{"id":22928,"date":"2022-08-26T06:34:00","date_gmt":"2022-08-26T05:34:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=22928"},"modified":"2025-01-07T16:32:41","modified_gmt":"2025-01-07T14:32:41","slug":"una-carta-abierta-a-albino-luciani-al-estilo-de-las-de-ilustrisimos-senores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/una-carta-abierta-a-albino-luciani-al-estilo-de-las-de-ilustrisimos-senores\/","title":{"rendered":"Una carta abierta a Albino Luciani al estilo de las de \u00abIlustr\u00edsimos se\u00f1ores\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p>Ilustre Papa:<\/p>\n\n\n\n<p>Te escribo con gratitud.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace algunos a\u00f1os recib\u00ed tu libro<a href=\"https:\/\/bac-editorial.es\/es\/minor\/576-ilustrisimos-senores-cartas-del-patriarca-de-venecia.html\"> \u201cIlustr\u00edsimos Se\u00f1ores\u201c,<\/a> que era una colecci\u00f3n de cartas que escribiste a hombres y mujeres ilustres y publicaste en prensa. Gracias a este libro, \u201caprend\u00ed\u201d a leer, me enamor\u00e9 de la literatura. Tu libro me anim\u00f3 a leer m\u00e1s libros y me ense\u00f1\u00f3 a leerlos, es decir, a hacer que los personajes y los autores est\u00e9n siempre presentes y a ser un interlocutor con ellos. La lectura se ha convertido en un encuentro, en un di\u00e1logo, gracias a ti.<\/p>\n\n\n\n<p>Me ha gustado mucho tu libro y he deseado leer m\u00e1s escritos tuyos. Me atrevo a decir que he le\u00eddo todas tus proclamaciones como Papa. Fueron <a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/firmas\/con-el-papa-de-los-33-dias\/\">treinta y tres d\u00edas<\/a> de papado para ti, as\u00ed que fue un proyecto f\u00e1cil de realizar. Descubr\u00ed que no abandonaste tu estilo en tus audiencias y discursos como Papa. Las figuras literarias y los ejemplos no dejaron de aparecer en tu discurso. Era un estilo que me gustaba mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>En tu libro <em>Ilustr\u00edsimos Se\u00f1ores<\/em>, escribiste a autores que me gustaban, me abriste nuevos horizontes para descubrir tambi\u00e9n a otros autores. Por supuesto, no has escrito a todos los autores ilustres, pero s\u00ed a escritores como Charles Dickens, Mark Twain, Alessandro Manzoni, Johann Goethe, Chesterton o a personajes literarios como Pinocho o Pen\u00e9lope, etc. Recuerdo que le contaste a Mark Twain la reacci\u00f3n que te produjo citarlo. Escribiste: \u201cMis alumnos se entusiasmaban cuando yo les dec\u00eda: Ahora os voy a contar otra de Mark Twain. Temo, en cambio, que mis diocesanos se escandalicen: \u00b4\u00a1Un obispo que cita a Mark Twain!`\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque no escribiste espec\u00edficamente a Shakespeare, lo mencionaste. Lo mismo con Le\u00f3n Tolstoi, que sus cuentos entraron en tus cartas a otros hombres ilustres, aunque no recibiera una carta personal. No me cabe duda de que habr\u00edas escrito a m\u00e1s autores ilustres si el tiempo te lo hubiera permitido. Probablemente habr\u00edas escrito a Albert Camus, Stefan Zweig, C. S. Lewis, Jane Austen, Solzhenitsyn, y quiz\u00e1 a personajes literarios como Don Quijote de la Mancha o Cristina, hija de Lavrans, Frodo, Samsagaz, y a Monsieur Myriel de \u00abLos Miserables\u00bb, de Victor Hugo. Tambi\u00e9n habr\u00edas entrado en contacto con m\u00e1s literatos de todo el mundo, con Chinua Achebe, con Confucio, con Sh\u016bsaku End\u014d, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed  que escribiste a santos; supongo que san Francisco de Sales era tu favorito. Recibi\u00f3 una carta e hizo muchas apariciones en otras cartas. Era tu te\u00f3logo del amor. Tambi\u00e9n habr\u00edas escrito a otros santos recientes. Tal vez a <a href=\"https:\/\/opusdei.org\/es-es\/saint-josemaria\/\">san Josemar\u00eda Escriv\u00e1<\/a> sobre la necesidad de la santidad para todas las personas, como destacabas en tu carta a san Francisco de Sales. Hablabas de ser devoto y de c\u00f3mo \u201cla santidad deja de ser un privilegio de los conventos y se hace poder y deber de todos\u201d. La santidad es una empresa ordinaria que el hombre puede lograr \u201ccon el cumplimiento de los deberes comunes de cada d\u00eda, pero no de una manera com\u00fan\u201d. Estas son tus palabras, y fue lo que ense\u00f1\u00f3 san Josemar\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p>Acabo de descubrir que tu hab\u00edas escrito sobre \u00e9l en otro art\u00edculo en <em>Il Gazzettino<\/em>, el 25 de julio de 1978, un mes antes de ser elegido Papa. Por supuesto, en el art\u00edculo hac\u00edas referencia a san Francisco de Sales e incluso dec\u00edas que san Josemar\u00eda iba m\u00e1s all\u00e1 que \u00e9l en algunos aspectos. T\u00fa has dicho que la fe y el trabajo hecho con competencia van de la mano y que son \u201clas dos alas de la santidad\u201d. Pues bien, no s\u00e9 si te hubiese gustado esta imagen que yo utilizar\u00eda ahora para describir la fe y el trabajo competente: \u00bfY si las comparo con las dos hojas de una tijera? \u00bfSe atrever\u00eda alguien a decir que una de las hojas no es necesaria? Dime qu\u00e9 te parece mi imagen. La he sacado de C. S. Lewis.<\/p>\n\n\n\n<p>Bueno, seguro que tambi\u00e9n habr\u00edas escrito a los padres de Santa Teresa de Lisieux. Recibiste con alegr\u00eda la noticia de la causa de su beatificaci\u00f3n en tu carta a Lemuel, rey de Mas\u00e1. Estoy seguro de que estar\u00edas encantado de que son santos ahora.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablaste con poetas, madres, reinas, j\u00f3venes y ancianos, etc. Hablaste con Pinocho y lo comparaste con tus experiencias infantiles. Hablaste tambi\u00e9n con los ancianos, como en tu carta a Alvise Cornaro en la que dec\u00edas que \u201clos problemas de los ancianos son hoy m\u00e1s complicados que en la \u00e9poca de usted y, tal vez, humanamente m\u00e1s profundos, pero el remedio clave, querido Cornaro, sigue siendo el de usted: reaccionar contra todo pesimismo o ego\u00edsmo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo que me ense\u00f1aste, sobre todo, fue c\u00f3mo mantener ese di\u00e1logo y c\u00f3mo puede ser la naturaleza de ese encuentro. Mostraste c\u00f3mo equilibrar un di\u00e1logo entre generaciones. Evitaste quedarte anclado en una vieja forma de hacer las cosas y aceptaste la realidad de tu tiempo. Supiste poner en di\u00e1logo a las distintas generaciones. No consideraste lo viejo como algo anticuado ni lo nuevo como lo \u00fanico relevante. Este desfase entre generaciones puede compararse a cuando uno llega a las doce del mediod\u00eda a una reuni\u00f3n programada a las nueve de la ma\u00f1ana. Si la conversaci\u00f3n se ha desarrollado durante las tres horas anteriores, la persona que llega tarde se habr\u00e1 perdido muchos detalles y caer\u00e1 en el peligro de repetir lo que ya se ha dicho. Es esta capacidad de incorporar la conversaci\u00f3n iniciada a las nueve al\u00a0momento presente la que has mostrado en tus cartas.\u00a0En tus cartas ten\u00edas conversaciones sobre varios temas: el feminismo, la educaci\u00f3n, la castidad, las vacaciones, las \u201dfakenews\u201d y el relativismo e incluso tienes una carta a un pintor an\u00f3nimo. Eras un hombre que sab\u00eda conversar.<\/p>\n\n\n\n<p>Te escribo con gratitud tambi\u00e9n porque me ense\u00f1aste que los libros se pueden releer como t\u00fa hiciste muchas veces en el aniversario del nacimiento o la muerte de un autor, o en cualquier otra ocasi\u00f3n. He vuelto a releer tu libro con motivo de tu beatificaci\u00f3n este a\u00f1o tal y como me ense\u00f1aste. Espero que la gente tenga la oportunidad de leer esas cartas tuyas con esta ocasi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cHagamos el elogio de los hombres ilustres, de nuestros padres seg\u00fan sus generaciones. Ellos fueron hombres de bien, cuyos m\u00e9ritos no han quedado en el olvido.\u201d &#8211; Eclesi\u00e1stico 44,1.10<\/p>\n\n\n\n<p>Ilustre Albino, te escribo porque ahora eres uno de los hombres ilustres. Eres ilustre no por tu capacidad literaria, sino por tu santidad, que la Iglesia reconocer\u00e1 pronto con tu beatificaci\u00f3n. Me has ense\u00f1ado a ser interlocutor -en tu carta a San Lucas Evangelista y en tu carta a Jes\u00fas-, a dialogar con los personajes del Evangelio y a dialogar con Cristo. Esta fue la fuente de tu santidad. Eras un hombre de oraci\u00f3n, un hombre que dialogaba con Dios. Cuando escribiste a Jes\u00fas, le escribiste temblando, mostrando que ten\u00edas una conversaci\u00f3n constante con \u00c9l. En tu carta, escribiste que:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cQuerido Jes\u00fas:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>He sido objeto de algunas cr\u00edticas. \u00abEs obispo, es cardenal \u2014dicen\u2014, ha trabajado agotadoramente escribiendo cartas en todas direcciones: a M. Twain, a P\u00e9guy, a Casella, a Pen\u00e9lope, a Dickens, a Marlowe, a Goldoni y a no s\u00e9 cu\u00e1ntos m\u00e1s. \u00a1Y ni una sola l\u00ednea a Jesucristo!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>T\u00fa lo sabes. Yo me esfuerzo por mantener contigo un coloquio continuo. Pero traducido en carta me resulta dif\u00edcil: son cosas personales. \u00a1Y tan insignificantes!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00edas una conversaci\u00f3n constante con Cristo. Esta es la verdadera fuente de tu ilustre naturaleza y lo que me has ense\u00f1ado que es de primordial importancia. Terminabas tu carta a Cristo diciendo que \u201clo importante no es que uno escriba sobre Cristo, sino que muchos amen e imiten a Cristo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Te escribo con gratitud porque eres un hombre humilde. Tomaste \u201cHumilitas\u201d como lema episcopal. En tu carta al rey David, manifestaste una dimensi\u00f3n de esto y cu\u00e1ntas veces trataste de enterrar la soberbia que ten\u00edas. Muchas veces hiciste un funeral y cantaste el r\u00e9quiem a la soberbia. Sobre esto, le dijiste al rey David que, \u201cme alegra cuando la encuentro, por ejemplo, en el breve salmo 130, escrito por vos. Dec\u00eds en aquel salmo: Se\u00f1or, mi coraz\u00f3n no se ensoberbece. Yo trato de seguir vuestro paso, pero por desgracia, he de limitarme a pedir: \u00a1Se\u00f1or, deseo que mi coraz\u00f3n no corra tras pensamientos soberbios\u2026!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Demasiado poco para un obispo!, dir\u00e9is. Lo comprendo, pero la verdad es que cien veces he celebrado los funerales de mi soberbia, creyendo haberla enterrado a dos metros bajo tierra con tanto \u201drequiescat\u201d, y cien veces la he visto levantarse de nuevo m\u00e1s despierta que antes: me he dado cuenta de que todav\u00eda me desagradaban las cr\u00edticas, que las alabanzas, por el contrario, me halagaban, que me preocupaba el juicio de los dem\u00e1s sobre m\u00ed.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Fue la virtud de la humildad la que recomendaste tambi\u00e9n en tu primera audiencia general como Papa. No s\u00f3lo recomendaste la virtud de la humildad, sino que tambi\u00e9n te consideraste el m\u00e1s bajo. Le escribiste a Mark Twain mostr\u00e1ndole c\u00f3mo te considerabas el m\u00e1s bajo entre los obispos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cComo hay muchas clases de libros, hay tambi\u00e9n muchas clases de obispos. Algunos, en efecto, parecen \u00e1guilas que planean con documentos magistrales de alto nivel; otros son como ruise\u00f1ores que cantan maravillosamente las alabanzas del Se\u00f1or; otros, por el contrario, son pobres gorriones que, en la \u00faltima rama del \u00e1rbol eclesial, no hacen m\u00e1s que piar, tratando de decir alg\u00fan que otro pensamiento sobre temas vast\u00edsimos. Yo, querido Twain, pertenezco a esta \u00faltima categor\u00eda.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Te escribo con gratitud porque has hablado de nuestro servicio a la Verdad. Somos servidores y no due\u00f1os de la Verdad. Esto es lo que escribiste en tu agenda pontificia personal. Te convertiste en un colaborador de la Verdad. Nos ense\u00f1aste a buscar la verdad con docilidad reconociendo el hecho de que no la creamos. Escribiste a Quintiliano sobre la educaci\u00f3n y sobre c\u00f3mo buscar la verdad a trav\u00e9s de ella. Escribiste que \u201cla dependencia es algo natural en la mente, la cual no crea la verdad, sino que s\u00f3lo debe inclinarse ante ella, venga de donde venga; si no nos aprovechamos de las ense\u00f1anzas de otros, perderemos mucho tiempo buscando las verdades ya adquiridas; no es posible lograr siempre descubrimientos originales; frecuentemente basta con estar cr\u00edticamente ciertos de los descubrimientos ya realizados; por \u00faltimo, la docilidad es tambi\u00e9n una virtud \u00fatil. [\u2026] Por otra parte, \u00bfqu\u00e9 es mejor? \u00bfSer confidentes de las grandes ideas o autores originales de ideas mediocres?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>No hacemos nuestras verdades, sino que aprendemos de los que nos han precedido y a su vez nos convertimos en colaboradores de la verdad. Incluso mostraste c\u00f3mo podemos servir f\u00e1cilmente a la verdad mediante im\u00e1genes y ejemplos de la literatura. Diste a conocer muchas de tus ense\u00f1anzas a trav\u00e9s de im\u00e1genes literarias. Incluso diste un caso en el que explicaste la incoherencia del relativismo religioso utilizando un relato de Tolstoi. Al final, dijiste que \u201clo que Rahner no consigue en ocasiones aclarar con sus vol\u00famenes de teolog\u00eda, \u00a1puede resolverlo Tolstoi con una sencilla historieta!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Te escribo con gratitud porque has hablado de la alegr\u00eda y de la caridad que la acompa\u00f1a. Se te conoce como <strong>el Papa de la sonrisa<\/strong>. Cuando escribiste a santa Teresa de Lisieux, hablaste de una alegr\u00eda que es caridad exquisita cuando se comparte. Contaste la historia del irland\u00e9s al que Cristo pidi\u00f3 entrar en el para\u00edso por c\u00f3mo comunicaba su alegr\u00eda. Cristo le dijo: \u201cestaba triste, deca\u00eddo, postrado y t\u00fa viniste y contaste unos cuantos chistes que me hicieron re\u00edr y me devolvieron el \u00e1nimo. \u00a1Al para\u00edso!\u201d En su tercera audiencia general como Papa, t\u00fa hablaste de c\u00f3mo santo Tom\u00e1s declar\u00f3 que bromear y hacer sonre\u00edr a la gente era una virtud. Dijo que estaba \u201cen la l\u00ednea de la \u00b4alegre nueva` predicada por Cristo, de la \u201dhilaritas\u201d recomendada por san Agust\u00edn; derrotaba al pesimismo, vest\u00eda de gozo la vida cristiana, nos invitaba a animarnos con las alegr\u00edas sanas y puras que encontramos en nuestro camino\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Tu eres el Papa de la sonrisa. Tus escritos irradian alegr\u00eda, as\u00ed como tu catequesis. Eras un hombre de alegr\u00eda, de buen humor.<\/p>\n\n\n\n<p>Te escribo con gratitud porque t\u00fa tambi\u00e9n ten\u00edas en alta estima la gratitud. La elecci\u00f3n de tu nombre es en s\u00ed misma un ejemplo concreto de tu esp\u00edritu de gratitud. En tu primer discurso del \u00c1ngelus dijiste c\u00f3mo la gratitud hacia los dos Papas anteriores, Juan XXIII y Pablo VI, te llev\u00f3 a elegir por primera vez un nombre binomial. Lo explicaste bien en tu primer discurso del \u00c1ngelus. He escuchado la grabaci\u00f3n de este discurso en la p\u00e1gina web de la fundaci\u00f3n creada en tu nombre por el Vaticano. He disfrutado escuchando el discurso con tu propia voz. Uno puede imaginarse c\u00f3mo te pusiste rojo cuando Pablo VI puso la estola sobre tus hombros como dices en ese discurso.<\/p>\n\n\n\n<p>He hecho p\u00fablica mi primera carta a un ilustre. No dudo que te gustar\u00eda que estas cartas, que estos di\u00e1logos, continuasen con otros hombres ilustres. Tratar\u00edamos de mantener tu legado, sobre todo el de tu santidad. Con alegr\u00eda estar\u00edamos celebrando tu beatificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Si esta carta ha sido un poco barroca y con muchos detalles, es probablemente porque he intentado copiar el estilo de tus cartas y lo he hecho mal. En tus cartas no faltaban ejemplos de textos. Te escribo como te gustaba escribir. Quiz\u00e1s a ti tambi\u00e9n te gustar\u00eda leerlo as\u00ed.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ilustre Papa: Te escribo con gratitud. Hace algunos a\u00f1os recib\u00ed tu libro \u201cIlustr\u00edsimos Se\u00f1ores\u201c, que era una colecci\u00f3n de cartas que escribiste a hombres y mujeres ilustres y publicaste en prensa. Gracias a este libro, \u201caprend\u00ed\u201d a leer, me enamor\u00e9 de la literatura. 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