n porque con facilidad nos emborrachamos nosotros mismos con palabras, m\u00fasicas y ruidos m\u00faltiples. La <i>filosof\u00eda de la distracci\u00f3n<\/i> ha invadido la conducta de masas enteras de hombres, impidi\u00e9ndoles pensar por s\u00ed mismos.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Es habitual mantener largos mon\u00f3logos repetitivos, como se\u00f1alamos antes; y hay que aprender a detectarlos y abortarlos. De ah\u00ed la recomendaci\u00f3n de san Josemar\u00eda Escriv\u00e1: <i>\u201c\u2018Me bullen en la cabeza los asuntos en los momentos m\u00e1s inoportunos&#8230;\u2019, dices. Por eso te he recomendado que trates de lograr unos tiempos de silencio interior\u201d <\/i>(<i>Surco<\/i>, n. 670). A temporadas puede ser costoso, pero su fruto inmediato es una frescura de pensamiento y una salud mental envidiables; y, cuando madura, ese tiempo acaba convirti\u00e9ndose en <i>silencio creador<\/i> (cfr. Miguel-\u00c1ngel Mart\u00ed Garc\u00eda, o.c., p. 51).<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">El silencio interior es el umbral del encuentro con nosotros mismos, condici\u00f3n indispensable para el encuentro con Dios. Pero, antes de esto, la contemplaci\u00f3n del arte, el conocer con hondura a las personas, disfrutar de las peque\u00f1as alegr\u00edas de la vida, requiere de cada uno mortificar el mon\u00f3logo interior. El silencio con el propio yo hace posible un encuentro, con el mundo y con la gente, sin afanes \u201cutilitaristas\u201d. Y, entonces, tal encuentro se convierte en un disfrutar generoso y desinteresado de las personas y de los bienes que Dios ha puesto a nuestra disposici\u00f3n en el mundo.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\"><i>a) Conocimiento propio<\/i><\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">La consecuencia m\u00e1s destacable del silencio interior es el propio conocimiento. Cuesti\u00f3n dif\u00edcil donde las haya. <i>\u201cConocerte y conocerme\u201d<\/i>, solicitaba san Agust\u00edn a Dios; y no es peque\u00f1a sabidur\u00eda.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">La vida humana est\u00e1 plena de constantes incidencias: materiales, laborales, afectivas, de salud, etc. Nuestra mente se ve arrastrada por ellas, de manera que pasa de una a otra, sin tiempo para elaborar una visi\u00f3n de conjunto que las aglutine y armonice. Se precisa el silencio para \u201ctomar distancia\u201d de los problemas y evitar que nos abrumen sus urgencias y apreturas. El adecuado descanso, en medio de esos m\u00faltiples quehaceres, resulta imprescindible para encontrar la armon\u00eda deseada. El descanso f\u00edsico y el silencio interior favorecen el an\u00e1lisis sereno del propio comportamiento, que permitir\u00e1 conocernos mejor: puntos d\u00e9biles del car\u00e1cter, cualidades positivas y defectos adquiridos, h\u00e1bitos incorrectos e imperfecciones acumuladas.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Acompa\u00f1ado de confianza en Dios, este an\u00e1lisis no provocar\u00e1 ni desaliento ni euforia. Nos har\u00e1 capaces de objetivar nuestra conducta, reconocer las deficiencias y proceder a corregirlas con paciencia y tiempo. Mantener un examen peri\u00f3dico de la conciencia, sin dramatismos ni eufemismos, es fruto y motor del buscado silencio interior.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\"><i>b) La sabidur\u00eda<\/i><\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">El silencio interior favorece el propio conocimiento. El silencio externo facilita el estudio y la lectura; que ir\u00e1n seguidos de la reflexi\u00f3n personal. El resultado es una <i>sabidur\u00eda<\/i>, en el sentido cl\u00e1sico del t\u00e9rmino. Un modo armonioso de entender el mundo y la existencia, que sabe colocar cada pieza en su sitio: Dios, los dem\u00e1s y yo. Un conocimiento gustoso, que <i>se recrea<\/i> en las realidades materiales y en las espirituales.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">La sabidur\u00eda permite interiorizar los acontecimientos externos y equilibrar los sentimientos interiores, de manera que la vida progresa hacia su fin sin estridencias, o con las menos estridencias posibles. Crea un <i>espacio interior<\/i> de sosiego, que acoger\u00e1 los conflictos, los har\u00e1 reposar convenientemente y acometer\u00e1 la soluci\u00f3n m\u00e1s favorable. Ser\u00e1 la sabidur\u00eda propia de un silencio no alterado por el fragor de los ruidos ensordecedores del mundo. San Juan Pablo II escribe en <i>Pastores dabo vobis<\/i>, 47: <i>\u201cEn un contexto de agitaci\u00f3n y bullicio como el de nuestra sociedad, un elemento pedag\u00f3gico necesario para la oraci\u00f3n es la educaci\u00f3n en el significado humano profundo y en el valor religioso del silencio, como atm\u00f3sfera espiritual indispensable para percibir la presencia de Dios y dejarse conquistar por ella\u201d<\/i>.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\"><i>c) La proyecci\u00f3n de la existencia<\/i><\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">En absoluto el silencio interior y la sabidur\u00eda a la que conduce, desembocan en un ensimismamiento o narcisismo intelectual. Lo dicho sobre la armon\u00eda incluye a Dios y al pr\u00f3jimo como objetos de amor y destinatarios de lo mejor para ellos.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Por eso, el silencio bueno nunca es aislamiento. El proceso de interiorizaci\u00f3n no tiene como meta una actitud escapista, sino darnos una valoraci\u00f3n inteligente, objetiva y equilibrada de lo que nos ocurre y somos; precisamente para convivir con los dem\u00e1s respet\u00e1ndoles tambi\u00e9n como personas y defendiendo su libertad a la vez que la nuestra.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Hablando de la vida espiritual, el Papa Francisco y otros pont\u00edfices recientes han insistido en evitar el <i>falso espiritualismo<\/i> de una vida de piedad cerrada en s\u00ed misma, incapaz de trascenderse para salir en busca de las necesidades del pr\u00f3jimo. <\/span><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong><span class=\"s1\">Silencio y vida espiritual<\/span><\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">El <i>silencio interior<\/i> es como la batuta del director de orquesta, que va dando entrada a cada instrumento en el momento adecuado, atempera los m\u00e1s en\u00e9rgicos y anima a los m\u00e1s delicados, de manera que se produzca el <i>concierto<\/i>: una pieza \u00fanica y arm\u00f3nica que responda a los sentimientos que el compositor pretend\u00eda transmitir. <\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">En la existencia personal, los \u201cinstrumentos\u201d a dirigir son los plurales, y no pocas veces discordes, ingredientes de la personalidad: temperamento, car\u00e1cter, circunstancias, acontecimientos. A pesar de esa multiplicidad, el esp\u00edritu humano tiene una dimensi\u00f3n trascendente que le permite atender a las m\u00faltiples cuestiones concretas, sin desvincularse del \u00faltimo fin al que es llamado por su Creador. Mas, para ello, el silencio interior ha de <i>dirigir<\/i> el \u201cconcierto\u201d de la existencia humana.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\"><i>a) Necesario para buscar a Dios<\/i><\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">La vida espiritual cristiana se desarrolla en el trato con Dios y en el di\u00e1logo con \u00c9l. Pero Dios es el <i>inefablemente Otro<\/i>; no hay palabras humanas para describirlo; la actitud m\u00e1s propia del hombre ante Dios deber\u00eda ser el silencio: <i>indecibilia Dei, casto silentio<\/i>, dice santo Tom\u00e1s de Aquino: <i>\u201cAnte lo inefable de Dios, guardemos un comedido silencio\u201d<\/i>.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Quiz\u00e1 ha sido esta conciencia impl\u00edcita de lo inefable la que ha acumulado, en la historia de la Iglesia, tantos movimientos \u2013individuales o institucionales\u2013 de b\u00fasqueda del silencio. Desde los primeros eremitas hasta las grandes abad\u00edas cartujas, muestran que <i>\u201cen nosotros el silencio es ese lenguaje sin palabras del ser finito que, por su propio peso, atrae y arrastra nuestro movimiento hacia el Ser infinito\u201d<\/i> (Joseph Rassam, <i>El silencio como introducci\u00f3n a la metaf\u00edsica<\/i>, cit. en Robert Sarah, <i>La fuerza del silencio<\/i>, Madrid 2017, pr\u00f3logo).<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Es evidente que el tumulto del mundo, la algarab\u00eda de los negocios seculares, la urgencia de las soluciones, las explosiones festivas y l\u00fadicas, y otras muchas manifestaciones humanas, rompen nuestro silencio interior, llen\u00e1ndolo de precipitaci\u00f3n, de irreflexi\u00f3n o de sentimientos nada pac\u00edficos. Mucha gente no se da cuenta de hasta qu\u00e9 punto vive, muchas veces, inmersa en el ruido. Si llevamos el m\u00f3vil o una radio en el bolsillo, con el sonido en marcha, probablemente no nos daremos cuenta en medio de una calle concurrida y con tr\u00e1fico. Pero si entramos con \u00e9l en un lugar silencioso \u2013un cine, un templo\u2013 inmediatamente se har\u00e1 notar nuestro descuido e intentaremos apagar el aparato. <\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">De modo an\u00e1logo, hay quien vive constantemente con aquel <i>mon\u00f3logo interior<\/i> que ya sali\u00f3 citado, pero no se da cuenta de ello porque vive hacia afuera, para lo exterior ruidoso. <\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Y lo malo es que no hay ning\u00fan interruptor que \u201capague\u201d el parloteo de nuestra imaginaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\"><i>b) Silencio y apartamiento del mundo<\/i><\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Para acallar el ruido interior, un camino tradicional ha sido el apartamiento del mundo: buscar la soledad y el aislamiento.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Los frutos de ese esfuerzo pueden ser excepcionales. Un buen conocedor de los monasterios contemplativos escribe: <i>\u201cEl silencio cuesta, pero hace al hombre capaz de dejarse guiar por Dios&#8230; El hombre no deja de sorprenderse de la luz que brilla entonces. El silencio\u2026 manifiesta a Dios. La verdadera revoluci\u00f3n procede del silencio: nos conduce hacia Dios y hacia los dem\u00e1s para ponernos humilde y generosamente a su servicio\u201d<\/i> (ibid., n. 68, p. 60).<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Quien siente esa necesidad, no s\u00f3lo de silencio, sino tambi\u00e9n de aislamiento para separarse de los asuntos del mundo y dedicarse por entero al servicio de la oraci\u00f3n, puede encontrar en la vocaci\u00f3n religiosa contemplativa el camino de su vida.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Pero conviene se\u00f1alar que <i>\u201cel silencio que reina en un monasterio no es suficiente. Para alcanzar la comuni\u00f3n [con Dios] en el silencio, hace falta una labor indefinidamente recomenzada. Hemos de armarnos de paciencia y dedicar a ello arduos esfuerzos\u201d<\/i> (ibid., p. 231). Toda una vida de apartamiento del mundo no asegura resultados exitosos, principalmente porque \u00e9stos son don de Dios, no consecuencia de los esfuerzos humanos.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\"><i>c) El recogimiento interior<\/i><\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">La inmensa mayor\u00eda de los fieles cristianos no pasar\u00e1n nunca por un monasterio, ni se encerrar\u00e1n en \u00e9l en silencio. \u00bfAcaso tienen vetado al acceso a Dios en su oraci\u00f3n? De ninguna manera. Pero, entonces, el silencio, tema de estas p\u00e1ginas, \u00bfes innecesario en su caso?<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Es igualmente necesario. Sin silencio interior no hay oraci\u00f3n posible, y sin oraci\u00f3n \u2013como camino ordinario\u2013 no llegamos al conocimiento y la amistad de Dios.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">La soluci\u00f3n puede parecer un truco de prestidigitador: basta cambiarle el nombre. Si en vez de silencio, le llamamos <i>recogimiento<\/i>, podemos aplicar a los cristianos que viven en medio del mundo unas reglas an\u00e1logas \u2013no id\u00e9nticas\u2013 al silencio monacal. Pero no se trata de ninguna manipulaci\u00f3n del lenguaje; consiste en dar nombre a dos realidades que poseen la misma ra\u00edz, pero que vienen caracterizadas, en cada caso, por circunstancias diferentes.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">San Josemar\u00eda Escriv\u00e1 recoge, en sus escritos y en su predicaci\u00f3n a fieles laicos, muchas referencias a este silencio interior: <i>\u201cEl silencio es como el portero de la vida interior\u201d<\/i> (<i>Camino<\/i>, n. 281); <i>\u201cProcura lograr diariamente unos minutos de esa bendita soledad que tanta falta hace para tener en marcha la vida interior\u201d<\/i> (ibid., n. 304).<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">A su vez, siempre se esforz\u00f3 por no separar <i>\u201cla oraci\u00f3n de la vida activa, como si fueran incompatibles\u2026 Los hijos de Dios hemos de ser contemplativos: personas que, en medio del fragor de la muchedumbre, sabemos encontrar el silencio del alma en coloquio permanente con el Se\u00f1or: y mirarle como se mira a un Padre, como se mira a un Amigo, al que se quiere con locura\u201d<\/i> (<i>Forja<\/i>, n. 738).<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Ese silencio del alma es lo que, en otros momentos, identifica con el <i>recogimiento<\/i>: <i>\u201cLa verdadera oraci\u00f3n, la que absorbe a todo el individuo, no la favorece tanto la soledad del desierto, como el recogimiento interior\u201d <\/i>(<i>Surco<\/i>, n. 460). Y con el fin de subrayar su importancia, escribe: <i>\u201cEse recogimiento interior que es se\u00f1al de madurez cristiana\u201d <\/i>(<i>Es Cristo que pasa<\/i>, n. 101).<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Una madurez que se muestra en que <i>\u201cparticiparemos en la dicha de la divina amistad \u2013en un recogimiento interior, compatible con nuestros deberes profesionales y con los de ciudadano\u2013, y le agradeceremos [a Jesucristo] la delicadeza y la claridad con que \u00c9l nos ense\u00f1a a cumplir la Voluntad del Padre Nuestro que habita en los cielos\u201d<\/i> (<i>Amigos de Dios<\/i>, n. 300).<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Recogimiento que, al igual que hemos indicado para el silencio monacal, supone muchos a\u00f1os de esfuerzo humano que, con la gracia de Dios, dar\u00e1 como resultado: caminar por la vida en amistad con Dios.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\"><i>d) Silencio y oraci\u00f3n vocal<\/i><\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Aunque sorprenda, la oraci\u00f3n vocal necesita del silencio tanto como la mental. Dicho de otro modo; el enemigo de la oraci\u00f3n es el mismo en ambos casos: aquel mon\u00f3logo interior del que hablamos y que nos invade la mente, tambi\u00e9n mientras la boca pronuncia palabras a las que no se presta atenci\u00f3n. <\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">En la oraci\u00f3n vocal, naturalmente, siempre habr\u00e1 palabras; pero tienen que ser palabras que afloran a la boca desde el interior del coraz\u00f3n, y es \u00e9ste \u2013precisamente\u2013 quien necesita del recogimiento y silencio de que hablamos.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Como un ejemplo, entre muchos, podemos citar lo que suger\u00eda <a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/foco\/rosario-juan-pablo-ii\/\">san Juan Pablo II<\/a> hablando del Rosario: <i>\u201cLa escucha y la meditaci\u00f3n se alimentan del silencio. Es conveniente que, despu\u00e9s de enunciar el misterio y proclamar la Palabra, esperemos unos momentos antes de iniciar la oraci\u00f3n vocal, para fijar la atenci\u00f3n sobre el misterio meditado. El redescubrimiento del valor del silencio es uno de los secretos para la pr\u00e1ctica de la contemplaci\u00f3n y la meditaci\u00f3n. As\u00ed como en la Liturgia se recomienda que haya momentos de silencio, en el rezo del Rosario es tambi\u00e9n oportuno hacer una breve pausa despu\u00e9s de escuchar la Palabra de Dios, concentrando el esp\u00edritu en el contenido de un determinado misterio\u201d<\/i> (<i>Rosarium Virginis Mariae<\/i>, 31).<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\"><i>e) La inspiraci\u00f3n mariana<\/i><\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">El ejemplo de nuestra Madre santa Mar\u00eda es extraordinariamente luminoso. Su santidad fue excelsa, pero su vida se desenvolvi\u00f3 en las circunstancias ordinarias del mundo de entonces. Y ah\u00ed, <i>\u201cguardaba todas estas cosas en su coraz\u00f3n\u201d<\/i> (Lc 2, 51). Viv\u00eda para la misi\u00f3n que Dios le hab\u00eda encomendado, y no le distra\u00edan de ella los acontecimientos diarios. En medio de sus quehaceres, manten\u00eda un silencio interior que le permit\u00eda vivir pendiente de Dios y de su hijo: hasta la cruz.<\/span><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong><span class=\"s1\">D\u00edas de retiro espiritual<\/span><\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Los caminos pr\u00e1cticos para buscar y defender el silencio interior que todos necesitamos, son muy variados. Entre otros, destaca la tradicional pr\u00e1ctica cristiana del <i>retiro espiritual de varios d\u00edas<\/i>. Puede tomar diversos nombres \u2013ejercicios espirituales, cursillos, etc.\u2013, pero su sentido es claro: efectuar un alto en los quehaceres habituales, con el fin de concentrar la mirada del alma en Dios y en s\u00ed misma. Ser\u00e1n quiz\u00e1 pocos d\u00edas, pues las obligaciones habituales no suelen permitir m\u00e1s. Pero esos pocos d\u00edas, aprovechados con intensidad, aportar\u00e1n grandes beneficios a nuestra alma. <\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Ingrediente principal del retiro y catalizador de esos beneficios, es el silencio \u2013tambi\u00e9n exterior\u2013 que debe acompa\u00f1arlos. Ese silencio facilita escuchar la Palabra que nos dirige el Esp\u00edritu Santo. Una Palabra siempre luminosa, a cuya luz nos ser\u00e1 f\u00e1cil detectar las desviaciones presentes en nuestra vida. Confiando, adem\u00e1s, en que tales luces llegan acompa\u00f1adas de la gracia de Dios para hacer fructuoso nuestro empe\u00f1o por adelantar en la santidad.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Por supuesto, tres d\u00edas de retiro \u2013un fin de semana\u2013 no son suficiente para una conversi\u00f3n que pudiera calificarse de definitiva. Seguiremos necesitando nuevas conversiones en el futuro, hasta que Dios nos llame a su presencia. Por ello conviene mucho repetir esos d\u00edas de retiro de vez en cuando; si lo hacemos cada a\u00f1o, comprobaremos que esa continuidad nos permite dar pasos, quiz\u00e1 peque\u00f1os pero reiterados, que nos acercan a Dios siempre de un modo nuevo. Afianzaremos as\u00ed nuestras buenas disposiciones, entenderemos cada vez mejor los planes de Dios para nuestra vida, y aprenderemos a seguir con fidelidad las inspiraciones divinas que nos conducen hasta \u00c9l.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Por lo dem\u00e1s, nuestra caridad hacia el pr\u00f3jimo nos har\u00e1 conscientes de que muchas personas de nuestro entorno necesitar\u00edan tambi\u00e9n un retiro espiritual, aunque no sean conscientes. Ayudarles a decidirse, y quiz\u00e1 acompa\u00f1arles a hacerlo, puede ser un favor no peque\u00f1o que nos agradecer\u00e1n siempre.<\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">El retiro ser\u00e1 ocasi\u00f3n para hacer una confesi\u00f3n m\u00e1s profunda que las habituales, para comulgar con m\u00e1s fruto y para llenar nuestro esp\u00edritu de la paz de Dios, que luego verteremos con quienes convivimos para hacerles m\u00e1s amable la vida de cada d\u00eda. <\/span><\/p>\n\n\n\n<p><span class=\"s1\">Tambi\u00e9n aprenderemos o mejoraremos nuestro modo de orar, y potenciaremos aquel recogimiento interior que, a falta del silencio exterior, nos permite levantar el coraz\u00f3n a Dios con frecuencia y mantenernos en su presencia, en medio de las tareas habituales. n<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comparado con tal riqueza, el silencio puede juzgarse mostrenco y paup\u00e9rrimo. Pero ser\u00eda un error tal simplificaci\u00f3n. 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