{"id":21117,"date":"2022-05-31T12:12:35","date_gmt":"2022-05-31T11:12:35","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=21117"},"modified":"2022-05-31T12:12:41","modified_gmt":"2022-05-31T11:12:41","slug":"la-renovacion-de-la-escatologia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/la-renovacion-de-la-escatologia\/","title":{"rendered":"La renovaci\u00f3n de la Escatolog\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>En el siglo XX, dos tratados teol\u00f3gicos (dejando aparte la ex\u00e9gesis) han pretendido hacerse con toda la teolog\u00eda. Uno es la Teolog\u00eda Fundamental, porque se atribu\u00eda la justificaci\u00f3n de todas las materias de la teolog\u00eda. El otro, m\u00e1s minoritario, es la Escatolog\u00eda, cuando defiende que todo el mensaje cristiano es y tiene que ser escatol\u00f3gico. Son planteamientos bastante antit\u00e9ticos. La pretensi\u00f3n de la Teolog\u00eda Fundamental procede de exigencias de la raz\u00f3n, a veces de la raz\u00f3n acad\u00e9mica. La de la Escatolog\u00eda, en cambio, tiene una inspiraci\u00f3n principalmente teol\u00f3gica. La primera puede pecar de racionalismo. La segunda, en sus extremos, puede apuntar hacia lo ut\u00f3pico. Lo que permite concluir que se necesitan para compensarse.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Jesucristo, el centro de la Escatolog\u00eda<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Realmente la escatolog\u00eda lo abarca todo, porque el mismo Cristo present\u00f3 su Evangelio anunciando el Reino por llegar. Y tambi\u00e9n porque la esencia del cristianismo, al decir de Guardini, es una persona, Jesucristo. Pero Jesucristo en su plenitud, y por tanto resucitado. Vivimos en tensi\u00f3n hacia la Parus\u00eda. Y tanto en la Liturgia como en el obrar cristiano: esperamos que el Se\u00f1or venga ahora y al final.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos te\u00f3logos protestantes destacaron que la teolog\u00eda ten\u00eda que centrarse en Jesucristo resucitado (Karl Barth), y algunos lo concretaron para la escatolog\u00eda (Althaus, <em>Die lezten Dinge<\/em>). Jesucristo es la causa, el modelo y el anticipo del ser humano en su plenitud, como muestra san Pablo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los manuales cat\u00f3licos hab\u00edan dividido la escatolog\u00eda en dos partes: individual y final. En la primera trataban el problema de la muerte (con la problem\u00e1tica, quiz\u00e1, del alma separada), el juicio y los tres estados posibles (cielo, infierno y purgatorio), a\u00f1adiendo a veces una reflexi\u00f3n sobre la bienaventuranza. En la segunda parte, la escatolog\u00eda final, trataban la segunda venida de Cristo con sus signos, la resurrecci\u00f3n de los cuerpos y los nuevos cielos y la nueva tierra. Al ser estos temas m\u00e1s misteriosos, resultaba una especie de ap\u00e9ndice. La escatolog\u00eda estaba centrada en el final de cada persona. Incluso se preguntaba si la resurrecci\u00f3n de los cuerpos a\u00f1ad\u00eda algo, y se contestaba que una cierta gloria accidental. Esto contrastaba con la idea de que la resurrecci\u00f3n de Cristo es el acontecimiento esencial del cristianismo y tiene que ser el centro de la escatolog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Inspiraciones de la Escritura<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>En esa misma l\u00ednea contribuyeron muchos puntos destacados por la Ex\u00e9gesis. Por supuesto, en primer lugar, la centralidad de Cristo. Despu\u00e9s, el hecho que la predicaci\u00f3n de Cristo fue escatol\u00f3gica desde el principio: anunci\u00f3 un Reino, cuyo fermento en este mundo es la Iglesia. Eso da un tono escatol\u00f3gico a todo el anuncio cristiano y a toda su historia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y no es un asunto principalmente individual, sino que se realiza en el Cuerpo de Cristo en la historia, que es la Iglesia. Primero en Jesucristo, que <em>\u201cresucit\u00f3 de entre los muertos como primicia de los que durmieron\u201d<\/em> (1 Co 15, 20) y en ese movimiento arrastra a su Cuerpo m\u00edstico y aun a toda la creaci\u00f3n, <em>\u201cque espera con anhelo ardiente la manifestaci\u00f3n de los hijos de Dios\u201d <\/em>(Rm 8, 19). La revelaci\u00f3n de Dios es, al mismo tiempo, la historia de la Alianza, la historia de la salvaci\u00f3n y tambi\u00e9n la historia del Reino. El Reino (con Cristo en el centro) es el gran tema de la escatolog\u00eda y recorre toda la historia de la salvaci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Refrendos patr\u00edsticos y lit\u00fargicos<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Era preciso darle la vuelta al tratado: empezar por la resurrecci\u00f3n de Cristo, primicia, promesa y causa de la nuestra; hablar de la historia de la salvaci\u00f3n o del Reino, y de la realizaci\u00f3n de la Iglesia; y dar a todo el mensaje cristiano y a toda la teolog\u00eda esa tensi\u00f3n escatol\u00f3gica. Adem\u00e1s, est\u00e1 expresado eminentemente en la Liturgia, en cada Eucarist\u00eda, donde se renueva la Pascua del Se\u00f1or hasta que vuelva. Y en el a\u00f1o lit\u00fargico, desde el adviento hasta la \u00faltima semana del tiempo ordinario, segunda venida de Cristo (Cristo Rey y Juez de la historia).<\/p>\n\n\n\n<p>El contacto de la escatolog\u00eda con la liturgia result\u00f3 muy enriquecedor para los dos tratados. En realidad, esas relaciones ahora redescubiertas ya estaban en los Padres de la Iglesia. Era otra manifestaci\u00f3n m\u00e1s de un efecto com\u00fan en la historia de la teolog\u00eda. La escol\u00e1stica se hab\u00eda centrado en estudiar la realidad de las cosas con la ontolog\u00eda heredada de Arist\u00f3teles; el alma separada, la contemplaci\u00f3n, la condici\u00f3n de los cuerpos resucitados, tambi\u00e9n la <em>\u201cres\u201d<\/em> de los sacramentos o de la Iglesia como realidad social. Esa fue su aportaci\u00f3n. Pero no ten\u00eda m\u00e9todo para tratar la dimensi\u00f3n simb\u00f3lica. Ese fue su olvido. Al volver a conectar con la teolog\u00eda patr\u00edstica (y tambi\u00e9n con la teolog\u00eda oriental, que es patr\u00edstica por tradici\u00f3n) se renovaron los enfoques.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Una novedad: la teolog\u00eda de la esperanza<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Otra inspiraci\u00f3n vino por otro lado completamente distinto. Ya el gran intelectual ruso cristiano Nicolai Berdiaev (1874-1948) hab\u00eda advertido que el marxismo es una especie de herej\u00eda cristiana y que hab\u00eda secularizado su esperanza, prometiendo un cielo en la tierra. Un pensador cr\u00edtico marxista, Ernst Bloch (1885-1977), se fij\u00f3 precisamente en esto en su voluminoso ensayo<em> El principio esperanza<\/em> (1949). E identific\u00f3 la esperanza como el impulso fundamental del vivir humano, que necesita futuro. O incluso es futuro, porque ha de realizarse como persona y, sobre todo, como sociedad (que es lo permanente). En ese sentido no se trata de ser, sino de llegar a ser. Por eso la esperanza y, en esa misma medida, la utop\u00eda como meta son las claves del ser humano.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea impresion\u00f3 a un entonces joven te\u00f3logo protestante, J\u00fcrgen Moltmann, que recension\u00f3 el libro y dialog\u00f3 con Bloch. La cr\u00edtica que se pod\u00eda hacer a Bloch era evidente: la esperanza es efectivamente el gran motor de la psicolog\u00eda humana; pero el Reino en la tierra es imposible: porque no se puede superar ni la muerte ni las limitaciones ni las quiebras humanas. Aparte de que desaparece realmente toda esperanza personal para inmolarse en beneficio de un reino social. Pero por m\u00e1s que se haga es imposible pasar en este mundo de la facticidad a la trascendencia. Aqu\u00ed se est\u00e1 siempre por hacer, y nunca salimos de ah\u00ed, por m\u00e1s que se mejore. Con todas las paradojas que pueden venir, adem\u00e1s, sobre lo que significa realmente mejorar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero estaba claro que Bloch ten\u00eda bastante raz\u00f3n. La esperanza es motor, el ser humano es esperanzas. La esperanza laica no tiene meta cre\u00edble, pero la cristiana, s\u00ed. Recogiendo las inspiraciones que hemos mencionado y el reto de Bloch, Moltmann construy\u00f3 su <em>Teolog\u00eda de la esperanza<\/em> (1966). Y tuvo much\u00edsimo impacto. Qued\u00f3 claro que una escatolog\u00eda es, en definitiva, una teolog\u00eda de la esperanza, y al rev\u00e9s. La esperanza dejaba de ser la hermana peque\u00f1a de las otras dos virtudes, como hab\u00eda poetizado P\u00e9guy (<em>El p\u00f3rtico del misterio de la segunda virtud<\/em>).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Moltmann siempre ha sido un hombre de verbo f\u00e1cil y grandes perspectivas, pero quiz\u00e1 tiene el problema contrario a la escol\u00e1stica. En aquella, la atenci\u00f3n a la realidad llevaba a desconocer lo simb\u00f3lico. Aqu\u00ed, a veces, la atenci\u00f3n a lo simb\u00f3lico puede llevar a desprenderse de la realidad. Eso es lo que tiende a la mitolog\u00eda\u2026 La resurrecci\u00f3n de Cristo es real y no solo una espera en un futuro donde se tiene que revelar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El lugar de la utop\u00eda<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Entre otras cosas, la \u201cteolog\u00eda de la esperanza\u201d plante\u00f3 el papel de las utop\u00edas como impulso de la historia humana. Precisamente cuando el marxismo se hab\u00eda extendido como ideolog\u00eda planetaria, cuando hab\u00eda logrado diversas simbiosis con el pensamiento cristiano y cuando ya hab\u00eda quedado claro que no era el cielo. Ser\u00eda una de las inspiraciones de la teolog\u00eda de pol\u00edtica de Metz y de la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Necesitamos utop\u00edas, repetir\u00e1 despu\u00e9s nost\u00e1lgicamente una cierta izquierda cristiana, intentando de paso justificar un pasado bastante imperfecto (y en muchos casos, criminal). Pero la utop\u00eda de Tomas Moro, que fue la primera, no mat\u00f3 a nadie. Y la marxista, a muchos millones. De ah\u00ed, la reacci\u00f3n posmoderna: no queremos grandes relatos que son muy peligrosos. La gesti\u00f3n de la utop\u00eda necesita discernimiento, pero, sobre todo, aceptar a fondo el gran principio moral de que el fin ut\u00f3pico no justifica los medios; no se puede hacer cualquier cosa en nombre de la utop\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El manual de Joseph Ratzinger<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Con toda esta ebullici\u00f3n de ideas, el entonces te\u00f3logo y despu\u00e9s Papa ense\u00f1aba en Ratisbona, entre otras materias, escatolog\u00eda. Y compuso un peque\u00f1o manual (1977) con muchas cosas inteligentes&nbsp; y bien juzgadas. Como se\u00f1ala en el pr\u00f3logo, el manual tiene dos preocupaciones. Por un lado, acoge el empe\u00f1o en recentrar la escatolog\u00eda en Cristo, el impulso de la teolog\u00eda de la esperanza, y discierne sobre sus consecuencias pol\u00edticas e hist\u00f3ricas. Tambi\u00e9n matiza la idea de que la muerte sea un momento de plenitud, como hab\u00eda querido presentar Rahner; porque, m\u00e1s bien, la experiencia es la contraria.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero contiene una novedad destacable. Aborda el tema del alma separada, dif\u00edcil de presentar en nuestro contexto cient\u00edfico moderno. Le ayuda la inspiraci\u00f3n de la filosof\u00eda dial\u00f3gica de Ebner y de Martin Buber, que la formula con m\u00e1s fuerza persuasiva. Desde un punto de vista cristiano, el ser humano es un ser hecho por Dios para una relaci\u00f3n de amor con \u00c9l para siempre. Ese es el fundamento teol\u00f3gico para entender la pervivencia de las personas (del alma) m\u00e1s all\u00e1 de la muerte. No depende de la plausibilidad actual de las antiguas demostraciones del alma o del punto de vista de Plat\u00f3n. El mensaje cristiano tiene sus propias bases en ese \u201cpersonalismo dial\u00f3gico\u201d, que tambi\u00e9n nos permite ahondar en lo que significa ser persona. Este tema, que ya est\u00e1 apuntado en la <em>Introducci\u00f3n al cristianismo,<\/em> fue una hermosa aportaci\u00f3n del manual de Joseph Ratzinger, aunque no sea original suyo. Pero le dio fuerza y difusi\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Los problemas del alma separada &nbsp;<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Realmente, el estado del alma separada entre la muerte y la resurrecci\u00f3n es una cuesti\u00f3n compleja. Lo hab\u00eda visto santo Tom\u00e1s de Aquino, que tiene sobre eso una <em>quaestio disputata<\/em>. Ha de haber una pervivencia porque, si no, cada resurrecci\u00f3n, incluso la de Cristo, ser\u00eda una recreaci\u00f3n. Pero esa alma est\u00e1 privada de los recursos psicol\u00f3gicos de la sensibilidad, y por eso, su tiempo subjetivo no puede ser continuo como el que vivimos nosotros con el cuerpo. Tambi\u00e9n lo vio santo Tom\u00e1s. Por tanto, cabe pensar en cierta proximidad subjetiva entre el momento de la muerte y el de la resurrecci\u00f3n. Algunos autores cat\u00f3licos han identificado los dos momentos (Greshake), pero no es posible, porque hay hechos intermedios, como son el juicio y las relaciones de la comuni\u00f3n de los santos. Pero no se puede pensar con nuestra experiencia, porque el alma est\u00e1 ya delante de Dios que obra sobre ella. No es una pervivencia natural sino una situaci\u00f3n escatol\u00f3gica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Curiosamente, mientras la cuesti\u00f3n del alma separada resulta dif\u00edcil de presentar ante un p\u00fablico bastante materialista, ha crecido la creencia en la reencarnaci\u00f3n o metempsicosis, por \u00f3smosis cultural de las convicciones budistas o hinduistas. Y reclama atenci\u00f3n.&nbsp; &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Y la teolog\u00eda de la historia<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>En paralelo a estos desarrollos de la Escatolog\u00eda, el siglo XX conoci\u00f3 una abundante reflexi\u00f3n sobre la Teolog\u00eda de la historia, que apenas ha interaccionado con el tratado, pero merece ser tenida en cuenta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Es conocida la tesis del fil\u00f3sofo jud\u00edo Karl L\u00f6witz sobre la teolog\u00eda de la historia de san Agust\u00edn y sus ensayos sobre historia y salvaci\u00f3n, y sobre el sentido de la historia. Tambi\u00e9n Berdiaev, antes citado, tiene un notable ensayo sobre <em>El sentido de la historia<\/em>. Y el gran historiador franc\u00e9s Henri Iren\u00e9e Marrou. Por otro lado, tenemos <em>El misterio del tiempo<\/em>, de Jean Mouroux. Y el <em>Misterio de la historia<\/em>, de Jean Dani\u00e9lou. Y la <em>Filosof\u00eda de la historia<\/em>, de Jacques Maritain, que ve crecer a la vez el bien y el mal. Y la <em>Teolog\u00eda de la historia<\/em>, de Bruno Forte, cuya teolog\u00eda est\u00e1 construida precisamente desde la historia. Y, por otro lado, esa atenci\u00f3n al utopismo, que prestan Henri De Lubac, en su ensayo sobre <em>La posteridad espiritual de Joaqu\u00edn de Fiore<\/em>. Y Gilson, en <em>Las metamorfosis de la ciudad de Dios<\/em>. <\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el siglo XX, dos tratados teol\u00f3gicos (dejando aparte la ex\u00e9gesis) han pretendido hacerse con toda la teolog\u00eda. 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