{"id":2316,"date":"2017-03-08T14:12:54","date_gmt":"2017-03-08T13:12:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.omnesmag.com\/?p=2316"},"modified":"2025-05-13T11:44:49","modified_gmt":"2025-05-13T09:44:49","slug":"misericordia-y-nueva-sensibilidad-acerca-de-la-revolucion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/misericordia-y-nueva-sensibilidad-acerca-de-la-revolucion\/","title":{"rendered":"Misericordia y nueva sensibilidad. Acerca de la revoluci\u00f3n de la ternura"},"content":{"rendered":"\n<p>En cualquier caso, no parece que la racionalidad sea el \u00fanico recurso de los seres humanos, al menos si la consideramos como c\u00e1lculo o como reflexi\u00f3n, tanto en el plano te\u00f3rico como en el pr\u00e1ctico. Capacidades como la intuici\u00f3n, la empat\u00eda, el sentido de la oportunidad, el buen gusto o el sentido del humor no parecen identificarse con la racionalidad en el sentido mencionado. Por ello, nos parece que la llamada a una \u201crevoluci\u00f3n de la ternura\u201d no es una invitaci\u00f3n a la sensibler\u00eda o a la irracionalidad, sino a construir nuestra propia humanidad desde el \u201camor de Dios derramado en nuestros corazones\u201d (Rom 5,5). Sin duda, este modo de entender y proponer la caridad no es una novedad en la predicaci\u00f3n del Papa. Ya como <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Arzobispo\">Arzobispo <\/a>de Buenos Aires, se refer\u00eda abundantemente a la ternura en su predicaci\u00f3n. Las referencias son innumerables y comparten algunas notas en com\u00fan, sin llegar a ser id\u00e9nticas. Al hablar de la ternura, el Cardenal Bergoglio alud\u00eda sobre todo al amor de Dios por nosotros, el cual se hace especialmente patente en la Navidad, \u201cDios hecho ternura\u201d. En esta misma l\u00ednea, se refer\u00eda a un \u201cDios que perdona siempre\u201d como s\u00edntesis de ternura y fidelidad. Junto a esto, apuntaba tambi\u00e9n a la \u201cternura como actitud humana\u201d, en respuesta a la ternura de Dios.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">La revoluci\u00f3n de la ternura<\/h4>\n\n\n\n<p>Sin embargo, aunque la ternura tuviera ya un relieve importante en su predicaci\u00f3n anterior, quiz\u00e1 la nota m\u00e1s novedosa de su magisterio pontificio sea la propuesta program\u00e1tica de la ternura como \u201crevoluci\u00f3n\u201d. Las siguientes palabras de la&nbsp;<em>Evangelii gaudium<\/em>&nbsp;son elocuentes: \u201cEl Hijo de Dios, en su encarnaci\u00f3n, nos invit\u00f3 a la revoluci\u00f3n de la ternura\u201d (EG 88). En la sencillez de esta frase, se contiene la clave para entender la \u201crevoluci\u00f3n\u201d que nos propone el Papa Francisco. No es, desde luego, una indicaci\u00f3n aislada ni anecd\u00f3tica, sino una idea que aparecer\u00e1 en varios momentos y contextos de la misma&nbsp;<em>Evangelii Gaudium,<\/em>&nbsp;como tambi\u00e9n en otras intervenciones.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta propuesta, se entrelazan dos perspectivas complementarias. De una parte, se pone de manifiesto la relaci\u00f3n entre la ternura del amor de Dios y la ternura del coraz\u00f3n humano m\u00e1s all\u00e1 de toda circunstancia, pues la primera es, en toda \u00e9poca, modelo y causa de la segunda. Pero, adem\u00e1s, hay una particular invitaci\u00f3n dirigida al hombre actual, un est\u00edmulo y una propuesta apremiantes en nuestra peculiar situaci\u00f3n. Por eso, la f\u00f3rmula \u2014por as\u00ed decir\u2014 empleada por el Santo Padre pone de relieve el entrelazamiento de lo divino y lo humano, de lo eterno y lo temporal. El centro de esas dos l\u00edneas es sin duda Jesucristo, Dios encarnado, \u201crostro de la misericordia del Padre\u201d (<em>Misericordiae vultus,<\/em>&nbsp;1), \u201cel mismo hoy, ayer y siempre\u201d (Heb. 13,8).<\/p>\n\n\n\n<p>La articulaci\u00f3n de estos dos enfoques quiz\u00e1 se entienda mejor si reconocemos su convergencia en la virtud y en el sentimiento de la&nbsp;<em>misericordia<\/em>. En \u00e9sta se dan, en efecto, dos niveles o \u00e1mbitos conectados entre s\u00ed: el don gratuito de Dios hacia la humanidad y la comuni\u00f3n de afectos entre los seres humanos, la \u201ccompasi\u00f3n\u201d (<em>El nombre de Dios es misericordia,<\/em>&nbsp;VIII). A su vez, ambos aspectos pertenecen esencialmente a la caridad (la misericordia es su fruto o \u201cefecto interior\u201d: cfr.&nbsp;<em>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica,<\/em>&nbsp;1829; Santo Tom\u00e1s de Aquino,&nbsp;<em>Suma Teol\u00f3gica,<\/em>&nbsp;II-II, q. 28, pr\u00f3l.), e interpelan concretamente la sensibilidad del hombre de hoy, especialmente necesitado de v\u00ednculos profundos y estables \u201cen estos tiempos de relaciones fren\u00e9ticas y superficiales\u201d (<em>Amoris laetitia,<\/em>&nbsp;28; cfr.&nbsp;<em>Evangelii gaudium,<\/em>&nbsp;91).<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">La ternura de Dios<\/h4>\n\n\n\n<p>A este tenor, hay una frase del libro del Eclesi\u00e1stico que el Romano Pont\u00edfice cita en varias ocasiones (<em>Evangelii gaudium,<\/em>&nbsp;4 y&nbsp;<em>Amoris laetitia,<\/em>&nbsp;149) y que evidentemente pertenece al acervo de su oraci\u00f3n personal: \u00abHijo, tr\u00e1tate bien [&#8230;] No te prives de pasar un d\u00eda feliz\u00bb (Si 14,11.14). En estas palabras, el Papa descubre la ternura de Dios Padre, que se acerca a sus criaturas con un lenguaje accesible al coraz\u00f3n humano, \u201ccomo un ni\u00f1o a quien consuela su madre\u201d (cfr. Is 6,13). \u00c9l es el \u201cDios de toda consolaci\u00f3n\u201d (II Cor 1,3) y su ternura enardece el coraz\u00f3n de sus criaturas (Homil\u00eda 7.VII.2013). \u201cLa misericordia tiene tambi\u00e9n el rostro de la consolaci\u00f3n\u201d (<em>Misericordia et misera,<\/em>&nbsp;13).<\/p>\n\n\n\n<p>Expresi\u00f3n eminente de la ternura divina es el perd\u00f3n de los pecados (Homil\u00eda 20.XI.2013), \u201cel signo m\u00e1s visible del amor del Padre, que Jes\u00fas ha querido revelar a lo largo de toda su vida\u201d (<em>Misericordia et misera,<\/em>&nbsp;2). Esta manifestaci\u00f3n de la ternura divina se encarna paradigm\u00e1ticamente en el encuentro entre la Misericordia y la miseria, entre Jes\u00fas y los pecadores (la ad\u00faltera, la pecadora que unge sus pies:&nbsp;<em>Misericordia et misera,<\/em>&nbsp;1-2).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pues, el amor tangible del Padre se nos comunica de manera perfecta en Jesucristo, Dios y hombre, cuyas manifestaciones de afecto llenan las p\u00e1ginas del Evangelio. El Papa Francisco se\u00f1ala que la misericordia del Se\u00f1or no es s\u00f3lo un sentimiento (Angelus 9.VI.2013), pero se expresa en una concreta \u201csensibilidad\u201d hacia las necesidades humanas (<em>Misericordiae vultus,<\/em>&nbsp;7). En continuidad con la ternura del Salvador, la Iglesia como Madre transmite el amor de Dios a la Humanidad, de manera que \u201ctodo en su acci\u00f3n pastoral deber\u00eda estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes\u201d (<em>Misericordiae vultus,<\/em>&nbsp;10).<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">La ternura humana<\/h4>\n\n\n\n<p>Elemento esencial de esta visi\u00f3n es la conexi\u00f3n de la ternura de Dios con la ternura humana. Si la ternura de Dios \u201cse abaja y me ense\u00f1a a caminar\u201d (Homil\u00eda 12.VI.2015), la ternura humana es correspondencia filial a ese don, la respuesta adecuada a Su amor misericordioso. La primera modalidad de esta respuesta es la aceptaci\u00f3n, el \u201cno tener miedo a Su ternura\u201d (cfr.&nbsp;<em>Ib\u00eddem<\/em>); pero se expresa tambi\u00e9n como don hacia los dem\u00e1s. Por ello, en cuanto guiada por el amor divino, la ternura humana \u201cno es la virtud de los d\u00e9biles, sino m\u00e1s bien todo lo contrario: denota fortaleza de \u00e1nimo y capacidad de atenci\u00f3n, de compasi\u00f3n, de verdadera apertura al otro, de amor\u201d (Homil\u00eda 19.III.2013).<\/p>\n\n\n\n<p>El amor de Dios purifica el amor humano y lo asemeja al Suyo para hacernos \u201cmisericordiosos como el Padre\u201d (Homil\u00eda 13.III.2015; cfr. Lc. 6, 36), capaces de \u201cdar consuelo a cada hombre y a cada mujer de nuestro tiempo\u201d (<em>ibidem<\/em>). As\u00ed, la ternura humana se hace \u201crespetuosa\u201d (<em>Amoris laetitia,<\/em>&nbsp;283) y \u201cse libera del deseo de la posesi\u00f3n ego\u00edsta\u201d (<em>ibidem,<\/em><em>&nbsp;<\/em>127). En este plano, el Papa Francisco se refiere abundantemente a la catequesis de San Juan Pablo II sobre el amor humano (<em>ibidem,<\/em>&nbsp;150 y ss.).<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Caridad hecha carne<\/h4>\n\n\n\n<p>La ternura es, pues, una dimensi\u00f3n de la caridad: la expresi\u00f3n concreta e indefectible de la misericordia de Dios y la respuesta humana a esa donaci\u00f3n con un amor integral, en cuerpo y esp\u00edritu. Por eso, el Santo Padre afirma que los cristianos de nuestro tiempo est\u00e1n llamados a hacer \u201cvisible a los hombres de hoy la misericordia de Dios, su ternura hacia cada creatura\u201d (Discurso 14.X.2013).<\/p>\n\n\n\n<p>Esa visibilidad significa el car\u00e1cter real, tangible y omniabarcante de la caridad, y encuentra su manifestaci\u00f3n plena en Jesucristo, \u201cla Misericordia hecha carne\u201d (Audiencia general 9.XII.2015). Como disc\u00edpulo de Cristo, el cristiano est\u00e1 llamado a encarnar el amor de Dios en su vida y en la de quienes le rodean, pues \u00e9stos son para \u00e9l \u201cla carne de Cristo\u201d (Palabras 18.V.2013). El Papa se refiere con frecuencia a esta idea de la \u201ccarne del hermano\u201d para subrayar la \u00edndole real y cercana de la caridad. Es precisamente a trav\u00e9s de la carne del hermano, de los pobres, de los necesitados, como se entra \u201cen contacto con la carne del Se\u00f1or\u201d (Homil\u00eda 30.VII.2016).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el tema de la \u201ccarne del hermano\u201d, se entienden algunas indicaciones que el Romano Pont\u00edfice formula en palabras profundamente cercanas. As\u00ed, habla de \u201cla ternura del abrazo\u201d (<em>Amoris laetitia,<\/em>&nbsp;27-30), de las emociones y goces f\u00edsicos en las relaciones matrimoniales (<em>ibidem,<\/em>&nbsp;150-152), de las expresiones de la caridad conyugal al hilo del \u201chimno a la caridad\u201d (<em>ibidem,<\/em>&nbsp;89-141), de las heridas afectivas (<em>ibidem,<\/em><em>&nbsp;<\/em>239-240), de la urbanidad del lenguaje en la familia (Audiencia general 13.V.2015), etc.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">La \u201cnueva sensibilidad\u201d<\/h4>\n\n\n\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 medida esta invitaci\u00f3n del Santo Padre es adecuada al hombre contempor\u00e1neo? Cabe preguntarse, en efecto, si esta propuesta alcanza la sensibilidad del momento hist\u00f3rico presente. En este sentido, es un secreto a voces que vivimos en una sociedad cada vez m\u00e1s compleja y variable, una sociedad globalizada y \u2014en cierto modo\u2014 desarraigada. El Papa apunta a este contexto en innumerables ocasiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta situaci\u00f3n, se ha venido generando lo que algunos pensadores han dado en llamar \u201cnueva sensibilidad\u201d (vid. A. Llano,&nbsp;<em>La nueva sensibilidad,<\/em>&nbsp;Espasa Calpe, Madrid 1988). Se trata, obviamente, de una categor\u00eda marcadamente relativa \u2014como todo lo \u201cnuevo\u201d o \u201cmoderno\u201d\u2014; pero refleja, en su propio car\u00e1cter provisional, un posicionamiento concreto ante un mundo siempre cambiante (lo que Zygmunt Bauman llama \u201csociedad l\u00edquida\u201d).<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso que la invitaci\u00f3n del Romano Pont\u00edfice a una \u201crevoluci\u00f3n de la ternura\u201d se encuentra en sinton\u00eda con este modo de ver la realidad. Para mostrarlo, es preciso caracterizar la \u201cnueva sensibilidad\u201d en sus trazos esenciales. El fil\u00f3sofo Alejandro Llano ha se\u00f1alado cinco principios inspiradores de esta mentalidad: el principio de gradualidad, el principio de pluralismo, el principio de complementariedad, el principio de integralidad y el principio de solidaridad. Hagamos una breve descripci\u00f3n de cada uno de ellos.<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>El principio de gradualidad implica reconocer que la realidad no se agota en la alternativa del \u201cblanco o negro\u201d, sino que est\u00e1 llena de matices y se encuentra siempre en un proceso de cambio. Se hace preciso reconocer, por ello, que los logros culturales, cient\u00edficos, etc. se enmarcan siempre en un contexto hist\u00f3rico \u2014no son inteligibles separados de su historia\u2014; de aqu\u00ed la importancia de cultivar las tradiciones, de trabajar en grupos y redes, y de valorar las llamadas \u201chabilidades blandas\u201d, particularmente la capacidad comunicativa.<\/li>\n\n\n\n<li>El principio de pluralismo se halla en continuidad con el anterior, pues la comprensi\u00f3n de una realidad siempre cambiante requiere una flexibilizaci\u00f3n y modulaci\u00f3n del conocimiento: la convergencia de distintos puntos de vista, pero, sobre todo, de formas diversas o anal\u00f3gicas de racionalidad (Daniel Goleman habla de \u201cinteligencia emocional\u201d y Howard Gardner de \u201cinteligencias m\u00faltiples\u201d). Esta elasticidad se opone a un punto de vista \u00fanico y homog\u00e9neo, a favor de la inclusi\u00f3n de distintas visiones y aptitudes.<\/li>\n\n\n\n<li>El principio de complementariedad es una ulterior consecuencia de los precedentes. Si la realidad es cambiante y requiere una amplitud de perspectivas, se descubre que entre las cosas no hay s\u00f3lo diferencias, sino tambi\u00e9n complementariedad. Es decir, hay relaciones arm\u00f3nicas y no simple irreductibilidad entre eventos singulares. Esto implica que no deba confundirse lo distinto con lo contrario, sino buscar la \u201ccom-posibilidad de las diferencias\u201d. De aqu\u00ed se siguen importantes consecuencias en varios campos: por ejemplo, en la econom\u00eda (transformar los l\u00edmites en oportunidades), en la pol\u00edtica (transformar la dial\u00e9ctica en di\u00e1logo), etc.<\/li>\n\n\n\n<li>El principio de integralidad expresa que el ser humano es una unidad en su estructura espiritual-corp\u00f3rea y en su actividad. Por ello, esta propuesta conduce a superar la fragmentaci\u00f3n en los diversos \u00e1mbitos de la vida. Concretamente, ante la compartimentaci\u00f3n del saber y el excesivo especialismo, se propone el ant\u00eddoto de la interdisciplinariedad. En general, este principio plantea un \u201chumanismo integral\u201d frente a toda reducci\u00f3n unidimensional de la vida humana (como ser\u00eda, por ejemplo, considerar al hombre como mero productor o mero consumidor).<\/li>\n\n\n\n<li>El principio de solidaridad es una cierta aplicaci\u00f3n del anterior al intercambio de bienes entre los individuos, de manera que se planteen como relaciones interpersonales y no como engranajes de producci\u00f3n y consumo. Algunas consecuencias deseables de este enfoque son la humanizaci\u00f3n del mercado y de la econom\u00eda en general, diversas formas de cooperaci\u00f3n al desarrollo, la consolidaci\u00f3n de la convivencia pac\u00edfica y la formaci\u00f3n de una conciencia ecol\u00f3gica.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">La ternura y el hombre contempor\u00e1neo<\/h4>\n\n\n\n<p>Como hemos se\u00f1alado, El Santo Padre entiende la ternura como caridad \u201checha carne\u201d, misericordia hecha visible. A mi entender, sin embargo, su visi\u00f3n no acaba ah\u00ed, sino que a\u00f1ade un elemento de novedad o, si se prefiere, de \u201ccontemporaneidad\u201d. Esto significa que su propuesta de una \u201crevoluci\u00f3n de la ternura\u201d es un mensaje particularmente adecuado al hombre de hoy y encuentra en \u00e9l una profunda resonancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta contemporaneidad se pone de manifiesto en muchos elementos del magisterio del Papa Francisco. En primer lugar, insiste en \u201cpartir de nuestra miseria\u201d y recordar \u201cde d\u00f3nde venimos, qu\u00e9 somos, nuestra nada\u201d. De aqu\u00ed, concluye: \u201ces importante no creernos autosuficientes\u201d (<em>El nombre de Dios es misericordia,<\/em>&nbsp;VI). En efecto, \u201cno vivimos, ni individualmente ni como grupos nacionales, culturales o religiosos, como entidades aut\u00f3nomas y autosuficientes, sino que dependemos unos de otros, estamos confiados los unos a los cuidados de los otros\u201d (Discurso 21.IX.2014).<\/p>\n\n\n\n<p>De aqu\u00ed surge la necesidad de acompa\u00f1ar a cada persona, en su camino de respuesta a Dios, \u201csin necesidad de imponerse, de forzar al otro\u201d, porque \u201cla verdad tiene su propia fuerza de irradiaci\u00f3n\u201d (Discurso, 21.IX.2014). Por eso, afirmar\u00e1 que, \u201ca pesar de nuestros diferentes credos y convicciones, todos estamos llamados a buscar la verdad, a trabajar por la justicia y la reconciliaci\u00f3n, y a respetarnos, protegernos y ayudarnos unos a otros como miembros de una \u00fanica familia humana\u201d (Discurso 27.XI.2015).<\/p>\n\n\n\n<p>En continuidad con este enfoque, el Santo Padre sostiene que \u201cla diversidad de los puntos de vista debe enriquecer la catolicidad, sin perjudicar la unidad\u201d (Discurso 5.XII.2014). En efecto, la comuni\u00f3n de los miembros de la Iglesia depende de la unidad de la fe, y esto no se opone a la libertad de pensamiento, sino que \u201cprecisamente en el amor es posible tener una visi\u00f3n com\u00fan\u201d (<em>Lumen fidei,<\/em>&nbsp;47). Por ello, es preciso que el di\u00e1logo entre diferentes posiciones tenga, al menos, tres caracter\u00edsticas: debe fundarse sobre una identidad, debe estar abierto a una comprensi\u00f3n rec\u00edproca y debe estar orientado al bien com\u00fan. Desde estas bases, la propia diversidad de perspectivas \u2014no s\u00f3lo buena, sino necesaria\u2014 es considerada por \u00e9l como un enriquecimiento (Discurso 11.VII.2015).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el di\u00e1logo no es s\u00f3lo un m\u00e9todo, sino que se hace cultura y constituye la base misma de \u201cla convivencia en los pueblos y entre los pueblos\u201d, \u201cel \u00fanico camino para la paz\u201d. Es lo que el Santo Padre llama la \u201ccultura del encuentro\u201d (Angelus 1.IX.2013). Esa cultura no se basa en la uniformidad, sino en la armon\u00eda de las diferencias, que es obra del Par\u00e1clito (Audiencia a todos los Cardenales 15.III.2013). fundar<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, si se pierde de vista la unidad, la diferencia de perspectivas puede conducir a una sectoralizaci\u00f3n del conocimiento. En efecto, aunque \u201cla fragmentaci\u00f3n de los saberes cumple su funci\u00f3n a la hora de lograr aplicaciones concretas\u201d, en realidad \u201csuele llevar a perder el sentido de la totalidad\u201d (<em>Laudato si\u2019,<\/em>&nbsp;110). El Papa aboga as\u00ed por un \u201chumanismo cristiano\u201d, un \u201chumanismo que brota del Evangelio\u201d, el cual \u201cconvoca a los distintos saberes, tambi\u00e9n al econ\u00f3mico, hacia una mirada m\u00e1s integral e integradora\u201d (<em>ibidem,<\/em>&nbsp;141). Este enfoque se aplica de manera particular a la educaci\u00f3n y al trabajo, \u00e1mbitos en los que es necesario \u201cno s\u00f3lo ense\u00f1ar alguna t\u00e9cnica o aprender nociones, sino hacernos m\u00e1s humanos a nosotros mismos y la realidad que nos circunda\u201d (Discurso, 16.I.2016).<\/p>\n\n\n\n<p>Al \u201cdesarrollo humano integral\u201d se opone \u201cun superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora\u201d (<em>Laudato si\u2019,<\/em>&nbsp;109; cita de&nbsp;<em>Caritas in veritate,<\/em>&nbsp;22). Consecuencia de esta situaci\u00f3n es que \u201cgrandes masas de la poblaci\u00f3n se ven excluidas y marginadas\u201d y, al mismo tiempo \u201cse considera al ser humano en s\u00ed mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar\u201d. Se llega, de esta manera, a lo que el Santo Padre ha llamado la \u201ccultura del descarte\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el contrario, hacer llegar la ternura de Dios a todos los hombres equivale a alcanzar para todos un desarrollo integral, especialmente \u201ca los m\u00e1s alejados, a los olvidados, a quienes necesitan comprensi\u00f3n, consuelo y ayuda\u201d (Homil\u00eda 27.III.2013). Se trata de alcanzar las \u201cperiferias del mundo y de la existencia\u201d (Homil\u00eda 24.III.2013), esto es, aquellas personas que se encuentran en \u201csituaciones persistentes de miseria deshumanizadora\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La propuesta de una \u201crevoluci\u00f3n de la ternura\u201d se hace as\u00ed \u201ccontempor\u00e1nea\u201d, toca la sensibilidad del hombre de hoy. Se hace sensible, pero supera la angostura del sentimentalismo y se abre a la totalidad de la persona y a todas las personas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta revoluci\u00f3n implica un cambio de paradigma. No comporta una negaci\u00f3n de normas generales de conducta, de acuerdo con el bien humano; pero s\u00ed rechaza la identificaci\u00f3n de ese bien con formulaciones universales. De aqu\u00ed, el est\u00edmulo a entender el bien como bien de la persona concreta, que se encuentra siempre en situaciones que \u00abexigen un atento discernimiento y un acompa\u00f1amiento con gran respeto\u201d (<em>Amoris laetitia,<\/em>&nbsp;243). Por eso, hacer espacio a la ternura en la propia vida y en las relaciones humanas no significa negar la justicia ni las exigencias del Evangelio, sino acoger \u201cla invitaci\u00f3n a recorrer la&nbsp;<em>via caritatis<\/em>\u201d (<em>Amoris laetitia,<\/em>&nbsp;306), que es precisamente la plenitud de la justicia y lo que nos dispone a recibir la misericordia de Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En cualquier caso, no parece que la racionalidad sea el \u00fanico recurso de los seres humanos, al menos si la consideramos como c\u00e1lculo o como reflexi\u00f3n, tanto en el plano te\u00f3rico como en el pr\u00e1ctico. 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