{"id":25365,"date":"2022-10-30T06:00:00","date_gmt":"2022-10-30T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=25365"},"modified":"2022-10-28T13:02:46","modified_gmt":"2022-10-28T12:02:46","slug":"ivan-illich-convencionalidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/ivan-illich-convencionalidad\/","title":{"rendered":"Iv\u00e1n Illich. El camino de la convivencialidad"},"content":{"rendered":"\n<p><em>\u201cSi la expresi\u00f3n \u2018b\u00fasqueda de la verdad\u2019 provoca en algunos una sonrisa y les hace pensar que pertenezco a un mundo pasado, no es de extra\u00f1ar, porque es as\u00ed\u201d<\/em> (<em>\u00daltimas conversaciones con Iv\u00e1n Illich<\/em>, p. 205). Tal vez la afirmaci\u00f3n de que la inquietud por la verdad pasa por la p\u00e9rdida de familiaridad con el presente explique el desconcierto y la admiraci\u00f3n que suscita el pensamiento del at\u00edpico Iv\u00e1n Illich. <\/p>\n\n\n\n<p>Pensadores como Giorgio Agamben, Michel Foucault y Eric Fromm han encontrado en sus an\u00e1lisis inspiraci\u00f3n y nuevas perspectivas. M\u00e1s recientemente, el prestigioso fil\u00f3sofo canadiense Charles Taylor, no dudaba en referirse a Illich como una <em>\u201cgran voz en los m\u00e1rgenes\u201d<\/em> comparable a Nietzsche:<em> \u201cIllich ofrece una nueva hoja de ruta [\u2026], y lo hace simplemente sin caer en los clich\u00e9s del antimodernismo\u201d<\/em> (<em>\u00daltimas conversaciones con Iv\u00e1n Illich<\/em>, pp. 14 y 18).<\/p>\n\n\n\n<p>Hijo de padre d\u00e1lmata y cat\u00f3lico y de madre austriaca y jud\u00eda, Illich nace en Viena el 4 de septiembre de 1926. Huyendo del Tercer Reich, su familia se asienta en Italia en 1942. En los siguientes nueve a\u00f1os, Illich estudia Cristalograf\u00eda en la Universidad de Florencia y, ya en Roma, Filosof\u00eda y Teolog\u00eda en la Pontifica Universidad Gregoriana; tambi\u00e9n se doctora en historia medieval en la Universidad de Salzburgo. <\/p>\n\n\n\n<p>Tras ordenarse sacerdote en 1951, parte hacia Nueva York, donde residir\u00e1 hasta 1960. Su labor pastoral con la comunidad portorrique\u00f1a de esta ciudad -en concreto, la necesidad de formar a hombres y mujeres de Iglesia que dominasen el castellano y entendieran las costumbres y tradiciones de los nuevos inmigrantes- le inspirar\u00e1 la fundaci\u00f3n del <em>Centro Intercultural de Formaci\u00f3n<\/em> (CIF), que posteriormente se transformar\u00e1 en el <em>Centro Intercultural de Documentaci\u00f3n<\/em> (CIDOC), en Cuernavaca, M\u00e9xico.<\/p>\n\n\n\n<p>Las puertas del CIDOC permanecer\u00e1n abiertas hasta 1976. A ra\u00edz de sus investigaciones y discusiones en Cuernavaca, Illich publicar\u00e1 durante los setenta lo que denominar\u00e1 con gran acierto sus <em>\u201cpanfletos\u201d,<\/em> los libros que m\u00e1s fama le han dado y que le han retratado para la posteridad como cr\u00edtico de la industrializaci\u00f3n y de la ideolog\u00eda del desarrollo. Sus t\u00edtulos m\u00e1s conocidos son <em>La sociedad desescolarizada<\/em> (1970), <em>La convivencialidad <\/em>(1973), <em>Energ\u00eda y equidad<\/em> (1973) y <em>N\u00e9mesis m\u00e9dica<\/em> (1975).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La fuerza de la cr\u00edtica de Illich a la industrializaci\u00f3n reside en su sencillez: <em>\u201cCuando una iniciativa sobrepasa cierto umbral [\u2026], primero destruir\u00e1 el fin para el cual fue concebida y luego se convertir\u00e1 en una amenaza para la sociedad en s\u00ed misma\u201d<\/em> (<em>La convivencialidad<\/em>, p. 50). <\/p>\n\n\n\n<p>Pasado un cierto l\u00edmite, por ejemplo, el autom\u00f3vil solo multiplica los kil\u00f3metros que en principio hab\u00eda prometido reducir y, para entonces, la propulsi\u00f3n a motor ya ha mutado y se ha impuesto como \u00fanico modo de transporte v\u00e1lido. <em>\u201cSemejante proceso de crecimiento pone al hombre ante una exigencia fuera de lugar: encontrar satisfacci\u00f3n en la sumisi\u00f3n a la l\u00f3gica de la herramienta\u201d<\/em> (p. 113). <\/p>\n\n\n\n<p>Illich identifica din\u00e1micas similares en los sistemas educativos y sanitarios contempor\u00e1neos. El autom\u00f3vil priva a las personas de la capacidad pol\u00edtica de caminar, tanto como el hospital moderno de su capacidad de sanar y sufrir, y la escuela \u2014transformada en agente de una educaci\u00f3n universal que homogeneiza\u2014 de su derecho a aprender. Tales privaciones generan a su vez efectos perversos imprevisibles.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de ellos es la figura del \u201cusuario\u201d, el producto m\u00e1s acabado de la industrializaci\u00f3n. Esta suerte de turista de su propia vida <em>\u201cvive en un mundo ajeno al de las personas dotadas de la autonom\u00eda de sus miembros\u201d<\/em> (<em>Obras reunidas I<\/em>, p. 338). Al utilizar unas herramientas que no entiende, el usuario es sencillamente incapaz de dominarlas. Junto a \u00e9l aparecen el experto -que conoce, controla y decide sobre la tecnolog\u00eda- y el marginado -quien, al carecer de los recursos con que coste\u00e1rsela, no puede realizarse en una sociedad industrializada. Abandonada a su propia l\u00f3gica, la industrializaci\u00f3n genera una dependencia y desigualdad radicales.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente al exceso industrial, Illich recomienda la <em>convivencialidad<\/em>: <em>\u201cLlamo sociedad convivencial a aquella en que la herramienta moderna est\u00e1 al servicio de la persona integrada en la colectividad y no al servicio de un cuerpo de especialistas\u201d<\/em> (p. 374). <\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed como el consumo de energ\u00eda no debe sobrepasar los l\u00edmites metab\u00f3licos, el uso correcto de cualquier tecnolog\u00eda siempre debe ser austero: <em>\u201cLa austeridad forma parte de una virtud que es m\u00e1s fr\u00e1gil, que la supera y la engloba: <\/em>la alegr\u00eda, la eutrapelia, la amistad<em>\u201d<\/em> (<em>Obras reunidas I<\/em>, p. 374).\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>En todos sus libros, Illich detalla c\u00f3mo podr\u00eda plantearse una alternativa real al modelo industrial occidental. Tambi\u00e9n se\u00f1ala los riesgos, tanto psicol\u00f3gicos como estructurales, que esa alternativa entra\u00f1a, por necesaria y ut\u00f3pica que resulte. <\/p>\n\n\n\n<p>Por lo pronto, cabe se\u00f1alar que la propuesta pol\u00edtica de Illich, de un realismo atento a las capacidades de cada persona, podr\u00eda resumirse en dos palabras: <em>energ\u00eda<\/em> y <em>amistad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>El mismo Illich reconoce que su peculiar realismo est\u00e1 enraizado en el misterio y realidad de la Encarnaci\u00f3n. Tambi\u00e9n cabr\u00eda a\u00f1adir que hunde sus ra\u00edces en una cierta tradici\u00f3n tomista: al final de sus d\u00edas, todav\u00eda se refer\u00eda a Jacques Maritain como a su maestro. <\/p>\n\n\n\n<p>Aunque abandon\u00f3 el sacerdocio en 1969 para evitar ser motivo de divisi\u00f3n dentro y fuera de la Iglesia, Illich nunca renunci\u00f3 a su fe, libre y profundamente vivida, y a su amor por los grandes autores medievales. De hecho, su \u00faltimo libro, <em>En el vi\u00f1edo del texto<\/em> (1993), est\u00e1 dedicado a Hugo de San V\u00edctor. Como bien resume Taylor, <em>\u201ceste mensaje surge de una determinada teolog\u00eda, pero debiera ser escuchado por todos\u201d<\/em> (<em>\u00daltimas conversaciones con Iv\u00e1n Illich<\/em>, p. 18). <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cSi la expresi\u00f3n \u2018b\u00fasqueda de la verdad\u2019 provoca en algunos una sonrisa y les hace pensar que pertenezco a un mundo pasado, no es de extra\u00f1ar, porque es as\u00ed\u201d (\u00daltimas conversaciones con Iv\u00e1n Illich, p. 205). 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