{"id":2785,"date":"2017-09-01T13:22:23","date_gmt":"2017-09-01T12:22:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.omnesmag.com\/?p=2785"},"modified":"2025-05-21T09:37:07","modified_gmt":"2025-05-21T07:37:07","slug":"jesucristo-en-el-centro-de-la-vida-cristiana-y-de-la-evangelizacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/jesucristo-en-el-centro-de-la-vida-cristiana-y-de-la-evangelizacion\/","title":{"rendered":"Jesucristo en el centro de la vida cristiana y de la evangelizaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>En su exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica y program\u00e1tica <em>Evangelii gaudium<\/em> se\u00f1ala el Papa Francisco: <em>\u201cCristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza [\u2026]. Su resurrecci\u00f3n no es algo del pasado; entra\u00f1a una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. [\u2026] \u00c9sa es la fuerza de la resurrecci\u00f3n y cada evangelizador es un instrumento de ese dinamismo\u201d <\/em>(EG, nn. 275-276)<em>.<\/em> Cabe preguntarse de qu\u00e9 tipo es esa fuerza, c\u00f3mo se traduce en la vida cristiana y c\u00f3mo influye en la evangelizaci\u00f3n. Joseph Ratzinger, hacia el final de la secci\u00f3n que dedica a la Resurrecci\u00f3n en <em>Jes\u00fas de Nazaret<\/em>, observa que no se trata simplemente de la reanimaci\u00f3n de un cad\u00e1ver, ni tampoco de la aparici\u00f3n de un fantasma o de un esp\u00edritu que viene del mundo de los muertos. Por otra parte, los encuentros de Jes\u00fas resucitado con sus disc\u00edpulos no son fen\u00f3menos de m\u00edstica colectiva (cfr. <em>Jes\u00fas de Nazaret, II<\/em>, Roma-Madrid 2011, pp. 316 ss.).<\/p>\n\n\n\n<p>La Resurrecci\u00f3n \u2013sostiene el ahora Papa em\u00e9rito\u2013 es un <em>acontecimiento<\/em> bien real, que sucede en la historia y a la vez transciende la historia. Supone un salto cualitativo u ontol\u00f3gico, una nueva dimensi\u00f3n de la vida humana, pues un cuerpo humano es transformado en un \u201ccuerpo c\u00f3smico\u201d, como lugar en que los hombres entran en comuni\u00f3n con Dios y entre ellos formando el misterio de <em>la Iglesia<\/em>. Aunque la resurrecci\u00f3n no la contempl\u00f3 ning\u00fan ser humano (no era posible), a Cristo resucitado lo vio una multitud de testigos. Al mismo tiempo la resurrecci\u00f3n es un acontecimiento <em>discreto<\/em>: no se impone, sino que quiere llegar a los hombres a trav\u00e9s de la fe de los disc\u00edpulos y de su testimonio, de modo que este suscite la fe en otros a lo largo del tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>El <em>Misterio de Cristo <\/em>es el centro de la vida cristiana y de la Iglesia. En su relaci\u00f3n con nosotros ese centro podr\u00eda ser descrito trazando el marco del plan salv\u00edfico de la Trinidad como una elipse y en su interior dos focos que se atraen mutuamente: la Resurrecci\u00f3n y la Eucarist\u00eda. Atra\u00eddos por esos dos focos, podemos Vivir con may\u00fasculas extendiendo, gracias al misterio de la Iglesia, el misterio de Cristo a todas las realidades humanas, pues en \u00c9l nos movemos y existimos los cristianos (cfr. Hch 17, 28).<\/p>\n\n\n\n<p>El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica (cfr. nn. 638-655) se\u00f1ala que la Resurrecci\u00f3n es obra de la Sant\u00edsima Trinidad, como confirmaci\u00f3n de todo lo que Cristo hizo y ense\u00f1\u00f3. Nos abre a una nueva vida, la de los hijos de Dios, y es principio y fuente de nuestra resurrecci\u00f3n futura.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Todo ello tiene que ver con la fuerza de la Eucarist\u00eda, que nos da la vida de Cristo resucitado, nos une en la Iglesia como sujeto hist\u00f3rico <em>\u201cportador de la visi\u00f3n integral de Cristo sobre el mundo\u201d <\/em>(en expresi\u00f3n de R. Guardini), de sus sentimientos y de sus actitudes. La Eucarist\u00eda alimenta el desarrollo y ejercicio del <em>car\u00e1cter sacerdotal<\/em> que recibimos con el bautismo y que nos configura como mediadores entre Dios y los hombres.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed la necesidad de ser conscientes de la predilecci\u00f3n que Dios nos ha mostrado. Y de que ese agradecimiento se traduzca en nuestra correspondencia de amor a la Trinidad y en la participaci\u00f3n activa en la evangelizaci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Cristo resucitado vive en los cristianos<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Cristo es el centro de la vida cristiana, que es vida <em>in Ecclesia<\/em>, familia de Dios. La Iglesia es, en efecto, la \u201cextensi\u00f3n\u201d o la continuaci\u00f3n de la acci\u00f3n de Cristo resucitado, gracias a la unci\u00f3n de los cristianos por el Esp\u00edritu Santo, seg\u00fan las dimensiones del tiempo y del espacio, de las \u00e9pocas y de las culturas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan<a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/foco\/san-onesimo-san-claudio-colombiere\/\"> san Pablo<\/a>, Dios Padre se propuso recapitular en Cristo todas las cosas (cfr. Ef 1, 10; cfr. Hch 3, 21). Por eso nos escogi\u00f3 en \u00c9l (cfr. Ef 1, 4), nos incluy\u00f3 en el proyecto de Cristo resucitado como etapa final y definitiva de la salvaci\u00f3n, por Amor a \u00c9l y a nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Cristo presente en los cristianos<\/em>, es el t\u00edtulo de una homil\u00eda pronunciada por san Josemar\u00eda (cfr. <em>Es Cristo que pasa<\/em>, nn. 102-116): eso es la Iglesia, y en ella estamos llamados a ser no ya otro Cristo, sino el mismo<em> Cristo<\/em> en uni\u00f3n con todos los cristianos de todos los tiempos. <em>La vida de Cristo es<\/em> <em>vida nuestra, <\/em>afirma san Josemar\u00eda (n. 103).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo resucitado es el alfa y el omega, cabr\u00eda decir, el origen de todo y el punto final de la evoluci\u00f3n y de la transformaci\u00f3n del mundo; y no por la mera din\u00e1mica intr\u00ednseca de la creaci\u00f3n material o del esp\u00edritu humano (Cristo no es el fruto de la evoluci\u00f3n ni tampoco del progreso humano), sino por la fuerza atractiva de la Cruz y de la Resurrecci\u00f3n (cfr. Jn 12, 32). Esto no significa que Cristo desprecie u olvide nuestra colaboraci\u00f3n. Al contrario, cuenta con ella, la de cada uno y especialmente la de aquellos que son, por el bautismo y gracias al Esp\u00edritu Santo, miembros suyos. Todos estamos llamados a colaborar en esa \u201catracci\u00f3n\u201d que ejerce Cristo sobre todas las cosas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Jesucristo, centro de la vida cristiana<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Los cristianos colaboramos en esa tarea inmensa \u2013vivir la vida de Cristo en el mundo\u2013 que tiene su centro en la Resurrecci\u00f3n y se hace posible por la Eucarist\u00eda. Lo hacemos con el fundamento de la vida de la gracia. Y la Iglesia desea que lo hagamos del modo m\u00e1s consciente y pleno posible, a partir del encuentro con Cristo (cfr. san Juan Pablo II, Carta ap. <em>Novo millennio ineunte<\/em>, nn. 4 ss.) por la contemplaci\u00f3n de sus \u201cmisterios\u201d en la oraci\u00f3n, por la identificaci\u00f3n progresiva con \u00c9l gracias a nuestra participaci\u00f3n en la Eucarist\u00eda, por el servicio que, como consecuencia, prestamos a los dem\u00e1s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A esto estamos llamados cada uno de los fieles cristianos, seg\u00fan nuestra condici\u00f3n y dones en la Iglesia y en el mundo. Contando con nuestras flaquezas y peque\u00f1eces, procuramos vivir el amor mismo del Coraz\u00f3n, ahora glorioso, del Se\u00f1or, que sigue teniendo su predilecci\u00f3n por los m\u00e1s d\u00e9biles y se identifica con ellos (cfr. Mt 25, 35 ss.). Esto quiere decir que nuestra <em>identificaci\u00f3n con Cristo<\/em> pasa por \u201cidentificarle\u201d a \u00c9l en los m\u00e1s necesitados, acercarnos a ellos, servirle a \u00c9l en ellos, como subraya el Papa Francisco (cfr. EG, n. 270).<\/p>\n\n\n\n<p>A la vez, la contemplaci\u00f3n de Cristo y la vida con \u00c9l es necesaria para que nuestro servicio a los dem\u00e1s sea constante y eficazmente cristiano, es decir, plenamente humano a la medida de Cristo: <em>\u201cSolo si miramos y contemplamos el Coraz\u00f3n de Cristo, conseguiremos que el nuestro se libere del odio y de la indiferencia; solamente as\u00ed sabremos reaccionar de modo cristiano ante los sufrimientos ajenos, ante el dolor\u201d<\/em>, dice san Josemar\u00eda (homil\u00eda <em>\u201cEl coraz\u00f3n de Cristo, paz de los cristianos\u201d<\/em>, en <em>Es Cristo que pasa<\/em>, n. 166).<\/p>\n\n\n\n<p>La resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or se revive sacramentalmente en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica m\u00e1s importante: la vigilia pascual. La estructura de la celebraci\u00f3n con sus caracter\u00edsticos elementos (como el rito del lucernario, las lecturas del Antiguo y del Nuevo Testamento, y la liturgia bautismal) expresa la realidad de la Resurrecci\u00f3n, sus consecuencias en nosotros, su capacidad para cambiar y transformar los corazones y la creaci\u00f3n entera.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, Cristo solo puede ser el centro de nuestra vida cristiana si es contempor\u00e1neo nuestro, y esto se deriva sencillamente del hecho de que \u00c9l vive ahora con nosotros, o m\u00e1s bien nosotros con \u00c9l. La <em>contemporaneidad <\/em>con Cristo ha interpelado a cristianos como san Agust\u00edn, santa Teresa de Jes\u00fas y S\u00f8ren Kierkegaard. Cristo es contempor\u00e1neo a nosotros por su presencia, por su cercan\u00eda, por la Vida suya que nos da a participar. Y la presencia de Cristo junto a nosotros abarca formas diversas e interconectadas, como la Iglesia y la Eucarist\u00eda. Lo hemos visto ya.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan san Agust\u00edn, Cristo tambi\u00e9n se hace contempor\u00e1neo nuestro cuando le recibimos en los necesitados (cfr. Mt 25, 40): <em>\u201cAs\u00ed pues, el Se\u00f1or fue recibido en calidad de hu\u00e9sped, \u00e9l, que vino a su casa, y los suyos no lo recibieron; pero a cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, adoptando a los siervos y convirti\u00e9ndolos en hermanos, redimiendo a los cautivos y convirti\u00e9ndolos en coherederos. Pero que nadie de vosotros diga: \u2018Dichosos los que pudieron hospedar al Se\u00f1or en su propia casa\u2019. No te sepa mal, no te quejes por haber nacido en un tiempo en que ya no puedes ver al Se\u00f1or en carne y hueso; esto no te priva de aquel honor, ya que el mismo Se\u00f1or afirma: Cada vez que lo hicisteis con uno de \u00e9stos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis\u201d<\/em> (<em>Serm\u00f3n<\/em> 103, 2).<\/p>\n\n\n\n<p>En su mensaje a los participantes en el Simposio internacional de catequ\u00e9tica, celebrado en julio de 2017 en Buenos Aires, ha escrito el Papa Francisco: <em>\u201cCuanto m\u00e1s toma Jes\u00fas el centro de nuestra vida, tanto m\u00e1s nos hace salir de nosotros mismos, nos descentra y nos hace ser pr\u00f3ximos a los otros\u201d<\/em>. Y en la clausura del simposio, Mons. Luis Ladaria \u2013actual prefecto de la Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe\u2013 ha subrayado que Cristo es el centro de la fe porque es el \u00fanico y definitivo mediador de la salvaci\u00f3n al ser <em>\u201ctestigo fiel\u201d<\/em> (Ap. 1, 5) del amor de Dios Padre. La fe cristiana es fe en ese amor, en su poder eficaz, en su capacidad de transformar el mundo y dominar el tiempo. El amor concreto de Dios que se deja ver y tocar en la pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo. Y nos llega a nosotros gracias a que estamos ungidos por el Esp\u00edritu Santo desde nuestro bautismo.<\/p>\n\n\n\n<p>La humanidad de Cristo \u201campliada\u201d en la nuestra por el Esp\u00edritu Santo \u2013la Iglesia\u2013 es el <em>sacramento universal de salvaci\u00f3n<\/em>, es decir el signo e instrumento de su divinidad y de la salvaci\u00f3n que trae consigo (cfr. Lumen gentium, nn. 1, 9, 48 y 59). Este es uno de los significados principales de la terminolog\u00eda \u201cMisterio de Cristo\u201d: el plan salv\u00edfico de Dios uno y trino, que se ha hecho visible y operativo en la Iglesia, a partir de la encarnaci\u00f3n del Verbo por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. Tal es el contexto en que estamos llamados a revivir los \u201cmisterios\u201d \u2013ahora en plural\u2013 de la vida de Cristo, muchos de los cuales contemplamos en el rezo del rosario, como momentos intensivos de ese \u00fanico \u201cMisterio\u201d o \u201csacramento\u201d de salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En sentido sumo, Cristo es el \u00fanico y definitivo mediador de la salvaci\u00f3n. Y derivadamente, la Iglesia es la \u00fanica mediadora, tambi\u00e9n en sentido profundo, de la salvaci\u00f3n. Ning\u00fan otro camino por el que los hombres eventualmente puedan llegar a Dios, es independiente de Cristo y de la Iglesia (cfr. Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la fe, Declaraci\u00f3n <em>Dominus Iesus<\/em> de 2000). Esto ayuda a discernir los valores distintos de las religiones y a dialogar, desde la identidad cristiana, con ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Como todos los \u201cmisterios\u201d de la vida de Cristo \u2013y en este caso de modo central respecto a ellos\u2013, el de la Resurrecci\u00f3n es <em>misterio de revelaci\u00f3n, de redenci\u00f3n y de recapitulaci\u00f3n<\/em>. Estos tres aspectos pueden verse en paralelo con las tres dimensiones del triple <em>munus<\/em> de Cristo: prof\u00e9tico, sacerdotal y real o regio).&nbsp; Nos revela el amor fiable y misericordioso del Padre. Nos redime o del pecado y de la muerte eterna, y nos vuelve libres y capaces de transformar las culturas. Nos reasume bajo Cristo, Cabeza de la Iglesia y del mundo, y nos hace participar de su realeza, cuyo contenido central es la ofrenda a Dios y el servicio a los dem\u00e1s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Cristo en el centro de la evangelizaci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>La centralidad de Cristo resucitado en la vida cristiana se prolonga y completa con su centralidad en la evangelizaci\u00f3n. Cristo es el centro de la misi\u00f3n de la Iglesia en todas sus formas: anuncio de la fe, celebraci\u00f3n de los sacramentos, existencia cristiana como vida de servicio a las personas y al mundo, centrado en la caridad.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>En la educaci\u00f3n de la fe esta centralidad de Cristo (subray\u00e9moslo de nuevo: del <em>Misterio completo de Cristo<\/em>) se manifiesta tanto en los contenidos como en los m\u00e9todos, si cabe hablar as\u00ed, puesto que las dos esferas no son completamente separables.<\/p>\n\n\n\n<p>El cristocentrismo de la fe cristiana es \u2013como estamos viendo\u2013 un <em>cristocentrismo trinitario<\/em>, puesto que Cristo no podr\u00eda ser el centro sino en el marco de la acci\u00f3n salvadora de Dios uno y trino. Esto tiene consecuencias importantes para la educaci\u00f3n de la fe. As\u00ed lo se\u00f1alan especialistas como Cesare Bissoli.<\/p>\n\n\n\n<p>En una \u00e9poca de fragilidad en las formas tradicionales de transmisi\u00f3n de la fe, la atenci\u00f3n al <em>misterio total<\/em> de Cristo y al encuentro personal con \u00e9l contribuye no solo a consolidar los fundamentos de la fe, sino tambi\u00e9n a reforzar los cimientos de los valores humanos y el sentido de la vida. Lo vienen remarcando los Papas y lo ense\u00f1a el magisterio de la Iglesia de modo creciente a partir del Concilio Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<p>El misterio de Cristo no solo es <em>criterio<\/em> <em>objetivo<\/em> para la educaci\u00f3n de la fe (como centro de los contenidos de la fe) sino tambi\u00e9n <em>criterio interpretativo<\/em> (es el centro que ilumina todos los dem\u00e1s misterios, verdades o aspectos de la fe, e incluso es el centro del sentido de la historia y de todos los acontecimientos).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo es tambi\u00e9n el <em>centro de la espiritualidad y de la formaci\u00f3n de los educadores<\/em>, formadores y catequistas, puesto que solo en la comuni\u00f3n personal con Cristo encuentran su luz y su fuerza: Cristo es el centro de su vida, de su reflexi\u00f3n y de la comunicaci\u00f3n de la fe que comienza con el testimonio de su encuentro personal con Cristo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Como la catequesis tiene no solamente dimensiones teol\u00f3gicas sino tambi\u00e9n antropol\u00f3gicas y did\u00e1cticas, los educadores habr\u00e1n de descubrir la centralidad de Cristo para iluminar <em>aspectos del mensaje cristiano<\/em> m\u00e1s dif\u00edciles de explicar en la actualidad (como muchos referentes a la escatolog\u00eda y a la moral), as\u00ed como los destellos de belleza, verdad y bien que emiten los <em>valores humanos<\/em> nobles.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el punto de vista del m\u00e9todo, se ha destacado que el cristocentrismo en la educaci\u00f3n de la fe puede tomar dos caminos: un camino m\u00e1s <em>ontol\u00f3gico<\/em> (exponer la fe a la luz de la revelaci\u00f3n de Cristo) o un camino m\u00e1s <em>fenom\u00e9nico<\/em> (exponer la fe a partir de la experiencia de Jes\u00fas mismo, y desde ah\u00ed profundizar en el misterio de Dios y del hombre), este segundo m\u00e1s b\u00edblico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Todo ello no se opone, antes bien pide que el misterio de Cristo ilumine las <em>experiencias<\/em> actuales y cotidianas de los hombres y que estas interpelen nuestra manera de comprender y transmitir el misterio de Cristo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En su conjunto, una educaci\u00f3n cristoc\u00e9ntrica requiere un <em>itinerario pedag\u00f3gico,<\/em> lo que implica que sea paulatino. Esto, conviene insistir, comienza por el testimonio que de Cristo ha de dar el educador o catequista en primera persona, ante todo con su vida y luego con las razones (argumentos) de su esperanza. Es as\u00ed como podr\u00e1 hacer de aquellos que se le conf\u00edan testigos del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>En su primera homil\u00eda de este a\u00f1o en Santa Marta (el 9-I-2017), Francisco ha subrayado la centralidad de Cristo en nuestra vida y en nuestra misi\u00f3n cristiana. A nosotros nos corresponde <em>conocerlo<\/em> \u2013a trav\u00e9s de la oraci\u00f3n y el Evangelio\u2013, <em>adorarlo<\/em> \u2013en la unidad con Dios Padre y el Esp\u00edritu Santo\u2013 y <em>seguirlo<\/em> \u2013poni\u00e9ndolo en el centro de nuestra vida cristiana a partir de la Eucarist\u00eda, tambi\u00e9n en las circunstancias ordinarias\u2013, lo que implica participar en la misi\u00f3n evangelizadora de la Iglesia, familia de Cristo a la que pertenecemos. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En su exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica y program\u00e1tica Evangelii gaudium se\u00f1ala el Papa Francisco: \u201cCristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza [\u2026]. Su resurrecci\u00f3n no es algo del pasado; entra\u00f1a una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. 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