{"id":22140,"date":"2022-07-26T06:00:00","date_gmt":"2022-07-26T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=22140"},"modified":"2022-07-26T09:45:25","modified_gmt":"2022-07-26T08:45:25","slug":"la-ultima-sonrisa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/la-ultima-sonrisa\/","title":{"rendered":"La \u00faltima sonrisa"},"content":{"rendered":"<p>En mi recuerdo sobre los \u00faltimos meses de la vida de Margarita se mezclan el dolor y la dulzura. Era una mujer tierna y fuerte que, a pesar de las inclementes circunstancias de su vida, ten\u00eda la virtud de mantener su sonrisa a flote. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Rodrigo la conoci\u00f3 en el a\u00f1o 2016. En ese entonces \u00e9l era estudiante de Negocios, yo de Derecho y junto con un grupo de amigos intent\u00e1bamos sacar adelante una iniciativa social. Quer\u00edamos poner en contacto a j\u00f3venes universitarios con abuelitos que estuvieran abandonados en sus propios hogares. Ser\u00eda un w<em>in-win deal<\/em>: nosotros aprender\u00edamos de la experiencia de los mayores y ellos recibir\u00edan un alivio en su soledad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Elegimos comenzar en una zona vulnerable: la poblaci\u00f3n La Pincoya, un mar de casas de 60 metros cuadrados emplazadas entre calles asfaltadas pero estrechas, cuyos techos de zinc llegan hasta el pie de las colinas que cierran Santiago de Chile por el norte. All\u00ed fuimos a explorar. En la comisar\u00eda local nos recomendaron concertar las visitas los s\u00e1bados por la ma\u00f1ana, pues a esa hora descansa el narcotr\u00e1fico. <\/p>\n\n\n\n<p>El p\u00e1rroco, por su parte, nos sugiri\u00f3 llevar camisetas blancas para que la gente asociara nuestra presencia con la de los voluntarios de la parroquia que trabajan en otras iniciativas, pues eso nos dar\u00eda m\u00e1s seguridad. Luego fuimos puerta por puerta preguntando d\u00f3nde viv\u00edan abuelitos que tuvieran inter\u00e9s en recibir visitas para conversar. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de nuestro temor inicial, la gente nos acogi\u00f3 con calidez, nos fuimos familiarizando con el barrio y descubrimos que el problema de la soledad era frecuente y desgarrador. S\u00e1bado a s\u00e1bado, visit\u00e1bamos abuelitos para escucharlos, felicitar a alguno por su cumplea\u00f1os o darles un rato de conversaci\u00f3n. No \u00e9ramos m\u00e9dicos, ni psic\u00f3logos, ni trabajadores sociales, sino solo unos j\u00f3venes inexpertos que sal\u00edamos de cada visita con el coraz\u00f3n lleno y el alma conmovida.<\/p>\n\n\n\n<p>Muy pronto, Rodrigo conoci\u00f3 a la se\u00f1ora Margarita. Se la present\u00f3 Mel, una joven misionera francesa que llevaba unos meses trabajando en la zona. En ese encuentro, Margarita se mostr\u00f3 encantada de conversar y Rodrigo le dijo que volver\u00eda. El aspecto de esta se\u00f1ora era elocuente respecto de su necesidad: cuando dijo que hab\u00eda nacido en 1942 y que ten\u00eda 74 a\u00f1os, \u00e9l se sorprendi\u00f3, tanto por la confianza que les brindaba al darles esa delicada informaci\u00f3n, como porque parec\u00eda tener 15 o 20 a\u00f1os m\u00e1s. <\/p>\n\n\n\n<p>Era de baja estatura y algo rellenita, llevaba un peinado alto que brotaba como un campo de trigo blanco sobre su cabeza, se abrigaba con una chaqueta de forro polar azul holgada y una bufanda (en las siguientes visitas se lo cambi\u00f3 por un jersey negro de botones dorados bastante m\u00e1s elegante); ten\u00eda cejas grandes y expresivas, y era ciega del ojo izquierdo. Caminaba con dificultad y se quejaba de que le dol\u00edan los m\u00fasculos del lado derecho del cuerpo. Su mayor problema, en todo caso, no eran los dolores f\u00edsicos, sino la soledad. Era viuda y viv\u00eda en su casita acompa\u00f1ada por dos perros peque\u00f1os y por uno de sus seis hijos, al que lamentablemente ve\u00eda poqu\u00edsimo y adem\u00e1s le hac\u00eda llorar con alarmante frecuencia, pues era alcoh\u00f3lico en grado severo. A los dem\u00e1s hijos los ve\u00eda \u00abtarde, mal y nunca\u00bb, pues todos menos la hija eran alcoh\u00f3licos tambi\u00e9n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Dos s\u00e1bados despu\u00e9s, Rodrigo regres\u00f3 acompa\u00f1ado por Jos\u00e9 Miguel. La se\u00f1ora Margarita estaba impresionada por el hecho de que los j\u00f3venes hubieran cumplido su promesa, dio gracias a Dios y los recibi\u00f3 en su casa con emoci\u00f3n. Se sentaron en unos sillones bajos de la salita de estar y r\u00e1pidamente entraron en confianza. Primero les habl\u00f3 de su infancia en la ciudad de Talca y luego pas\u00f3 a temas que le preocupaban m\u00e1s, hasta llegar a sus hijos. Ah\u00ed termin\u00f3 por abrir completamente el coraz\u00f3n y les relat\u00f3, con labios temblorosos y palabras t\u00edmidas, una tristeza negra: la semana anterior hab\u00eda muerto el hijo que viv\u00eda con ella por una intoxicaci\u00f3n alcoh\u00f3lica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Este pobre hombre llevaba mucho tiempo padeciendo esa adicci\u00f3n, pero cuando le avisaron que su \u00fanico hijo se hab\u00eda ahorcado por problemas con el narcotr\u00e1fico, perdi\u00f3 el control: se desesper\u00f3 y se aferr\u00f3 a la botella como un n\u00e1ufrago al tabl\u00f3n. As\u00ed se pas\u00f3 un a\u00f1o, enfangado en la angustia m\u00e1s espantosa, hasta que su cuerpo no resisti\u00f3 m\u00e1s y desert\u00f3 de seguir viviendo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Margarita contaba estas desgracias a Rodrigo y Jos\u00e9 Miguel como si fueran amigos desde hac\u00eda mucho tiempo, ampliamente y con detalles: consigui\u00f3 hablar, lamentarse y llorar. Despu\u00e9s de una hora y media de catarsis, sinti\u00f3 que hab\u00eda terminado: se sec\u00f3 las l\u00e1grimas con un pa\u00f1uelo y mir\u00f3 a mis amigos a los ojos, o a lo que quedaba de ellos, pues a esas alturas estaban como petrificados por la impresi\u00f3n. Margarita esboz\u00f3 una sonrisa infantil y les dio las gracias: \u00abSi no fuera por ustedes, no hubiera tenido con qui\u00e9n desahogarme\u2026 ahora me siento m\u00e1s aliviada. Gracias\u00bb. <\/p>\n\n\n\n<p>Ellos respondieron algo breve y cayeron en la cuenta de que se les hab\u00eda hecho tarde, as\u00ed que se despidieron. Mientras ella abr\u00eda la puerta, les gui\u00f1\u00f3 su ojo sano y, suplic\u00e1ndoles con la mirada que volvieran, agreg\u00f3: \u00abNunca me voy a aburrir de ustedes, \u00a1lo prometo!\u00bb. Se separaron y ella dirigi\u00f3 sus pasos a la cocina para preparar el almuerzo, con la sonrisa puesta, mientras el reloj de pared retomaba su lentitud habitual.<\/p>\n\n\n\n<p>Rodrigo volvi\u00f3 quince d\u00edas despu\u00e9s. Esta vez con la sorpresa de que llevaba como acompa\u00f1ante a Jos\u00e9 Tom\u00e1s, un estudiante gordillo y simp\u00e1tico que naci\u00f3 en Talca, \u00a1como Margarita! La conversaci\u00f3n fue entra\u00f1able y estuvo intercalada por risas y jolgorio, incluso se sacaron una <em>selfie<\/em>. La ceremonia de despedida tuvo un final m\u00e1s festivo: \u00abMis puertas est\u00e1n abiertas para ustedes, y m\u00e1s si viene un talquino\u00bb, les dijo ella, radiante de dicha. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En los meses siguientes se sucedieron otras tres visitas, en las que Rodrigo iba consiguiendo que m\u00e1s universitarios le acompa\u00f1aran: se sacaron alguna foto m\u00e1s, un d\u00eda Jos\u00e9 Tom\u00e1s le regal\u00f3 dos de esas fotos enmarcadas a Margarita, ella hac\u00eda bromas al talquino y se desped\u00eda con frases tiernas y variadas como: \u00abGracias por venir, chiquillos, los tengo como a mi familia\u00bb o \u00abtengo que dar gracias a Diosito por mandar a estos <em>lolos<\/em> tan guapetones a verme\u00bb.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En octubre me sum\u00e9 yo por primera vez al plan de visitar a Margarita. Para entonces \u00edbamos 6 en la comitiva. Recuerdo que aparcamos en la comisar\u00eda local, como sol\u00edamos hacer, y nos pusimos a caminar por la poblaci\u00f3n con nuestras camisetas blancas. <\/p>\n\n\n\n<p>Era una ma\u00f1ana de s\u00e1bado muy azul y templada, sin nubes, las bandas del narcotr\u00e1fico dorm\u00edan a pesar del reguet\u00f3n en alto volumen que flu\u00eda de algunas casas como chorros musicales, las se\u00f1oras sal\u00edan de sus casas empujando maletitas de lona con ruedas para comprar verduras en el mercadillo del barrio, los ni\u00f1os jugaban f\u00fatbol en la calle y deten\u00edan el bal\u00f3n para mirarnos con cierto escepticismo. <\/p>\n\n\n\n<p>Cuando llegamos a la esquina que daba al callej\u00f3n de nuestra abuelita, nos percatamos de que hab\u00eda sucedido algo. En muchas puertas de entrada, los vecinos hab\u00edan colgado globos blancos. Al fondo, en la casa con port\u00f3n blanco donde viv\u00eda Margarita, divisamos una aglomeraci\u00f3n de gente. <\/p>\n\n\n\n<p>Rodrigo sonri\u00f3, aunque con inquietud: \u00abMe dijo que su hija se iba a casar, pero no sab\u00eda que ser\u00eda hoy. \u00a1Vamos!\u00bb, y aceler\u00f3 el paso. Lo seguimos y nada m\u00e1s llegar a la escalinata de la entrada, vimos la puerta abierta y a unas 15 personas muy serias y vestidas de modo informal pero digno que nos devolv\u00edan la mirada. <\/p>\n\n\n\n<p>En mitad del grupo destacaba un hombre de mediana edad que se apoyaba en los hombros de los dem\u00e1s para observarnos con particular intensidad. Era calvo, llevaba un pantal\u00f3n y chaqueta deportivas y calzaba unas zapatillas sucias. Con un movimiento r\u00e1pido se quit\u00f3 las gafas de sol y se inclin\u00f3 hacia fuera para mirarnos mejor con sus ojos enrojecidos. Pareci\u00f3 reconocernos, se abri\u00f3 paso entre la gente y baj\u00f3 los tres pelda\u00f1os que nos separaban para saludarnos con una mueca de amargura, remordimiento y gratitud: \u00ab\u00a1Han venido!, \u00a1han venido!, no puedo creer que hayan venido tambi\u00e9n al velorio de mi madre, \u00a1gracias, gracias!\u00bb, exclam\u00f3, d\u00e1ndonos calurosamente la mano a cada uno, mientras nosotros proces\u00e1bamos lo que estaba sucediendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Entramos en la casa y \u00e9l nos fue presentando a sus hermanos, tres hombres gordos y mal afeitados cuyos rostros planos alcanzaban a mostrar una tristeza densa y cr\u00edptica, y una mujer ancha que parec\u00eda m\u00e1s emp\u00e1tica. Nos saludaron con una mirada de profundo respeto y nos vimos, de pronto, en primera fila, rodeando el f\u00e9retro donde la se\u00f1ora Margarita descansaba en paz. La sorpresa que nos llevamos fue enorme, \u00a1no lo esper\u00e1bamos para nada!<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s del cristal que transparentaba la cara de la difunta, vi que ella sonre\u00eda, por \u00faltima vez. Expresaba una alegr\u00eda pura, como si quisiera legarnos su fortaleza, su confianza en Dios, su agradecimiento a la vida. Los familiares nos observaban desde las paredes, pero nosotros nos hab\u00edamos quedado absortos, con la vista clavada en esos ojos cerrados, esas cejas tranquilas y esa sonrisa sincera. El hijo que nos hab\u00eda recibido, con dificultad por las l\u00e1grimas que no paraban de escap\u00e1rsele como a un grifo mal cerrado, rompi\u00f3 el hielo. En tono confidencial, aunque con evidente intenci\u00f3n de hacerse o\u00edr por todos, nos dijo:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hace dos o tres a\u00f1os que no ven\u00eda a ver a mam\u00e1. Habl\u00e1bamos por tel\u00e9fono, aunque muy de vez en cuando. Los \u00faltimos meses solo me contaba cosas de ustedes y me preguntaba si sab\u00eda cu\u00e1ndo iban a volver a visitarla los muchachos de la universidad\u2026 \u2014Se sec\u00f3 las l\u00e1grimas con la manga de su ch\u00e1ndal, suspir\u00f3 como para tomar aire y continu\u00f3, aunque mirando al suelo, con un gemido\u2014 La ten\u00edamos abandonada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los hermanos bajaron la mirada tambi\u00e9n, nosotros esperamos unos segundos y \u00e9l continu\u00f3 con dificultad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y mientras nosotros est\u00e1bamos ocupados en nuestras cosas, ustedes vinieron para reemplazarnos. Ustedes dieron familia a nuestra mam\u00e1 en sus \u00faltimos meses de vida. Por eso hemos querido\u2026 \u2014Mir\u00f3 a sus hermanos, ellos asintieron, y nos indic\u00f3 una mesita que estaba arrimada a la esquina de la sala y que hasta ese momento no hab\u00eda advertido\u2014. Ejem, hemos querido poner aqu\u00ed, a los pies de la Virgen, las dos fotos que se hicieron ustedes con mi mami.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed estaba, efectivamente, delante de una estatuilla en yeso de Nuestra Se\u00f1ora de Lourdes y de una foto del marido y otra del hijo fallecido, en primera fila, las dos <em>selfies<\/em> enmarcadas que Jos\u00e9 Tom\u00e1s hab\u00eda regalado a Margarita tiempo atr\u00e1s, orientadas hacia el ata\u00fad. No supimos qu\u00e9 decir, las gargantas se nos apretaban y no consegu\u00edamos responder: Rodrigo fue el primero en llorar, luego Jos\u00e9 Tom\u00e1s se quebr\u00f3 tambi\u00e9n y acabamos llorando todos, nosotros y los hijos de Margarita, unidos con el resto de los familiares que hab\u00edan presenciado la conversaci\u00f3n, todos tomados de la mano en torno al ata\u00fad. Rezamos un padre nuestro, un avemar\u00eda y un gloria, todos juntos en un momento de comuni\u00f3n inolvidable, mientras contempl\u00e1bamos ese rostro tan atormentado como sonriente de la difunta se\u00f1ora Margarita, esa sonrisa que atra\u00eda todas las miradas y nos consolaba haci\u00e9ndonos pensar que estaba en un lugar mejor, liberada por fin de los sufrimientos de la tierra, abrazada quiz\u00e1 por su marido, por su hijo y por su nieto en el m\u00e1s all\u00e1; tanto dolor transformado de golpe en felicidad, como se abre una rosa despu\u00e9s de ser regada con l\u00e1grimas y sangre. Su sonrisa nos reconfortaba: \u00ab\u00a1Han venido! \u2014parec\u00eda querer exclamar con alegr\u00eda incombustible\u2014, han venido incluso a mi velorio, chiquillos, \u00a1gracias! Por cierto, estoy sensacional. Cuando llegu\u00e9 aqu\u00ed contemplaba a Dios solo con los ojos del alma, pero despu\u00e9s un seraf\u00edn muy buen mozo me prest\u00f3 algunos de los ojos que lleva en sus alas y \u00a1no se imaginan lo bien que veo aqu\u00ed! \u00a1Vengan pronto, chiquillos, y no se preocupen mucho por el dolor que sufren en la vida, que todo eso encuentra aqu\u00ed su consuelo. \u00a1Vengan a verme tambi\u00e9n aqu\u00ed, no se demoren mucho!\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Salimos a la calle en silencio, acompa\u00f1ados por los hermanos con la seriedad de una procesi\u00f3n de Semana Santa. Nos mir\u00e1bamos y no sab\u00edamos c\u00f3mo despedirnos. Primero un abrazo, luego otro. Promesas de oraciones, nuevos agradecimientos, una foto. Al final conseguimos separarnos y caminamos de regreso al coche, en silencio, conscientes de que llevar\u00edamos siempre a Margarita y su sonrisa en nuestro coraz\u00f3n. No \u00e9ramos m\u00e9dicos, ni psic\u00f3logos, ni trabajadores sociales, es verdad, en eso no pudimos darle una ayuda profesional, pero hab\u00edamos tenido la fortuna de ser adoptados por Margarita como sus nietos, y eso seguiremos siendo por toda la eternidad.&nbsp;<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En mi recuerdo sobre los \u00faltimos meses de la vida de Margarita se mezclan el dolor y la dulzura. Era una mujer tierna y fuerte que, a pesar de las inclementes circunstancias de su vida, ten\u00eda la virtud de mantener su sonrisa a flote. &nbsp; Rodrigo la conoci\u00f3 en el a\u00f1o 2016. 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