{"id":25318,"date":"2022-10-26T06:00:00","date_gmt":"2022-10-26T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=25318"},"modified":"2022-10-06T12:48:51","modified_gmt":"2022-10-06T11:48:51","slug":"chesterton-centenario-conversion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/chesterton-centenario-conversion\/","title":{"rendered":"G. K. Chesterton. En el centenario de su conversi\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>En el verano de 1922 <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/G._K._Chesterton\">G. K. Chesterton<\/a> llam\u00f3 por fin a las puertas de la Iglesia cat\u00f3lica. Ten\u00eda entonces 48 a\u00f1os. Ser\u00eda recibido en la Iglesia el domingo 30 de julio en una sala del hotel de la estaci\u00f3n utilizada como sede parroquial en Beaconsfield, a las afueras de Londres. En la comuni\u00f3n estaba muy nervioso y el sudor cubr\u00eda su frente: \u201cHa sido la hora m\u00e1s feliz de mi vida\u201d (<em>El hombre que fue Chesterton<\/em>, p. 207). Hablar de la conversi\u00f3n de Chesterton es hablar de un viaje desde la confusi\u00f3n a la lucidez. En el camino redescubri\u00f3 los cuentos de hadas, disfrut\u00f3 con su hermano y sus amigos, se sorprendi\u00f3 con los sacerdotes magn\u00edficos de la High Church \u2014el grupo m\u00e1s pro cat\u00f3lico y ritualista de la Iglesia anglicana\u2014 y se enamor\u00f3 de su mujer, Frances Blogg.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Todos saben que Chesterton fue un ingenioso apologeta de la fe, que invent\u00f3 unas divertidas historias sobre un sacerdote-detective y tambi\u00e9n una novela un poco rara llamada <em>El hombre que fue jueves<\/em>. Pocos saben, en cambio, que Chesterton, muy por encima de apologeta, siempre se llam\u00f3 a s\u00ed mismo periodista, que el Padre Brown est\u00e1 inspirado en el sacerdote que le confes\u00f3 aquel verano de 1922 y que <em>El hombre que fue jueves<\/em> ilustra la pesadilla que Chesterton vivi\u00f3 de joven, antes de encontrar a Dios.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Camino a la fe<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Esa pesadilla recorre como un escalofr\u00edo el a\u00f1o 1894, cuando Chesterton ten\u00eda 20 a\u00f1os, no ten\u00eda barriga y quer\u00eda ser pintor. En la prestigiosa escuela de arte Slade School de Londres logr\u00f3 dominar la arcana t\u00e9cnica de la holgazaner\u00eda y chapote\u00f3 sin criterio en las diversas ocurrencias de su tiempo, como dudar de la existencia de todo lo que estaba fuera de su mente. \u201c<em>Y lo mismo que me suced\u00eda con los l\u00edmites mentales, me suced\u00eda con los morales. Hay algo verdaderamente inquietante cuando pienso en la rapidez con la que imaginaba lo m\u00e1s loco. [\u2026] Sent\u00eda un arrollador impulso de grabar o dibujar horribles ideas e im\u00e1genes, y me hund\u00eda cada vez m\u00e1s como en una especie de ciego suicidio espiritual. Por aquel entonces, nunca hab\u00eda o\u00eddo hablar de la confesi\u00f3n en serio, pero eso es precisamente lo que se necesita en esos casos\u201d<\/em> (<em>Autobiograf\u00eda<\/em>, pp. 102-103).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta que se hart\u00f3: \u201c<em>Cuando ya llevaba cierto tiempo sumido en las profundidades del pesimismo contempor\u00e1neo, sent\u00ed en mi interior un gran impulso de rebeld\u00eda: desalojar aquel \u00edncubo o librarme de aquella pesadilla. Pero como a\u00fan intentaba resolver las cosas yo, con poca ayuda de la filosof\u00eda y ninguna de la religi\u00f3n, me invent\u00e9 una teor\u00eda m\u00edstica rudimentaria y provisional\u201d<\/em> (p. 103). La piedra angular de esa teor\u00eda m\u00edstica elemental era la gratitud. Chesterton se dio cuenta de que todo podr\u00eda no existir, \u00e9l mismo podr\u00eda no existir. El inventario de cosas que hay en el mundo era entonces un poema \u00e9pico sobre todo lo que se hab\u00eda salvado del naufragio. Chesterton se agarr\u00f3 a ese fino hilo de agradecimiento y a\u00f1os despu\u00e9s, en 1908, ilustrar\u00eda ese descubrimiento suyo en <em>La \u00e9tica en el Pa\u00eds de los Duendes<\/em>, el cuarto cap\u00edtulo de su <em>Ortodoxia<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Chesterton deseaba recuperar la mirada limpia de los ni\u00f1os, la sencillez del sentido com\u00fan. As\u00ed que en la teor\u00eda que invent\u00f3 solo le interesaban las ideas que le devolvieran la salud. Despu\u00e9s comprendi\u00f3 que adem\u00e1s de saludable, su teor\u00eda era verdadera. En su excursi\u00f3n hacia la luz, se tropez\u00f3 con el cristianismo: <em>\u201cComo todos los ni\u00f1os serios, intent\u00e9 ser un adelantado a mi \u00e9poca. Igual que ellos, me esforc\u00e9 en ir diez minutos por delante de la verdad. Y descubr\u00ed que iba mil ochocientos a\u00f1os por detr\u00e1s. [\u2026] Me esforc\u00e9 en inventar una herej\u00eda propia y, despu\u00e9s de darle los \u00faltimos retoques, descubr\u00ed que era la ortodoxia\u201d<\/em> (<em>Ortodoxia<\/em>, p. 13). Cuando despert\u00f3 de su pesadilla rondaba el a\u00f1o 1896. Despert\u00f3 al asombro de que la vida es una aventura solo apta para viajeros humildes y libres, una epopeya con un sentido y un Autor.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Una gran esposa<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>En un club de debate en oto\u00f1o de 1896 conoci\u00f3 a Frances Blogg, la mujer que en 1901 se convertir\u00eda en Frances Chesterton. Con su ayuda pudo trazar el acrob\u00e1tico salto desde sus intuiciones hasta la consistencia de la fe cat\u00f3lica. Frances era una intelectual amante de la poes\u00eda. Su familia era agn\u00f3stica y ella, anglicana. Ser\u00eda recibida en la Iglesia cat\u00f3lica en noviembre de 1926, as\u00ed que hizo el mismo camino de aprendizaje que su marido. Pero ella le ayud\u00f3 porque le familiariz\u00f3 con la devoci\u00f3n a la Virgen y le dio orden y concierto a su vida. Ella recog\u00eda donde \u00e9l desparramaba: \u201c<em>Compra los billetes de tren, llama al taxi que le lleva a la estaci\u00f3n, filtra las llamadas telef\u00f3nicas, contrata a una secretaria, ordena papeles y libros\u2026\u201d<\/em> (<em>El hombre que fue Chesterton<\/em>, p. 91).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Chesterton y Frances no pudieron tener hijos. Pero Frances contrat\u00f3 una secretaria, Dorothy Collins, con la que establecieron un v\u00ednculo tan fuerte que la adoptaron como hija. All\u00ed estaban Frances y Dorothy, alrededor de la cama de Chesterton, cuando falleci\u00f3 el domingo 14 de junio de 1936.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Con su sentido del humor y su mirada de ni\u00f1o, dejaba un legado luminoso como defensor de la fe. No obstante, quiz\u00e1s a Chesterton no le hubiese gustado que le llamasen \u201cintelectual cristiano\u201d. Le habr\u00edan incomodado las \u00ednfulas de intelectual o se habr\u00eda ruborizado pues, con mucha humildad, solo quer\u00eda librarse de sus pecados. Aunque le gustaba mucho luchar, incluso con espadas de juguete, no se habr\u00eda enzarzado en est\u00e9riles guerras culturales de intelectuales cristianos. Habr\u00eda encontrado siempre en la pol\u00e9mica una buena ocasi\u00f3n para hacer amigos, re\u00edr a carcajadas y brindar con borgo\u00f1a. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el verano de 1922 G. K. Chesterton llam\u00f3 por fin a las puertas de la Iglesia cat\u00f3lica. 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