{"id":23656,"date":"2022-09-23T06:00:00","date_gmt":"2022-09-23T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=23656"},"modified":"2022-10-13T10:42:08","modified_gmt":"2022-10-13T09:42:08","slug":"una-iglesia-santa-o-una-iglesia-de-santos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/una-iglesia-santa-o-una-iglesia-de-santos\/","title":{"rendered":"\u00bfUna Iglesia santa, o una Iglesia de santos?"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/articulos\/chiesa-santa-o-chiesa-di-santi\/\">Traducci\u00f3n del art\u00edculo al italiano<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Al menos desde el tercer siglo de la era cristiana \u2014hacia esa \u00e9poca se remontan las primeras versiones completas de los s\u00edmbolos de la fe\u2014 los bautizados confesamos nuestra fe en la Iglesia, cuando decimos: <em>\u201cCreo en el Esp\u00edritu Santo, la santa Iglesia cat\u00f3lica\u2026\u201d<\/em> (Credo apost\u00f3lico), o <em>\u201cCreo en la Iglesia, que es una santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica\u201d<\/em> (Credo niceno-constantinopolitano). Efectivamente, aunque no sea Dios (pues es una realidad creada), ella es su instrumento, un instrumento sobrenatural, y en ese sentido es objeto de nuestra fe. De esto daban cuenta debida los Padres de la Iglesia, cuando hablaban de ella como el <em>mysterium lunae<\/em>, que solamente refleja, sin producirla, la \u00fanica luz, la que viene de Cristo, el \u201csol de soles\u201d.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La realidad del pecado<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Particularmente nos interesa ahora la afirmaci\u00f3n sobre la santidad de la Iglesia, en cuanto que, para muchos, ella pareciera contrastar con una realidad manchada por pecados abominables como los abusos sexuales de menores, o los de conciencia, o los de autoridad, o por severas disfunciones financieras que afectan incluso los niveles m\u00e1s altos del gobierno eclesi\u00e1stico. Podr\u00edamos a\u00f1adir a esto una larga cola de \u201cpecados hist\u00f3ricos\u201d, como la convivencia con la esclavitud, el consenso respecto a las guerras de religi\u00f3n, las condenas injustas obradas por la Inquisici\u00f3n, el antijuda\u00edsmo (no identificable con el antisemitismo), etc. \u00bfPodemos verdaderamente hablar de la \u201cIglesia santa\u201d en modo coherente? \u00bfO estamos simplemente arrastrando por inercia una f\u00f3rmula heredada de la historia?<\/p>\n\n\n\n<p>Una posici\u00f3n, asumida desde los a\u00f1os 60 del siglo pasado entre diversos te\u00f3logos, tiende a tomar distancia de la \u201cIglesia santa\u201d, usando el adjetivo \u201cpecadora\u201d aplicado a la Iglesia. De esta manera, la Iglesia ser\u00eda llamada seg\u00fan le corresponde teniendo en cuenta la responsabilidad de sus culpas. Se ha intentado hacer remontar la expresi\u00f3n \u201cIglesia pecadora\u201d a la patr\u00edstica, m\u00e1s concretamente a trav\u00e9s de la f\u00f3rmula <em>casta meretrix<\/em>, aunque se trate en realidad de un solo Padre de la Iglesia, san Ambrosio de Mil\u00e1n (<em>In Lucam<\/em> III, 23), cuando habla sobre Rahab, la meretriz de Jeric\u00f3, us\u00e1ndola como figura de la Iglesia (como tambi\u00e9n lo hicieron otros escritores eclesi\u00e1sticos): pero el santo obispo de Mil\u00e1n lo hace en sentido positivo, diciendo que la fe castamente conservada (no corrompida) es difundida entre todas las gentes (simbolizadas por todos los que gozan de los favores de la meretriz, usando el lenguaje cruento de esa \u00e9poca).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin entrar ahora en esta debatida cuesti\u00f3n patr\u00edstica, cabe en cambio preguntarnos si la posici\u00f3n apenas expuesta es leg\u00edtima. Tengamos en cuenta que los juicios temerarios est\u00e1n severamente condenados en la Biblia, ya desde el Antiguo Testamento, y Yahv\u00e9 exhorta a no juzgar por las apariencias. Cuando el profeta Samuel intenta individuar a quien deber\u00e1 ungir como el futuro rey David, el Se\u00f1or le advierte: <em>\u201cNo te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el coraz\u00f3n\u201d<\/em> (1Sa 16, 7).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La gran pregunta, en definitiva, ser\u00eda: vistas las faltas de santidad en la Iglesia, \u00bfdebo descartar la santidad de la Iglesia? La clave de la respuesta, siguiendo la l\u00f3gica del texto b\u00edblico citado, est\u00e1 en la palabra \u201cvistas\u201d. Si juzgamos por lo que vemos, la respuesta apunta hacia la negaci\u00f3n. Pero eso comporta proceder seg\u00fan \u201clas apariencias\u201d, mientras que lo correcto es mirar \u201cel coraz\u00f3n\u201d. \u00bfY cu\u00e1l es el coraz\u00f3n de la Iglesia? \u00bfCu\u00e1l es la Iglesia que se encuentra detr\u00e1s de las apariencias?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u00bfQu\u00e9 es la Iglesia?<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed es donde las aguas se dividen. Mirada con ojos mundanos, la Iglesia es una organizaci\u00f3n religiosa, es la curia vaticana, es una estructura de poder, o incluso, m\u00e1s benignamente, es una iniciativa humanitaria a favor de la educaci\u00f3n, de la sanidad, de la paz, de ayuda a los pobres, etc.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mirada con los ojos de la fe, en la Iglesia no se excluyen estas actividades ni esas formas de existencia, pero no se conciben como lo fundamental, no se identifica lo eclesi\u00e1stico con lo eclesial. La Iglesia ya era Iglesia en Pentecost\u00e9s, cuando esas formas y actividades aun no exist\u00edan. Ella <em>\u201cno existe principalmente donde est\u00e1 organizada, donde se reforma o se gobierna, sino en los que creen sencillamente y reciben en ella el don de la fe que para ellos es vida\u201d<\/em>, como afirma Ratzinger en su <em>Introducci\u00f3n al cristianismo<\/em>. Concretamente sobre la santidad de la Iglesia, ese mismo texto nos recuerda que ella <em>\u201cconsiste en el poder por el que Dios obra la santidad en ella, dentro de la pecaminosidad humana\u201d<\/em>. M\u00e1s a\u00fan: ella <em>\u201ces expresi\u00f3n del amor de Dios que no se deja vencer por la incapacidad del hombre, sino que siempre es bueno con \u00e9l, lo asume continuamente como pecador, lo transforma, lo santifica y lo ama\u201d<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En un sentido muy profundo, podemos (y debemos) decir, en definitiva, que la santidad de la Iglesia no es la de los hombres, sino la de Dios. En esta direcci\u00f3n, decimos que ella es santa porque santifica siempre, tambi\u00e9n a trav\u00e9s de ministros indignos, por el evangelio y los sacramentos. Como dice Henri de Lubac en una de sus mejores obras, <em>Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia<\/em>, <em>\u201csu doctrina es siempre pura, y la fuente de sus sacramentos est\u00e1 siempre viva\u201d<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia es santa porque no es otra cosa que Dios mismo santificando a los hombres en Cristo y por su Esp\u00edritu. Ella brilla sin mancha alguna en sus sacramentos, con los que alimenta a sus fieles; en la fe, que conserva siempre incontaminada; en los consejos evang\u00e9licos que propone, y en los dones y carismas, con los que promueve multitudes de m\u00e1rtires, v\u00edrgenes y confesores (P\u00edo XII, <em>Mystici Corporis<\/em>). Es la santidad de la Iglesia que podemos llamar \u201cobjetiva\u201d: aquella que la caracteriza como \u201ccuerpo\u201d, no como simple yuxtaposici\u00f3n de fieles (Congar, <em>Santa Iglesia<\/em>). A\u00f1adamos que la Iglesia es santa tambi\u00e9n porque exhorta continuamente a alcanzar la santidad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La Iglesia de los puros<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Pero concurre sobre esta cuesti\u00f3n otra problem\u00e1tica, indicada casi ir\u00f3nicamente en <em>Introducci\u00f3n al cristianismo<\/em>: la del <em>\u201csue\u00f1o humano de un mundo sanado e incontaminado por el mal, (que) presenta la Iglesia como algo que no se mezcla con el pecado\u201d<\/em>. Este \u201csue\u00f1o\u201d, el de la \u201cIglesia de los puros\u201d, nace y renace continuamente a lo largo de la historia bajo diversas formas: montanistas, novacianos, donatistas (primer milenio), c\u00e1taros, albigenses, husitas, jansenistas (segundo milenio) y otros m\u00e1s aun, tienen en com\u00fan concebir a la Iglesia como una instituci\u00f3n formada exclusivamente por \u201ccristianos incontaminados\u201d, \u201cescogidos y puros\u201d, los \u201cperfectos\u201d que nunca caen, los \u201cpredestinados\u201d. De modo que cuando de hecho se percibe en la Iglesia la existencia del pecado, se concluye que esa no es la Iglesia verdadera, la \u201csanta Iglesia\u201d del S\u00edmbolo de la fe.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Subyace aqu\u00ed el equ\u00edvoco de pensar en la Iglesia de hoy aplicando las categor\u00edas del ma\u00f1ana, de la Iglesia escatol\u00f3gica, identificando en el hoy de la historia la Iglesia santa con la Iglesia de los santos. Se olvida que, mientras aun peregrinamos, el trigo crece mezclado con la ciza\u00f1a, y fue Jes\u00fas mismo quien, en la conocida par\u00e1bola, explic\u00f3 c\u00f3mo la ciza\u00f1a deber\u00e1 ser eliminada solo al final de los tiempos. Por eso san Ambrosio hablaba de la Iglesia usando tambi\u00e9n, y prevalentemente (incluso en la misma obra ya citada), la expresi\u00f3n <em>immaculata ex maculatis<\/em>, literalmente <em>\u201cla sin mancha, formada por manchados\u201d<\/em>. \u00a1Solo despu\u00e9s, en el m\u00e1s all\u00e1, ella ser\u00e1 <em>immaculata ex immaculatis<\/em>!<\/p>\n\n\n\n<p>El magisterio contempor\u00e1neo ha vuelto a reafirmar esta idea en el Vaticano II, diciendo que <em>\u201cla Iglesia encierra en su propio seno a pecadores\u201d<\/em>. Estos pertenecen a la Iglesia y es justamente gracias a esa pertenencia que pueden purificarse de sus pecados. De Lubac, siempre en la misma obra, dice con gracia que <em>\u201cla Iglesia es aqu\u00ed abajo y seguir\u00e1 siendo hasta el final una comunidad revuelta: trigo todav\u00eda entre la paja, arca que contiene animales puros e impuros, nave llena de malos pasajeros, que parecen estar siempre a punto de llevarla al naufragio\u201d<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo, es importante percibir que el pecador no pertenece a la Iglesia en raz\u00f3n de su pecado, sino a causa de las realidades santas que a\u00fan conserva en su alma, principalmente el car\u00e1cter sacramental del bautismo. Este es el sentido de la expresi\u00f3n <em>\u201ccomuni\u00f3n de los santos\u201d<\/em>, que el S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles aplica a la Iglesia: no porque sea compuesta solo por santos, sino porque es la realidad de santidad, ontol\u00f3gica o moral, lo que la conforma como tal. Es comuni\u00f3n entre la santidad de las personas y en las cosas santas.<\/p>\n\n\n\n<p>Aclarados estos puntos esenciales, conviene ahora a\u00f1adir una importante precisi\u00f3n. Dijimos, y lo confirmamos, que la Iglesia es santa independientemente de la santidad de sus miembros. Pero eso no impide afirmar la existencia de un v\u00ednculo entre santidad y difusi\u00f3n de la santidad, tanto a nivel personal como institucional. Los medios de santificaci\u00f3n de la Iglesia son en s\u00ed mismo infalibles, y hacen de ella una realidad santa, independientemente de la calidad moral de los instrumentos. Pero la recepci\u00f3n subjetiva de la gracia en las almas de quienes son objeto de la misi\u00f3n de la Iglesia depende tambi\u00e9n de la santidad de los ministros, ordenados y no ordenados, como tambi\u00e9n del <em>good standing<\/em> del aspecto institucional de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Ministros dignos<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Un ejemplo nos puede ayudar a entender esto. La Eucarist\u00eda es siempre presencia sacramental del misterio pascual y, como tal, posee una capacidad inagotable de fuerza redentora. Aun as\u00ed, una celebraci\u00f3n eucar\u00edstica presidida por un sacerdote p\u00fablicamente indigno producir\u00e1 frutos de santidad solo en aquellos fieles que, formados profundamente en su fe, saben que los efectos de la comuni\u00f3n son independientes de la situaci\u00f3n moral del ministro celebrante. Pero para muchos otros, esa celebraci\u00f3n no los acercar\u00e1 a Dios, porque no ven coherencia entre la vida del celebrante y el misterio celebrado. Habr\u00e1 otros quienes incluso huir\u00e1n espantados. Como dice el Decreto <em>Presbyterorum ordinis<\/em> del Concilio Vaticano II (n. 12), <em>\u201caunque la gracia de Dios puede realizar la obra de la salvaci\u00f3n, tambi\u00e9n por medio de ministros indignos, sin embargo, Dios prefiere, por ley ordinaria, manifestar sus maravillas por medio de quienes, hechos m\u00e1s d\u00f3ciles al impulso y gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo, por su \u00edntima uni\u00f3n con Cristo y su santidad de vida, pueden decir con el ap\u00f3stol: \u2018Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en m\u00ed\u2019<\/em> (Gal. 2, 20)\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta \u00f3ptica cobran un ardor especial las palabras dirigidas en octubre de 1985 por san Juan Pablo II a los obispos europeos, en vista de la nueva evangelizaci\u00f3n de Europa: <em>\u201cSe necesitan heraldos del Evangelio que sean expertos en humanidad, que conozcan a fondo el coraz\u00f3n del hombre de hoy, que participen de las alegr\u00edas y esperanzas, de las angustias y tristezas, y al mismo tiempo sean contemplativos enamorados de Dios. Para esto necesitamos nuevos santos. Los grandes evangelizadores de Europa fueron los santos. Debemos rogar al Se\u00f1or que aumente el esp\u00edritu de santidad de la Iglesia y nos env\u00ede nuevos santos para evangelizar el mundo de hoy\u201d<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que sucede en el caso individual apenas rese\u00f1ado sucede tambi\u00e9n respecto a la Iglesia como instituci\u00f3n. Si se predica la honestidad, y luego se descubre que en una di\u00f3cesis hay malversaci\u00f3n de fondos, esa predicaci\u00f3n, aunque est\u00e9 s\u00f3lidamente fundamentada en el Evangelio, surtir\u00e1 poco efecto. Muchos que la escuchan dir\u00e1n \u201capl\u00edcate a ti mismo esa ense\u00f1anza, antes de predicarla a nosotros\u201d. Y esto puede pasar tambi\u00e9n cuando esa \u201cmalversaci\u00f3n de fondos\u201d haya tenido lugar sin mala intenci\u00f3n, por simple ignorancia o ingenuidad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El Concilio Vaticano II<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>En el contexto de esta problem\u00e1tica destaca mejor el texto completo del pasaje del <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Concilio_Vaticano_II\">Concilio Vaticano II<\/a>, ya citado: <em>\u201cLa Iglesia encierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa y siempre necesitada de purificaci\u00f3n, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovaci\u00f3n\u201d<\/em> <em>(Lumen Gentium 8)<\/em>. Podemos a\u00f1adir otras palabras del mismo Concilio, dirigidas no solo a la Iglesia Cat\u00f3lica, que dicen: <em>\u201cTodos, finalmente, examinan su fidelidad a la voluntad de Cristo con relaci\u00f3n a la Iglesia y, como es debido, emprenden animosos la obra de renovaci\u00f3n y de reforma<\/em>\u201d <em>(Unitatis Redintegratio 4)<\/em>. Esto nos permite contemplar el cuadro en todas sus dimensiones: purificaci\u00f3n, reforma, renovaci\u00f3n: conceptos que, en sentido estricto, no son sin\u00f3nimos.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, la \u201cpurificaci\u00f3n\u201d suele referirse m\u00e1s directamente a las personas individuales. Los pecadores siguen perteneciendo a la Iglesia (si est\u00e1n bautizados), pero deben ser purificados. La \u201creforma\u201d tiene un aspecto m\u00e1s marcadamente institucional; adem\u00e1s, no se trata de una mejor\u00eda cualquiera, sino de \u201cretomar la forma original\u201d y, a partir de ah\u00ed, relanzarla hacia el futuro.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>T\u00e9ngase en cuenta que, aunque el aspecto visible \u201cdivinamente institu\u00eddo\u201d sea inmutable, el aspecto humano-institucional es mudable y perfectible. Hablamos as\u00ed de un aspecto humano-institucional que, <em>strada facendo<\/em>, perdi\u00f3 su sentido evang\u00e9lico original.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La situaci\u00f3n moral de la Iglesia en el siglo XVI, y muy particularmente del episcopado, necesitaba reformarse, y fue esto lo que se implement\u00f3 en el Concilio de Trento. Finalmente, la \u201crenovaci\u00f3n\u201d, que no presupone de por s\u00ed una situaci\u00f3n estructural moralmente negativa: simplemente se intenta aplicar un <em>update<\/em> para que la evangelizaci\u00f3n pueda incidir con eficacia sobre una sociedad que evoluciona constantemente. Basta comparar el actual Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica con un catecismo de inicios del siglo XX para darse cuenta de la importancia de la renovaci\u00f3n. Puede pensarse en la \u00faltima modificaci\u00f3n del Libro VI del C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico como una sana renovaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Una conversi\u00f3n continua<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Dos \u00faltimos aspectos antes de cerrar estas reflexiones. El primero de los textos del Vaticano II apenas citados habla de una purificaci\u00f3n que ha de realizarse \u201csiempre\u201d (no todas las traducciones castellanas respetan el original latino <em>semper<\/em>).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Algo similar podemos pensar respecto a la reforma y a la renovaci\u00f3n, que deber\u00edan actualizarse sin dejar pasar lapsos desmesurados de tiempo. No se trata de estar siempre cambiando las cosas, pero s\u00ed de \u201climpiar\u201d constantemente lo que se ve y lo que no se ve. Si el Concilio de Trento hubiese \u201climpiado\u201d antes la Iglesia (quiz\u00e1 un siglo antes), probablemente nos hubi\u00e9semos ahorrado la \u201cotra reforma\u201d, la protestante, con todos los efectos negativos que comportaron las divisiones en la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, conviene no perder de vista que purificaci\u00f3n, reforma y renovaci\u00f3n deben desarrollarse conjuntamente. Muchos no comprenden la importancia de esto \u00faltimo. Si se dise\u00f1a una buena reforma o renovaci\u00f3n (por ejemplo, la reciente de la curia romana; o antes, la reforma lit\u00fargica), pero no hay purificaci\u00f3n de las personas, los resultados ser\u00e1n insignificantes. No basta cambiar las estructuras: hay que convertir a las personas. Y esta \u201cconversi\u00f3n de las personas\u201d no se refiere exclusivamente a su situaci\u00f3n moral-espiritual, sino tambi\u00e9n, aunque desde otra perspectiva, a su formaci\u00f3n profesional, a su capacidad de relaci\u00f3n, a las <em>soft skills<\/em> tan apreciadas hoy en el mundo de la empresa, etc.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Para algunos, la afirmaci\u00f3n del Vaticano II <em>(Lumen Gentium 39)<\/em> sobre la Iglesia <em>\u201cindefectiblemente santa\u201d<\/em> (no puede dejar de ser santa) ser\u00eda escandalosa, triunfalista y contradictoria. En realidad, ella ser\u00eda eso y cosas mucho peores todav\u00eda, si fuese compuesta solo por hombres y por iniciativa de hombres. El texto sagrado nos dice, en cambio, que <em>\u201cCristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 por ella, para santificarla. El la purific\u00f3 con el bautismo del agua y la palabra, porque quiso para s\u00ed una Iglesia resplandeciente, sin mancha ni arruga y sin ning\u00fan defecto, sino santa e inmaculada\u201d<\/em> (Ef. 5, 25-27). Es santa porque Cristo la santific\u00f3, y aunque se levanten innumerables hombres desalmados para mancharla, no dejar\u00e1 nunca de ser santa. Volviendo a De Lubac, podemos decir con \u00e9l: <em>\u201cEs una ilusi\u00f3n creer en una \u2018Iglesia de santos\u2019: existe \u00fanicamente una \u2018Iglesia santa\u2019\u201d<\/em>. Pero justamente porque es santa, la Iglesia necesita de santos para cumplir con su misi\u00f3n. <\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Traducci\u00f3n del art\u00edculo al italiano Al menos desde el tercer siglo de la era cristiana \u2014hacia esa \u00e9poca se remontan las primeras versiones completas de los s\u00edmbolos de la fe\u2014 los bautizados confesamos nuestra fe en la Iglesia, cuando decimos: \u201cCreo en el Esp\u00edritu Santo, la santa Iglesia cat\u00f3lica\u2026\u201d (Credo apost\u00f3lico), o \u201cCreo en la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":23658,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"pmpro_default_level":"","footnotes":""},"categories":[549,548],"tags":[902,665,903,865],"class_list":["post-23656","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-evangelizacion","category-foco","tag-eclesiologia","tag-iglesia","tag-razones","tag-vaticano","pmpro-has-access"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23656","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23656"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23656\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/23658"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23656"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23656"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23656"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}